Mi pequeño sobrino se unió a mi lista de amantes
Un día fui a casa de mi prima Imelda, de 40 años, ella es una prima muy querida con la que conviví mucho cuando éramos niñas. Nuestra relación no cambió al crecer, seguimos siendo muy unidas. Al llegar, la noté muy preocupada y le pregunté qué pasaba. Me platicó que su hijo Erick, de 18 años en prepa final, había llevado la boleta de calificaciones: reprobó 5 materias. No sabía cómo hacerlo estudiar; su esposo ya había intentado todo. Yo, a mis 38 años, le dije que me dejara hablar con él, que un muchacho rebelde en prepa suele necesitar motivación especial. Ella aceptó. Erick no estaba, así que nos pusimos a platicar de otras cosas.
Mi sobrino está sacando malas calificaciones; es hora de darle una buena motivación. Cada vez que traiga una buena nota, me lo voy a follar.
Por la tarde llegó, me saludó con un abrazo prolongado donde sentí que me tocaba de más. No era raro: mis familiares siempre me abrazaban así, y muchas veces notaba erecciones en tíos, primos o sobrinos al sentir mi cuerpo. Imelda le dijo que yo quería platicar con él. Le propuse caminar por un parque cercano para charlar tranquilos. Erick aceptó de buena gana; mientras hablábamos con su mamá, no dejaba de comerme con la mirada.
Tenía planeado ofrecerle sexo a cambio de buenas calificaciones. Sabía que así ayudaría a mi prima; haría cualquier cosa por ella. Erick era guapo, delgado, se veía bien caliente, siempre escaneando mi cuerpo como el de cualquier mujer.
Caminábamos por el parque, platicando de sus calificaciones. Su mirada ardía de deseo; yo me sentía inquieta, anhelando irnos a algún lugar para hacer el amor hasta agotarnos. Fui llevando la charla al punto.
P: Entonces, lo que te distrae de la escuela son las mujeres.
E: Sí, tía.
P: Es normal, pero está mal descuidar los estudios. ¿Qué quieres de ellas? ¿Sexo?
E: Me he acostado con dos amigas, pero quiero placer real, una mujer experimentada.
P: Yo tengo mucha experiencia. Si sacas buenas calificaciones, podemos tener sexo. ¿Qué te parece?
E: ¡Excelente, sí tía! Estudiaré mucho, todo sea por tenerte en una cama.
P: Aparte, guarda el secreto. Si alguien se entera, problemas grandes.
E: No diré nada, tía.
P: Si pasas todas las materias, te la chupo. Con promedio de 8, me la metes. Si sacas 9, también por el culo.
E: Qué rico, tía. ¿Un adelanto?
Volteé para cerciorarme de que el parque estuviera solo. Le di un beso en la boca, metí mi lengua; él jugó con la suya. Estuvimos así minutos, besándonos con hambre. Me separé.
P: Agárrame las nalgas.
E: Qué duritas las tienes.
P: Todo esto puede ser tuyo si estudias. Ahora, regresemos.
Volvimos; Imelda preguntó cómo nos fue. Le dije que le prometí videojuegos si mejoraba y pasaba todo, o cortaría mi jardín si fallaba. Me agradeció efusivamente.
Pasó un mes y medio, hasta los exámenes. Erick me llamó: sacó 10 en historia. Le dije que cada materia aprobada era un paso a la cama. Imelda llamó después: Erick iba bien, parecía pasar todo; me agradecieron ella y su esposo.
Llegó el día de la boleta. Imelda llamó: aprobó todo, gracias otra vez. Colgué y sonó de nuevo: Erick.
P: Hola.
E: Hola, tía.
P: Tu mamá me dijo que te fue genial. Dime tu promedio para ver qué ganaste.
E: 9.5. Dijiste que con 9 te la metía por ese rico culo.
P: Sí, y con 9.5, sin condón y te vienes donde quieras.
E: Gracias, tía. ¿Cuándo?
P: Viernes próximo, paso por ti a la escuela.
