La psicóloga y su tratamiento
Cuando mi padre, con 55 años, fue despedido por el cierre de la empresa en la que llevaba trabajando más de 30 años, cayó en una profunda depresión y se aisló de todos y de todo.
Se fue a vivir solo a una casa que le dejaron de herecia sus padres en su pueblo, que está a 30 km de la ciudad en la que vivíamos.
Mi madre, no se fue con el, porque ella seguía teniendo su trabajo y se quedó conmigo en nuestra ciudad y en nuestra casa de toda la vida.
Yo había estudiado psicología y trabajaba de psicóloga en un hospital para enfermos mentales.
Desde el principio tuve claro que el diagnostico de mi padre era una depresión profunda y me propuse el reto de ayudarle a superarla, como hija y como profesional.
Como hija, dándole el mismo cariño que el siempre me habia dado a mi.
Yo siempre había sido su princesita y
manteníamos una relación muy especial, de cariño y confianza total el uno con el otro.
del momento en que me convertí en la preciosa y deseable mujer, que aún seguía siendo, se enamoró perdidamente de mi y aunque sabía que era un amor imposible, me convertí en el centro de las fantasías sexuales que imaginaba para másturbarse.
Esto, evidentemente tuvo un fuerte impacto para mí, pero, tratando de mantenerme en mi papel de profesional y amparandome en él, le dije que en que consistían esas fantasias que tenía conmigo para masturbarse, sabiendo que la respuesta era ya tan evidente, que no se atrevería a decirmelo explícitamente, pero me equivoqué, porque si se atrevió.
Me dijo que se imaginaba follando conmigo, comiéndome el coño y corriendose dentro de mi boca y de mi vagina y que me dejaba embarazada una y otra vez.
Bufffff… Esto sí que no me lo esperaba, no pensé que se atreviera a ser tan explícito.
Mi padre había aprovechado la situación para ponerme entre la espada y la pared, así que, entre nerviosa y excitada, porque, siendo sincera, aunque su respuesta me había desconcertado, también me había excitado, le dije:
– Vaya, papá, tampoco tenías que ser tan explícito.
– Lo siento, cariño, pero tu me pediste que fuera sincero.
– Si, si, y lo has sido ¿Y que se supone que tengo que hacer yo ahora?
– Pues no lo sé, cariño, tu eres la profesional y decías que ya tenías decidido un tratamiento.
– Si, claro que traía preparado un tratamiento, pero no me esperaba esto.
– Pues tendrás que cambiar el tratamiento, porque supongo que lo que tu quieres es que me cure de mi depresión.
– Por supuesto que quiero que te cures de tu depresión, para eso estoy aquí.
– Me alegro, cariño, pues dime que quieres que haga, porque yo soy el más interesado en curarme.
Yo ya tenía claro que lo que mi padre quería era cumplir sus fantasias sexuales conmigo y también tenía claro, esto ya, desde el punto de vista profesional, que esa era, sin duda, la mejor terapia para el en estos momentos.
Como ya he dicho antes, aquello me había excitado y estaba dispuesta a darle a mi padre algo de lo que quería de mi, para que se relajará, así que le dije:
– Está bien, papá, ¿Que quieres hacer conmigo para curarte de tu depresión?
– Todo
– ¿Todo? ¿Como que todo? ¿Que es todo?
– Pues todo es todo lo que te he dicho que hago contigo en mis fantasias.
– bufff, ¿De verdad quieres hacer todo eso conmigo ahora mismo?
Yo empecé a tener un orgasmo tras otro, gemía y gritaba como loca, nunca en mi vida me habían follado así y… pensar y ver, porque tenía los ojos bien abiertos, que el que me estaba dando tanto placer era mi padre, me volvía loca.
El hombre que siempre me había protegido, que me había leído cuentos, que me daba el beso de buenas noches, que había cargado conmigo muchas veces, que me daba todos mis caprichos de niña mimada, que aún seguía llamandome “princesita” era el mismo que ahora tenía metido su pene en mi vagina y me estaba dando la follafa de mi vida.
