Mi joven ciega compañera de trabajo

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Soy Fernando y tengo 43 años, casado con Elvira de 41 años y dos hijas de 20 y 18 respectivamente. Confieso que desde joven mi morbo es imaginar las intimidades de mujeres y mi vida va ligada a eso. Pero sería largo contar todo desde joven, así que cuento el último año desde que en mi empresa, por temas de accesibilidad, entró a trabajar Susana, ciega total desde su nacimiento.

Su ordenador y demás equipo están adaptados, y tiene un perro guía muy tranquilo a su lado. A sus 23 años es un bombón perfecto: pechos, culo, cadera, piernas, cabello, labios, todo a las medidas de una gran modelo. Al estar en mi despacho congeniamos pronto. Me informé que debo tener cuidado porque sus otros sentidos están muy desarrollados, pero hay formas de conectar.

Ya el segundo día vino con camisa de botones y el último desabrochado, así que en sus movimientos pude imaginar su sujetador blanco y pecho redondo. Cuando trae falda, es locura, porque con la excusa de formarla me acerco y fantaseo con sus pequeñas bragas, su rajita y algunos pelos que asoman.

Con mi mujer el sexo es normal, pero esa noche la busqué y me la cogí en misionero, dando fuerte entre sus gemidos mientras pensaba en Susana, mi compañera.

Un día, con naturalidad, le expliqué que en las encuestas hay que tener madurez y voluntad por las empresas que nos pagan, y que todo es confidencial. Le di varias encuestas adaptadas a su ceguera para su formación. Ese día tomamos el desayuno juntos por primera vez y me contó que vive cerca del trabajo en un pequeño piso de alquiler con su novio, también ciego por accidente.

Mi hija la mayor ya está muy mujer y llevo meses fantaseando con verla desnuda. Me puso a mil imaginar sus pechos grandes con pezones rosaditos y su vagina rasurada con labios prominentes. Me masturbé placenteramente pensando en ello.

En unas semanas, Susana me trajo sus encuestas y le dije el procedimiento: enviarlas a los proveedores y destruirlas para su tranquilidad, cosa que hizo y me dio las gracias. Le miré el culo en ese pantalón ajustado y pensé cómo sería en la cama, aunque tenía pinta de ser fogosa.

Después del escaneo vino la destrucción física e informática, pero yo había preparado una encuesta ficticia con mi correo. La leí: comenzó a masturbarse joven tras oír a sus padres follando, lo hace aún (última vez en la ducha hace dos días), perdió la virginidad a los 18 con un profesor mayor sobre su mesa (no le dolió mucho, repitieron), ha estado con 6 hombres (uno jefe que la llenaba hasta los ovarios), postura favorita cabalgando, se traga el semen sin problemas, casi todos la han penetrado por el culo. Su mayor fantasía cumplida: sexo con mi pareja y su hermana. La por cumplir: que Fernando, mi querido compañero, deje de masturbarse pensando en mis sujetadores y bragas que mira, y pase a la acción: póngame a cuatro patas en su despacho y démelo hasta reventarme con esa polla grande y gorda que he rozado sin querer queriendo.

Mis vecinos de al lado son un matrimonio de más de 50; ella se cuida bien y me excita imaginarla en bragas mientras fumo en la terraza, o oír sus gemidos peculiares con el cabecero contra mi pared cuando mi esposa duerme. Leo la encuesta y la miro distinto; muchas masturbaciones después, esta confesión resume todo.

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Muchacho69
Muchacho69
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