Me cenaron de Navidad en mi amada Playita
Resumen: Trabajo en un despacho contable y un día acepté la invitación de uno de los clientes – un hombre maduro, muy insistente y muy guapo – para ir a cenar antes de Navidad sin importar el día. Ese día me fui lo más coqueta, mas no accesible; lo que tenía que pasar definitivamente lo disfruté, hice lo que prometí no hacer por muchos años, cedí a las pretensiones de ese hombre y pues fue mi gustito culposo.
Hola, soy una mujer de 31 años de edad, solterísima, bueno, tengo un noviecito en Cancún, una aventurilla aquí en Playa del Carmen y mi amante permanente en CDMX. Ya en mis relatitos viejos saben de mi ex profe Héctor. Dentro de mi cartera de clientes no estaba Don Santi como lo conocen en la oficina, pero siempre que pasaba me saludaba y siempre era muy atento y aunque quiso mil veces que yo lo atendiera, él ya tenía a su ejecutivo designado. Habló hasta con mi jefe, pero las reglas son las reglas. Eso no quitó que siguiera saludándome y siendo atento siempre; todos son amables conmigo, por supuesto, para que los ayude y les haga las cosas un poco más fáciles. Así, Don Santi, siendo un cliente muy importante, tiene un negocio de bombas de agua agrícolas e industriales, siempre me llevaba “regalitos” y me echaba mis “piropos”, algunas veces ya picosos, hasta que un buen día me comenzó a invitar a salir… “a comer”… con “g”… bien directo y seguro.
¡No puedo, Don Santi… comemos aquí…, con el horario que tenemos…!
¡No puedo, muchísimas gracias…!
Siempre le daba la vuelta, pero ese Santi insistía, comenzando a invitarme a cenar, a desayunar, a comer, a un beach club, de vacaciones…
Tanto va el cántaro al agua hasta que lo acepté, ya me tenía harta jajajajajajaja. Ok, ya será Navidad, qué le parece unos días antes o después del 24.
Por fin llegó el día, escogió martes 23 de diciembre de 2025, quedé de verlo en la Fonda Argentina, está en la entrada de Playa y aunque es conocido no es céntrico entonces era bueno para mí ya que no me verían o reconocerían más personas, sobre todo los chismosos de la oficina.
Don Santi es un hombre maduro, quizás 50 o 55 años, más alto que yo, casi a la misma estatura con mis tacones, aún fornido, morenito claro, con bigote, alegre, “conquistador” con mucho verbo. Ya me conocen, delgadita mas no flaca, mis tetas medianas nada espectaculares pero en su lugar y bien duritas, unas nalgas que sí hacen voltear a cualquiera y más en la playa, alta de 175 descalza entonces llamó mucho la atención cuando llegó en tacones a cualquier lugar, morenita clara, cabello largo, SIEMPRE ando depilada y humectada (una nunca sabe cuándo puede pasar) y super coqueta como casi siempre que ando de buenas.
Ese día me puse un vestido strapless negro embarrado a mi silueta, me llegaba a medio muslo de pie, me puse una tanga negra de encaje pequeñita bien metida en mi culo como las que siempre uso, entre más pequeñas mejor que no se noten, el bra negro para hacer conjunto en media copa para resaltar a mis niñas, me hice una cola de caballo, aretes medianos para lucir mi cuello, mi gorrito rojo de elfa y un maquillaje super ligero.
Al llegar a la Fonda Argentina, ahí me estaba esperando Don Santi, en un par de minutos ya estábamos adentro, pedimos un par de tequilas para entrar en calor.
—Ese vestido ajustado te marca tus curvas… ¡te hace muy atractiva!
—¡Resalta las tetas y no se diga esa caderota y esas nalgotas por Dios!
Don Santi estaba de mi tamaño con tacones y describió lo que miraba, cosa que me hizo ruborizarme, y luego de ello, sin fijarse en mi rubor, Don Santi siguió:
—Intento imaginarte verte andar solo en lencería si es que traes esta noche… Te imagino con ella ¿Qué color te quedará mejor?… ¡Me excito!
¡Siempre me has gustado!, pero toda tú me detuvo muchas veces a decirte lo mucho que me gustas.
