Mi compañera de la Secundaria
Buenos días, tardes o noches. Me presento: mi nombre es Orlando y soy nuevo haciendo esto, pero tengo muchos años leyendo relatos y pensando si me animaba a contar algunas de las experiencias que he tenido a través de los años. Hoy me decidí y les comparto el primero, esperando que sea de su agrado.
Esto pasó cuando estudiaba la universidad. Siempre fui una persona muy tímida para lo del amor y el sexo, aunque me encantaba ver videos y leer relatos. Tardé en tener sexo por primera vez, pero una vez que pasó, creo que empezó a darse más fácilmente con algunas compañeras. Esta historia ocurrió por azares del destino: me encontré en Facebook a una compañera con la que estudiaba en la secundaria. Empezamos a platicar cada vez más frecuentemente y, entre muchas de esas charlas, se tornaron en conversaciones eróticas. Me mandaba fotos de sus enormes pechos, cosa que me excitaba mucho. Aun recuerdo lo grandes que eran sus aureolas y esos pezones paraditos. Yo, por mi parte, le mandaba fotos de mi pene y nos masturbábamos con nuestras imágenes. Luego, pasaron a videollamadas y la verdad es que la pasábamos muy bien.
Al estar estudiando la carrera fuera de mi ciudad natal, no podíamos vernos para concretar el acto. Entonces, un día un amigo de mi ciudad me invitó a su boda y, claro, aproveché para invitar a mi amiga a ir conmigo a dicha fiesta. Al llegar y vernos, se notaba esa tensión sexual. Les ha pasado eso de ver a una persona y, solo de verla, tu pene ya empieza a despertar. Por lo cual, prácticamente solo felicitamos a los novios, comimos y nos retiramos de la fiesta para irnos a nuestra propia fiesta.
Nos fuimos a un motel por la zona y, en cuanto llegamos, no hubo nada de palabras, solo besos y caricias. Recuerdo ese vestido azul que traía, con un escote que dejaba notar sus hermosos pechos. Los saqué de la blusa y empecé a chuparlos, pasando mi lengua por esos pezones duros, mordiéndolos levemente con mis labios y escuchando un pequeño gemido de su parte. Luego me detuvo y empezó a desabrocharme los pantalones. Para ese momento, mi pene estaba muy erecto. Me bajó el bóxer y me dijo: “Mmm, se ve más rica en persona”. Se metió mi pene en la boca; lo hacía muy bien, lamiendo el tronco y dando pequeños besos.
De repente, se detuvo, se paró y me dijo: “Ya dámela, me muero por sentirla adentro”. Se puso en cuatro y me dejó ver su trasero listo para recibirme. Me agaché y le devolví el favor, lamiendo poco a poco su vagina y sintiendo lo mojada que estaba. Me levanté y empecé a meterla; se deslizó tan rápido por lo húmeda que estaba. Ella gemía mientras yo sentía mi pene envuelto en un calor delicioso. Empezamos ese rico mete y saca; escuchaba cómo rebotaban sus pechos y se los agarraba y acariciaba mientras la penetraba.
De pronto, me dice: “Siéntate”. Empezó a darse unos sentones en mi pene y gemía como loca. La puse de frente y seguimos haciéndolo; tenía sus pechos enfrente y me los empecé a comer mientras ella movía su cadera en círculos, dándome un gran placer. Terminamos de repente: empieza a moverse muy rápidamente, gimiendo y apretando sus piernas, lo cual ocasionó que me viniera adentro de ella. Eso provocó un gemido ahogado e intenso por su parte. Me voltea a ver y me dice: “Gracias, lograste darme un delicioso orgasmo”. Terminamos acostados en la cama, llenos de sudor y platicando sobre cuándo nos íbamos a ver nuevamente para repetir nuestro encuentro. Pero ese próximo encuentro lo dejaré para la próxima ocasión.
Gracias por leerme y espero que sea de su agrado.
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