Pasando con 10, mis compañeras si que saben como divertirse
Me llamo Andrés y tengo 19 años, actualmente estoy estudiando T.I. Soy bueno, me gusta, obvio, si no, no lo estudiaría. Pero últimamente le he dado un poco más de preferencia al fútbol, por lo cual he descuidado un poco mis estudios. No repruebo, pero sí he faltado con algunas tareas. Lo que contaré sucedió y sucede desde hace dos meses, cuando un profesor nos encargó un proyecto para fin de semestre, algo pesado a decir verdad, que necesita mucho trabajo. Por lo cual nos acomodamos en equipos de seis personas. Vaya suerte la mía: en la clase en la cual creamos los equipos yo me encontraba fuera de la ciudad con el equipo de fútbol de la universidad. A mi regreso me enteré que me había tocado con un grupo de compañeras poco amigables, por no decir amargadas, muy inteligentes pero un poco difíciles: Laura, Mayra, Yesenia, Brenda y Mónica. No lo podía creer, pero bueno, no había nada que hacer.
Desde el comienzo fue algo muy tenso. Al presentarme ante ellas, lo primero que escuché fue un “ni creas que vamos a hacer el trabajo por ti, así que o estás o no estás”. Sabía que estaba jodido, pero no podía dejar de lado al equipo de fútbol y más porque teníamos próximo un torneo nacional importante. Ese día quedamos en que nos juntaríamos en casa de unas compañeras, las cuales vienen de fuera y viven juntas. Yo lo vi como la peor idea posible, pero no quería que me acusaran con el profe y me fueran a sacar del equipo.
Al llegar a la casa de las compañeras, me sentía fuera de mi hábitat. Comenzamos a trabajar. Sí, un proyecto largo, pero a decir verdad soy bueno para la escuela, por lo cual dejé con el ojo cuadrado a más de una de ellas.
Laura: “Claro que sí, si tu único problema es el juego”.
Yo: “No es un problema, me gusta y ya. Si a ustedes les gustara algo más que criticar a los demás, entenderían”.
Laura: “Nosotros no criticamos, solo que nos parece tonto que arriesguen sus estudios por cosas tan comunes como fútbol”.
Yo: “Ese es tu pensar, pero si jugaras algún deporte, entenderías de qué hablo”.
Esa noche avanzamos mucho del proyecto, todo con la intención de que al siguiente día no tuviéramos que juntarnos de nuevo, claro porque yo tenía práctica después de clases. A la mañana siguiente, Mónica se me acercó y me comentó que saliendo irían a su casa porque tenían algunas ideas para darle forma al proyecto y que necesitaban a todo el equipo. Me pareció tonto, pero estaba condicionado y lo sabía; debía sacrificar mi entrenamiento, no había de otra.
Al salir de clase, justo antes de llegar a mi coche, me encontré con Laura, Brenda y Yesenia.
Yo: “Voy a mi casa a comer algo y después llego a casa de Mónica, si gustan las dejo en el centro y ya solo toman un autobús”.
Yesenia: “Ah no ve, nosotros vamos a comer aquí y ya después nos vamos”.
Yo: “Ok, como gusten”.
Me fui para mi casa a comer algo y relajarme. Ya como a las seis, me di un baño y salí para casa de Mónica. Ya había pasado más de una hora, ya debían estar todas ahí. Pues vaya sorpresa: cuando llegué solo estaba Mónica y Mayra, platicando en la entrada de la cochera de la casa.
Yo: “¿Ey qué onda y las demás?”.
Mónica: “Aún no llegan, pero hablé con Yesenia y dice que el autobús las dejó porque se llenó y que llegan en un rato”.
Yo: “Ok, pues si gustan comenzamos así; cuando lleguen ya tenemos algo”.
Comenzamos a trabajar de lo más normal. Unos minutos después me levanté y le pedí permiso a Mónica de entrar a su baño. Ella se levantó y me llevó hasta ahí. Durante todo el camino detrás de ella no pude dejar de verle el culo, que si bien no era la gran cosa, ese pequeño short se lo alzaba muy bien, redondo y grande. Al llegar al baño ni cuenta me di; estaba hipnotizado, tanto que no noté que se detuvo frente a mí y sin querer le arrimé todo el paquete. Ella volteó con cara de timidez y algo sonrojada.
