Mi Hija Linda: Gemidos, Nalgas y Verga en Casa
Hola a todos, me llamo Eduardo, tengo 40 años actualmente. Soy un tipo normal, mido 1.82, moreno, cuerpo normal, ni gordo ni flaco. Soy diseñador gráfico, tengo un negocio de plotters que me ha ido bien gracias a Dios. Tengo una hija llamada Linda, tiene 18 años cumplidos hace un mes. Ella es bajita, caderona, con tremendas nalgas como su madre, blanca de pelo castaño, usa lentes y tiene las tetas del tamaño de dos mandarinas.
Mi mujer falleció dando a luz a nuestra hija. Fue difícil criar a una hija yo solo, pero creo que lo hice bien. Tenemos una gran relación, mucha confianza. La guié en su menstruación, me confesó sus cosas. Le compro todo tipo de ropa, desde para estar en casa hasta ropa muy sexy: hilos, tangas, babydolls, de todo. Pero bueno, a lo que les interesa: esto pasó hace dos años. Yo vengo llegando temprano de mi negocio, estaciono al frente de la casa, entro y escucho unos ruidos raros. Sigo el sonido y ahora lo distingo: eran gemidos. Supongo que sería mi hija, pues no hay otra mujer en casa, jaja. Me acerco a su cuarto y efectivamente los gemidos salían de allí. Veo que tiene la puerta entrecerrada, me dio curiosidad, no sé por qué. Me asomo a echar un vistazo y lo primero que vi fue a mi hija en cuatro, siendo penetrada por un tipo que no conocía. La tenía agarrada del cabello, dándole unas buenas embestidas mientras la nalgueaba, y ella gemía pidiendo más. Carajo, esa escena me dejó totalmente excitado y desconcertado. ¿Cómo me pude excitar viendo a mi hija!? Pero la calentura me ganó y ahí mismo me hice una paja viendo cómo se cogían. Me vine rapidísimo encima de mi mano, me fui a limpiar. Pensé en irme, pero decidí que no. Me fui a la cocina, hice café, me puse a ver mi teléfono. Pasarían como una hora con 20 minutos; se la cogieron, hubo un silencio que duró 10 minutos y luego más ruido por 30 minutos hasta que escucho que salen. Ella lo despide en la entrada, escucho cómo cerró la puerta, se metió a duchar y luego salió y me vio.
Linda: ¡Ay, papi, me asustaste!
Yo: Jaja, ¿por qué, pues?
Linda: No te escuché. ¿Cuándo llegaste?
Yo: Hace como una hora y media, mi amor.
Linda: Ohhh.
Yo: Sí, jaja.
Linda: Papi, lo siento.
Yo: Tranquila, hija, es natural. La verdad, prefiero que lo hagas en casa a que estés pasando peligro por ahí o que te metan en lugares de mala muerte.
Linda: ¿Lo dices en serio?
Yo: Sí, mi amor. Puedes traer a todos los tipos que quieras, esté yo o no.
Linda: ¡Wao, de verdad eres el mejor papá del mundo!
Yo: Gracias, hija. Te amo, me iré a duchar para sacar unos trabajos luego.
Me fui y me di una ducha, pero antes me di un tremendo pajazo; estaba todavía excitadísimo con los gemidos de mi hija y por lo que vi, jaja. Me vestí luego y me puse a trabajar en mi escritorio, que estaba en una esquina de la sala. Se me ocurrió una idea para saber cuándo mi hija trajera tipos y yo no estuviera: compré un reloj espía que tenía una cámara escondida. Al día siguiente me llegó y, en un momento que mi hija no estaba, lo puse en mi escritorio de tal forma que podía observar toda la sala y la entrada de la casa. Así podría saber cuándo trajera tipos y venirme de la oficina para escuchar esos ricos gemidos que me encantaban y, si tenía suerte, ver algo, jaja.
