Si voy a jugar a ser una puta, voy a ser una buena puta
Ya les vengo contando que, aunque siempre fui clos de closet, tuve mucha suerte, tanto en que mi entorno nunca lo supo como en tener muchos encuentros sexuales. En mi adolescencia, cada vez que podía dejaba salir a “jugar” a la putita que llevo dentro. Trataba de tener siempre un lugar para estar sol@ y algún lugar surgía.
Un amigo puso una verdulería en un local que era muy grande, entonces lo achicamos con paredes de madera. Detrás quedó un privado muy amplio. Yo empecé a trabajar con él y su mujer, y solía ser yo quien cerraba por la noche, ya que estaba en vacaciones de la escuela. Un día discutimos con mis viejos y me fui de casa. Le pedí a mi amigo quedarme a dormir detrás de la verdulería y no tuvo problema.
Allí estaba otra vez con lugar a solas y no iba a perder la oportunidad de salir a jugar. Un día hacía calor y quise salir a comprar una cerveza a un kiosco que estaba siempre abierto a dos cuadras. Como ya estaba con mi ropa de nena y maquillada (cosa que hacía apenas cerraba el local), no sabía qué hacer. No quería sacarme todo, así que como tenía puesto un vestido pegado al cuerpo, solo me puse un pantalón encima y una camperita. Me solté el pelo y me quité un poco de maquillaje. Al sacar el rojo de mis labios me quedó medio rosado… Me puse unos anteojos para leer que usaba mi amiga y quedaron en el local. Salí y caminé hasta el kiosco.
No había nadie, así que toqué timbre y pedí dos latas, un paquete de cigarrillos, pagué y cuando me dan el vuelto me doy vuelta y había un pibe atrás mío. Ni lo escuché llegar. “Hola”, nos dijimos, y me fui. A los pocos pasos escucho que me llaman y me doy vuelta, y el pibe se apura y me alcanza.
—Hola, hermosa, ¿me das fuego?
Tenía una cara de nene que me resultó gracioso que me haya dicho hermosa. Le doy fuego y él me miró y me guiña un ojo.
—¿Te puedo acompañar? ¿Tenés algo que hacer o podemos hacer algo los dos?
Volví a sonreír, lo miré y le digo:
—¿Cuántos años tenés? Me parece que sos muy chico para decirme así.
—Tengo 18… Pero ya sé cómo pasar un buen rato con una chica…
—Ah, sí? Mira vos. ¿Estás muy seguro? ¿No tenés que volver a tu casa? Te van a salir a buscar…
—Vivo con mi abuela y ya no sale de su pieza… Dale, así no tomas la cerveza sola…
Como mientras hablamos seguía caminando, ya estábamos en la puerta del local. Lo miro y me decidí a dejarlo pasar. Empezamos a charlar y tomar cerveza, y yo estaba con mucho calor porque me dejé el pantalón y la camperita puesta. Me bajo un poco el cierre de la camperita y se veía el vestido rojo que tenía debajo. El pibe me vio y se me acercó, bajó todo el cierre y me dice que por favor le muestre todo. Ahí pensé en que me iba a dejar que ese pibe me coja. “Espera”, le dije, y me fui al baño. Solo saqué mi pantalón y lo demás ya lo tenía puesto. Me saqué las zapatillas y me puse las sandalias de plataforma. Me maquillé más sexy y salí.
El pibe dijo algo como que buena perra o algo así y se me vino encima. Nos empezamos a besar y la verdad que me gustó mucho. Entre besos y manoseo me susurra: “No sabés cómo la vamos a pasar…” Y agarra mi mano y la apoya en su pija. Me quedé dudando qué era lo que tenía en la mano, así que bajé la vista y sí… Era su pija nomás. El pendejo, con razón era tan seguro… Tenía una pija de 18 cm y re venosa. Bien recta y dura como una piedra.
—Uy, nene, no esperaba algo así… Te la quiero chupar ya…
Y eso mismo hice. Le pegué una chupada de pija que me quedó la mandíbula dura. Lo senté en una butaca grande que tenía, me subí y me metí la punta de esa hermosura de pija. Empecé a bajar hasta que me entró toda. Subía y bajaba de su pija como poseída. Él me miraba y me besaba con pasión… Lo hice acabar montando como la más puta…
—Así, nene… Me encanta tu pija… Cógeme más, pendejo. ¿Te gusta que una puta te cabalgue?
—Qué hermosa cara de puta tenés cuando gozás… Viste que el nene te iba a hacer gozar…
Después me puse de espaldas, apoyando mis manos en la pared, y abrí las piernas… Al toque vino y me la mandó hasta el fondo de una. Me agarró de la cintura y empezó a darme bomba… La sacaba casi toda y me la metía hasta el fondo otra vez… Así acabó de nuevo. Me temblaban las piernas de estar parada con esa pija yendo y viniendo dentro mío.
Me limpié en el baño, me retoqué el maquillaje. Me puse perfume y salí pensando en despedirlo. Error mío. Nos sentamos a fumar en la cama y cada tanto me daba un beso, y otro, cada vez más largos, hasta que estábamos otra vez entrelazados. Me tiró hacia atrás y me levantó el vestido hasta sacarlo por mi cabeza, yo le saqué la remera y él se sacó todo. Abrí mis piernas abrazando su espalda con ellas y con una mano corrí la tanga y puse la punta de su pija en la puerta de mi cola. Empujó una vez y la metió toda. Me cogió con una pasión que me estaba volviendo loca… Qué bien me cogía ese pendejo… Le pedía más, le decía que era su putita y que quería más lechita adentro… Estaba gozando tanto que me hizo acabar justo antes de acabar él.
Nos vestimos y lo dejé ir… Éste nene me había pegado una cogida tremenda. Tal es así que con él fue con el primero que repetí encuentro. Me cogió unas cuantas veces hasta que me tuve que volver con mis viejos.
No volví a ver al nene… Pero me llevé mucha lechita de él conmigo.
Ya contaré otra aventura en el local donde viví ese tiempo.
Besos.
¿Te gustó este relato? descubre más historias eróticas cada día en nuestra página principal.
