Infiel por casualidad

Que tal, me llamo Mónica, soy una mujer ya madura de 40 años, con más de 10 años de casada y 4 hijos, y hoy finalmente me atrevo a contarles mi vida íntima y cómo volví a ser esa mujer que pensé ya había muerto.

Les pondré en contexto mi vida actual. Ahora ando de cama en cama, recibiendo ricas cogidas, cogiendo hasta el amanecer, disfrutando mi sexualidad en esta nueva edad. Pero todo comenzó en enero del año pasado. Uno se casa enamorada y conforme pasan los años, ahí estamos a pesar de todo, pero cuando se abusa de esa confianza, inevitablemente uno termina haciendo lo que ya no quería hacer.

Descubrí que mi marido me fue infiel con su puta amiga, la que llevaba a casa, y fue un duro golpe. Eso provocó en mí un cambio radical hasta en mi manera de vestir. Volví a usar esas minifaldas que mostraban mis gruesas y torneadas piernas, los escotes atrevidos que para una señora de 39 años no son bien vistos, y ropa interior de encaje, las tangas. Volví a la fiesta con mis amigas, siendo el centro de atención. Pero pese a que se me ponían chicos muy guapos y todo, no me daba la oportunidad de disfrutar la sexualidad.

Pero todo cambió una noche de abril, después de mi aniversario de bodas. Acababa de pelear con mi marido. Increíblemente seguíamos juntos. Él había cambiado algunas cosas, pero ya era tarde y yo, ya en el alcohol y con mucho rencor, eran peleas que duraban toda la noche. En una de esas me salí de la casa.

Él no sé si me siguió, yo solo sé que me fui por un cigarro. Ese día traía mis medias negras, minifalda azul entallada, un ombliguero que solo cubría un suéter azul de algodón, obvio escotado. Caminaba sola y pensé en volver cuando una camioneta se acercó a mí. Era mi vecino, no sé cómo se llama, solo sé que le dicen “Patillas”, supongo que por algo relacionado a eso.

P: Hola, ¿qué haces aquí a estas horas?

M: Voy para mi casa.

P: Pues tu casa está en otra dirección, ¿y tu marido?

M: No me hables de él ahora, solo quiero un cigarro.

P: Si gustas te doy un ride, es peligroso que a estas horas estés sola.

M: Mmm, no, muchas gracias, yo camino.

P: Oye, no seas así, dame la oportunidad de apoyarte en algo. ¿No quieres mejor una cerveza? Yo voy por una, nos la tomamos y charlamos un poco, se ve que traes algo.

M: Eres muy amable, pero no, gracias, no se vaya a malinterpretar esto.

P: Pero ¿por qué? Tu marido te dejó sola aquí y tú todavía piensas en eso. Sube, vamos por la cerveza y te desahogas, todo estaba bien.

Yo ya traía unas cuantas y después de lo último que me dijo ya no dudé en subirme a su carro. Él se portó amable, me llevó a un 24/7 para tomarnos esa cerveza que se convirtió en un six y después ya eran caguamas las que compartimos, tomando de la botella, jaja.

Ya como a las 4 de la mañana íbamos de regreso. Yo honestamente ya no sabía muy bien qué decía o hacía, todavía tenía una caguama en la mano. Él se estacionó fuera de su casa y yo le pedí me dejara entrar al baño. Nos bajamos y yo pasé primero. Mi intención era hacer del baño y ya irme a casa, ya quería tirarme, ya no tenía mucha fuerza de nada.

Al salir del baño le sonreí y no sé bien qué le dije, solo me acerqué a la puerta y cuando estaba por abrirla él me tomó del brazo y me jaló a él para empezar a besarme. Primero fueron poquitos y luego ya empezaba a besarme como si fuéramos novios. Mi mente decía que era incorrecto, pero mi cuerpo reaccionaba positivo a sus besos robados. Sentía el grosor de su erección contra mí, y eso me mojaba más.

M: ¿Qué haces? ¡Uhm!

P: Tranquila, es solo un beso.

M: No, no hagas eso, no está bien.

P: No lo puedo evitar, tienes unos labios muy hermosos y muy ricos.

Mientras me decía eso, su lengua entraba cada vez más a mi boca. Yo poco a poco me dejé llevar por esos besos. Sus manos bajaron de mi espalda a mis nalgas. Como estoy nalgona, no dudó en ningún momento en acariciarlas. Sus manos masajeaban mi cola mientras su lengua entraba en mi boca casi a mi garganta.

P: Qué rica estás. ¡Uhm!

M: Ah, uhm, ah.

No podía creerlo, poco a poco me empecé a mojar. Ese sujeto me estaba calentando, obvio era el alcohol también o mi abstinencia, pero de que mi cuerpo reaccionaba a él, eso era innegable.