—¿Eres casada? ¿Tienes hijos? Yo soy casado, tengo un hijo y dos hijas, una mayor que tú, y tres nietecitas. ¡Eso me había detenido!
Me enteré hace poco que estás soltera y bueno, detalles de un supuesto novio y un ex profe, aunque no lo creas he leído tus relatos, ¿son vivencias? Porque yo quiero ser parte de una!!!
Después de tantas cosas quiero decir… ¡te quiero decir que me gustaría “andar” contigo!.
Ni bien nos habíamos tomado un par de caballitos cuando me sale con esta “proposición indecorosa”, llegan los meseros jajaja salvada.
La proposición de Don Santi y mi respuesta a esa proposición habían quedado en pausa.
El mesero que se ocupó de nosotros de inmediato nos llevó un tercer “caballito” de tequila, y luego nos tomaron la orden. Yo dudaba un poco en qué pedir, pero Don Santi pidió una “parrillada” y qué bueno que lo hizo ya que ambos somos de buen comer, volvimos a platicar del trabajo. Cenamos delicioso, nos trajeron el postre, otro tequilita y retomamos el hilo de la conversación.
Don Santi me repitió que quería que “anduviera” con él. Me lo dijo tomándome mis manos, muy fuertes y ásperas, de gente de trabajo, esas manos me derritieron.
—No sé si “andas” con alguien, si “sales” con alguien, con uno o con varios, la verdad, ¡no importa!, ¡los acepto, ¡a todos!
Tú eres joven y guapa y sé que debes tener muchos pretendientes y “amores” pero, además de ellos, quiero también que “salgas” conmigo.
¡Que seas mi amante!
Le paré el tren y me hice la ofendida ¿cómo que su amante? O sea, una dama en la mesa, una puta en la cama y que haya salido con él no me hace lo segundo.
—Ok ok ok perdón!
¡Prometo hacerte feliz!. ¡Voy a sacar juventud de mi pasado!, como dice la canción…
—¿Hace cuánto que no “has estado” con alguien…?
—¿Yo?, ¿eeehhh? ¿pues jejejeje?, eeehhh ¿últimamente?
Son cosas que no le interesan jejeje no le iba a decir que estaba regresando de vacaciones y había pasado unas noches locas con Héctor y me había reencontrado con Gerry un par de veces y me había recibido mi bby la tarde que regresé a Playa, digamos que en ese aspecto estaba bien atendida.
—¿Con el mismo?
—yo ¿con los mismos?
Sonrió ¿Con distintos? ¿de tu edad?
—no, soy variada y de diferente edad ¡pero, “estuve y estaré” varias veces con cada uno de ellos!.
—¿Y, bien?.
—Pues, sí, la pasamos bien.
—¿Con todos…?
—Sí, con todos, sólo se me aparecen de vez en cuando y aprovecho la oportunidad, más bien la disfruto.
Le dije, con algo de tristeza pero mirándole a los ojos con intensidad, con la misma que él me miraba a mí.
Me levanté para ir a los servicios, se levantó y me dio un abrazo. Me jaló hacia su cuerpo y sentí mis senos pegarse a su pecho y su mejilla a la mía, doblándose un poco, pues es más alto que yo.
—Estás muy flaquita, pero a la vez te siento fornida, fuerte todo se siente durito.
—¿Cuánto pesas?
—65 kg, ¡¡¡reí!!! 70kg ¿y tú?
—85 kg, te llevo 20kgs nomás ¡Por cierto, qué rico hueles!
—¿Te gusta..?
—¡Sí… ¡Tu aroma me encanta!.
Por fin fui al baño y regresé a la mesa, donde nos esperaba un anís, que había pedido Don Santi.
Le dimos un trago, brindamos y Don Santi sacó de su saco una bolsita y me la entregó:
—¿Y esto?.
Era una bolsita de tela, que estaba cerrada por un anillo metálico, dorado, con una piedra morada.
—Es para ti, por haber aceptado venir… Espero que te queden, pues no sé bien tus tallas aún.
