Follando a la hija de la dueña
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La historia que les contaré me sucedió hace una semana, con la hija de la dueña del departamento en el que vivo. Empiezo por presentarme: soy peruano y tengo 21 años, no diré mi nombre por obvias razones. Trabajo y estudio, soy universitario; por esa razón decidí hace unos meses rentarme un departamento. Más bien en realidad es una casa de tres pisos y era el primer piso el cual alquilaban, el cual tiene puerta aparte y donde ahora yo vivo, pues el segundo y el tercero lo ocupa la dueña y sus hijas. Y lo interesante del asunto está ahí, ya que la dueña tiene dos hijas, y de las dos es la menor, de nombre Lourdes, la que me excita pues aparte de ser muy simpática y tener una mirada provocativa, se maneja con un culo de diosa, unas piernas bien cuidadas y unos medianos pechos bien parados.
Todos los días salía temprano; y cuando llegaba en la noche, la veía en la puerta de su casa dándose unos abrazos y besos… con un tipo que era su enamorado. Afortunado era aquel tipo por haberla conquistado; seguro que el desgraciado ese lo único que deseaba era esperar un tiempo para follarla, por el culo que tenía ella. No se imaginan cómo lo envidiaba por la chica que tenía como enamorada. Cada vez yo la deseaba más y más, no dejaba de pensar en ella, en las veces que yo llegaba en la noche y le veía puesta unos pantalones de tela bien apretados y algunas veces traslúcidos que se dejaba ver la ropa interior que llevaba; fácil sabía de qué color era. Tal vez exagero, pero de que posee un gran culo, es cierto.
Bueno, seguiré contándoles que un día domingo me tocaron la puerta casi al mediodía y al salir me sorprendí al ver a la dueña saludándome. Me dijo que el motivo por el cual me tocaba la puerta era porque sabía que yo estoy estudiando y tendría muchos conocimientos sobre matemáticas. Al decirme eso no comprendía todavía hasta que me habló sobre su hija menor Lourdes, quien acababa de cumplir 19 años, y se está preparando para este año ingresar a la universidad pero que tenía deficiencias en matemáticas, especialmente en Geometría, y que mejor que yo para que le ayudara con todas las dudas y problemas que ella tuviera, y que a cambio de ello me gratificaría bien. Yo por dentro me puse feliz y solo atiné a contestarle que no hay ningún inconveniente en ayudarle, sobre todo los domingos que estoy desocupado y si deseaba en este momento también, y que del pago ni se preocupara, pues todos estamos para ayudarnos. La dueña al oír eso me agradeció y me dijo que en ese momento iba a llamar a su hija para presentármela. Así pasó; llegué a conocer a la hija menor de la dueña, diciéndose llamar Lourdes y que tenía 19 años. Yo también me presenté; así nos conocimos, después de tanto tiempo de tan solo vernos de lejos sin conocernos por fin se dio esta gran oportunidad.
Luego de eso la dueña dijo que subiera al segundo piso, que ahí en la sala le ayudaría con lo que ella tenga dificultades. De inmediato salí, cerrando mi puerta y subí; ya arriba pude conocer la sala que era bien grande mientras la culona de Lourdes ponía en la mesa todo lo necesario. Ella me miraba y yo le miraba; parecía que algo se guardaba entre los dos. La dueña se fue adentro y nos dejaron solos, y comencé a ayudarle en los ejercicios que no entendía o no le salían. Pasaban las horas y solo hablábamos sobre los ejercicios. Sin darnos cuenta era hora de almorzar; la dueña se apareció con los platillos de comida y me invitó a que les acompañara para luego continuar ayudándole a Lourdes. Acepté porque ni modo iba ya a esa hora a prepararme algo. Durante almorzábamos la dueña me hablaba sobre cómo eran en sus tiempos la enseñanza; Lourdes y yo nos reíamos pues no podíamos evitarlo. Al acabar de almorzar me disponía a proseguir con lo que estaba explicándole y la dueña dijo que era mejor que un rato descansáramos y le hicimos caso. Aprovechando que un rato estábamos descansando me puse a conversar con la culona de Lourdes sobre nuestras vidas, riéndonos de las cosas anecdóticas o graciosas que nos había pasado, entrando en confianza. No sé cómo, pero terminamos hablando sobre nuestra actual situación en el amor, diciéndole que yo estaba solo y ella contando que tiene un chico que está muy enamorado de ella igual como ella lo está de él. Yo trataba de evitar sentirme incómodo y le dije que continuáramos de una vez con los ejercicios que faltaban; así evité que se hiciera más grande mi sufrimiento por ella. Toda la tarde explicándole los ejercicios que no le salían y no entendía, hasta que anocheció. Terminándome de explicarle me despedí y me retiré quedando que todos los martes en la noche como llegaba un poco más temprano del trabajo subiría al segundo piso para seguir ayudándole con los ejercicios que no entienda.