Pasaron los días; la cámara me mandaba mensajes de movimiento, pero solo era mi hija que pasaba por la sala. Hasta que un día, a eso de las 3 de la tarde, me llega una alerta de la cámara y me meto a ver: ¡lotería! Era mi hija abriéndole a un tipo. Vi cómo se besaban en la entrada; él le agarraba las nalgas, la nalgueaba, y veo cómo suben. Yo me dispuse a ir a casa, que me quedaba a unos 10 minutos en carro. Estacioné lejos de casa y caminé. Abrí con silencio, pero ya estaba escuchando los ricos gemidos de mi hija. Subo y ¡lotería de nuevo! Tenía la puerta abierta; me asomo un poquito y veo cómo el tipo la tenía cabalgando. Ella me daba la espalda, así que podía mirar sin preocupaciones. Veía perfecto cómo mi hija le daba sentones a ese suertudo, esas tremendas nalgas moviéndose; él la nalgueaba. Uff, no tardé en sacarme la verga y echarme un pajazo. Me atreví a sacar un par de fotos como recuerdo. Luego de que me vine, bajé, me limpié y me fui. Por la cámara me di cuenta que el tipo se fue a la hora y yo regresé a casa de nuevo a las 6.
Yo no le iba a comentar nada a mi hija, pero ella me sorprendió primero. Yo estaba en el sofá revisando mi teléfono, acababa de llegar. Mi hija me trae café y se sienta conmigo para hablar, como siempre.
Linda: Ehh, papi, tengo que contarte algo.
Yo: Sí, mi amor, ¿qué pasó?
Linda: Hoy traje a un chico (no pensé que me fuera a decir, jaja).
Yo: ¿En serio? ¿Desde que te dije la otra vez?
Linda: Sí, es el primero desde que me pillaste, jaja.
Yo: Ah, mira, jaja. Yo pensé que ya habías traído a varios.
Linda: Noo, jaja. Quería, pero me daba cosa que me pillaras de nuevo y no sabía cómo lo tomarías de verdad, así que por eso te lo dije.
Yo: Jaja, hija, ya te dije que eso es normal. Por mí me da igual. Si me dices cuándo venga alguien, mejor, así estoy más informado. Y lo de pillarte, bueno, ya te dije que puedes traer a los que quieras, así yo esté en la casa, mi amor.
Linda: Ya veo que lo dijiste en serio, papi, jaja.
Yo: ¿Ya vas a empezar a traer tipos todos los días, jaja?
Linda: Jajaja, no todos los días, pero sí la mayoría, jaja.
Yo: Jaja, saliste a tu padre. Bueno, espero disfrutes mucho.
Linda: Gracias, papi, por confiar en mí. Y sí, lo disfruto, como hoy. Wao, me dejó molida, jaja.
Yo: Gracias a ti, nena, por confiar en mí. Y vaya, sí te dieron, jaja.
Linda: Muchísimo, papi. Bueno, me voy a hacer tarea.
En eso se levanta y ahí fue cuando me comencé a fijar más en mi hija. Vaya mujerón tenía en casa. Cargaba un short cortísimo, tremendas nalgas tenía mi hija. Yo, luego de un rato, me puse a trabajar y en la noche me hice un pajazo con las fotos que le tomé; acabé rapidísimo. Los días pasaron; en una semana vi como mi hija metió a 3 chicos más. Solo pude ir a casa dos veces, pues en una estaba bastante ocupado. La siguiente semana, el mismo lunes, yo estaba trabajando y veo que me llega una alerta de la cámara. Me meto a ver y vi que era mi hija abriéndole la puerta a dos tipos bastante mayores que ella. Me sorprendió que fueran dos; no pensé que mi hija hiciera tríos. Yo ya pensaba en ir a la casa para escuchar y tal vez ver ese rico trío, pero la vida tenía otros planes, jaja.
