Una más de la lista de mi jefe

Hola chicos, hoy les voy a platicar de la vez que me acosté con mi jefe.

Esto sucedió allá por el 2019. Yo tenía 25 años, era una chica blanca, de pelo largo y quebrado, con tetas medianas, culo redondo y buena cadera.

Entré a trabajar en una fábrica, en el departamento de empaque. Mi labor era etiquetar.

Mi jefe directo, Oscar, era un hombre de unos 40 años, de complexión muy delgada, alto, de 1.80 m, piel blanca y porte elegante.

Como en otras ocasiones, Oscar tenía la fama de acostarse con las chicas a su cargo. De inmediato empezó a tirarme la onda. Noté sus intenciones al instante, así que pinté mi raya. Oscar acostumbraba darme detalles, me los dejaba en mi mesa cuando regresaba de comer y me invitaba a salir. Siempre me negué, porque no quería ser una más de su lista.

Pasando un tiempo, empecé a pretender a un chico, el jefe de almacén, Josué. Era un poco menor que yo, tenía 23 años, complexión musculosa, medía 1.70 m, estaba tatuado, con cara de malo y barba. Era un chacal que me traía loca.

Oscar notó nuestro acercamiento, así que me prohibió ir a otras áreas, especialmente a almacén. Yo siempre pasaba a saludar a Josué y le llevaba algún detalle o poema. Él me correspondía a su manera. Intenté moverme a otro trabajo, así que inicié mi búsqueda. Tenía una entrevista para mesera en el restaurante del Búho, espero que sepan cuál es. Dicha entrevista fue por partes, así que necesité solicitar permisos para ausentarme. Oscar aprovechó el momento: me concedió el primero sin problemas, pero me negó los siguientes. No quería tener mal historial por faltas, así que le rogué por su ayuda. Me condicionó: a cambio de los permisos que quisiera, tenía que aceptar salir con él. Al final, cedí con ganas de explorar esa atracción que sentía.

Me citó en la tarde. Le comenté que a esa hora teníamos que estar trabajando. Me dijo: “Te vas a tomar el día conmigo y yo no pasaré tu falta”. Me llevó a comer y bebimos un poco. Me fui vestida muy normal: unos jeans grises ajustados, blusa con escote en V, bra blanco y tanga gris. Estábamos muy cerca de la fábrica y yo estaba nerviosa de que nos vieran, ya que siempre he aparentado ser niña bien de casa. Mi supervisora se llevaba muy bien con Josué, el chico con el que pretendía, y no quería que con esto me rechazara. Oscar lo notó, pidió la cuenta y me dijo: “Vamos a un lugar más tranquilo”. Subimos a un taxi y le dio indicaciones de dirigirse al Bonsái, un hotel cerca del metro Constitución, a unos metros. Pidió una habitación. Me empecé a poner nerviosa, pero excitada, porque sabía que de esa forma pagaría mis permisos y, además, sentía curiosidad por él.