Durante días pensaba y recordaba aquel día que la conocí, tanto así que uno de esos días soñé con ella. En el sueño había ido a buscarla en la noche para decirle que la deseaba tanto que la quería follar, y que ella aceptó dejándome pasar y llevándome a un cuarto, desnudándonos y que luego estaba follándola… En fin todo fue un sueño, pues al despertar y al verme mojado me hizo recordar que aquello que experimenté había sido un sueño erótico. De ahí estaba más decidido que nunca de querer follarla algún día, especialmente por su culo, que hasta que no lograra cumplir mi sueño seguiría con esto. Me hice una promesa de lograr conquistarla. Y como la perseverancia tiene sus frutos cierto día logré mi cometido. Después de ir como 5 martes seguidos a su casa a ayudarle con sus ejercicios, el sexto martes se cumplió mi sueño; todo estaba a mi favor ya que ese martes cuando llegué y subí para ayudarla ella me abrió la puerta, y se me hizo extraño pues siempre que tocaba la que me abría era su mamá. Así que no dudé en preguntarle “¿y tu mamá?”. Ella respondió diciendo que había ido a la casa de su prima; ni preguntarle por su hermana mayor ya que anteriormente me había contado que ella no para en todo el día y que llegaba en la madrugada. Yo empezando a excitarme por estar los dos solos le dije que empezáramos con los ejercicios que tenga problemas. Ella me dijo que ahorita regresaba que iba a traer más hojas para resolver los ejercicios que faltan.
Yendo a traer más hojas, de espalda veía ese rico culo bien paradito que lucía con un jean de esos que son a la cadera. Las ganas crecían, no podía aguantarme más; en ese momento me abrí el cierre del pantalón y sacando mi pieza me la comencé a correr. No me importó que ella me sorprendiera haciéndome la paja, solo imaginaba mientras me la corría que la estaba follando. Yo estaba a punto de vaciarme cuando de pronto escuché que ella se acercaba; no hice más que parar. Ella al regresar a la sala me vio con el cierre abierto y con el calzoncillo sobresalido por mi bulto que estaba bien grande pero haciéndose la que no vio nada prosiguió poniendo las hojas sobre la mesa. En ese instante cuando se puso en una pose de espaldas con ese culo bien parado acomodando las hojas no dudé en aprovechar el momento para moverme rápidamente y abrazarla por detrás. Haciendo eso ella se sorprendió al verse abrazada por mí, y yo creyendo que reaccionaría mal fue todo lo contrario, dando gemidos de placer al sentirse tocada. Dándole besos por el cuello y manoseando sus pechos le dije que la deseaba de hace bastante tiempo, que me gustaba, que me traía loco. Eso a ella le excitó más, contestando: “Sí, fóllame, te quiero dentro de mí ya”. “Hace tiempo quería que me follaran así.”
En medio de la sala entre besos y caricias nos comenzamos a desnudar hasta quedar con la última prenda. Ella estaba con un calzón moradito el cual se lo quité; grande fue mi sorpresa al observar que todo su coño estaba todo mojado, realmente estaba bastante excitada. Ella al sentirse totalmente como Dios la trajo al mundo me pidió a gritos: “Sí, chúpame el coño, méteme la lengua”. Para de paso lubricarse más y recibir mi pieza con todo el placer. Yo agachándome me dirigí hacia su coño chupándoselo por varios minutos mientras ella entre gemidos me decía que su actual novio nunca le había chupado su coño, es más ni siquiera le había follado, hasta que me dijo: “Ya es el momento de follarme, métemela, estoy lista”. Sin esperar más, con las ganas de clavar mi pieza en su coño me paré, me quité el calzoncillo y le llevé hasta el mueble diciéndole que ahí lo disfrutaríamos cómodamente y mejor. Sentándome en el mueble se subió encima mío abriendo las piernas, y de una sentada comenzó a cabalgar como loca. Sentía como mi pieza penetraba su lubricado coño; ella en tanto me decía: “Ah, ah, así, bien duro, quiero toda tu leche para mí”. Para luego de unos minutos venirme dentro de su coño de Lourdes. De inmediato sentí como ella también se venía; era única esta sensación, los dos habíamos llegado al punto máximo del placer.