Mi hija llevó a los dos tipos a la sala, donde yo podía verlos perfectamente. Uno de los tipos agarró a mi hija y empezó a besarla, agarrando su culote, mientras el otro miraba y esperaba su turno. Luego el otro la jaló y la comenzó a besar mientras el primero la nalgueaba y apretaba sus nalgas. Así se turnaban para besarla, hasta que la arrodillaron y se sacaron sus vergotas. Ella comenzó a lamerles las cabezotas, los masturbaba y mamaba, chupaba sus bolas. La golpeaban en la cara con sus vergas. Dios, estaba excitadísimo viendo todo a la perfección. Luego uno de los tipos se sentó y mi hija se sentó encima de él, dándole la espalda mientras cabalgaba; se la estaba mamando al otro. Así todo el rato, cambiándose de posición los tipos. Luego la pusieron en cuatro, le daban durísimo y ella gemía de lo lindo. Había pasado como 1 hora cuando uno de los tipos eyaculó en la cara de mi hija. Este se fue a tomar agua, pero mi hija seguía en cuatro en el sofá, llevando verga del otro. Y en un momento, mientras le estaban dando vergazos, se quedó mirando fijamente a la cámara. Me pareció raro; no creo que ella supiera que tenía una cámara en el reloj, seguramente miraba otra cosa. Pero seguía mirando fijamente a la cámara, con la cara llena de leche y sonriendo mientras se lamía los labios. Dios, fue demasiado excitante. Me tuve que sacar la verga y comenzar a masturbarme pensando que mi hija me estaba viendo mientras se la cogían. El tipo, luego de unos 20 minutos, se vino en la cara de mi hija también. Ella se fue a limpiar y los chicos se vistieron, hablaron un rato y luego se fueron. Yo me vine como nunca, me limpié y, luego de un rato de trabajar, me fui a casa.
Mi hija, como siempre, cuando llegué me sirvió café y hablamos.
Linda: Papi, hoy invité a dos chicos.
Yo: ¿Dos? ¿En serio? Wao, aguantas vergazos, no, hija, jaja.
Linda: ¡Papiii!, jaja. La pasé rico, la verdad. Fue nuevo para mí.
Yo: ¿Tu primer trío?
Linda: Sip, y le agarré el gustico.
Yo: Me alegra que explores tu sexualidad, mi hija.
Linda: Gracias, papi.
Hablamos de otras cosas, pero yo cada que podía me quedaba mirando sus senos y sus ricas nalgas. Me he dado cuenta que ha estado usando menos ropa de lo usual: ahora usa shorts súper pequeños de cuando era más chica, blusas cortas sin sostén. Me pareció raro, pero no le di importancia.
Al día siguiente veo que me llega una alarma a eso de las 4 de la tarde: era mi hija con otro tipo. Pensé que subirían, pero lo llevó a la sala y lo sentó. Ella se arrodilló y comenzó a mamársela. Se me ocurrió una idea loca: me fui a casa, dejé el carro en un parqueadero que alquilé y me fui caminando. Duré unos 25 minutos en llegar a casa. Entré con muchísimo silencio y lo primero que veo en la sala es el sofá: el tipo está sentado dándome la espalda, no me veía, y mi hija cabalgándolo, gimiendo muchísimo. Se escuchaban las nalgadas que le daba el tipo. Ella abrió los ojos y me vio. Yo le sonreí y subí a mi habitación. Ella me sonrió y siguió en lo suyo. Puse la cámara y la veía cabalgarlo durísimo, gimiendo durísimo también; podía escucharla perfectamente. Nunca había gemido así antes. Luego vi que el tipo la sentó en el sofá, subió sus piernas en sus hombros y la empezó a coger así mientras se besaban. Luego la cargó así mismo y le daba durísimo. Mi hija estaba como loca, gimiendo y pidiendo más, que no parara de cogerla. Luego de una hora y media de sexo intenso, el tipo la puso a mamar verga y eyaculó en su garganta. Luego se vistieron y el tipo se fue. Mi hija se fue a dar una ducha y yo andaba súper excitado, pero no quería pajearme todavía; tenía una idea loca, jaja.
Me puse un short y una franela y me puse a hacer café. El sofá y todo lo de ahí estaba limpio; mi hija había limpiado su desastre, jaja. Yo me senté a tomar café y en eso mi hija apareció.
Linda: ¡Papiii!
Yo: Hola, mi amor. No te pregunto cómo estás porque ya sé la respuesta, jaja.
Linda: Ay, papi, no seas tonto, jaja.
Yo: Vaya gritos pegabas, parecía que te estuvieran matando, jaja.
