Mi padrino el bruto
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Soy Silvia y tengo 18 años. Al vivir en una pequeña caseta en las afueras de una gran ciudad, tu vida no son lujos ni comodidades. Encima, mi madre vuelve a estar embarazada, por lo que pronto seremos cuatro en una pequeña habitación donde también duermen mis padres, separados con una cortina ya casi sin color alguno.
He logrado estudiar algo y poder escribir los relatos que leo gracias a un hermano de mi madre que vive en la ciudad. Él me viene a buscar en las mañanas y me trae de regreso a la tarde de lunes a viernes. El tío Marcos tiene 45 años y siempre fue cariñoso conmigo. Me traía dulces, los cuales me comía sentada en su regazo, y muchas veces notaba algo duro detrás, pero no le daba importancia. Ahora que estoy en edad de conocimiento y hormonas alteradas, y llevo una vida escuchando el ruido de la cama de mis padres, los gemidos de mamá y las corridas de papá, algo ya entiendo.
Todos los días, después de almuerzo en casa del tío, nos acostábamos juntos en su cama a descansar antes del regreso a casa. Él sigue soltero, pues le gusta la libertad, según me dice. Los primeros días me quitaba la camisa abotonada del uniforme y mi sujetador ya algo viejo. Le encanta tocarlas y lamer mis pezones, cosa que hace humedad en mis bragas. Mis pechos se desarrollaron y son grandes, como los de mi madre. También empezó subiendo mi falda del cole y tocándome por encima de mi braga, y metiendo algún dedito, cosa que me daba calores grandes.
En este curso, se sacaba su cosa del pantalón y me fue enseñando a mover mi mano de arriba abajo, cada vez más fuerte, hasta que saltaba un líquido blanco y extraño. También me enseñó a meter eso duro en mi boca y, poco a poco, logré no tener arcadas y saber jugar con mi lengua sobre la punta hasta que se venía en mi boca. Cosa que me acostumbré y terminó gustándome.
Y llegó el verano y dos meses de gran calor en nuestra casita. Íbamos siempre vestidos con la mínima ropa y los hombres solo con calzoncillo. Nuestra piscina era una manguera y los viejos se ponían a mirar e intentar tocar nuestras tetas mojadas con bikini. Ya en la noche, y con la luz de las farolas, desde mi cama compartida con mi hermano Jorge, de 19 años, notaba habitualmente cómo ponía su cosa dura pegada a cualquier parte del cuerpo y estaba un buen rato sobando todo de mí. Yo me humedecía mucho y, al no querer despertar a mis padres, lo dejaba hacer. Al rato notaba sus movimientos cada vez más rápido y pequeños gemidos hasta que se corría.
Para mí era más difícil tocarme como aprendí viendo un día a papá tocar toda esa zona de mamá y, cuando llegó a su clítoris, ella se volvió loca y, entre gemidos apagados, tuvo un gran orgasmo. Yo no puedo mantenerme en silencio y eso me frena mucho. Aunque me toco a diario, freno mis dedos antes de empezar a gritar.
El Bruto es como llaman a nuestro vecino y muy amigo de mi padre. Él dice que mejor nunca saber el porqué de “El Bruto”. Es súper alto y muy fuerte y, siendo su mujer muy delgada y pequeña, hace que esa pareja sea rara a la vista. Solo tiene una hija, Carolina, que tiene mi edad, 18 años. El Bruto es mi padrino de bautismo y también procura siempre tener algún regalo para mí. Hace poco, hablando con mi padre y estando ya nacido mi nueva hermana, el Bruto comenta que su ahijada se queda con ellos en verano porque en mi casa ya no cabemos. Mi padre acepta y traslada mis pocas cosas a la casa del Bruto.
La casa es gemela de la de mis padres y, en una pequeña cama, dormimos Carol y yo, y pegada la cama del Bruto, donde este no tiene ninguna cortina de separación.
Nuestros días de verano felices a nuestra manera y matamos el tiempo entre juegos de mesa y manguera para sofocar el calor. Ya la primera noche entendí lo del Bruto, pues al salir del baño retrete iba desnudo total y mis ojos no pudieron apartar la vista de aquello. El pene de mi tío era el de mi hermano pequeño comparado con semejante monstruosidad. Le colgaba hasta el muslo, iba descabezada y gorda, con unas venas grandes. Aparté mi vista y pensaba en cómo sería eso en mi boca o en mi vagina aun virgen.
