Jaime me destrozo… escuchando su música motivadora

Una noche estaba pensando en Jaime y recordando. Recordé su rostro tranquilo. Su cuerpo robusto, su estatura y su peso que duplicaba el mío. Opuesta a esta descripción, era un hombre muy amable y romántico.

Coincidimos en que nos encanta la música romántica. Él me había comentado: “Hay temas musicales que al escucharlos despiertan inmediatamente el deseo y liberan las hormonas femeninas en las mujeres”.

Decidí llamar a Jaime, aunque fuese un poco tarde esa noche. Aún no estaba dormido y dijo alegrarse de oír mi voz.

―Hola Ro, ¡qué hermosa sorpresa!

Afirmó estar deleitándose, imaginándome casi sin ropa… y preguntó si podía llamarme Roberta. Le respondí que sí en la intimidad. Ese nombre me gusta.

De esta conversación surgió la propuesta de encontrarnos a tomar café. También comenzó a recordar las baladas románticas de Luis Miguel que acompañaron sus buenos momentos íntimos.

Jaime sugirió vernos por videollamada y acepté la propuesta. Lo vi acostado en su cama, con el torso desnudo, únicamente con un bóxer negro. Él me vio casi sin ropa y depilada cómo me había conocido.

Nos encontramos al día siguiente, y después de conversar durante una hora en la cafetería, me propuso escuchar música en su casa.

―Me encantaría escuchar música contigo. Coincidimos en que los dos somos muy sensibles ―respondí.

Me sentía muy a gusto hablando con él y continué contándole algo secreto de mi juventud. Recién a los 19 años, aún con timidez, comencé a practicar natación asistiendo a un club. Allí conocí a un chico y nos hicimos amigos. Nos tocábamos bromeando y jugando. Una noche estando solos dentro de la piscina durante un corte de luz, me tocó brevemente, por primera vez, únicamente con la punta de su miembro, un poco jugando o con intención quizás.

―Gracias por confiar en mí ―dijo Jaime y agregó―: “Que te sientas mujer estando conmigo me motiva mil por ciento”.

Su halago me hizo confiar plenamente en todo cuanto decía. Apoyó sus grandes manos en mis hombros y preguntó―: “¿Vamos a mi casa?”

Al estar cercana su casa a la cafetería, llegamos pronto. Un hermoso lugar en un sexto piso. Su casa tenía calidez y buen gusto.

El cuarto de estar, con alfombra blanca de pelos largos; los sillones mullidos tapizados en color negro; la luz tenue; el lindo aroma y el buen reproductor de música; eran el agregado perfecto para estar a gusto con Jaime.

Sumando a todo eso, su buen trato y su atención sirviendo dos vasos de whisky para brindar por el encuentro.

En el reproductor musical comenzaron a sonar los primeros acordes de “Tú me vuelves loco”, interpretada por Marcos Antonio Solís. Luego de brindar me preguntó―: “¿Lo conoces?”

―¡Sí, me gusta mucho! ―respondí. Aunque estaba escuchando por primera vez esos acordes.

Alargó los brazos para llevarme junto a su cuerpo y comenzar a bailar, descalzos sobre la alfombra.

Cuando terminó el tema musical, me besó. Tomamos un sorbo de nuestros vasos y continuamos bailando mientras Marcos Antonio interpretaba “Quiéreme”.

Después de bailar tres temas, Jaime se sentó en el sillón grande. Yo literalmente me acosté apoyando mi cabeza sobre su regazo. Acariciándonos, retomamos una larga charla en la que le conté desde cuándo me sentí femenina.

Jaime me prestaba atención y cuando callé, dijo―: “Quizás si nos hubiésemos conocido cuando tenías diecinueve y fuera yo el de la piscina… Mi primera vez fue a los catorce, durante una fiesta de pijamas. Llegué a tocar con la punta del pene a mi compañero y me derramé mojando sus nalgas. Recuerdo que se enojó mucho”.