Linda: Pero del gusto, jaja. Qué pena que me escucharas de nuevo.
Yo: Tranquila, mi hija.
Linda: ¿Y eso que llegaste tan temprano? Ni escuché el carro (veo que me echó una mirada a mi entrepierna, ya que tenía la verga medio erecta y se notaba).
Yo: El carro se dañó y lo tuve que dejar en el mecánico. Tuve un día demasiado duro y difícil y me quise venir.
Linda: Ay, papi, qué mal. Debes estar agotadísimo (ella estira sus piernas y las pone encima de mi bulto).
Yo: Sí, pero ya estoy en casa al fin. Mañana será otro día (le acaricio las piernas y los muslos; ella cargaba uno de sus shorts cortísimos).
Linda: Pues sí, papi (flexionó su pierna dejando su pie derecho justo encima de mi bulto).
No hablamos más. Yo veía mi teléfono y ella el suyo. Yo acariciaba solo sus muslos en círculo, subiendo y bajando, y ella movía muy sutilmente su pie encima de mi verga ya totalmente erecta. Yo lo disfrutaba muchísimo; estaba que la verga me explotaba. Pasamos un rato así; ella ya acariciando mi vergota parada con su pie sin disimulo. Yo, por mi parte, dejé mi mano quieta encima de su muslo, casi pegada a su vagina; podía sentir lo caliente que estaba esa vagina, pero no sería yo quien diera el paso. Me gustaba toda esta situación y, por lo que veía, a mi hija también. En un momento dado, ella se levantó y se sentó encima de mí, poniendo sus nalgas encima de mi verga súper parada. Podía sentir cómo se incrustó entre ese par de nalgas. Ella me mostró uno de esos llamados memes, pero no se quitó más; se quedó ahí encima de mí y yo le acariciaba el abdomen. Yo ya no tenía el teléfono en la mano, solo me concentraba en ese momento: yo acariciando su panzita mientras ella se movía sutilmente encima de mi verga. Yo, en las caricias en su abdomen, bajaba lentamente la mano y la subía, metía unos dedos dentro de su short y los sacaba. Podía escuchar la respiración de mi hija acelerándose cada vez que lo hacía, hasta que metí 3 dedos dentro de su short y los dejé ahí mientras seguía acariciando ahora su vientre. Hasta que mi hija abrió las piernas lentamente, dejándome el camino libre. Mis dedos estaban muy, pero muy cerca de su raja. Ella ya jadeaba esperando el momento en que me decidiera a tocarla directamente, pero no lo haría todavía. Me gustaba jugar con ella; me resultaba divertido y excitante. Así que la hice a un lado y me levanté. Como era de esperarse, mi short hacía una carpa grandísima, ya que tenía la verga súper erecta. Me paré al frente de mi hija y le dije que me iba a dar una ducha. Le di un beso en la frente y, al momento de irme, le pasé la verga sobre el short por la cara y me fui. Me imagino que se molestó, porque estuvo todo lo que restaba del día con una cara de pocos amigos, jaja.
Al día siguiente no iría a trabajar para jugar un poco más con mi hija. Me paré a la misma hora de siempre, hice café, hice unas cosas en la PC y en eso se paró mi hija.
Linda: Buenos días. ¿Y eso que sigues acá?
Yo: Buenos días, mi amor. No iré a trabajar; en la tarde me darán el carro, así que preferí no ir hoy.
Linda: Ah, ok.
Ella, súper molesta todavía, ni siquiera me abrazó, jaja. Cuando fue a servirse café, me le acerqué por atrás. Yo tenía la verga medio dura y no cargaba bóxer; puse mi verga entre sus nalgas y la abracé. Luego ella se separó, tomó su café en la sala, luego desayunó, se fue a su cuarto. Escuché que se daba una ducha. Luego de un rato, veo que sale así vestida.
Dios mío, casi me venía ahí mismo donde estaba.
Linda: Papi, vienen unos chicos. Ya tenía esto planeado antes de saber que te ibas a quedar, así que no lo pude cancelar.
Yo: Tranquila, hija, no hay problema. Disfruta.
Linda: Gracias.
