Mi primita menor
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Soy un joven de 25 años y el nieto mayor de una familia numerosa. Cuando estaba más joven hablaba con mis amigos sobre las experiencias que habíamos tenido con chicas y muchos de ellos me contaban sus experiencias con sus primas. Lamentablemente yo no contaba con ninguna prima con la que pudiese satisfacer ese placer y eso siempre me creó cierta frustración.
Me alejé del país a los 18 años y cuando regresé 6 años después encontré a varias de mis primitas convertidas en todas unas adultas hermosas, pero por desgracia solo una, Yaz, parecía haber robado el encanto de todas las otras. Yaz era una mujer de 21 años, de cabello negro, lacio hasta la mitad de la espalda, de piel trigueña, con ojos grandes y expresivos, con un cuerpo espectacular, de tetas firmes al igual que su culito, con un color de piel espectacular y un rostro que se acoplaba perfectamente en una armonía indescriptible.
Cuando la vi quedé paralizado y no pude contener la fascinación de ver esa mujer tan hermosa. Mis ojos se quedaron repasando todo su cuerpecito y creo que estuve a punto de salivar como un perro.
Días después mi tía, la mamá de esa prima hermosa, me invitó a una cena en su casa para hacerme una propuesta de trabajo pues me desempeño como fotógrafo y le gustaban mucho mis proyectos. Aquel día llegué un poco temprano a la casa de mi tía y para mi suerte solo estaba mi primita. Llegué a eso de las 2 de la tarde y estaba haciendo un calor tremendo.
Ella se encontraba haciendo la limpieza de la casa y estaba en un short muy corto de color rojo el cual se le ceñía a su contorneado culito. Tenía una blusita muy corta que dejaba ver todo su ombliguito y al menor movimiento de sus brazos la blusa se levantaba para dejar ver sus tetas que estaban aprisionadas por un sostén de color blanco.
Mi corazón empezó a latir muy fuerte, hasta el punto que yo lo podía escuchar.
La saludé con un beso muy cerca de la boca y le pregunté por mi tía y sus dos hermanas. Me dijo que mi tía estaba haciendo una vuelta en un banco y que mis otras primas estaban estudiando. Me ofreció algo de tomar y me pidió que me sentara. Encendió el televisor y se dispuso a seguir aseando la casa.
Los movimientos de su cuerpo al barrer la casa me excitaron sobremanera. Se agachaba y movía su culo como si le gustara que yo estuviera presente. Saqué mi cámara de mi maletín y empecé a tomar fotos. Ella se molestó y me dijo que por qué hacía eso, que no le gustaba que le tomaran fotos. Yo le respondí que mi trabajo era ese y que no podía resistir cuando veía algo que me gustaba mucho y que además cabía la probabilidad de que una de esas fotos la pudiese hacer famosa pues muchas veces trabajo para algunas agencias que buscan mujeres para algún tipo de publicidad. Eso le agradó.
Ella siguió en su oficio y yo en el mío, enfocando su rostro y su cuerpo a la vez.
Había tomado unas 8 fotos cuando sonó el teléfono. Era mi tía para decir que se demoraba un poco y que por favor no la esperara para cenar, que yo me adelantara. Le pidió a mi prima que me sirviera y acompañara.
No podía creerlo, todo parecía estar dispuesto para mí y complacer ese sueño que nunca había podido hacer realidad.
Yo estaba dispuesto a todo.
Le dije que se sentara a mi lado un rato, que me dejara tomarle unas fotos en el sofá. Luego de tomarle unas cuantas fotos y tratando de romper el hielo empecé a hacerle preguntas sobre el novio. Me dijo que hacía dos meses que no tenía, que se había marchado a otra ciudad y que se sentía muy sola. Lo cual me pareció muy lógico, pues a su edad necesita de mucha compañía.
Me acerqué a ella y le dije que saliera, que empezara a buscar nuevos amigos, que era una mujer muy linda y que tenía todo un futuro por delante.
Mientras hablábamos empecé a tocar su cabello y ella me miraba con agrado. Le pregunté que cómo se consideraba para besar, que si besaba bien o todavía estaba aprendiendo. Ella me contestó que los dos novios que había tenido le habían dicho que besaba muy rico. Yo le dije de forma irónica “como me gustaría probar”. Ella se quedó callada y se quedó mirándome.
“¿Te gustaría?”, le pregunté.
Ella solo movió sus hombros como diciendo que no le importaba si la besaba. “Sí, quiero que me beses”, añadió con una sonrisa.
Me acerqué lentamente y empecé a besarla suavemente sin mover mi lengua pues no quería poner en evidencia mis ganas. Ella abrió su boca como queriendo recibir mi lengua y empezó a buscarla con la suya. Cuando nos encontramos fue delicioso, empezamos a entrelazar nuestras dos lenguas en un frenético masaje. Ella cogía la mía entre sus labios y la succionaba. Esto me excitó de una forma tremenda.
Mi pene se marcaba en mi pantalón y como no utilizo ropa interior se podía ver claramente como intentaba salir al exterior.