Yo: “Perdón, no vi cuando te detuviste”.
Mónica: “Amm sí haha, no pasa nada”.
Entré al baño y unos minutos después salí. Mónica aún estaba ahí.
Yo: “¿Qué onda haha, me espantas?”.
Mónica: “Perdón, oye te puedo preguntar algo”.
Yo: “Am sí, lo que gustes”.
Mónica: “¿Te caemos bien o solo nos hablas por el trabajo?”.
Yo: “Pues la verdad no las conozco mucho, pero sí me agradan”.
Ella se volteó y salió de la casa hacia la cochera donde estábamos trabajando. Súper raro, pensé. Salí para seguir trabajando. Poco después llegaron las demás. Ya como a las diez de la noche, después de unas cuantas horas de trabajo, me sentía cansado y algo estresado. Entonces pasó algo que jamás olvidaré. Esas mujeres, “amargadas”, bueno, resultaron no ser tan amargadas como creíamos en el salón, sino simplemente tenían otra idea de diversión.
Mayra: “Bueno yo ya ando cansada, así que ¿qué dicen si compramos algo para relajarnos?”.
Inmediatamente mi cara fue de sorpresa. No creía lo que escuchaba. De a poco comenzó a armar una reunión relajada, todas se animaron a la idea de Mayra. Hahaha, bueno, ni modo de decir que no. Fuimos Mónica, Mayra y yo hasta el super para comprar refrescos y snacks, esto porque les daba pena y pues yo soy de los que no siempre pero muchas veces los fines de semana termino animado, así que pena no sentía. Compramos mucho, sí fuera con mis amigos sería normal, pero no al ir con cinco jovencillas. Ya quería ver cómo terminaban de animadas. Regresamos a la casa y comenzamos la reunión: música a todo volumen. En serio estaba sorprendido de lo que estaba pasando, no conocía esa faceta de ellas.
Al pasar el rato, Mónica se acerca a mí para platicar.
Mónica: “¿Qué onda, cómo andas, ya animado?”.
Yo: “Nombre para nada, con esto solo entro en calor”.
Mónica: “Eso es bueno, que te calientes”.
Yo: “Mmm ¿y eso? ¿Qué hay después o qué?”.
Lo primero que pasó por mi mente fue la escena de más temprano, yo arrimándole todo el paquete entre las nalgas. Y bueno, ¿por qué no? La emoción sería la culpable. Pasó el rato y nuestra plática se volvió un poco más acalorada. Terminamos hablando del hecho de que ella era virgen pero que ya se quería quitar ese letrero de la cabeza. Fue justo en ese momento cuando entendí qué es lo que quería. Sin pensarlo puse mi mano sobre su pierna, me acerqué y le comenté que iría al baño, que ya volvía. Obvio le decía a dónde iba; si me seguía es porque estaba más que puesta. Pues dicho y hecho: me levanté, entré al baño y cuando abrí la puerta al salir ahí estaba ella, recargada sobre la puerta de su cuarto. Ni lo pensé, todas estaban afuera platicando y riendo. La tomé de la cintura y comencé a besarla. Virgen pero muy buena besando, no voy a mentir. Entramos a su cuarto y cerré la puerta con candado; no quería que nos fueran a apagar el momento.
La recosté sobre la cama y comencé a tocarla: beso tras beso mientras con mis manos sobaba su cuerpo. Estaba super excitada y sus pezones duros lo demostraban. Poco a poco fui levantando su blusa hasta dejarla desnuda de la cintura para arriba: senos enormes y areolas aún más, redondos y negros sus ricos pezones. Comencé a chupárselos y sus gemidos no tardaron en llegar. Poco a poco, mientras la besaba, comencé a bajar su short; de un solo jalón la dejé solo en panties. Estaba super mojada, se notaba desde lejos, deseosa por lo que iba a pasar.
