Paola hace tiempo sin tocarse

Hoy desperté en medio de la madrugada, intenté dormirme nuevamente pero los pensamientos no daban descanso. Tengo diez y siete años y hace tiempo ya que no me toco. Creo que desde los quince, cuando comencé con mi novio y tuve con él mi primera experiencia sexual. Lo hacíamos casi todos los días. Mi nombre es Paola y aunque no soy una modelo, si cuento con algunos atributos. Mi novio siempre me decía que le gustaba que yo tuviera más curvas cuando ven mi cuerpo de perfil que de frente. Es cierto, no tengo una cintura marcada ni unas caderas prominentes, pero si tengo una cola bien firme y unos pechos redondos y parados, y todo, cuando me paro de costado hace curvas hacia atrás y hacia delante, aunque no quiera. Mi vientre es fuerte y no está chupado contra las costillas. Por otro lado, mi cabello es bien negro, y contrasta con mi cutis blanco, es fuerte y lacio, y me gusta usarlo con una cola bien alta, en la parte superior de mi cabeza.

Bueno, como dije, hace tiempo que no me toco, pero claro, mi novio se fue en un viaje de egresados y va a demorar en regresar un par de meses. Además hace unos días me pasó algo que no me puedo quitar de la cabeza. Pasé por la puerta de la habitación de mi padre y lo vi durmiendo. Mi padre no está muy bien porque su esposa lo dejó hace muy poco. Y como lo vi durmiendo ahí solo me metí en la cama con él. El calor era intenso, así que ambos estábamos en ropa interior. Él estaba durmiendo boca arriba, yo me puse de costado mirándolo. Me dio pena y le acaricié el pecho, me sorprende el cuerpo que tiene mi padre que a pesar de tener poco más de cuarenta se conserva mejor que muchos jóvenes de veinte.

Mi padre en un reflejo, y siempre dormido profundamente, al sentir mi mano en su pecho, me abrazó con su brazo izquierdo y me acercó a él. Quedé algo incómoda y las pernas se me juntaron por lo cual tenía una posición algo forzada. Me acomodé levantando mi pierna izquierda y apoyándola sobre su vientre. Él me apretó más fuerte aún y me acarició el hombro. Mi pierna cedió un poco y sin querer quedó apoyada sobre sus genitales. No podía creer cuando siento algo duro sobre mi pierna. Cuando la retiro veo que la ropa interior de mi padre estaba totalmente abultada. Fue ahí que recordé algo que evidentemente mi memoria había dejado en el olvido. A veces la culpa tiene esos actos como de defensa para no hacernos sentir mal. Debo confesar algo. Cuando mi padre se casó por segunda vez y ella vino a vivir aquí con nosotros yo solo tenía catorce años. Tenían por costumbre dejar la puerta del dormitorio entreabierta con la luz encendida, entonces cuando tenían sexo yo me quedaba mirando en el pasillo a oscuras. Fueron como mis primera experiencias sexuales. Si, viendo como mi padre cogía con su mujer. Me quedaba allí parada y apoyada contra la pared frotaba mis piernas una contra otra para que los labios de mi clítoris jugara humedeciendo la entrepierna. Me mordía el labio inferior, que carnoso como es se escurría de un lado a otro de mis dientes. Luego, cuando ellos terminaban, me iba a mi cuarto, cerraba la puerta y me tocaba imaginando la pija de mi padre penetrando la vagina de Ana, que así se llamaba mi madrastra. Recuerdo un día también que me causó mucho impacto. Yo escuchaba que ella decía que no, que le iba a doler, y mi padre diciendo que lo iba a hacer despacito. Apenas si podía escuchar la voz de mi padre diciéndole, no me digas más: “no por favor”, que eso me calienta mucho y es peor. Al final, vi bajo un asombro total como la pija de mi padre penetraba el ano de Ana. Ella era una mujer muy linda y delgada, entonces el miembro entraba y salia casi en su totalidad. Ella se retorcía de dolor, era notorio, así como también era evidente que más allá del dolor, le generaba un placer muy hondo.

Estos recuerdos de aquellos momentos tan lejanos en el tiempo mojaron la cama de mi padre, donde ahora me encontraba casi sin darme cuenta, como si un impulso inconsciente y perverso me hubiera arrastrado hasta aquí.

Me encontraba apretada contra él, con los sudores que ya se mezclaban ante tanto calor. No podía quitar mi mirada de su ropa interior abultada. Acaricié su pierna y la razón se anuló por completo, haciendo que mi pequeña mano se posara luego en su miembro, en un principio suavemente, aunque luego no pudiera más y envolviera con ella su enorme pija que, aunque oculta aun, dejaba ver su forma y tamaño gracias a la condescendiente tela que mi mano obligaba a moverse y tironear de sus testículos.

Pensé en liberarla de la prenda pero me contuve. Pese a ello, un instante más tarde, en forma totalmente involuntaria y ante tanto movimiento, veo como salta sorpresivamente hacia un costado esa verga. Lo miré inmediatamente, temerosa de que despertara. Por suerte seguía sumido en el más profundo sueño. Tome valentía y corrí con un dedo la tela dejando a la vista el miembro y los testículos.

Me incorporé un poco para ver mejor aquel espectáculo que me estaba regalando la fortuna, allí estaban, ante mí, totalmente rasurados. Con la boca abierta, no pude evitar que un hilo de saliva se me escapara mojando parcialmente su glande. Apoyándome en su vientre, tomé todo el botín entre mis manos esparciendo mi saliva y frotando lentamente, apretando aquel miembro hinchado arriba abajo, cuando él, aun metido en algún sueño balbuceó el nombre de su ex esposa e inmediatamente expulsó una cantidad insospechada de semen, que se escurrió entre mis manos dejándolas empapadas. Lo tapé y salí sigilosamente hasta llegar a mi dormitorio, en donde, sin aguantar más, me toqué hasta tener varios orgasmos, llenando mi vulva con su semen, uniendo nuestros jugos perversos, intentando pensar en otros hombres, pero aquellos pensamientos, aunque recorrían muchos rostros, terminaban siempre en aquella verga, la verga de papá.

Autor: Vicky

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