Yo empecé a tocar su nuca y ella mi cara.
Comencé a bajar mis manos por su cuello, luego hasta su pecho y suavemente masajeé sus tetas por encima de su blusita sin que ella se opusiera.
Me separé de su boca y le pregunté que si ya había tenido relaciones antes.
“No”, me contestó.
“Pero has tenido algún contacto o algo?”, pregunté.
“Mi novio me ha tocado pero nunca hemos hecho nada. Mi mamá siempre está cuidándonos y nunca nos deja solos”, dijo.
“¿Quieres que sigamos?”, pregunté de forma estúpida queriendo ser caballero.
“Sí, quiero seguir”, contestó ella claramente.
Empecé a besarla de nuevo y puse mi mano sobre su muslo. Se acercó más a mí y bajó su mano hacia mi pierna.
Cuando el beso se hizo más intenso empecé a subir mi mano para intentar tocar su rajita por encima de su shortcito rojo. Ella hizo lo mismo y se apresuró a coger mi pene inflamado que se brotaba por el pantalón. Subí mi mano por debajo de su blusa para acariciar sus tetas. Con un movimiento rápido metí mi mano por detrás de su blusa y desabroché su sostén. Lo quité con mi otra mano y me dispuse a acariciar a plenitud sus tetas a lo cual ella respondía apretando mi verga fuertemente.
Bajé mi boca por su cuello y ella dejó salir unos pequeños gemidos, esto la excitaba mucho. Salivé todo su cuellito y levanté su blusita para que sus tetas quedaran al aire. Ella se aferraba fuertemente a mi verga y la masajeaba con pasión.
Le cogí las dos tetas con las manos sin saber cuál empezar a besar primero y traté de unirlas para engullirlas. Saqué mi lengua y suavemente frotaba sus pezones ahora hinchados y erectos. Metí un pezón a mi boca y lo chupé como si fuera un becerro, luego el otro.
Mientras seguía chupando bajé mi mano hacia su rajita y le froté ese conejito por encima de su short. Ella soltó un pequeño gemido que hizo que pellizcara mi verga dolorosamente. Le metí la mano por un extremo del short y levanté suavemente su tanguita.
Cuando empecé a tocar su rajita tuve que contenerme para no venirme de la emoción al darme cuenta que no tenía ni un solo pelito. La toqué suavemente y saqué mi mano de su shortcito para oler mis dedos. Me olían delicioso. Los metí entre nuestras dos bocas que aún seguían besándose y ella empezó a chuparlos de forma insinuante.
Volví a bajar mi mano y a separar su short y tanga. Acaricié sus labios tratando de empujar suavemente los dedos dentro de ella pero el short que llevaba era tan ajustado que no me daba movilidad. Entonces le dije que se quitara toda la ropa.
No se movió y siguió besándome, por lo que sabía que todo el trabajo tenía que hacerlo yo. Ella era joven y no podía tratarla como si fuera una mujer común.
Seguí besándola y entre el beso empecé a decirle…
“¿Quieres ver mi pene?”
Ella gimió suavemente diciéndome que sí. “Sí, quiero verlo todo”, respondió.
Desabroché mi pantalón y bajé rápidamente el cierre.
“Sácalo, sácame el pene Yaz”, le dije.
Ella metió su mano hasta alcanzar firmemente la base y lo movió hacia afuera. Su mano apenas podía sostener mi verga hinchada y roja.
“¿Te gusta?”
“Sí, me gusta mucho”, dijo suavemente.
“¿Es como la de tu novio?”, le pregunté.
“No, la de él es muy pequeña. Este es muy grueso”.
“Aprétiame bien el pene Yaz”. Le dije, disponiéndome a enseñarle a masturbarme. “Ahora empieza a subir y a bajar tu mano”.
Ella aprendió rápidamente y yo seguía frotando su rajita incómodamente.
“Yaz, ayúdame a quitarte este short, quiero enseñarte algo”.
Ella se puso de pie y se quitó el short quedando ante mí con esa tanguita que se le marcaba bien la rajita y que se le metía por un lado por las acciones de mi mano. Estaba mojada.
Se veía espectacular, como una muñequita de animación japonesa, con su blusita cortita, de tetas paradas, su tanguita metida por un lado y los shorties abajo.
“Bájate la tanga también”. Le di un beso en la mano y la solté rápidamente para que lo hiciera.
Se la quitó por completo y se sentó rápidamente a mi lado con vergüenza.
Yo la empecé a besar para que no se sintiera mal y le cogí la mano para llevarla hacia mi verga. Ella se acopló nuevamente a ella con un gusto que se notaba en todo su cuerpo.
No podía creer lo que estaba pasando en aquella sala. Era una cena inolvidable.
Bajé mis manos por su vientre y seguí hacia su rajita. Separé lentamente sus piernas y dejé que yo acariciara su chochito rojo y mojadito a plenitud. Ahora gemía más rápido y sobaba mi verga fuertemente.