Me levanté de la cama y me quité la ropa quedando completamente desnudo. Al verme el pene se sorprendió.
Yo: “¿Qué pasa, apoco jamás habías visto uno?”.
Mónica: “Sí, pero no así”.
Yo: “¿Cómo así?”.
Mónica: “Pues grande, no manches qué pena hahaha”.
Yo: “Hahaha esperate que aún le hace falta crecer más”.
Mientras aún estaba acostada me incliné sobre ella dejando mi verga justo sobre su boca. No lo dudó y comenzó a besarla: primero la punta con mucha timidez, hasta que se animó y la tomó con las dos manos. Comenzó a masturbarme y después se la metió toda en la boca. Solo podía sentir cómo crecía dentro de su boca cada vez más. Una muy buena chupada, no de las mejores pero sí le puso mucho entusiasmo, tanto que por poco me vengo en su boca. Se la saqué para contenerme y entonces comencé con algo que me sale muy bien: el sexo oral. Me metí en las sábanas y comencé a devorar su vagina super bien rasurada, de arriba a abajo, de izquierda a derecha. Mis dedos entrando suavemente en su pucha mientras saboreaba su clítoris con mi lengua. Gemido tras gemido ahogados mientras mordía la almohada. Y entonces pasó: se vino completamente, su primer orgasmo en la vida. Estaba extasiada, su cara lo demostraba.
Me emparejé con ella mientras poco a poco con mi verga, que estaba super dura, rozaba sus labios vaginales.
Mónica: “Despacio, recuerda que soy nueva en esto”.
Yo: “Tranquila, te va a gustar, créeme”.
Lentamente comencé a meter la cabeza de mi verga en su vagina; mientras más adentro su cara más dolor expresaba. Después de entrar todo el glande…
Yo: “Muerde la almohada que va toda hasta el fondo”.
Dicho y hecho: de un solo golpe le entré toda. La almohada dejó de funcionar y sus gemidos se volvieron gritos; menos mal la música los callaba por mucho. Me levanté y me incliné entre sus piernas.
Yo: “Mira esto, ya eres toda una mujer”.
Se levantó y juntos vimos mi verga incrustada en su pucha con un poco de sangre sobre ella.
Mónica: “Hahaha pues bueno, veamos qué tienes”.
Comenzamos: cada vez más duro, siempre terminando hasta el fondo. Sexo del mejor con una pucha super estrecha, una pucha nueva toda para mí. Misionero, perrito, cuchara; casi medio Kamasutra nos aventamos, siempre con el clásico…
Mónica: “¡Síiiii!! ¡Así cógeme más duro!!! ¡Qué ricooo!!!”
Eso anima cualquier momento. Poco después sentí como mis bolas se llenaban; era el momento de terminar. Se la saqué, me quité el condón y la puse a chupar verga. La tomé de la nuca con las dos manos y la empujé contra mi verga para que se la metiera toda hasta la garganta. La solté y antes de que pudiera sacársela de la boca me vine completamente, todo adentro. Su cara de asco fue más que evidente.
Yo: “No los tires, trágatelos, son sagrados, no los escupas”.
Pues como no queriendo terminó tragándoselos todos, ni una sola gota desperdició. Después de eso caí rendido sobre ella. Minutos después salí en bóxer hasta el baño y ella detrás de mí pero sin nada de ropa. No había problema, las demás estaban afuera. Se lavó la boca y yo la verga. Después de eso volvimos al cuarto y nos acostamos juntos solo abrazados con un poco de toqueteo. Después yo me levanté y me vestí para salir por algo de tomar. Ya no volví a entrar; me quedé afuera. Unos 20 minutos después ella salió con una enorme cara de felicidad, super obvia. Mayra fue la primera en notarlo, se rio y después me volteó a ver. Yo solo volteé la mirada para evitar la típica plática incómoda. Mónica caminó hasta donde yo estaba y se sentó junto a mí, raro ya que yo estaba en una esquina con mi cel.
Mónica: “No manches, Mayra sabe”.
Yo: “Pues sí, saliste con una sonrisota. Bueno, no te culpo”.
