Mi Diosa del sexo (I)

Bueno, me encuentro nuevamente frente a ustedes contándole mis experiencias con la mujer que me ha sorprendido tanto. Hoy les tengo una buena. De ahora en adelante escribiré mis relatos bajo el titulo de “Mi Diosa del Sexo”. No quiero decir nuestros nombres reales así que de ahora en adelante ella se llama Cristina y yo Javier.

Ella y yo ya teníamos de costumbre el comernos cuando no hubiera nadie en nuestras casas. Muchas veces mis padres salían y nos dejaban solos igual que los de ella, cuando esto acontecía aprovechábamos para hacer el amor. Siempre era rico, pero no como la primera vez, que les conté hace varios días. Eran encuentros sexuales buenos y cada vez mejores, pero al estar en casa y por no querer ir a un motel pues nos conformábamos con “quickies”. Uno de estos “quickies” marcó una nueva primera vez para Cristina.

Era verano y se acercaba el día de nuestro primer aniversario. Decidimos ir a comer para celebrar y luego a dar una vuelta. Ambos somos estudiantes y no tenemos mucho dinero así que la cena no fue algo muy fascinante pero si muy romántica, luego para dar un paseo nos fuimos nuevamente a la playa. Allí nos bajamos del auto y colocamos una sábana en la arena (yo siempre estoy preparado para estas cosas), nos acostamos en la arena a ver el cielo de noche y las estrellas que caían en el infinito. Yo sé que a muchos de ustedes no les interesa saber de estrellas y sueños, pero es que al hablar de este momento hay que mencionar todos los detalles de esa noche.

Nos besábamos el cuello, nos apretábamos mutuamente, mordíamos nuestros labios, nos mirábamos a los ojos mientras nos acariciábamos en la arena. Yo me coloqué sobre ella en posición de misionero como si estuviera dándole, esto era para que sintiera mi gran bicho excitado por su cuerpo caliente y bien formado. Era perfecto para nuestro primer aniversario. Siempre he tenido sexo con mis novias, pero nunca lo había disfrutado tanto como con Cristina. Luego de un rato llegó el guardia de seguridad de la playa y nos dijo que llevaba rato viéndonos y que ya estaba bueno, que nos fuéramos a otra parte. Esto significaba que nos teníamos que quedar con las ganas. No nos quedó mas remedio que irnos.

De camino a su casa comenzó a acariciarme el pene hasta que lo sintió bien duro y grueso. Desabrochó mi pantalón y lo sacó para mamarlo, ya para este punto estaba hecha una experta mamona. Fue tan rico que tuve que buscar un lugar oscuro para clavarme a esta mujer que me mordía la cabeza del bicho y lo chupaba para volverme loco. Encontré unos cerca del aeropuerto de nuestra ciudad, era perfecto. No había mucho movimiento de autos, ni mucha gente, y es raro que vuele alguien por ahí, además de que no hay iluminación en la carretera que conduce hasta ese lugar, en fin como ya dije, era perfecto para chichar.

De un alón la pase a la parte de atrás del auto y le quité la ropa. Ahí estaba ella sin su pantalón y sin panties con su chocha sin vellos brillando a la luz de la luna de lo mojada que estaba, era una vista tan rica que me la tiré sin piedad. La senté sobre mi gran pene y comencé a bombear su pequeña y apretada concha. Ella gritaba, gemía, maldecía, y decía todo lo que tuviera en la mente de tanto placer que sentía al tener mi bicho bien clavado en su interior. Sentía como contraía sus músculos vaginales y como se mezclaban nuestros fluidos, era maravilloso, esa crica suave se sentía como si estuviera gozando por primera vez. Apretaba mi bicho con tal fuerza que parecía que me estaba pajeando con la mano, su cuerpo bien formado, apretado y esa chocha casi virgen son tremenda combinación para el sexo. Y su físico no está nada mal, era como tirarse a Salma Hayek en la parte de atrás de un auto.

Luego de varios minutos de estar clavándome a esa diosa del sexo sentí como nuevamente de su vagina salía un liquido caliente y espeso que mojaba mis piernas y el asiento de la parte trasera de mi auto, era un orgasmo de esta mujer de mis sueños que me corría sin piedad. Su orgasmo no la detuvo, continúo corriéndome como si fuera yo su caballito de juguete. Aprovechó la situación para masturbar su clítoris hasta conseguir otro orgasmo y uno para mí. La inundé con mi leche y lo dejé adentro para que no se perdiera ni una sola gota de mi semen. Pero esto no quedó ahí, sacó mi pene de su chocha y se lo metió en la boca para limpiarlo de todos mis jugos y los suyos. Si bien digo yo, tengo una suerte grandiosa. He encontrado una mujer tan bellaca, o más bellaca, que la que todos nosotros soñamos con tener algún día.

Luego de esto nos vestimos y me dirigí a su casa donde la deje en la puerta con un recuerdo de una primera vez en el asiento trasero de un auto y la crica llenita de leche caliente. Luego les contare de mas de nuestros encuentros espectaculares. Mientras tanto piensen en mi mujer trigueña de tetas grandes que dispara a chorros sus orgasmos, ¿Qué rico para pajearse verdad?.

Autor: Anónimo

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