En eso sonó la puerta. Pensé que invitaría a dos chicos como la otra vez, pero no: era solo un chico. No entiendo por qué me dijo que vendrían unos chicos si solo era uno. Como sea, ellos subieron y no tardaron en empezar los ruidos, los gemidos y las nalgadas. Luego de una hora, los escucho bajar y veo que el chico se fue. Mi hija se fue a limpiar y en eso sonó el timbre. Mi hija salió corriendo a abrir, ya que yo lo iba a hacer, y era otro chico más. Veo que suben y empiezan los gemidos de nuevo. Bien escandalosa estaba mi hija ese día. ¿Será que era un castigo para mí?, jaja. Luego de media hora, escucho que bajan. Ya yo estaba en mi habitación para escuchar mejor y, como mi hija no cerraba la puerta —ya que la dejaba totalmente abierta a propósito—, en unos 10 minutos, diría yo, sonó la puerta de nuevo. Veo por la cámara que mi hija abre y eran dos tipos esta vez. Ella los lleva a la sala y se empiezan a besar, luego la arrodillan para ponerla a mamar verga, luego se la cogen mientras ella traga verga. Era espectacular ver todo eso. Sin duda era un castigo, porque nunca mi hija había hecho eso. No eran ni las 12 del mediodía y ya se la habían cogido 4 tipos, jaja. A eso de las 12 y media, los tipos se vaciaron totalmente, se vistieron y se fueron. Mi hija se fue a dar una ducha.
Por la calentura que tenía, se me ocurrió una idea. Me desnudé rápido y fui al baño de ella. Desnudo, entré en la ducha con ella. Ella obviamente se sorprendió.
Yo: Hola, mi amor. ¿No te molesta que me duche contigo? Es que mi ducha se tapó y está haciendo un calor terrible. Quería ducharme antes de hacer el almuerzo.
Linda: Ehhh, no, no, está bien, papi.
En la ducha cambiamos los dos perfectamente, aunque como yo tenía la verga totalmente parada, le rozaba las nalgas o el vientre a mi hija.
Yo: Veo que la pasaste bien y aún no son ni la 1, jaja (rozaba mi vergota entre sus nalgas mientras me enjabonaba).
Linda: Ah, sí. Quería ser atrevida estos días y hace unos días me animé (veía cómo se arrimaba para donde estaba yo y se alejaba).
Yo: Ya veo. Te voy a hacer el almuerzo para que comas algo además de verga y leche, jajaja (me pegué totalmente a ella y, por ende, mi verga se metió entre sus piernas. Por primera vez hubo contacto directo de nuestras partes; mi verga palpitaba).
Linda: ¡Papiiiiii! (se le salió un gemido).
Yo: ¿Qué pasó, mi hija?
Linda: Nada, nada. Es que no puedes decirme esas cosas.
Yo: Por si es verdad, es lo único que has comido.
Linda: Igual, papi.
Ya yo me quitaba el jabón de encima y ella ya se terminaba de lavar el cabello. Ahora se iba a enjabonar, pero yo fui más rápido.
Yo: Ven, yo te ayudo.
No me dijo nada, así que la empecé a enjabonar. Ella me daba la espalda todavía. Le enjaboné el abdomen, las piernas, las nalgas, luego directamente las tetas. Me tardé bastante ahí; se las amasaba, las estrujaba, jugaba con sus pezones mientras ella ya empezaba a gemir levemente. Todo esto mientras yo echaba para atrás y para adelante mi verga, que se rozaba con su vagina. Luego la incliné; pegó su cara a la pared mientras levantaba el culo. Yo le enjabonaba la espalda mientras la punta de mi verga ya se ponía en la entrada de su vagina. Le daba pinchazos sin llegar a meter más de la mitad de la cabeza de mi verga. Todo esto mientras el agua nos caía encima.
Yo: ¿Y entonces vas a seguir comiendo verga hoy?
Linda: Ufff, ehhh, cre-creo que síiii.
Yo: ¿Entonces quieres eso de almuerzo?
Linda: ¡Siiiiiiiiii!