Mónica: “No tarado, dice que nos vio cuando salimos al baño”.
Yo: “Oh haha ¿y qué? ¿Apoco no le gustó lo que vio?”.
Mónica: “Pues no sé, pregúntale tú, a mí siempre me ve desnuda”.
Mi cabeza explotó en ese momento. Claro, viven juntas; más de una vez se han visto sin ropa, quizá se han tocado y besado sin ropa. ¿Sexo lésbico? ¿Por qué no, algo normal? Mi cabeza se volvió loca hahaha.
Yo: “¿Siempre? ¿Y tú la ves sin ropa a ella?”.
Mónica: “No te diré nada, pregúntale a ella”.
Yo: “Anda dime y entramos otra vez a darle”.
Mónica: “Hahaha estás loco. Primero entramos y después te cuento”.
Yo: “Na no te creo, es mentira”.
Mónica: “No me creas, allá tú”.
Se levantó y se fue a sentar con las demás. Seguimos platicando tranquilos y unas horas después yo me fui a mi casa. A la mañana siguiente, que era sábado, debía levantarme temprano ya que tenía entrenamiento en la uni, pero simplemente me valió. Un poco crudo me levanté casi a las dos de la tarde. Al ver el cel tenía casi 20 llamadas perdidas, muchas de ellas de las compañeras de proyecto. Rápido llamé a Mayra; claro, me había quedado con la idea de lo que me había dicho Mónica.
Yo: “Hola, ¿qué onda por qué tanta llamada?”.
Mayra: “Eyy nombre, pues te íbamos a decir que si querías venir a almorzar acá, pero pues ya comimos”.
Yo: “Me acabo de levantar, me duele la cabeza”.
Mayra: “Después de lo de anoche a quién no haha. Oye ¿y qué onda, vienes hoy?”.
Yo: “¿Qué hay que hacer o qué onda?”.
Mayra: “Pues no sé, pero igual estando aquí sale algo”.
Yo: “Va, nada más desayuno algo, me baño y voy para allá”.
Llegué a su casa como a las cuatro de la tarde y ahí estaban todas. Llegué, saludé y me senté sin hacer tanto pedo; no quería que Mónica se fuera a poner cariñosa frente a todas. Y no, de hecho todo lo contrario: no distante pero muy reservada, no como la típica que pierde la virginidad y ya le perteneces. Algo muy maduro de su parte. Bueno, pues al final de todo no era el único con cruda, así que ese día no hicimos nada de trabajo. Ya casi como por ahí de las cinco, Yesenia comentó que ¿por qué no íbamos al río?
Yo: “Al río? Nombre ya es bien tarde, mejor mañana más temprano y sirve que armamos bien para llevar de comer y algo para tomar”.
Yesenia: “Nombre yo mañana no puedo, voy en la mañana a misa con mi mamá”.
Laura: “Ni yo, voy a salir con mis papás a casa de mis abuelos”.
Yo: “Bueno, otro día será”.
Mayra: “Pues yo sí puedo”.
Mónica: “Yo también”.
Brenda: “Pues sí es después de las 12 yo también, a esa hora me desocupo”.
Y así quedamos. Esa tarde fuimos a comprar algunas cosas al super para el siguiente día: atún y cosillas así, jamón, bolillo para tortas, nada fuera de lo común cuando vas al río. Ese día me tocó ser taxi: llevé a Brenda y a Laura al centro para irse a su casa, a Yesenia hasta su casa ya que vive cerca de donde viven Mónica y Mayra, y pues a las otras dos a su casa. Estando ahí, Mayra dice que haría de cenar, que me quedara y ya después de eso me fuera, y acepté; traía mucha hambre. No recuerdo qué fue lo que faltaba y Mayra salió hasta la tienda para comprar. Y entonces pasó: Mónica otra vez sobre mí. Comenzó a besarme y con las dos manos tocaba mi verga. Se inclinó y bajó el cierre de mi pantalón, lentamente sacó al animal de su jaula y comenzó a chuparlo violentamente. Me calenté rapidísimo. Rápido la levanté y la empiné sobre la orilla del sillón, ensalivé bien mi verga y se la metí poco a poco entre las nalgas. Solo veía cómo se retorcía. La tomé del pelo y la levanté para que quedara parada frente a mí, la puse sobre la pared mientras clavaba mi verga hasta lo más profundo de su pucha. Me vine en cuestión de minutos, todo adentro de ella. A pesar de saber que no usé nada no me importó; una de las mejores sensaciones de mi vida, el venirme dentro de ella. Su cara dejaba ver que no había problema alguno. Justo después de eso pudimos escuchar como se abría el portón de la entrada. Rápido se la saqué y me levanté el pantalón, ella se bajó el vestido y nos sentamos separados en la sala. Mayra entró y claro que sospechó; su mirada fue muy descarada, solo le faltó decir “¿qué onda ya volvieron a coger?”.