Mientras me follaba alternaba entre comerme la boca, metiendome su lengua y chupado la mía y comerse mis tetas, chupado y mordisqueando mis duros pezones.
Finalmente, al cabo de un buen rato de follarme duramente, se paró en seco, con su pene clavado hasta el fondo de mi vagina y dando un ronco gemido, empezó a descargar el contenido de sus testiculos dentro de mi cuerpo.
Yo al sentir el calor de su semen entrando dentro de mi, me volví más loca aún y mucho más cuando mi padre acercó su boca a mi oreja y me susurró:
– Me estoy corriendo dentro de ti, mi vida, estoy llenando tu utero con el mismo semen con el que llené el de tu madre para tenerte a ti, te voy a embarazar y vas a tener un hijo mío, vas a tener un hijo con tu padre, mi vida, un hijo nuestro, fruto de nuestro amor.. Ahahah
A mi estas palabras unidas al orgasmo que estaba teniendo, me produjeron una sobrecarga de morbo, que mi cuerpo colapsó y durante unos segundos llegué a perder el conocimiento.
Tuvo que ser un lapsus, porque, cuando volví a la realidad, mi padre aún seguía corriendose… Uffff… No sé la cantidad de semen que tendría acumulado en sus testiculos.
Luego ya, en los estertores del increíble orgasmo que había tenido, con mi padre rematando el suyo comiéndome la boca, con su lengua dentro de ella y su pene dentro de mi vagina, escurriendo las últimas gotas de semen, sentí como una especie de paz interior, era un placer suave que me producía un estado de felicidad nuevo para mi, era como si sintiera que, había cumplido con mi obligación, como si hubiera pagado la deuda de amor que había acumulado con mi padre durante toda mi vida, le había dado lo que el más quería, lo que llevaba años deseando y viendo su pasión y su cara de felicidad, me sentí yo también la mujer más feliz del mundo.
Mi padre, ajeno a mis pensamientos, pero, supongo que teniendo el, los suyos propios, similares o distintos a los mios, salió de mi y se tumbó a mi lado, respirando agitadamente, tratando de recuperarse del esfuerzo realizado.
Yo también estaba agotada, pero creo que, tanto mi padre como yo sabíamos que aquello no había hecho más que empezar.
A mi se me habían revolucionado todas las hormonas de mi cuerpo y una vez que había tomado la decisión de dejar que mi padre me embarazara, ese deseo se había convertido en obsesion y mi cuerpo y mi mente se habían puesto de acuerdo para alcanzar ese objetivo y para alcanzarlo tenía que conseguir que mi padre siguiera regando mi útero con todo el semen que sus gordos testiculos fueran capaces de producir.
Así que, en cuanto mi respiración se normalizó, me lancé a por el pene de mi padre, que descansaba mustio sobre su peludo pubis, lo agarré, me lo metí en la boca y empecé a chuparselo para estimularlo.
No tuve que esforzarme mucho, porque, como mi padre tenía que estar igual de acelerado que yo, en un par de minutos su pene se le puso totalmente duro… Uffff… Era realmente grande, su glande rojo y brillante era enorme, apenas cabía en mi boca, lo saqué y empecé a lamerlo con mi lengua, mientras que con una de mis manos acariciaba sus testiculos.
Miraba el pene y los testiculos de mi padre y nunca hubiera imaginado que pudieran ejercer una atracción tan fuerte sobre mí.
Ufffff, me daban ganas de comérmelos y sentía una urgente necesidad de volver a tener todo aquel enorme pedazo de carne de mi padre, dentro de mi vagina y sentir de nuevo el calor de su semen llenando mi útero, uffffff, si, si, mi útero, para conseguir mi obsesivo deseo de que me embarazaste.
No sé si mi padre pensaba lo mismo, pero se había recuperado y tenía muy claro lo que quería hacer.