Me probé el anillo y…, ¡sí me quedaba…!, le ajustaba muy bien a mi dedo, y se lo mostré:
—¡Qué hermosa manita…!, de una niña preciosa…,
Me dijo, tomando mi mano y dándole un beso, y luego de eso, añadió:
el otro regalo, el de adentro de la bolsa, ese es de intercambio, y te lo debes de ir a probar en el baño, a condición de que lo sustituyas por el que llevas puesto, y que me lo traigas a cambio…
No sé qué cara puse, pero el viejito cochino sonrió y dijo:
—¡Sí, sí es eso que te imaginas, sólo que es rojo, rojo pasión!, ¡como el de tus labios!.
Maldición lo que me había puesto ese día era negro, uno de mis favoritos y de la suerte jejeje. Sentí que me sonrojé de pena y sorpresa, sentí que mi sangre me ardía, que mi panochita se comenzaba a mojar, con mucha abundancia y al querer levantarme, sentí que mis piernas no me respondían.
Me detuve de la mesa, le sonreí a Don Santi y tomando aquella bolsita, le dije:
—Ya vuelvo Don Santi, voy al baño.
Traté de caminar, aunque sentía que me temblaban las piernas.
Me fui caminando hacia el baño; ¡me habían dado ganas de ir al baño…!, tanto por esos comentarios como por ese regalo y por todo cuanto habíamos estado bebiendo…
Llegué al baño; entré y me fui a buscar un gabinete vacío. Me levanté mi vestido, me bajé la tanga y oriné con muchísima fuerza. ¡Sentí un gran alivio!.
Comencé a pensar en esta “cenita Navideña”: ¡me había gustado mucho sentir a ese hombre pegado a mí, sentir cómo iba despertando su pene al contacto contra mi cuerpo!.
Me cambié la tanga, era rojo carmesí, semitransparente, de encaje, muy sensual, muy chiquita como las que uso a diario, un breve triangulito solamente en el frente woowww hasta parece que ya conocía algo de mí.
Me la vi desde arriba, me veía super sexy. ¡Espero que a Don Santi le gusten las mujeres bien depiladitas!.
Volví a sentir un estremecimiento, me bajé mi vestido y salí del baño. Me vi en el espejo: me retoqué mi labial y regresé hacia mi mesa, a encontrarme con Don Santi, que me estaba esperando. Le sonreí al verlo y él no me dejó ni sentarme, de inmediato se levantó y me abrazó.
Me tomó entre sus brazos, me atrajo a su cuerpo y de inmediato me introdujo su pierna derecha a la mitad de las mías:
—¿Te gustó mi regalo, putita?
—Así no va a lograr nada ehhhh.
—Ok ok ok ok disculpame, ¿te gustó mi regalo?
—¡Muchas gracias Don Santi, están muy lindas!.
—¿Me vas a dejar que yo vea cómo lucen en ti, mi putita!.
—¿Es en serio?
—Ok ok ok estan lindas me dejarás verlas?
—¡Claro Don Santi!, ¡Qué tiene en mente!.
Le dije, sin dejar de prestar atención a ese adjetivo que utilizaba hacia mí de manera continua, podría parar la faena si me sigue llamando así.
Regresamos a la mesa, pagó, caminó detrás de mí haciéndose sentir con su mano en mi cadera bajando a mi nalga y marcando territorio con las personas que estaban por ahí viéndonos salir, nos subimos a su camioneta y nos fuimos directo al Íntimo. Entramos y de inmediato quería tomarme fotos, le dije que desde mi cel mejor y luego se las enviaría jejeje (mentira piadosa). Se puso a fotografiarme: primero de pie y luego me pidió que me sentara. Mi vestidito en cada cambio de pose no dejó de subir y traté de ponerme de lado, pero luego de un par de fotos, Don Santi me dijo:
—¡Gírate…, muéstrame tus calzones nuevos!,
y entonces lo complací.
Me tomó dos o tres fotos de esa manera y luego de ello, me levantó de la silla y se lanzó sobre mí, a tratar de besarme en la boca, y yo le correspondí.
Nos enfrascamos en un beso muy largo y sensual, mientras que él no cesaba de acariciarme las nalgas, mi vestido había cedido y se había subido dejando mi culo al aire, me apretaba las nalgas con mucha fuerza, como tomando posesión de ellas en ese mismo momento.
