LA MEJOR AMIGA DE MI ESPOSA
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Mi nombre es Marcelo, tengo 36 años y esto que voy a contarles ocurrió hace alrededor de un año, en mi casa, una noche de verano.
Su nombre es Rosa, está casada con Hugo (39), tiene 38 años, dos niños y dos fabulosas tetas que siempre fueron de mi admiración, un culo bien parado y duro. En una palabra, un hermoso cuerpo a pesar de los niños. A esta pareja la conocemos desde hace unos 12 o 13 años. Alicia, mi esposa, algunos años más, ya que estudió con ella en la universidad y sin duda es su mejor amiga. Tenemos una relación de mucha confianza entre los cuatro, pero siempre como amigos, por lo que jamás pensé en tener una aventura con ella. Pero desde hacía un tiempo notaba que Rosa, sutilmente, me buscaba mucho con la mirada en nuestras conversaciones, aunque yo disimulaba para no armar problemas, ya que tanto mi esposa como su marido son celosos, y siempre estaban sus hijos presentes.
Aquella noche todo fue distinto. Invitamos a cenar a nuestros amigos y mi primera sorpresa fue verlos llegar solos, sin hijos. La segunda, más grata para mí, fue que Rosa vino con una blusa negra totalmente transparente y sin corpiño, solo un delgado saco de hilo encima por el calor del verano. Al ver esos montes prácticamente desnudos, me provocó una erección involuntaria que intenté disimular, pero Rosa lo notó y me sonrió cómplice.
En el ascensor, charlando en tono de broma, aproveché un segundo de distracción para susurrarle lo guapa que estaba. Me lo agradeció con un beso en la mejilla.
La cena transcurrió normal, con charlas comunes, pero con miradas nuestras y mis erecciones al ver sus tetas cuando se servía comida o bebida, abriéndose el saco. Intentaba disimular mi calentura, pero era difícil.
Alicia propuso ir por helado para el calor. Yo no quería salir, pero Hugo ofreció llevarla en auto. Rosa dijo que llamaría a sus hijos. Sabía que tenía 40-50 minutos.
Mientras hablaba por teléfono, la miré descaradamente sus tetas. Ella correspondió, poniéndome más caliente. Terminó la llamada, dijo que tenía calor y salió al balcón. Me acerqué por detrás: “Quítate el saco y se te pasa”. Respondió que quedaría casi desnuda ante mis ojos y sería peligroso, pues notó mis miradas. “Hoy estás terriblemente sexy. Si usas transparencias, no a medias”, le dije. “Tienes razón”, contestó, quitándoselo hasta que volvieran.
Ante esas tetas bellas, se lo dije. “Te dije que eras peligroso”. “Desde hace tiempo deseo besarlas, Rosa”.
Dudó e intentó entrar. La tomé de la cintura, acerándola a mi pene duro: “Voy a besarte toda y cogerte ahora”. Intentó soltarse, pero tomé sus tetas, besé su cuello. Su resistencia cedió; ya ardía y admitió que hacía tiempo estaba caliente conmigo. Se dio vuelta: yo besaba una teta, acariciaba la otra; ella bajó mi cremallera, sacó mi pene explotado y empezó a masturbarme. Me sentó en el sillón y me hizo una mamada espectacular; me corrí en su boca. Se tragó todo sin rastros y siguió mamando.
Levantó su pollera, quitó las bragas y puso su clítoris en mi boca. La besé como la última vez; se corrió rápido con mi lengua.
Mi pene revivió. La puse en cuatro y la penetré por detrás, logrando dos corridas suyas. Con dedos le acaricié el ano, metí uno mientras la cogía. “Ahora te voy a encular, perra”. Primero se negó, pero su calentura la hizo pedirlo despacio, ya que su marido no lo hacía. Penetré su hermoso culo lento; al entrar la cabeza, se la clavé hasta los huevos contra sus nalgas. Gritó de placer; empecé mete-saca hasta corrernos juntos.
Nos besamos dulce, lavamos y acomodamos.
Comentó que hacía tiempo no gozaba así. “Esto es el comienzo; lo hicimos apurados en 40 minutos”.
Llegaron Alicia y Hugo con helado. Nosotros como si nada, música y charla. Comimos, charlamos; nuestras miradas me mantenían erecto. En la cocina, Rosa rozó mi mástil al pasar; casi me corro ahí.
Se fueron. Caliente, le di a Alicia una noche ardiente; ella agradeció. Tras sus corridas (más que las mías), dormimos abrazados, mi pene en su concha.
Desde entonces, Rosa y yo somos amantes una o dos veces por semana, con más tiempo para gozar. Somos más amigos que antes. Me gustaría que me escribieran con comentarios.
Autor: Marcelo
