Un domingo extraño

Hola, hoy les quiero contar la vez que me exhibí. ¡Fue genial! Me excité mucho; no pensé que me hiciera sentir tan deseada.

​Bueno, me presento: soy una chica joven de 18 años, tengo el pelo negro lacio hasta los hombros y siempre lo llevo en dos coletas. Soy de tez blanca, mido 1.65 m y soy delgada. Tengo pecho, un 38B, que se mira genial con mis blusas finas sin mangas.

​Todo comenzó un domingo. Me desperté un poco tarde y escuchaba el escándalo de la familia: mi hermano hablando tal vez con mis primos, y mi mamá y papá hablando de las cosas que nos faltan. Como ya tenía hambre, me fui directo al refrigerador por leche para prepararme un cereal.

​De repente, sentí las miradas de mis primos y de mi hermano. No me había dado cuenta de que no llevaba brasier y mis pezones se marcaban mucho a través de mi blusa fina. Solo me saludaron con el típico: “Hola, Lucía, te ves genial”. Yo les regresé el saludo.

​Me excité mucho al ver cómo me miraban, pero no me quedé conforme. Mientras preparaba el cereal, me agachaba más de lo normal para que se vieran mis pechos; uno casi se me sale. Con el cereal en la boca, dejaba salir a propósito un poco de leche de mis labios y me limpiaba muy sutilmente con la mano. Mi hermano no dejaba de verme. Cuando regresé a mi habitación, noté que estaba muy húmeda.

​Bueno, creo que eso es todo por hoy. ¿Qué dicen? ¿Quieren seguir leyendo mis aventuras?

​Saludos desde Monterrey, México. ¡Un beso!

​Por cierto, mi nombre es Lucía. ¡Bye!

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Federico
Federico
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