―¿Te agrada nadar? ―pregunté.

―Me gusta… podríamos continuar yendo al club B.T. para practicar nado, juntos.

―¡Buena idea! ―exclamé y levanté la cabeza para besarlo.

Me sostuvo por la nuca introduciendo su lengua en mi boca. Le desabroché la camisa y se la quitó. Entonces le besé las tetillas. Me apretó junto a su pecho, luego me quitó la remera y preguntó―: “¿Cuáles son los temas musicales que te vuelven nena?”

Nuevamente con la cabeza apoyada sobre su caliente miembro aún cubierto dentro del pantalón, respondí―: “Todos los temas musicales que seleccionas me ponen mimosa y deseosa de ti”.

―Hoy los escucharemos juntos para que te sientas bien mujercita ―dijo. Luego pidió que le quitase el pantalón.

Me incorporé quedando de rodillas sobre la alfombra, abrí la hebilla de su cinturón y le bajé el pantalón y el bóxer. Ante mis ojos, su gruesa verga con la cabeza descubierta fue una tentación para mi boca. La succioné con avidez.

Tomándome por los hombros me hizo poner de pie y me quitó el pantalón; me bajó la tanguita hasta los pies. En ese momento sonaba el tema “Más que tu amigo”. Me volteó boca abajo sobre su regazo y comenzó a dar palmas en mi cola. Agité los pies y chillé un poco por el dolor y también para motivarlo. Su pene estaba aprisionado bajo mi vientre y se ponía duro.

Luego de varios minutos, exclamó satisfecho―: “Ya te dejé el culo rojo como me gusta y mis dedos marcados” ―y dejó de azotarme.

Fui al baño para lavarme y lubricarme el ano. Él se puso de pie para tomar un sorbo y programar más música. Su verga estaba totalmente levantada, esperando mi regreso.

Volví del baño caminando en puntillas para darle más redondez a mis glúteos. Jaime me esperaba sentado en el sillón con las piernas levemente abiertas.

Comenzaba a sonar su tema preferido, “Despacito”. Me dejé caer sobre la robustez de su pene. De rodillas sobre el sillón, busqué su boca y entrelacé mis brazos en su cuello.

Jaime dijo mirándome a los ojos―: “Mi nena, eres muy hembra, estás en mis brazos, sentada en mi regazo. Estamos escuchando ese tema, te voy a penetrar mucho porque soy tu macho y te deseo. Vamos a la cama y escuchamos música desde allí” ―sugirió.

Me palmeó el culo y fuimos al dormitorio.

Se acostó mirando el techo. Yo a horcajadas sobre él, sus manos en mi culo jugaban con el capullo, alineando la cabeza de su pene para empujar y forzar el esfínter. Luego empujó con fuerza.

Con la flexión de mis piernas controlaba la velocidad de la penetración. Regulaba su embestida hasta que me entregué totalmente, y solamente gemí con cada embestida suya.

En el reproductor musical sonaba “Entrégate”.

Cuando terminó de entrar en mí la totalidad de su miembro, su lengua invadió mi boca llenándola. Me costaba respirar, pero la sensación de ahogo hizo que llegara al orgasmo sobre su vientre. Me sodomizó durante muchos minutos hasta llenarme con su esperma untuoso y caliente. Cuando eyaculó me dio varios golpes en la cola con la mano abierta, haciendo que gritara como una frágil mujercita.

Lo miré, tenía el rostro enrojecido, un poco fatigado; su verga ya afuera y flácida dejaba escapar un hilo de semen. De mi estirado ano también salía parte de su semen.

Durante varios minutos permanecí abrazado a su cuerpo, hasta que dijo―: “Vamos a ducharnos, tenemos muchos pegotes”.

Fui hasta el baño tomado de su mano. El tiempo en la ducha bajo el agua tibia fue un bálsamo para mi cuerpo bastante magreado. Me sentí nuevamente limpia y recobrada, aunque mi capullo anal permanecía estirado.

