Mi esposa me deja que disfrute con su hermana
Lourdes, que es hermana de mi esposa, se casó con un comerciante dedicado a la venta de telas, el mismo que se ausenta por meses porque le dice a su mujercita que tiene que visitar a sus clientes en distintos puntos del país.
Tiene mucho de cierto su dicho, es de esos comerciantes a la antigua que, aunque su empresa tiene sus páginas digitales, él insiste en ir personalmente, pero también es cierto que su principal motivo de su salida es que se va acompañado de su amante.
Al inicio sufría las largas ausencias de su marido, pero de un día para otro mi cuñada como que se cambió el chip y comenzó a vestirse con ropa que iba acorde a sus 40 años de edad, gracias a que mi esposa también le aconsejaba que no podía seguir viviendo como una monja.
Afortunadamente en ese cambio resulté beneficiado porque en una de sus salidas con mi mujer, me tocó ver en todo su esplendor su hermosa figura. Resulta que me llamaron para que fuera a recogerlas a casa de su amiga a donde habían acudido a una fiesta.
En el trayecto a mi casa, mi cuñada se vomitó y aparte de ensuciarme el coche, se mojó toda la ropa. Me tocó bajarlas, a mi mujer la llevé directo a nuestra recámara, pero a Lourdes no podía dejarla toda sucia y mojada, por lo que la desvestí y antes de ponerle el pijama, le limpié desde los senos hasta las piernas, con toallas húmedas, porque se había manchado y olía feo.
Mi bella cuñadita tiene unos hermosos senos, un abdomen plano, unas nalgas súper hermosas y en su entrepierna unos labios bellos y hermosos, apenas rodeados por una ligera tira de vello púbico.
No me pude aguantar, le mamé los senos, le besé la boca y le mamé su rica vagina que olía bien rico. Perdí la noción del tiempo, disfruté de esa hermosa mujer, no la penetré, solamente le comí el coñito.
Cuando amaneció, se despertaron con una resaca que para que les cuento. Como lavé la ropa de mi cuñada, me sinceré con ella y con mi esposa, que la había tenido que cambiar para no dejarla toda sucia. Se me hacía injusto.
Mi cuñada Lourdes solo acertó a decirme: cuñis, eres un pillín, gracias por haberme aseado y me guiñó un ojo, mientras que mi esposa, que es de mente abierta, también me felicitó.
Un día que mi esposa había tenido que salir de viaje, mi cuñada llegó a visitarme a la casa, llevaba comida y vino, comenzamos a convivir y una cosa llevó a la otra. Me volvió a agradecer por haberla cambiado la noche de la borrachera y me preguntó si me había gustado verla desnuda.
No se lo negué, le dije que tiene un bello cuerpo y que cómo es posible que su marido en lugar de irse solo de viaje y durante muchos meses, por qué no se la llevaba y fue cuando ella me dijo que sospechaba que él debía tener una amante.
Me dijo que se sentía bastante sola y abandonada, que tenía meses que no hacía el amor y que no era posible vivir en una situación de sacrificio. Nos besamos y terminamos haciendo el amor, lo hicimos toda la noche, ya no recuerdo cuántos orgasmos tuvo mi cuñadita.
Tiene un cuerpo hermoso que disfruté cada día, unos senos maravillosos y una vagina cubierta solamente por una estrecha tira de pelos, unas nalgas encantadoras que cubren su culito que lamí infinidad de veces antes de dejárselo lleno de leche. Sus pezones puntiagudos, enmarcados por una aureola color marrón, son mi debilidad.
Como todo encanto se terminó la semana y mi cuñada tuvo que irse, con la promesa que volveremos a estar juntos para coger de lo más rico. Gracias mi bella y hermosa cuñada, extraño verte chupándome la verga para finalmente tragarte todo mi semen.
El lunes que mi esposa llegó de viaje, me pidió que no fuera a la oficina, que la esperara en casa. Cociné algo para picar y desde que llegó me comenzó a besar hasta que terminamos haciendo el amor en la sala.
Apenas me estaba recuperando cuando ya me estaba haciendo un oral bastante rico, me pidió que hiciéramos un 69. Es cierto que teníamos una semana sin vernos, pero mi esposa sí que llegó con bastante energía sexual.
Cuando finalmente hicimos una pausa para comer algo, nos fuimos desnudos a la cocina, donde nos dimos otro morreo que me puso al mil y a ella le escurría la vagina como si tuviera una fuente.
Nos sentamos a la mesa, cuando sonó el timbre. Le pregunté si esperaba a alguien y con una sonrisa de oreja a oreja me dijo, esperamos una agradable visita. Hice el intento de buscar mi ropa, pero ella me dijo que no me preocupara.
Casi me desmayo cuando vi que se trataba de mi bella cuñada la que había llegado. Mi amor, me dijo mi esposa, gracias por haber hecho feliz a mi hermana durante la semana en la que estuve ausente. No sabía que decir, mi esposa me dijo que no me preocupara, que al contrario estaba bastante agradecida por mi noble gesto y que mientras ella se duchaba y se tomaba un buen descanso por su largo viaje, nosotros podíamos disfrutar haciendo el amor.
La verdad es que a pesar de que acababa de coger con mi mujer, no sé de dónde me salieron las ganas porque como por arte de magia tenía el pene totalmente erecto, aunque creo que, con el cuerpazo de mi cuñada, cualquiera se podía empalmar y más que tenía el permiso de mi bella y amada esposita.
Disfrutamos haciendo el amor el resto de la mañana y cuando disfrutábamos haciendo un 69, llegó mi esposa, se nos quedó viendo y nos dijo que hacíamos bonita pareja, que nos sincronizábamos muy bien, que no necesitábamos decir palabra para hacer lo que tanto deseábamos.
Se unió a la fiesta, lo primero que hizo fue darme una rica mamada de verga y después le dio una buena mamada de senos y de panocha a su hermana que tuvo un largo orgasmo.
Finalmente nos bañamos los tres en el jacuzzi, nos vestimos y nos fuimos a realizar unas compras, con la promesa de parte de mi esposa de que podríamos vivir los tres en la misma casa mientras que el esposo de su hermana andaba de viaje, con su amante.
Obviamente acepté y desde ese día a la fecha, ya tenemos varios meses de vivir juntos los tres, disfrutando a cada momento de nuestro amor, gracias a mi cuñado ausente y a mi esposa que decidió que fuera yo quien le diera amor a mi cuñada y no un extraño.
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