Mi mujer, una travestí y yo

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Recuerdo como si fuera hoy, el día que volvíamos, con mi mujer, de un cumpleaños en el barrio de Palermo (en Buenos Aires, Argentina), como teníamos unas copitas de más, veníamos hablando de nuestras fantasías sexuales, siempre yo le decía que quería juntarla en la cama con otra mujer más y ella me decia que mejor con un chico, pero nunca pasaba a mayores. Esa noche, transitábamos con el auto por el centro de la zona roja y en un momento empezaron a aparecer travestís muy lindas, en diminutas tangas y algunas hasta mostrando los pechos. Cuando ya habíamos cruzado el barrio yo sabía que no aparecerían más transexuales, pero quería ver más y entonces le dije “damos otra vueltita, me parece curioso ver esto”. “Bueno” me dijo. Y ahí mismo di la vuelta y agarramos por otra de las calles (la que va para el otro lado y es muy famosa). Llegando a una cortada que hay por ahí, había una travestí que pintaba bien y medio que nos hace una seña. Entonces ella, mi mujer, me dice “a ver para un momento”. Baja la ventanilla, la chica/chico se acerca y empiezan a conversar entre las dos. Yo no sabía dónde meterme, me daba un poco de vergüenza. En eso oigo que mi mujer le dice “subí” y le abre la puerta de atrás. La travestí sube y nos guía hasta un hotel con el que tiene onda.

Ahí mismo, dentro del auto y camino al hotel, Virginia (la travestí) le empieza a manosear los pechos a mi mujer, que comienza a hacer unos ruiditos tipo cachorra en celo. Y a medida que pasan las cuadras le empieza a tocar las tetas pero por abajo. Yo casi ni podía manejar de lo caliente que estaba. Entonces la chica me dice “espera un poquito, que para vos también hay eh” Y me pasa la lengua por la oreja. Casi me muero!!!. Cuando llegamos al hotel, le pedí al conserje la mejor habitación posible. Con hidromasaje y todos los lujos. Vamos a la pieza, entramos y mi mujer se sienta en la silla que está al lado de la cama y me dice: “Yo hago lo que vos quieras, pero primero vos vas a hacer lo que yo te diga, Ok”. A esa altura, yo ya estaba jugado, la travestí en tanga cola less y un corpiño que le abultaba los pechos y mi mujer con la camisa abierta y la pollera arremangada, y tocándose con una mano una lola con la otra por debajo de la bombacha. “Vos que siempre me decís que no me la trago toda, quiero ver como se la chupas a Virginia”. Y cuando la travestí se estaba sacando la tanga y sentándose, mi mujer interrumpe y le dice: “Vos quédate parada y el de rodillas en el piso. Quiero ver bien esta situación.” Así que ahí mismo, me puse de rodillas y, con un poco de asco, le empecé a lamer los huevos y lentamente, sólo con la lengua, fui subiendo hasta la cabeza. “Cométela toda te dije” escucho que viene, desde el sillón, la voz firme de mi querida esposa. Así que como pude, abrí bien grande la boca y me metí el trozo de Virginia, cada vez más adentro, entraba y salía. Y debo decir que no molestó. Mientras se la iba chupando, mi mujer vino desde la silla y me fue desvistiendo hasta que quedé en pelotas y con la pija bien al palo y ya sacando liquido preseminal.

Pensé que ahora sería turno de ver un poquito yo, pero me equivoqué. Mi esposa empezó a besarme el orificio anal y chuparmelo bien, a meterme un dedito y a lubricarme un poco la zona. Cuando ya me la venía venir, me dice: “Si queréis la fiesta completa, ella te va a hacer el orto como vos me lo hiciste anoche.”. ¡Para qué! Entre las dos me pusieron en cuatro y Virginia me la empezó a meter. Como no pudo, sólo jugó un poco con la cabeza de su polla en la puerta mi ano, como moviéndose en círculo. Mi calentura era tal que podía hervir entero al Océano Atlántico. Y entonces mientras la travestí me jugaba por atrás, mi mujer me empezó a chupar la pija como nunca, se ve que ella también estaba recaliente. Cuando ya mi cara empezó a desorbitarse, la llama a Virginia y entre las dos me la empiezan a chupar, una los huevos, otra el falo y me pajeaban hasta que ahí acabé con todo. Mi mujer corrió un poquito la cara y Virginia le siguió dando, tragando leche y chupandome la pija con todo. Cuando había terminado y mi pija ya estaba fláccida y sentida, Virginia la soltó y dijo “me lavo un poco y vuelvo”. Por suerte, la noche no terminó ahí ya que mi mujer me dijo “te portaste muy bien, así que ahora hay premio, pero no vale tocar hasta que yo te diga. Sentáate ahí”. En eso, aparece la travestí viniendo del baño, otra vez en tanga y corpiño. Se acerca a mi mujer, se miran y se empiezan a chuponear, desde la silla veía como las dos sacaban las lenguas y se encontraban a mitad de camino entre las dos bocas, mi mujer se saca el corpiño y hace lo propio con el de nuestra compañera; me mira y me dice “esto te gusta, no” y junta sus pechos con los de Virginia y empiezan a frotarse teta-teta mientras siguen con los besos. No podía creer que estaba ahí, viendo como se erectaban los pezones de las dos. En eso, mi mujer corta un poco, me mira fijo y me dice: “ahora me toca a mí que ustedes sean dos hombres”, agarró la pija de Virginia y, en cuatro patas, se la empezó a chupar mientras que yo le metía la mía (por adelante). El ritmo era súper intenso. Casi incontrolable. Así que fuimos cambiando de posición una y otra vez. Y nos hacíamos sangüichito. Primero Virginia pasó a bombear a mi mujer mientras ella me chupaba la pija, después le dimos a la yegua de mi mujer uno por delante y otro por detrás. Después, como me quedé con ganas de meterla en otro agujero, la travestí le daba a mi mujer mientras yo le hacía el culo y cuando ya no dábamos más y habíamos acabado 3 veces cada uno, mi mujer nos junto y nos iba chupando las pijas a mi y a Virginia por turnos, un lengüetaza a cada uno hasta que, pajeandonos le acabamos casi a duo en la cara.

Lo que siguió no viene al caso, a vestirse, regresar a Virginia a su lugar de trabajo, irnos a casa y a maquinar en lo que sería la próxima locura que pudiéramos hacer.

Autor: Anónimo

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