La esposa del Bruto era mujer extraña, hablaba muy poco y se limitaba a los quehaceres del hogar, mientras varias noches en semana iba a la ciudad, a su madre, en otro barrio cercano, pues se turnaba con otra hermana. Yo muy contenta porque al tener más espacio parecía vivir en un palacio.
Al ir a dormir, siempre le daba un beso a padrino mientras él me sobaba mis grandes nalgas. Carolina todavía no estaba con poco cuerpo, pareciéndose a su madre porque era muy baja también. Cuando su madre no estaba, Carol se pasaba con su padre, lo cual, para mí, en una cama sola, era mi sueño. Y pasadas unas noches, mientras yo suavemente me tocaba, oí como Carol me llamaba, pero ni le contesté y seguí dándome algo de placer. Al rato oigo el crujir de la cama a ritmo suave. Abro mis ojos y observo al Bruto sobre su hija. Parecía que se la hubiera comido porque era tan grande que la tapaba, solo dejando ver su cara. El culo del Bruto hacía movimientos adentro y afuera y Carol gemía suavemente hasta que los acelerones y el fuerte ruido de la cama, más unos gritos de mi amiga, hizo que el Bruto emitiese un enorme gruñido y cayera sobre su hija desplomado. Yo ya me había corrido con ellos, pero no escucharon mis sonidos de placer.
Amaneció y todo igual. En casa, el nuevo bebé crecía y mis hermanos igual, pero ahora con un poco más de espacio. Al preguntarle a mi madre sobre la mujer del Bruto y lo rara que era, me contestó que eran cosas de adultos, pero al ser yo una mujercita ya me lo contaba con la promesa de no contarlo.
Esa mujer me dice mami, siendo soltera era como se dice ahora ninfómana. Siempre estaba con hombres aunque fueran de su familia e incluso tuvo sexo con su madre. Un día, cuatro primos mayores, muy bebidos, mientras ella quería llevarse a uno para tener sexo, la atracaron y, amordazándola, la llevaron a una casa vieja que estaba en una finca abandonada y la tuvieron tres días y tres noches teniendo sexo sin parar, incluso con gente que pasaba por la zona. Y dicen que no se quejaba y disfrutaba como poseída. Le hicieron de todo, hasta metérsela una por delante y otro por detrás, hasta que el Bruto pasaba por la zona y escuchó los gritos y fue corriendo, dando golpes a todo hombre que se encontraba en el camino, hasta que la liberó y trajo a su casa. Ella quedó como está y él jamás ha tenido sexo con ella, siendo su hija de padre desconocido.
Guauuu, pensaba mientras iba de regreso a casa del Bruto. La dinámica igual, mi amiga pasaba a su cama y los gemidos y ruidos de la cama hasta que un día dijo el Bruto: “Si alguien quería dormir esta noche con su padrino”. Sonreí y contenta dije: “Vale”. Ya en la cama y pasado un rato, me pide que llame a Carol, pero yo me levanto y la muevo para comprobar que dormía.
El Bruto me desnuda totalmente y comienza a besarme por todo el cuerpo, parando más en mis pechos y pezones, y cuando llega a mi vagina es la locura para mí. Me lo come entero y lame hasta penetrarme con la lengua y luego coge mi clítoris y lo hace suyo. Yo no gimo, grito directamente hasta que un orgasmo hace que me retuerza de placer. “Sí, padrino, sigue, me encanta”, le digo entusiasmada.
Al poco me incorpora y le quito su bóxer para demostrar lo aprendido con mi tío. Se la chupo y como, pero esta casi no me cabe en la boca. Para masturbarlo necesito mis dos manos mientras, de manera sorpresiva, me tumba boca arriba y me abre las piernas.
Yo le digo: “Padrino, es mi primera vez y tienes una polla enorme”.
Eso lo enciende más y pone la punta de su polla en mi entrada mientras dice: “Tranquila, te voy a coger y nunca lo vas a olvidar”.
Con mucha lentitud y paciencia fue entrando. Me quemaba y partía en dos. Su polla tenía rastros de sangre hasta que la metió entera. Era algo de dolor, mucho placer. Mientras me clavaba, acariciaba mi clítoris hasta que ambos juntos nos corrimos. Toda la noche estuvimos sin parar. Me cogió de cuatro patas y pude cabalgarlo y, efectivamente, nunca voy a olvidar al Bruto.