Cenamos y yo me fui a mi casa a dormir ya que me levantaría algo temprano en fin de semana, que era algo muy poco común para mí. A la mañana siguiente salí a casa de Mónica para ayudarlas a preparar todo, pero al llegar Mayra me dijo que Mónica tuvo que salir al centro y que lamentablemente Brenda no iba a poder ir con nosotros. No me importó mucho la verdad; igual el día estaba caluroso y tenía ganas de ir al río. Nos pusimos a hacer las tortas. Justo después de terminar llegó Mónica.
Mónica: “¿Qué onda? Oigan, me habló Brenda que no va a poder ir”.
Mayra: “Sí a mí también me habló, qué mala onda”.
Mónica: “¿Y entonces?”.
Yo: “Pues yo tengo calor, vamos igual un rato”.
Mayra: “Sí vamos igual, ni que no nos podamos divertir nosotros solos”.
Subimos todo al coche y salimos con rumbo hacia un río que está a las afueras de la ciudad. Claro, no sin antes comprar refrescos. Me sorprendió mucho el hecho de que al parecer la pena en Mónica se había esfumado: se bajó y entró directo hasta los enfriadores. Mucha para tres personas si me lo preguntan, pero bueno, quizá pensaban seguir la reunión más tarde en casa, no sé. Compramos y ahora sí directo al río.
Al llegar, vaya suerte: no había más que dos coches, estaba solo el lugar. Al llegar, vaya sorpresa: otros dos coches pero repletos, muchas personas en esa zona, por lo cual caminamos un poco hacia arriba por la orilla del río hasta llegar a un punto donde no había nada de gente, ni una sola alma. Y claro a esa zona no se puede entrar con carro. Llegamos, nos acomodamos y a nadar. El agua super fría, tanto que mi pene estaba del tamaño del de un hombre normal hahaha, na pero sí estaba muy fría. Mayra y Mónica no se metieron en ese momento pero yo salí escurriendo y con mucho frío. Sin pensarlo abracé a Mónica y ella a mí con una toalla. Fue muy raro si me lo preguntan, pero bueno nadie lo hizo. Comimos y nos sentamos a platicar tranquilamente a la orilla del río: pláticas tontas sobre por qué decíamos que ellas eran amargadas y cosas así. Y pues tenían razón: si las conocieran como yo nadie pensaría que son amargadas; de hecho son buena onda.
La cosa comenzó a ponerse algo interesante cuando Mayra soltó el comentario sobre lo que había visto esa noche de pasión.
Yo: “Pero a ver ya neta, Mayra ¿qué viste ese día en la noche?”.
Mayra: “Pues bueno, solo diré felicidades Mónica”.
Yo: “Hahaha ¿por qué no manches? ¿Apoco sí me la viste?”.
Mayra: “Algo sí, felicidades a ti también”.
Yo: “Hahahaha y a ti sí así lo quieres”.
Mónica: “Hahahaha par de locos”.
Contrario a lo que yo pensaba, Mónica lo tomó de la mejor manera. Estaba rompiendo todos los estereotipos de la típica recién desvirginada celosa y posesiva, y eso me gustaba.
Mayra: “¿A mí también? Interesante”.
Mónica: “Pues tú decides, no soy su dueña”.
