Mi esposo me comparte con…

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Ya era algo noche y, después de una buena tarde de plática y bebida, mi esposo puso algo de cumbia; aunque él no sabe bailar, sabe que a mí sí me gusta. En la plática había surgido el tema del baile, al cual nuestro invitado comentó que él sí se consideraba bueno, y fue ahí que mi esposo quiso verlo en acción. Lo invitó a que bailara conmigo mientras él, sentado, nos observaba.

Yo traía pantalón de vestir y una blusa de licra sin mangas, ya que había llegado del trabajo cuando ellos ya estaban en casa. Empezamos a bailar de manera normal, aunque yo en cada roce o toque de mi acompañante empezaba a sentir ese hormigueo que nos recorre el cuerpo a todos. Él es un hombre alto, corpulento pero no atlético, moreno y de rostro atractivo para mis gustos.

Pasaron varias canciones y empecé a sudar; soy de las mujeres que sudan mucho. “Espera poquito porque ya me dio sed y me seco el sudor”, dije. Pero no nos movimos de lugar, ya que la mesa de centro estaba cerca de nosotros. Me pasó mi copa y mi esposo me trajo una toalla pequeña. “Mi esposa suda muchísimo por todo”, comentó él. “Sí, ya vi”, respondió nuestro invitado.

Sequé mi sudor del rostro, el cuello y bajé un poco mi blusa para secar arriba de mis pechos; todo lo hice de manera normal, pero nuestro invitado no apartó la vista al verme hacer eso. Estaba parado a un lado de mí y puede que haya visto un poco más de lo que yo esperaba. “Estoy lista”, dije. “Ok”, respondió él.

Mi esposo pidió otra canción a Alexa y empezamos a bailar; ya teníamos la confianza de agarrarnos y darnos vuelta sin miedo a qué diría uno del otro. Cuando la canción terminó, mi esposo se levantó y caminó hacia nosotros. Se acercó a mí y me dio un beso muy apasionado que hasta me mordió con cariño. “Ahorita regreso, voy al baño”, dijo.

Mi acompañante solo me vio y sonrió; le devolví la sonrisa y, de repente, ya estábamos besándonos. No podía dejar de besarlo, me gustaba; tenía que levantar mi cuello lo más que podía porque él es alto, aunque él se agachaba un poco. Sentí cómo su brazo pasó por mi cintura para ayudarme a llegar a él. Lo bueno es que traía tacones.

De repente, sentí las manos de mi esposo detrás mío por debajo de mi blusa hasta mi bra, el cual desabrochó y me quitó. Tomó la blusa de mis costados y me la retiró también. “Es toda tuya, Miguel”, le dijo mientras le guiñaba el ojo y se iba a sentar al sillón.

Miguel levantó mi pecho con su mano y empezó a lamerlos; pasaba de uno a otro y regresaba a besarme. Sus manos recorrían todo mi cuerpo. “Quítate el pantalón”, me dijo mi esposo. Lo bajé y me quedé en tacones y un cachetero de encaje azul. Miguel me veía con un deseo que me encantaba. “Date vuelta”, ordenó mi marido. Me giré y volví a quedar de frente a Miguel.

Empezamos a besarnos de nuevo y él comenzó a agarrar mis nalgas; las abría, las levantaba y rozaba todas mis partes con sus manos. “Ven”, me llamó mi marido. Caminé unos pasos, me pidió un beso y me agaché; después sentí las manos de Miguel sobre mis anchas y luego sus besos en ellas. Sus manos enormes las agarraban, las levantaban y las apretaban.

“Quítale el calzón”, instruyó mi esposo. Miguel lo tomó y lo bajó mientras me seguía besando; lo hizo a un lado y quedé desnuda para ellos. Miguel empezó a lamer en medio de mis nalgas mientras mi marido me sostenía y lamía mis pechos. Mis manos estaban sobre el respaldo del sillón, por encima de la cabeza de mi marido. Miguel metió toda su mano entre mis nalgas y me talló desde la vagina hasta el ano pasando sus dedos; lo hacía una y otra vez.

“Acuéstate, quiero que la chupe”, me dijo mi esposo. Me recosté en el sillón, subí mis piernas dobladas en la orilla y Miguel se hincó para empezar a lamerme. Mi marido me acariciaba los pechos y me besaba de vez en cuando; yo estaba extasiada. Miguel me hizo terminar con su lengua; le dije que ya, y mi esposo puso su mano en mi vagina para tallarla. “Está lista”, afirmó.

Miguel se quitó su pantalón y un miembro de tamaño mediano pero muy grueso salió a la vista. Lo acarició un poco y lo acomodó; mi esposo jaló una de mis piernas dándome a entender que las abriera más y así lo hice. Miguel empezó a penetrarme lentamente mientras yo me iba acomodando para quedar más a su disposición. Levanté mis piernas; Miguel las tomó y las abrió más como queriendo separarlas, penetrándome cada vez más duro.

“Súbete arriba de él, quiero verte”, pidió mi esposo. Miguel se salió de mí y se sentó; yo abrí mis piernas a sus costados y él acomodó su miembro para empezar a penetrarme de nuevo mientras lamía mis pechos. “Bésala”, le decía mi esposo. Él empezó a besarme; mi esposo deseaba que me besara lo más apasionado posible, pues siempre me ha dicho que le encanta cómo beso y que verme besar a otros con deseo es lo que más lo excita.

Me empezaba a mover arriba de Miguel una y otra vez; él me tenía tomada de las caderas y de vez en cuando bajaba a mis glúteos para abrirlos y penetrarme más profundo. Así seguimos hasta que empecé a sentir cómo Miguel se escurría todo dentro de mí, pero seguía penetrándome hasta que logró hacerme llegar a mi orgasmo.

Mi esposo, sentado a un costado, solo disfrutaba mientras yo, estirando mi mano, acaricié su pene; se acercó a mí y me besó. Me levanté toda llena de su rastro en las piernas y mis partes íntimas; Miguel, sentado, me acariciaba las nalgas y su propio miembro. Sabía que esto no había terminado y que seguiría algo más. Así fue como mi esposo esa noche me compartió con mi ahijado. Ahora él no duda en ir a la casa cada que viene a la ciudad.

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Lauraelena
Lauraelena

Soy una mujer madura que gusta de la lectura erótica, de descubrir fantasías y llevarlas a la realidad. El sexo es un placer el cual me gusta disfrutar y mi pareja me lo permite, espero compartir con ustedes nuestras aventuras y mis placeres.

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