Historia de un triangulo

Hace unos meses recibí un e-mail en él que se me hacía una propuesta de trío, yo suelo ser escéptico con este tipo de mensajes, porque la mayoría son falsos, pero este parecía sincero y real. Una pareja en la cincuentena, aburrida de sus relaciones, de buena posición social y con ganas de dar un golpe de timón a sus vidas, antes de que estas se estrellasen.

Acepté una reunión con el marido, era en un bar céntrico, fue fácil reconocernos, con disimulo observé el entorno para descubrir a la señora, era bastante evidente que era una mujer que se había sentado en una mesa al fondo, la reconocí enseguida pues era una persona conocida, bueno la podría conocer el 10% de las personas.

El marido me explicó enseguida que no podían ir a clubes de intercambio, por temor a que les reconociesen. También me explicó que habían intentado muchas veces montar un trío a través de webs de contactos, pero todas habían fracasado, en unas no se presentaban, en otras se dieron cuenta de seguida que eran menores de edad, o que simplemente no tenían ni idea de una relación de ese tipo y solo pretendían tener sexo gratis. Por casualidad llegaron a leer mis relatos y les pareció una buena idea proponerme una relación, con una sola condición no debería haber penetración.

Días después fuimos concretando los detalles, ellos disponían de un apartamento en una población costera, y nuestro encuentro se celebraría allí.

Tal como quedamos me acerque al apartamento un sábado por la mañana, bueno en realidad era una casa con piscina, pero bueno para lo que íbamos a hacer daba lo mismo. Me abrió el marido que me acompañó al interior, donde me presento a la señora, después de un rato de charla para romper el hielo, nos dirigimos al piso de arriba. Entramos en una gran habitación, y por deseo de la señora cerramos las persianas hasta conseguir que la habitación quedase lo más oscura posible.

Ella se puso a bailar con el marido, siguiendo las notas del cantante italiano Bocelli, yo me puse por detrás rozándole con mi pene sus hermosas nalgas, al rato la señora empezó a gemir, se dio la vuelta y continuamos con el juego, a la vez nos fuimos quedando sin ropa, me agaché y le metí la lengua entre las piernas, ella me cogió de los hombros y me tiró sobre la cama, se lanzó sobre mi pene y comenzó una de las mejores mamadas que me han hecho, el marido la penetró por detrás primero por un agujero y después por el otro, ella no paraba de tener orgasmos y al final recibió mi semen en su boca y él de su marido sobre las piernas.

Después del último orgasmo ocurrió un hecho extraño, ella se fue corriendo al lavabo y solo salió para despedirse, le daba mucha vergüenza lo que había pasado, era una reacción poco corriente pero yo ya he conocido algún caso. Aunque le había gustado y me prometió que lo repetiríamos, pero eso ya es otra historia.

Autor: Anónimo

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