Yo: “Ves por eso me agradas, porque eres compartida con tus amigas”.
Sabía que el trabajo estaba hecho. Me levanté y tomé de la mano a Mónica; ella se levantó y estiré la mano invitando a Mayra a venir con nosotros. Dudó al comienzo pero después se dejó llevar, se levantó. Ahí estaba yo yendo hacia el agua con las dos mujeres tomadas de mi mano. Aún ni comenzábamos y mi pene se comenzaba a poner duro solo de imaginar todo lo que les iba a hacer.
Entramos al agua hasta llegar a un punto en el cual no corre tan fuerte. Me senté sobre una piedra y senté a Mayra con sus piernas abiertas sobre mí, Mónica por un lado viendo lo que pasaba y sonriendo de placer. Comencé a besar a Mayra, la cual debo decir también es muy buena haciéndolo. Poco a poco con mis manos fui quitándole la ropa hasta dejarla completamente desnuda dentro del agua. No podía ver nada pero sí tocarlo todo: mis dedos tan adentro de su vagina, la cual estaba super peludita, todo lo contrario a Mónica. Coloqué a Mayra dándome la espalda y mientras con mis manos tocaba todo su cuerpo ella besaba y desvestía a Mónica. Vaya vaya, así de eso hablaba Mónica al decir que se veían desnudas muchas veces. En cierto punto yo era el único que traía ropa, así que me paré sobre la piedra, la cual permitía que el agua me llegara hasta las rodillas, y me quité el short dejando mi paquete al aire libre. Vaya cara de Mayra al verlo. No lo podía creer pero sin pensarlo se abalanzó sobre él, sin dudarlo se lo metió todo a la boca y comenzó a chuparlo fuertemente. Minutos de placer hasta que lo puso super duro.
Me senté sobre la piedra y coloqué nuevamente a Mayra sobre mí. Poco a poco metí todo mi pene en su vagina: gemido tras gemido y que estábamos solos en esa zona del río. Arriba y abajo tan duro como podía se clavaba mi verga ella sola mientras besaba y tocaba apasionadamente a Mónica. Poco después salimos del agua y nos recostamos sobre unas toallas para seguir con la odisea: misionero para Mayra, sexo al más puro estilo hardcore, mientras Mónica de perrito con más piernas a los lados de la cabeza de Mayra nos dejaba chupar su clítoris y su culo. Gemidos de Mayra y gemidos de Mónica, ¿qué más podía pedir? Quizá gemidos de Brenda, la que había faltado a ese tan beneficioso viaje. Chulada de movimiento: se la saqué a Mayra y sin moverlas me puse sobre ella para metérsela a Mónica, dejando mis bolas colgando justo sobre la boca de Mayra. Mi verga entrando y saliendo de la puchita de Mónica mientras la otra chupaba mis bolas de arriba a abajo. No pude contenerme ante tal magnífica escena: se la saqué y me vine en la cara de Mayra, todo sobre ella. Mónica se volteó y comenzó a besar a Mayra para probar un poco de mi semen. Yo caí de espaldas sobre la tierra extasiado completamente, mientras ellas dos se besaban y tocaban. Obvio no soy de los que acaban y ya adiós. Puse a Mónica sobre Mayra de tal manera que las dos dejaran sus clítoris frente a mí. Mientras ellas se besaban yo me daba un banquete con sus puchas. Un poco tardado pero al final lo logré: un par de orgasmos como ya era costumbre para mi lengua.
Desde ese día el fútbol ha bajado su importancia en mí. Mi rutina consiste en universidad, proyecto, trío con Mayra y Mónica. Brenda se enteró unos días después de lo del río. Mayra comenta que no se sacó de onda que inclusive lo primero que preguntó fue qué si la tenía grande o pequeña. Bueno, supongo que tendré que mostrarle algo bueno. Últimamente me he planteado la idea de llegar al día en que las vea a las cinco y pueda escoger con cuál me acostaré ese día. Espero que llegue y si puedo hacerlo con las cinco al mismo tiempo mejor: cinco orgasmos en una misma tarde sería algo épico.
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