Y de golpe le metí la verga a mi hija hasta las bolas. Mi hija pegó un grito que se escucharía en todo el país, jaja. Me la comencé a coger durísimo mientras la agarraba de las caderas, viendo cómo esas nalgas se tragaban mi verga. La comencé a nalguear mientras ella decía: “Ufff, sí, papi”, “Papi, párteme con tu verga”, “Cóggete a tu hijita”, “Dame verga, papi”. Dios. La cargué, metiéndole la verga de nuevo, y ella me abrazaba con sus piernas mientras nos besamos por primera vez. La saqué de la ducha, la llevé al cuarto y la tiré en la cama así, todos mojados. Me monté encima de ella y me la comencé a coger como una bestia sin piedad, aunque fuera mi hija. Le daba con todo. La puse en cuatro y le caía a nalgadazos hasta que se le pusieron rojitas las nalgas. Luego ya no aguantaba más; ya pasarían una hora hasta que la arrodillé y le metí la verga en la boca. Me la cogí por la boca literalmente hasta que eyaculé en su garganta. Uff, fue lo máximo. Caímos agotados en la cama, ambos desnudos y jadeando de placer. Luego de que recuperamos el aliento, hablamos.
Linda: Dios, papi, eres un toro.
Yo: Gracias, mi amor. Es que te tenía muchas ganas, jaja.
Linda: Yo sé. Pensé que me cogerías ayer; eso me emputó, jaja. Pero ya me contestaste.
Yo: Me imaginé, jaja. ¿Por eso me estabas castigando, no? Jaja.
Linda: ¿Lo notaste? Jaja. Y aún venían como 5 tipos más. Estaba muy molesta, jaja.
Yo: Venían nada, vienen. Tiene que cumplir el castigo, jaja.
Linda: ¿Seguro? Jaja.
Yo: Súper seguro. Me encanta ver cómo te revientan a vergazos.
Linda: Lo sé, por eso lo hago en la sala ahora, jaja.
Yo: Ah, ¿ya sabes?, jaja.
Linda: Obvio. Dejaste la caja del reloj espía en la basura y yo soy la que bota la basura, jaja.
Yo: Ahhh, qué tarado, jaja.
Linda: Eso fue lo que me empezó a gustar, que me vieras. Luego empecé a verte más y me excitaba, jaja.
Yo: Ah, ya veo. Bueno, por lo menos sigo atractivo, jaja.
Linda: Qué ego, jaja.
Yo: Algo, jaja. ¿Y cuándo viene el siguiente chico?
En eso sonó la puerta, jaja.
Linda: Justo ahora, jaja.
Ella se levantó, se fue a su cuarto, se puso una bata de seda sin nada abajo y fue a abrir. Llevó al chico a la sala para que yo la viera y luego se empezaron a besar. Luego sentó al chico, se quitó la bata, se arrodilló y comenzó a mamársela. Luego de unos 40 minutos, el chico le eyaculó en la garganta como yo. El chico se vistió y se fue. Mi hija subía; yo tenía la verga bien dura. Ella se acercó y comenzó a mamármela hasta que llegó el siguiente chico. Así toda la tarde, hasta las 8 de la noche que se fue el último. Mi hija ni siquiera había comido. Metí unas pizzas. Ella se terminó de duchar, se puso súper sexy.
Nos comenzamos a besar un rato, luego comimos, nos volvimos a besar, nos acostamos juntos. Lo hicimos hasta las 2 de la mañana. Al día siguiente, antes de irme a trabajar:
Yo: Mi hija, ya me voy. Recuerda: puedes cogerte a todos los chicos que quieras. Si quieres, te llevas la cámara a tu cuarto si se te hace más cómodo ahí. Y siempre avísame cuando venga alguien a cogerte.
Linda: Sí, papi. Te amo.
Me dio un beso y luego me fui a trabajar. Y ahora mi vida es así: veo cómo se cogen a mi hija varios hombres y luego vengo yo y me la cojo hasta vaciarme completamente. A la fecha se consiguió un noviecito; anda medio seria con ese chico. Digo medio seria porque a veces trae uno que otro chico a coger a casa y obviamente sigue cogiendo conmigo todos los días sin falta, jaja.
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