—¡Me gustas mucho putita…, desde que te conocí he andado con muchas ganas de ti!. ¡Siempre te me has figurado muy “cogelona”!,
otra vez con lo de putita, puedo terminar la cita si sigue así ehhh
y tenía muchas ganas de estar contigo, solitos donde fuera.
—¡Ay Don Santi!, ¿qué le puedo decir?
—Puedes decir que me quieres, aunque nada de ello sea cierto pero de esa manera me alegras y haces sentirme muy bien…
Y como no pude decírselo, le ofrecí de nuevo mi boca, y nos volvimos a besar con pasión:
—¡Don Santi, Don Santi!,
Él seguía embelesado en mis nalgas ya que mi vestido estaba ya en mi cintura, me tomaba con fuerza pero era delicado, esas manos me estaban matando, rasposas, fuertes, gruesas, ya estábamos ahí y no sabía yo si repetiríamos o sería la única vez así que estiré mi manita por debajo de su brazo y alcancé a tocarle el pene que ya estaba duro:
—¡Don Santi, papito, lo tiene muy duro!.
—¡Es que me tuve que tomar un Cialis antes de salir del restaurante…!, ¡para poder estar a tu altura, putita!.
Me dijo, mientras me empujaba contra la pared.
Me pegó su cuerpo y sentí su pene, muy rígido, empujando contra mi vientre, mientras me besaba apasionadamente en la boca. ¡Sentí un delicioso calorcito invadir todo mi cuerpo! Sentí la mano de Don Santi subir a lo largo de mis piernas y llegarme hasta la redondez de mis caderas.
Dócilmente levanté una pierna y la enredé alrededor de la cintura de Don Santi.
—¡Desnúdate, mi putita..!,
Otra vez?!?!?!!
ok ok ok ok amorcito, es que si es la única vez lo quiero disfrutar al máximo
Me dijo Don Santi, retirándose un poco de mí;
—¡Me gusta mucho que se encueres enfrente de mí!.
Comencé a levantar mi vestido, a sacármelo por encima de la cabeza, hasta que aparecí nuevamente con mi gorrito, mi tanga roja nueva y bra, mis zapatillas negras de tacón alto.
Don Santi se me acercó y comenzó a tocarme mi cara, mis senos, mis piernas, mi panochita húmeda.
Cerré mis ojos y apreté mis nalguitas. Sentí los dedos ágiles de ese hombre explorarme mi vagina mojada bajo mi tanguita roja de encaje; comencé a gemir. Sus tocamientos eran precisos, su mano envolvía toda mi vulva con unas caricias insinuosas, de una implacable precisión. ¡Tenía la impresión de perder la cabeza!.
Mi bra ya estaba en mi cintura, mis chichis ya eran libres solo para él, mis pezones ya estaban duritos, él me veía con mucha atención, así que tomé mi tanga por los lados y la empecé a deslizar hacia abajo, sacando una pierna primero y luego la otra, se la aventé mientras caminé hacia él en tacones.
Se arrodilló frente a mí y miraba mi panocha detenidamente, saboreó la indecencia de lo que tenía enfrente, se mojó los labios, yo retuve el aliento esperando el primer contacto, esperando me mamara mi panochita que ya lo pedía a gritos, hasta ponerme loquita.
Don Santi se levantó y abrió el cierre del pantalón. Sentía cómo me miraba, de manera viciosa, lujuriosa, deseosa, todas y cada una de las partes de mi cuerpo, me sentía deseada.
Se sacó un pene moreno de buen tamaño y venudo como me gustan, y se lo puso a acariciar mientras me contemplaba.
En cuanto se le paró totalmente, comenzó a acercarse lentamente. Su pito, ya bien parado, se me hizo muy gordo y muy largo, completamente apetecible.
Con la respiración entrecortada sentí como ese animal de carne humana comenzaba a buscar un camino en mi rajita ya completamente húmeda, apenas me acarició mi clítoris, y me estremeció, sabía que un orgasmo estaba muy cerca.