El viernes, a las dos de la tarde, esperé en mi carro fuera de la escuela, vestida normal; me cambiaría en el hotel. Erick subió, me besó la mejilla. Arrancé rumbo al hotel Monarca, felicitándolo por mejorar y pidiéndole que siguiera así. Llegamos; pedí el cuarto, le di la llave para que se adelantara. Doña Rosa preguntó quién era el jovencito. “Mi sobrino”, dije, y le conté la historia de motivarlo con sexo. “Eres muy puta, pero excelente persona”, respondió. Nos besamos en la boca, lenguas jugando; me hizo voltear, inclinarme y me dio nalgadas fuertes que me encendieron.
Subí al cuarto; Erick esperaba impaciente.
E: Ya me urge metértela.
Me besó, agarró mis nalgas, quiso quitarme la blusa.
P: Espera, quiero ponerme algo sexy para ti.
En el baño, me cambié: tanga negra, minifalda de látex negro que apenas cubría, top de látex negro, tacones de aguja. Salí.
E: Tía, te ves súper rica. Valrió la pena.
P: Quiero verme muy puta para ti.
E: Ven, acércate, puta.
Sentado en el sillón, me acerqué y me senté en sus piernas. Una mano en mis piernas, otra en nalgas; nos besamos largo, lenguas enredadas. Me hizo caminar frente a él, agacharme sin doblar rodillas, gatear. “Me encanta tu culo”, gemía. Levanté la falda; mis nalgas solo divididas por la tanga. Me subí a la cama; las nalgadas de doña Rosa me habían puesto caliente.
P: Ven, nalgueame.
Se acercó, empezó suave y lento.
P: Hazlo duro y rápido.
Me dio dos nalgadas rápidas y fuertes; ardían delicioso, mi coño chorreaba.
P: Así, déjame las nalgas rojas.
Me nalgueó un rato; el ardor me volvía loca, excitación desbordante. Le pedí que se desnudara: verga grande, gruesa. Se la metí en la boca, lengua por todos lados, tronco, testículos chupados uno a uno. Tomé su verga con la mano derecha, lengua en la cabecita hasta que se hinchó y eyaculó en mi boca y cara.
E: Aaaah, tía, qué rico chupas.
Recogí la leche de mi cara y me la comí.
P: Qué rica leche me echaste.
Lo acosté, me acosté a su lado, besé y lamí su pecho, pezones. Se erectó de nuevo; tomé su pene y me senté encima. Me miró; sonreí. Acarició mis piernas, luego tetas, apretó pezones. Me moví, subiendo y bajando; gemía.
P: ¿Te gusta, papi?
E: Sí, tía.
Placentero tenerlo debajo, su verga llenándome. Seguimos; cambié: me acosté, él puso mis piernas en hombros, me la metió toda de una.
P: Aaaah, sí, lléname con tu verga.
La metía y sacaba, abriéndome; me jalaba de la cintura, cada vez más rápido. Mi coño empapado; orgasmeé gritando: “¡Me vengo!”.
Él siguió; recuperada, pedí:
P: Dámela por el culo.
Me soltó; me puse en cuatro, abrí piernas. De mi bolsa sacó lubricante: primero un dedo, dos, tres en mi ano; lubricó su verga. Apuntó; sentí la cabecita, me empiné. Tomó aire y me la clavó toda.
P: Aaaah, qué rico, qué verga. Dame duro por el culo.
E: Toma, puta, qué nalgas deliciosas.
P: Este culo es para ti, cógeme.
E: Tía, eres la puta más rica.
P: Sí, mi amor, soy tu puta.
Me embestía duro; nuestra calentura explotaba, nalgas chocando en ritmo hipnótico. Mi ano se dilataba, lleno al máximo. Aguantamos hasta que me llenó de leche caliente.
Se la saqué, volteé y limpié con la boca, mostrándole qué puta soy.
E: Gracias, tía.
P: Gracias a ti, mi amor. Me cogiste delicioso. Si sigues con buenas calificaciones, seguimos cogiendo.
Mi pequeño sobrino se unió a mi lista de amantes. Cada día soy más puta y espero seguir siéndolo siempre; me encanta la verga y no resisto coger con quien me da morbo.
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