La visión de su pene colgando con la cabeza descubierta me impulsó a tenerla aprisionada en mis labios. Exclamé: “¡Me encanta tu pene!”

Jaime me sujetó por los hombros y se rio diciendo―: “Eres muy golosa Lili, ¿quieres quedarte conmigo esta noche?”

Sin decir palabra, moví la cabeza asintiendo. Entonces, usando dos toallas nos secamos mutuamente y volvimos desnudos al dormitorio. Me dejé caer sobre la cama mirando el techo. Jaime se inclinó sobre mí y con delicadeza me besó el pene mientras yo me estiraba para alcanzar su sexo colgando. Luego me giró y me separó las nalgas para llegar con su lengua a lamer el ano. Me retorcí de gozo disfrutando sus íntimas caricias. Hasta que se tumbó a mi lado y quedé haciendo cucharita entre sus brazos.

El placer de estar entre sus brazos, con mi espalda, culo y piernas pegadas a su cuerpo, el ambiente iluminado tenuemente y las baladas románticas llenando todo espacio, era maravilloso.

No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que comencé a notar crecer su pene entre mis nalgas. Y luego sentir la punta roma y caliente apoyada en mi capullo. Comenzó a respirar pesadamente y a moverse con cierta inquietud. Mantuve mi actitud pasiva fingiendo dormir. Pero no pude mantener esa actitud por mucho tiempo, mi deseo sexual también reclamaba atención. Hice movimientos como si me despertara.

Jaime pasando un brazo por sobre mí, llegó a la mesita de noche para tomar un pomo de lubricante. Aplicó con suavidad el gel sobre mi fruncido hoyuelo y me sodomizó por largos minutos en posición de cucharita. Antes de venirse, cambiamos de posición. Lo recibí de frente con los pies sobre sus hombros soportando golpes largos y profundos hasta descargar sus bolas.

Quedó extenuado. Yo fui a higienizar mi inflamado ano y luego regresé para dormir a su lado.

Cuando a la mañana despertamos, me abrazó, llevó una mano a mi entrepierna y me acarició con suavidad. Yo le correspondí con caricias en su sexo. Su pene pronto estuvo levantado reclamando atención. Jaime lo ofreció a mis labios. Succioné hasta dejarlo henchido al máximo, con buena dureza en la cabeza que se asemejaba a una gran ciruela morada. Entonces tomé el pomo de lubricante, lo unté. También me lo apliqué en el ano y le pedí que me penetrase una vez más, antes de desayunar.

Jaime sonrió, me besó y me aprisionó entre sus robustos brazos. Me arrodillé sobre la cama y me apoyé en los codos. Él comenzó a acariciar mis nalgas con mucha suavidad. También untó gel suavemente en mi intimidad antes de apoyar la enorme cabeza morada de su pene.

Dos minutos después, me sodomizó una vez más. Me hizo gritar y convulsionar. Cuando llegué al orgasmo me sujetaba fuerte las caderas. Lo oí gruñir haciendo movimientos espasmódicos al venirse.

¡Fue un bello despertar! Desayunamos juntos y prometimos encontrarnos pronto, quizás practiquemos natación. Regresé a mi casa pensando en él, pero me urgía descansar y recuperarme.

Roberta

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Roberta
Roberta

Me llamo Roberto, Tengo 23 años, mi estatura 163. peso 58 kilos. blanco, lampiño natural. Me inicié (pasivo) hace 5 años. Me siento mujer. Me gustaría conocer chicos como yo y hombres que gusten de los mariquitas ( putitos Gracias por leer los relatos sobre mis vivencias. [email protected].
Besos

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2 comentarios

  1. Sería delicioso tenerte arrodillada, chupando mi pene para luego abrirte el culo y llenarte. Soy mayor. Te gustaría ?

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