De nuevo le pasé la pierna alrededor de su cintura, más estrechamente esta vez, y sentía como ese pito parado me recorría toda mi rajita, desde el ano hasta el clítoris y volvía a regresar; ¡estaba muy excitada!, y a la vez muy asustada con la idea de que me fuera a meter su verga hasta el fondo de mi vagina de un solo movimiento.
Me encontró mi rajita luego de varios intentos, ya que tuvo que luchar un poco contra mis labios pa’ que se abrieran, aunque una vez que encontró la entrada fue fácil ya que escurría en mis jugos.
Una vez que me penetró su cabeza, sentí cómo se abría paso lentamente hacia el fondo, separando las estrechas paredes de mi vagina; sentí cómo se me abrían, de manera trabajosa y casi dolorosa para mí:
—¿Te gusta?
—sí, sí, Don Santi,
Alcancé a decirle al tiempo de que daba una bocanada de aire y a continuación un profundo suspiro, cuando me lo metió muy hasta adentro. Sentí su verga entera ocupando cada lugar de mi vaginita; sentía cómo palpitaba dentro de mí, me estremecí de tal forma que me hubiera caído, si Don Santi no me hubiera estado abrazando.
Así como estaba, toda flojita del placer, Don Santi se puso a tocarme los senos, a pellizcarme los pezones, a apretarme con toda su mano, y luego de ello, empezó a bombearme con fuerza, estrellándome repetidas veces en contra de la pared. Nuestros pubis chocaban entre sí; yo gemía como loca y él no dejaba de decirme:
—¡puta, puta, puta…!.
Y sí, un Don me estaba dando una revolcada que ya tenía tiempo no me daban, me llevó hasta la cama, poniéndome boca abajo; él se puso en cuclillas, me levantó las piernas y las abrió a la altura de su cintura, me colocó su verga y comenzó a metérmela.
¡Me la metía hasta muy adentro!, me daba mucho placer, era dolor pero risa de placer, Don Santi empujaba y empujaba. Mi cara estaba aplastada contra la almohada. Él no paraba de decirme:
—¡puta, puta, puta…!.
¡No me gustaba que me dijera eso pero deseaba que me siguiera cogiendo!.
Por fin se vino en mí y hizo que me viniera también. Sus chorros eran abundantes y muy ardientes. Parecía que no terminaría nunca de venirse.
Cuando al fin terminó le pedí se tirara sobre de mí, pasó un largo rato para que se le bajara y aún más largo rato para que se saliera de mi “cajita de amor”.
Una vez que se zafó, se recostó en la cama, boca arriba, a mi lado. Me jaló hacia él y me besó apasionadamente.
—¡Estás muy sabrosa, putita!, y además eres bien caliente, te mueves muy rico, se me hace que a ti no te cogen seguido como dices.
—ok creo que no quieres que esto se repita, sigues diciéndome putita cuando te dije que no me gusta.
—ok ok ok ¿hacía mucho que no te cogían?
—ese es mi problema ok.
No contesté, pasaron unos minutos, unos 20 o 30 min, no me paré a limpiarme y él tampoco vi que se limpiara algo, con su mano tomándome del cuello, me empujó para abajo, dirigiendo mi cabeza a su verga:
—¡Chúpamela, mi putita…!.
Me dijo, y me acerqué a ella; la tomé con la mano. ¡Estaba llena de su semen y mis fluidos, estaba resbalosa, pegajosa y olía a los 2.
Empecé a acariciarla con mi mano y luego con las dos, hasta que sentí que me empujaba la cabeza y entonces, procedí yo a mamársela.
En cuanto comencé a pasarle mi lengua, su monstruo babeador tomó vida nuevamente, y comenzó a palpitar y a aumentar de tamaño y de volumen.
Me aloqué y comencé a mamársela y a recorrerla desde la punta hasta la base, tardándome en sus testículos. La cabecita del pene parecía un ojo que me miraba. Yo le introducía la lengua.
Don Santi me empujó y luego me jaló de las caderas para acomodarme sobre su cuerpo, pasándole una pierna de cada lado y dejándole mi panochita húmeda en su boca, para que me la chupara completamente.
¡Lo recorrió deliciosa e infinitamente con su lengua!, la cual se pasó hasta la raya de mi culo, el cual también me mamó y me lo llenó de saliva.