Empezó a besar mi cuello, su barba raspaba y eso me excitaba más. Bajó a mi pecho, el cual besaba, y lentamente fue abriendo mi suéter. Yo cerraba los ojos cada que un botón era desabrochado. Me lo quitó dejándome con el top, besó mi estómago, su lengua lamía mi ombligo. Sabía y aún no se atrevía a tocar mis pechos ni nada, pero me besaba el cuello. Yo estaba super mojada que empecé a corresponder con caricias.

Lentamente subía mi falda, sus manos apretaban ya mis muslos, mis nalgas. Me acariciaba mis piernas mientras su lengua entraba y salía de mi boca ya con toda la autorización mía.

P: Tienes unas nalgas bien ricas, eres el mejor culo de la colonia.

M: No, no digas eso. Uhm.

Se quitó la sudadera, la cual botó en un carro blanco que estaba estacionado, también su playera dejándose solo en camiseta sin mangas. Me llevó para recargarme en las puertas de ese carro, me dio vuelta para besarme el cuello mientras sus manos acariciaban mi estómago y piernas. Ya con la falda levantada no tuvo problemas en acariciar mi vagina con sus manos por encima de mis medias.

De pronto de golpe las bajó hasta mis rodillas. Sus manos apretaban mis piernas, se agachó y besaba cada centímetro de mis muslos. Sus manos acariciaban mis nalgas que solo quedaron en tanga blanca, la cual él empezó a jalar para hacerla a un lado. Era demasiado tarde, él me iba a penetrar ahí.

Escuché como se bajó el pantalón y de pronto me repegó su dura y gorda polla. No lo podía creer, no se sentía tan mal, y de hecho eso me mojó más. Me inclinó ligeramente, me hizo a un lado la tanga y colocó su punta en mi entrada. Yo me estremecí, me besó la oreja y poco a poco fue empotrándome.

Empecé a gemir al sentir como su gruesa verga me entraba sin condón. No puede ser, quién menos me esperaba me estaba haciendo infiel. Finalmente después de meses, otro hombre me estaba penetrando, y no se sentía mal. El grosor me llenaba deliciosamente, estirándome con cada embestida.

Empezó a embestirme con más fuerza. Ahí sentí que no era tan grande pero gruesa, aun así me tenía jadeando de placer. Me apretaba las nalgas, me besaba el cuello, yo movía mi cadera. Me gustaba sentir su grosor.

P: Toma. Uhm, soñaba con tenerte así. Ah, ah.

M: Qué rico. Ah, uhm, ah.

Ahora él se pegó a la puerta del carro y yo me empujaba a él. Se sentía muy rico esa verga. Él me daba nalgadas, yo solita me movía. Esa sensación tenía que no la sentía. En ese momento me levantó el top y empezó a acariciar mis tetas, que son pequeñas pero de pezón grande.

Me llevó al frente del carro para empinarme apoyándome del cofre, y ahí tomándome de la cadera me penetró con fuerza. Embistió mientras me apretaba todo mi cuerpo. Sentía como su saliva caliente cada vez, era un perro en brama, eso me excitó aún más. Yo ya estaba perdida y gozando de esa cogida inesperada.

M: Así, no pares. Ah, ah.

P: Qué rico, aprietas riquísimo. Toma, toma.

Me daba nalgadas, me apretaba las piernas, me jalaba el cabello. Me estaba haciendo suya. Su pene, su grueso pene me tenía viendo estrellas y me hacía estar a punto del orgasmo.

No pude más y empecé a venirme. Sentí como sus huevos se contrajeron y el cabrón empezó a venirse dentro de mí, pero no voy a negar que esa era una sensación maravillosa que me hizo tener un orgasmo.

P: Qué rico. Ah, mami, qué rico.

M: Dámela. Uhm, dámela. Ah, qué rico.

Me volteó para besarnos, me acariciaba todo. Yo apenas si caminaba bien por las medias. Él seguía tocando mi vagina para alargar mi orgasmo. Ahí me susurró que todavía tenía más leche para mí, que yo decidiría irme o quedarme, mientras me besaba el cuello. Así que sin pensarlo le pedí me llevara a su cama.

Desde esa noche, mi vida sexual cambió para siempre. Ahora disfruto sin límites, de cama en cama, reviviendo esa pasión que creía perdida.

Compartir en tus redes!!

Un comentario

  1. Soy una mujer liberal. ( No prostituta ) Muy fogosa y adicta al sexo anal.Me encantó tu relato por el cambio acontecido en tu vida. Me imagino que ya estarás separada de tu marido. Disfruta mucho todo cuánto sexo tengas de tener. Cómo tu lo dices de cama en cama.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *