Turno de guardia (I)
Buenas, la historia que sigue sucedió hace cosa de un mes. En mi trabajo tenemos turnos rotativos, y solemos trabajar los fines de semana, lo cual es un coñazo cuando toca un viernes o sábado por la noche. Lo bueno viene en los turnos de mañana, cuando hay mas gente y puedo ver a las chicas de oficinas, yo estoy en fabricación.
El caso es que hace un mes, estaba hablando con la encargada de nominas, Sandra, sobre un asunto de la ultima, que no viene al caso. Sandra es la chica con el culo más perfecto que he visto en mi vida, y ella, consciente del poder que tiene ahí, siempre va a trabajar con un pantalón ceñido, aunque si se la ve de frente tampoco tiene desperdicio, una cintura fina y unos pechos redonditos, no muy grandes, además de una carita redonda y angelical, enmarcada por un precioso pelo negro ondulado. El caso es que mientras intentaba que no me viniera una erección, que con el pantalón de trabajo no podría ocultar y que tampoco se me notara como se me iban ojos, apareció el jefe, un hombre amable que nos trata bastante bien para el cargo que ocupa, me dijo:
– Señor Sastre, como ya sabe estamos en época baja de producción, pero es un pequeño bache que se solucionara en 15 días, el caso es que no vamos a variar los turnos, pero en los fines de semana tendremos que parar la fabricación, ustedes tendrán que hacer las veces de guarda, ya he preparado los calendarios y están en el tablón de anuncios.
– Lo entiendo jefe – le conteste – Por mi parte no hay problema.
Claro que si lo había, si no había curro nos los podrían dar libres, pero no había que ponerse a mal, así que me resigne.
– Es una putada que os hagan eso – dijo Sandra cuando el jefe se fue.
– Ya, pero ellos mandan, les sale mas barato que lo hagamos nosotros que pagar a una empresa de seguridad. Voy a ver como me ha puesto en el calendario.
– Vale, ya te acompaño, voy a la cafetería a tomar un café y nos pilla el tablón de paso.
Y allí estaba el calendario, para mi fastidio me di cuenta que me habían colocado ese fin de semana en el turno de vigilancia por la noche, y además nos habían repartido de tal manera que todos estaríamos solos haciendo de guardias.
– Vaya morro que tienen, joder – exclame sin poder disimular mi mala leche – Esto es un abuso, no se para que tenemos comité de empresa, espero que los chorizos no se enteren por que vamos listos.
– Ya veo – dijo Sandra, me puso una mano en el hombro y en el instante se me paso el cabreo – Vosotros no os preocupéis, solo durara 2 semanas.
La sonreí y volví a mi trabajo. Estuvimos todo el turno comentando el asunto entre mis compañeros y yo. Hay que decir que no todos mis compañeros de fabricación tienen este turno, solo somos 2 por turno los que trabajamos los fines de semana, así que después de poner a parir a todo el mundo, llego la hora de ir a casa. A la salida, camino de mi coche me fije que Sandra y otra compañera, Teresa, iban hablando hacia su coche de forma muy divertida, riendo y cuchicheando, en un momento Teresa clavo sus preciosos ojos verdes en mi y se giro hacia Sandra, le comento algo y esta me saludo con la mano. Yo devolví el saludo, monte en el coche y me fui a casa.
El resto de la semana paso muy rápido, así que cuando llego el sábado por la tarde, agarre mi mochila y la llene de comics y mi inseparable gameboy, si iba a vigilar, no iba a amargarme. Llegue a la fabrica y nunca me pareció tan deprimente, allí estaba mi compañero, con una cara de aburrimiento que no pudo disimular, me comento que no había ninguna novedad, que los telefonillos funcionaban y que no abriera a nadie, yo asentía como un tonto, la cara de mi compañero me estaba deprimiendo mas, (menuda noche me espera) pensé para mi. Al final se fue y me dedique a pasear por la nave y por la oficina. Vi el escritorio de Sandra y no pude resistir la tentación de sentarme en su silla, (mi culo donde se sienta el suyo) pensé y en seguida me vino una erección. Empecé a masturbarme despacio, cuando el telefonillo de la calle sonó. El susto os lo podéis imaginar, me puse los pantalones y me dirigí al videotelefóno, me quede de piedra, era Sandra,
– Hola, ¿cómo tu por aquí a estas horas?, Es casi la 1.
– Ya, me acorde de ti y pensé que te gustaría un poco de compañía.
– La tuya es siempre bienvenida guapa – abrí la puerta y ella paso su coche.
Fui a abrir la puerta principal y allí la vi venir desde lejos, iluminada por el alumbrado exterior, una espectacular minifalda negra, unas botas que le llegaban encima de las rodillas, una cazadora con cuello de borreguito y el pelo suelto. Mi polla, que había empezado a quedarse flácida, alcanzo una erección como nunca antes la había tenido, aquello parecía el argumento de una película porno, la secretaria con el empleado. En cuanto llego a mi altura se fijo en el bulto de mi pantalón y exclamo:
– Vaya, si que te alegras de verme – me cogió de la mano y pasamos dentro – He pensado que no es justo que te toque el turno de noche, seguro que tendrías planes por ahí.
– No que va – le dije desabrochando su cazadora – Solo salir de birras con los amigos.
– Pues entonces esto será mejor.
Se agacho, colocándole en cuclillas sobre los tacones de las botas me desabrocho el pantalón y saco mi poya, que estaba a punto de reventar.
– Joder tío, menudo nabo calzas – dijo relamiéndose mientras me la meneaba.
Antes de que pudiera decir nada, se la metió en la boca y comenzó una mamada de campeonato, de las mejores que me habían hecho nunca, su lengua recorrió cada centímetro de mi poya mientras me masajeaba los huevos con la otra mano. Yo comencé a quitarme la camiseta y agarrándola de la cabeza la fui llevando para poder sentarme en el sillón de la entrada, ella se puso a cuatro patas y sin sacar mi nabo me siguió, mirándome a la cara, como si fuera una perrita, eso me puso a cien y comencé a mover su cabeza, marcándola el ritmo que deseaba. Al rato se levanto y comenzó un striptease de lo más sensual, sin dejar de mirarme a los ojos mientras yo me terminaba de desnudar y me pajeaba viendo el espectáculo.
– Vamos nene, menéatela para mí, me encanta ver a un macho pajearse en mi honor, seguro que te has hecho muchas pensando en mi culito, ¿verdad que sí, nene?.
– Claro que si niña, nos pones a cien a todos con ese culo y tu carita de ángel, no te imaginas las ganas que tengo de lamer tus nalgas y meter esto en tu culito.
– Pues vamos.
Ya desnuda me cogió de la mano y me llevo al despacho del jefe:
– Si el os putea, vamos a follar en su mesa, veras que morbo.
Se coloco con los codos sobre la mesa, ofreciéndome su hermoso culo, y como había prometido se lo empecé a lamer, metiendo mis dedos en su coñito empapado y recogiendo su liquido suave para lubricar su ano, ella gemía de placer y agitaba su cabeza.
– Vamos nene, mi culito tiene hambre.
Me puse de pie y guiando mi poya le metí la punta despacito.
– Aaaaahhhh, siii asiiii nene, follame el culo despacito, me gusta hacerlo despacito.
Poco a poco fui metiendo mi nabo, hasta que estuvo toda dentro, la sensación era maravillosa, su calor y la estrechez de su ano, se notaba que no follaba mucho por detrás, y así se lo dije mientras agarraba sus tetitas.
– Mmmmmm niña, que culito tan estrechito tienes, como me gusta.
– Solo lo entrego a los chicos que más me gustan – dijo girándose, y besando mi boca -Y tu me gustas mucho, así que este culito será solo para ti.
Seguí bombeando entre jadeos mientras pasaba mi lengua por su cuello, ella apoyada en la mesa del jefe no paraba de dar grititos mezcla de dolor y placer.
– Siiii, dame mas, dame con tu poya nene, quiero que bautices mi culo con tu leche, correte dentrooooo..
Aquellos jadeos y su forma de hablar hizo que el orgasmo me viniera de golpe, así que apretando sus caderas me quede rígido y descargue todo el semen de mis huevos.
– Toma niña, toda mi leche, aaaahhhh siiii, toma niña, Sandra cariño, como me pones.
Estuvimos así un rato, cuando salí de ella, besando su cuello, mi poya hizo un delicioso sonido húmedo, parte de mi semen salió de sus piernas, y nos quedamos mirándonos, de repente comenzamos a reír y nos dimos un beso apasionado mientras nos abrazamos. Juntos de la mano fuimos a la ducha y nos lavamos mutuamente, lo que nos puso de nuevo cachondos y esta vez la folle por su coñito depilado. Al acabar paseamos cogidos de la mano por la nave y estuvimos hablando mucho de nosotros. Sus confesiones me llenaron de asombro y de morbo, vivía con Teresa y además de amigas eran amantes, a las dos yo les gustaba y me propuso que la llamáramos. Yo la conteste que me parecía bien, pero que mejor al día siguiente, por que los dos polvos me habían dejado agotado. Ella sonrió y estuvo de acuerdo.
El resto de la noche nos besamos dulcemente, diciéndonos cosas bonitas, cuando llego las seis se tuvo que ir, pero mientras veía como se alejaba no podía parar de pensar en lo que me esperaba la noche siguiente.
Autor: kavazkhang
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