Luego me empezó a meter un dedo en la vagina, luego dos yo gemía de placer pero me encantaba como me trataba.
Su verga estaba muy erecta, y yo la tenía aprisionada con mis dos manos y la mamaba incansablemente.
De repente sentí sus manos separándome las nalgas, y luego, un dedo lleno de saliva que se empezaba a introducir en mi culo, dilatándolo lentamente, dándole masaje a mi anito ¡Era deliciosa la sensación!.
Pero no le daría mi culo en la primera cita y más llamándome putita, lo dejé seguir jugando pero no se lo daría.
Poco a poco cedió y se abrió paso a ese dedito, yo sentía mucho placer pero necesitaba no perderme en el placer, al menos no en esta vez.
Me hizo a un lado, después me puso en 4 recargándome en una almohada, me la metió y tenía la oportunidad de meterme nuevamente ese dedito travieso mientras me penetraba, yo estaba inundada de placer y seguía mojándome de tal forma que si intentaba la puerta de atrás lo más seguro hubiera cedido, se salió de mi vagina y acomodó mi cadera para ingresar por atrás, cuando puso su animal en la entrada de mi ano le dije que lo dejaríamos para la siguiente cita, así que me giró hacia él quedando yo boca arriba, puse una almohada en mi cadera y coloqué mis piernas en sus hombros, Dios no sé si fue un grave error ya que le di entrada a lo más profundo de mi ser, me estaba volviendo loca de placer ese viejito cachondo.
Me la metió lentamente hasta el fondo, se quedó quieto un momento, sentí sus vellos púbicos en mi rajita, en mis nalgas ¡Hacía ligeros movimientos de cadera mientras él entraba lenta y profundamente en mí, yo ya no podía más de placer, de gozo, empezó a penetrarme con más ritmo y yo sentía como palpitaba su animal dentro de mí, yo sabía que otra vez me rellenaría cual pavo, yo ni calculé si estaba en días no peligrosos o ovulando que creo lo más seguro ya que yo no cojo en las primeras citas, bueno casi no jejejeje.
Nos quedamos dormidos, uno al lado del otro. Me desperté yo primero, me levanté y me dirigí al baño a lavarme, estaba toda pegajosa. Él me alcanzó y se metió a la regadera conmigo, me enjabonó, pegó su cuerpo al mío, colocando su pene sobre mis nalgas mientras me pasaba el jabón por la espalda, los hombros y las tetas.
En ese momento, el jabón se cayó; él me enjuagó mientras su pene buscaba un huequito por donde colarse.
Me giró contra la pared, cerró la regadera y me escurría el agua por la espalda, acomodó mi cadera paradita, me abrió las nalgas con los deditos y mi panochita ya estaba empapada otra vez, así que solo se abrió camino, yo lo ayudé poniéndome de puntitas y me dio por detrás tan rico que no podía decir que no nuevamente. Me llegaba hasta adentro y me hacía gritar de dolor y de placer entremezclados, ya mi panochita ya estaba hinchada pero me estaba dando rico y sabroso, apretaba mis tetas bamboleantes, una nalgada de vez en cuando y yo ¡estaba pidiendo más!.
Yo gemía como en mi épocas de universitaria, gritaba de dolor y de placer. Lo recibía todo sin moverme de mi sitio, me tenía hipnotizada con todo cuanto me hacía.
Cuando logré recuperarme me dijo que nuevamente se había venido en mí, me dio mi triple Navidad caray, abrí la regadera y nos enjuagamos otra vez, me vestí con mi nuevo regalito, tenía mi panocha tan hinchada que la tanga se veía pequeñita jejeje, él se llevó mi tanga con la que llegué, me pidió no me pusiera el bra y el vestido que traía lucía muy bien así, sin bra.
Saliendo del motel, me llevó nuevamente a la fonda ya que ahí dejé mi coche, afortunadamente ahí estaba en una sola pieza, nos despedimos muy cordiales, ya era 24 de diciembre, me puse mi gorrito para el frío y le di un besito en la mejilla… no sé si se repita pero de que tiene con qué entretenerme, sí lo tiene!!!
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Mi amor bonito