Se incorporó, cogió mi cuerpo como si no pesará nada, me dio la vuelta y ayudado por mi, que enseguida comprendí lo que quería hacer, me puso a cuatro y en cuanto estuve colocada, se situó de rodillas detrás de mi, apuntó su pene a la entrada de mi chorreante vagina, de la que aun seguía saliendo el semen de su corrida anterior y en cuanto encajó su glande, me agarró por las caderas y de un solo empujón, me lo metió hasta dentro y sin ningún tipo de preliminares comenzó a follarme como loco, se ve que mis chupadas lo habían excitado demasiado.
Yo había cogido una almohada y me había abrazado y apoyado mi cabeza en ella, preparada para disfrutar lo más comoda posible de lo que, imaginaba que iba a ser una follada larga y intensa.
Y vaya si lo fue, me estuvo follando en esa posición más de media hora, bajaba el ritmo a cada rato, para recuperar fuerzas y luego volvía a darme duro… Uffff
Yo no paré de correrme todo el tiempo y él, por fin, volvió a correrse, una vez más, dentro del coñito de su princesita.
Luego me soltó y yo caí hacia adelante, su pene salió de mi vagina y el se desplomó a mi lado, visiblemente agotado.
Y… Bueno, seguimos follando durante todo el día, con descansos para comer y recuperarnos.
Por la tarde en uno de nuestros descansos llamé a mi madre para decirle que me iba a quedar a “dormir con mi padre” (Entiéndase el doble sentido de la frase) y que volvería a casa el domingo después de comer, que le estaba aplicando el tratamiento que había preparado para el y que todo iba muy bien, que estaba segura de que lo iba a conseguir sacar definitivamente de su depresión.
Mi madre me dijo que le parecía muy bien y que se alegraba de que la hubiera hecho caso en lo que me dijo, con lo que mi madre ya sabía lo que había y le parecía bien, así que por esa parte todo en orden.
Le dije a mi padre que mamá ya sabía lo que había y que por ella no iba a haber ningún problema.
Yo no podía estar más feliz, porque no solo había sacado a mi padre de su depresión, sino que lo había dado el mejor de los motivos para desear disfrutar de la vida, poder tener todo el sexo que quisiera con su “princesita” y además, volver a ser padre, en este caso del hijo que iba a tener con su amada hija.
Y bueno, nos pasamos follando todo el fin de semana y volvimos a casa los dos juntos el domingo por la tarde.
Mi madre cuando nos vio llegar, con la felicidad reflejada en nuestras caras, que no podíamos ni queríamos disimular, le dijo a mi padre que se alegraba mucho de su recuperación y que por allá no había ningún problema para que pudiera seguir teniendo todo el sexo que quisiera conmigo.
Luego hablé yo con ella, la dije mi decision de quedarme embarazada, si es que no lo estaba ya, que no pensaba casarme nunca y que mi intención era formar una familia con ella, mi padre y los hijos que tuvieramos.
Mi madre siempre había sido una mujer muy practica y aunque imagino que esto era algo que jamás se hubiera planteado y difícil de digerir así, a bote pronto, mirándome con cara de madre, solo me dijo:
– ¿Estas segura que eso es lo que tu quieres para tu vida?
A lo que yo, viendo lo bien que lo estaba encajando le contesté:
– Sí mamá, estoy completamente segura de que es lo que quiero y me gustaría mucho y me haría muy feliz contar con tu conformidad y tu apoyo.
Ella me abrazó y me dijo:
– Por supuesto que te apoyaré, cariño, eres mi hija y no me importa compartir contigo a mi marido, tu padre, porque, al fin y al cabo nosotros ya llevamos tiempo si mantener ningún tipo de relaciones sexuales y si ahora el puede disfrutar del sexo contigo y los dos sois felices, por mi no hay ningún problema y me encantará ser la abuela de los hijos que tengas con el.
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