Quité mi mano de su rajita y la llevé a mi boca para probar su miel, luego le pasé los dedos a ella para que los untara de su saliva.
Bajé nuevamente por su vientre para llegar a su lindo chochito. Mi dedo empezó a separar sus labios y a regar toda su saliva y jugos vaginales por la rajita. Ella se retorcía cada vez que frotaba su pequeño clítoris. Bajé más mi mano para tratar de introducir el dedo y ella abrió sus ojos, me miró y apretó sus labios con los dientes. Introduje mi dedo hasta la mitad y ella volvió a cerrar sus ojos.
Sacaba y metía mi dedo hasta la mitad para no causarle daño. Ahora estaba bien mojadita.
“¿Te gusta Yaz? ¿Te gusta bebé?”
“Me fascina, sigue… uuhmm, méteme más el dedo por favor”.
“Huuuy qué rico, me encanta, aahhhhh!!!”, exclamaba y se retorcía sin soltar mi verga a punto de estallar.
Metí mi dedo hasta el tope y ella gemía a todo grito. Tuve que besarla y decirle que hiciera silencio o los vecinos se iban a enterar.
Le hice soltar mi verga y me senté en el suelo. Con su rajita frente a mi cara.
Separé aún más sus piernas y ella me miraba excitada y aterrada.
“¿Te la ha chupado tu novio?”
“Nunca”.
“Te va a gustar. Cierra los ojos Yaz y empuja tu nalguitas hasta el filo del sofá”. Ella obedeció rápidamente, cerró los ojos y se dispuso a dejarme hacer lo que yo quisiera. “Sí, chúpame, quiero sentir tu lengua”, murmuró.
Bese sus muslos hasta llegar hasta su fascinante meloncito que destilaba sus jugos vírgenes jamás probados por un hombre.
Pasé mi lengua por sus labios hinchaditos y empecé a jugar suavemente con su clítoris, torturándola entre pequeños chupones que soltaba rápidamente. Ella se estremecía y apretaba los cojines del sofá. Era una mujer que estaba disfrutando los placeres de una adulta.
No resistí más aquella imagen de su cuerpito estirado en el sofá con sus tetas paradas y sus piernitas separadas y empecé a darle una mamada que ella no olvidaría jamás. Saqué mi lengua para restregarla por todo su chochito y empecé a meterla suavemente por su pequeño orificio virgen.
Sentí que ella empezó a sollozar y me detuve preguntándole:
“¿Te duele Yaz?”
“Nooo. Un poquito”.
Seguí en mi labor y ella siguió disfrutando. Empecé a meterle el dedo que ya había introducido y con mi lengua empecé a frotarle rápidamente su clítoris paradito.
Ella empezó a retorcerse y me cogió la otra mano apretándola y clavando sus uñas. Esto me indicó que estaba por terminar y aceleré mi ritmo bebiendo todos sus juguitos que ahora se habían incrementado.
“Ahhhhh, ahhhhyyyy, Siiiiii, ohh, ohh, Ho”. Apretó y clavó fuertemente sus uñas en mi mano arqueando su cuerpo de tal forma que casi me obliga a levantarme para beber un pequeño chorrito que salió de su vagina. Eran sus jugos. Mi primita se vino en mi cara por el placer que le causó mi dedo y mi lengua.
Puso nuevamente su culito en el sofá con sus ojos cerrados, con su rajita abierta de la cual seguía saliendo ese delgado chorrito de jugos que se mezclaban con los que le habían proporcionado el orgasmo. Esta fue una experiencia nueva para mí, pues nunca había visto eyacular a una mujer tan cerca como estaba ella de mí. Podía ver como del extremo de su rajita se abría un orificio y salía aquel líquido cálido que por momentos salía con más fuerza mojando mi cara y mi camisa. Por el contrario sus jugos vaginales salían del orificio por donde había metido mi dedo y mi lengua. El sofá se encontraba empapado por esa mezcla de jugos, saliva y placer.
Ella se encontraba en un estado letárgico que me estaba asustando. Pues la llamé tres veces y no me respondía.
“Yaz?… Yaz?… Bebé?… Yaz!!!!”
“Uhmm”. Abrió suavemente los ojos.
“¿Te gustó?”
“Nunca había sentido eso”.
“Pero ¿te gustó?”, pregunté de nuevo.
“¡Sí!! Te amo!!”. Me sorprendió que me dijera que me amaba, pues era una palabra que hacía mucho no escuchaba pero después me di cuenta de que aquella relación tomaría para ella un rumbo diferente.
“Yo también”, le dije, no sabía qué contestar a eso. Me acerqué nuevamente a su rajita para limpiarla de todos los líquidos que habían dejado de fluir.
Se estremeció nuevamente y sonrió.
“Qué rico me haces”.
Abrí su vagina con mis dedos para darle una limpiada más profunda. Lamí por largo rato hasta que le quedó reluciente.
Ahora sabía que ella estaría dispuesta a todo. Mi sueño empezaba a hacerse realidad y mucho mejor de lo que yo imaginaba.
Autor: Lahechicera