De inmediato nos recuperamos y continuamos follando, combinando nuestros sudores; hicimos una masa con nuestros jugos en su coño, lo que contribuyó a que nos viniéramos dos veces más. Sentada y agitada encima mío Lourdes me dijo que se sentía llena de nuestros jugos pero que quería seguir follando. Luego cambiando de posición nos levantamos chorreándole bastante jugo. Los dos parados le hice que ahora fuera ella quien se sentara en el filo del mueble abriendo y levantando su pierna, a la vez que yo me pegaba a ella follándola nuevamente por delante. Después de un rato sacando mi pene de su coño para no llenárselo más me vine salpicando en su ombligo y pecho de Lourdes y manchando el mueble, mientras ella llegó a dos orgasmos seguidos.
Sentados desnudos en el mueble estábamos bañados en nuestros sudores y no tardaba en llegar su madre. Masajeando sus firmes senos le pregunté que tal le pareció contestando que era la segunda vez que follaba y que fue mejor que la primera. Yo luego de escuchar eso le pregunté si le habían follado por el culo (aunque desnuda vi que lo tenía bien paradito y pegadito quería confirmar lo que parecía) y ella contestó diciendo que nunca, que jamás había tenido una pieza por el hueco de su trasero. Entonces fue que confirmé lo que creía: era cierto que todavía lo tenía virgen. No dejando pasar la oportunidad de ser el primero en rompérselo le propuse la idea de dejarse follar por el culo. Ella riéndose me dijo: “Sí, métemela por el culo, rómpeme el virgen, quiero sentirte ahí”. Otra vez mi pieza se erectó al escuchar de sus labios decir que ahora quería que se lo metiese por detrás. Mirando el reloj de la sala vi la hora que era sabiendo que pronto llegaría su madre y que nos podría encontrar en tal situación no me importó. Dejando de masajearle los senos me paré y le dije que ahora mismo le rompería el culo, que me aseguraría en ser el primero en hacerlo, que sin ello no me iría. Ella contestó diciendo que era tarde pero esa situación de que nos pudiera encontrar su madre le parecía muy excitante, aceptando: “Sí, fóllame el culo ya, lléname con tu leche caliente”. Seguidamente se levantó y se agachó poniéndose de espaldas en cuatro. Al verla en esa posición con ese culo virgen esperando que le metiera mi pieza me acerqué a ella abriéndole más las piernas listo para rompérselo. Le dije que le iba a hacer llorar por lo que se lo metería lentamente. Ella contestó: “Hazlo como mejor te parezca, métemelo todo”. En fin haciendo caso a su pedido se lo empecé a meter poco a poco dando ella unos gritos como si le hincaran. Me pedía que siguiera, que no parara en metérselo todo: “Sigue papito, lo haces muy bien, ooohhh, aaahhh, ya me vengo, no pares…”.
Penetrándoselo por completo ella no paraba de gemir. De tanto follarle nos vinimos paralelamente; el hueco de su culo quedó lleno de mis jugos. Tirados quedamos en el suelo cuando de repente se me ocurrió ver la hora: eran casi las 9 de la noche, era un hecho que su mamá ya estaba por regresar. Rápidamente nos paramos y nos fuimos a bañar los dos juntos; dentro del baño en la ducha Lourdes me dio una mamada que nunca olvidaré.
Ya al salir del baño limpios y ella cambiada (pues yo tuve que ponerme mi misma ropa) nos dirigimos a la sala. En vez de empezar con los ejercicios tuvimos que limpiar todo lo manchado que habíamos dejado de sus venidas y mis salpicadas en el mueble y el piso. Cuando estábamos acabando de dejar limpio todo sonó la puerta: era su mamá que había entrado. Al ver que estábamos limpiando el suelo me saludó y nos preguntó qué habíamos derramado. Lourdes le contestó que me había invitado una limonada helada y que bebiendo sentados en el mueble por lo helada que estaba goteó en el suelo. Creyendo lo que dijo su hija su mamá se retiró a su cuarto. Pasado el peligro Lourdes me dijo que le había impresionado bastante pues le cumplí satisfactoriamente. Yo ante tal halago le dije que era porque entre los dos hay muy buena química, y que si ella le dejara al cornudo de su novio y estuviera conmigo aprenderíamos muchas cosas. Sonriendo me dijo que lo pensaría.
Luego de todo lo experimentado con ella le invité al cine; no se imaginan lo que sucedió después de la función, pero eso ya se los contaré en otra historia.
Autor: Anónimo