Entramos a la habitación y se empezó a quitar la camisa. Solo lo observé, metiendo mis labios entre los dientes en señal de nervios y anticipación. Desabrochó su pantalón y se acercó a mí. Lo ayudé a quitárselo. Me quitó la blusa y enseguida mi sostén. “Qué ricos pezones tienes, Dani”, me dijo. Succió uno y después el otro. Desabroché mi pantalón y lo bajé. Cuando iba a bajar mi tanga, me detuvo y dijo: “Así quédate, se te ve bien rico tu culo”. Lo empezó a frotar en círculos, abriendo mis nalgas. Mi tanga se me metía más. Le bajé su trusa, dejando salir su pene: blanco, delgado, unos 17 centímetros, con una cabeza que sobresalía demasiado y venas internas entre rojas y moradas. Besó mi cuello, haciéndome estremecer. Chupó mis tetas por un buen rato mientras me dedeaba la vagina con dos dedos. Me dio la vuelta, inclinó mi cabeza para sacar mi cola. Se colocó un condón, hizo hacia un lado mi tanga y pasó su lengua por toda mi vagina como si fuera una paleta. Lo hizo un par de veces mientras abría mis nalgas para dejar expuesta mi vagina. Colocó su verga en la entrada y la talló por unos momentos. Yo respiraba muy agitada, con ansias de que ya me la metiera. Introdujo la mitad muy suave y lento, para que la siguiente mitad lo hiciera de un golpe. Di un ligero grito al sentirla. La dejó totalmente al fondo un momento mientras me tocaba todas mis nalgas, haciendo a un lado mi tanga. Me empezó a coger a un ritmo normal. Yo gritaba ya un poco, como de costumbre (recuerden que soy muy gritona). Se chupó su dedo pulgar y toqueteó mi ano. Procedió a empujar su dedo dentro de mi anito. Sentí todo su dedo gordo dentro de mi culo. Así me cogió por un rato hasta que se vino. Sacó su dedo de mi ano de un tiro, provocando un singular ruido como destapando una botella. No noté el momento exacto cuando había acabado, hasta que me sacó su verga y se quitó el condón. Le hizo un nudo y lo dejó a un lado. Yo me acosté para reposar, pero Oscar de inmediato me abrió las piernas, retiró mi tanga aventándola hacia un lado y me empezó a hacer sexo oral. Tenía una técnica que jamás había sentido, lo hacía muy bien, la verdad. Yo me retorcía, formando un arco con mi espalda y rasguñando las sábanas, gritando a gemidos muy fuertes. Me metía su lengua completa mientras frotaba mis labios y clítoris. Me provocó un orgasmo muy intenso que me hizo temblar las piernas muy fuerte. Me tomó con fuerza para que no me alejara hasta terminar completamente. Me soltó y suspiré con gran alivio. Una sonrisa de oreja a oreja pintaba mi cara empapada en sudor. Quedé muy exhausta, pero Oscar no se detuvo. Se colocó un segundo condón, se aproximó a mí. Yo boca arriba, viendo hacia el techo. Tomó mis piernas desde los tobillos y las abrió totalmente estiradas. Introdujo su verga y me empezó a coger nuevamente. Yo cerré los ojos, gimiendo de placer. Me dijo: “¿Qué? ¿Todo esto se come Josué?”. Sonreí y con voz agitada le dije: “Aún no, pero lo hará”. “Entonces fui primero”, no le has dado las nalgas, me dijo. Le contesté: “Sí, Oscar, primero fuiste tú. Espero que me recuerdes mientras te cogen otros”. Me dijo: “Yo solo sonreí apenada”.

Juntó mis piernas y se las colocó en su hombro derecho. Me tomó de los muslos y tiraba hacia su verga para embestirme con un rico ritmo. Yo ayudé abriendo mis labios vaginales para que entrara más profundo su verga en mí. Se ayudó tomando mis tetas y tirando hacia él al ritmo de sus embestidas. Me dijo: “Qué pinches tetas ricas tienes, Dani”. Inclinó mis piernas juntas por un costado como un reloj. Quedé un poco torcida, pero Oscar no dejaba de meterme su verga cabezona. Me dijo: “¿Sí soy el primero, verdad, Dani? ¿O alguien más ya te estrenó de ahí?”. Le contesté con voz muy agitada: “No, Oscar, solo tú me has cogido, de verdad”. Oscar soltó una risa diciéndome: “Así me gusta, ser el primero de los demás a los que les vas a dar las nalgas ahí”.

Me retiré su verga y le dije que se sentara a la orilla de la cama. Me coloqué en su verga y me la metí toda, dándole unos sentones. Yo parada, le culie su verga, dejándolo encantado. Lo noté por sus expresiones. Lo hice acabar. Escuché sus gemidos de placer, diciéndome: “Pinche Dani cabrona, sí que coges bien”. Me moví a gran velocidad mientras tenía su verga sensible. Me apartó jalándome hacia la cama, se quitó el condón, hizo un nudo y lo tiró. Estábamos en posición de cucharita. Me empecé a quedar dormida, pues estaba muy exhausta. No sentí que pasara mucho tiempo cuando Oscar me volteó boca abajo, ya con su tercer condón puesto. Yo totalmente estirada en la cama. Abrió mis nalgas y me introdujo su verga, dura nuevamente. Grité de placer y me cogió nuevamente. La cama rechinaba demasiado debido a los empujones que Oscar me estaba dando. Yo no paraba de gritar.

Tocaron la puerta. Era la recamarera indicando que el tiempo ya se había acabado. Oscar le gritó: “Ya en un momento salimos”. Me sacó su verga de un golpe, me dio la vuelta, se inclinó sobre la cama, abrió mis piernas acercándome hacia él, arqueando mi espalda. Me la metió nuevamente. En esta posición tenía vista total de mi vagina y me empezó a masturbar mientras se chupaba los dedos. Apresuró mi orgasmo. Llegamos al clímax al mismo tiempo. Se retiró el condón y lo amarró, tirándolo a un costado.

Nos vestimos y salimos, pues ya teníamos a la recamarera encima. Se despidió de mí y me dio para mi taxi. Me dijo: “Mañana vemos lo de tu permiso”. Yo estaba sudada y totalmente desarreglada. Mi poco maquillaje que usaba estaba escurrido de tanto sudor. Fui hacia mi casa pensando en darme un baño. Ya era de noche, pero Josué me escribió y me quería ver. Fue a mi casa. Yo iba llegando. Lo recibí con mi vagina escurriendo de lo mojada que estaba, mi tanga empapada, oliendo a Oscar y a sexo. Me quedé con el olor de mis jugos vaginales y condón. Mi vagina estaba rosada de tantas penetradas recibidas por la verga de Oscar. Le inventé que me sentía mal y por eso no había ido a trabajar, de lo mal que me veía. Le dije que me acababa de despertar. Tuvimos una charla normal. No sospechó nada en ese momento, aunque sí me comentó que Oscar tampoco había ido a trabajar. Le dije: “Qué bueno, porque es bien castroso”. Se despidió de mí. Mantuve mi distancia, ya que no quería que me oliera, y se retiró a su casa.

Ya en el trabajo, mi supervisora, Jessica, se notaba molesta conmigo. Le pregunté qué tenía y me dijo: “No te hagas, Daniela. Ayer no viniste a trabajar y qué casualidad que el jefe Oscar tampoco”. Le comenté que tuve un problema familiar, pero al parecer no me creía, ya que ella se llevaba muy bien con Josué y aunque aún no éramos nada él y yo, Jessica sentía que lo había traicionado. Pero aún no éramos nada. Hasta el siguiente fin de semana me hice su novia.

Oscar me acercó más a él laboralmente. Parecía su asistente y, como era de esperarse, me hice de varias enemigas. Murmuraban cada que pasaba cerca: “Hay que dar las nalgas para hacerse bien pendeja y no te digan nada, hasta permisos a cada rato”. Yo solo era una más de su lista que se había cogido.

Estos rumores llegaron a Josué, aunque no me reclamó nada.

Conseguí el trabajo de mesera. Le conté a Josué y se notaba celoso, pues el código de vestimenta incluía tanga diaria y shorts súper cortos. No quería que nadie más me viera, pero aceptó mi decisión. Solo duré tres semanas, ya que pasé por una mala experiencia de camino a mi casa y opté por ya no regresar a trabajar.

Le escribí a Oscar que me dejara volver. Aceptó y me dio reingreso. Ya no me volví a acostar con él, pues ya tenía nuevas cacerías y yo ya salía con Josué.

Espero les guste mi historia y muchas gracias.

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Dany
Dany

@daniiixx69
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