Fiesta swinger en pleno Halloween
Duración estimada de lectura: 21 minutos
Visitas: 2,047
Se acercaba Halloween y tenía muchas ganas de estar con mi vicio favorito ese día, pero ella me dijo que ya tenía planes con su marido; iban a ir no sé a qué fiesta. Pero cuando se me mete una idea no hay quien me la saque. Yo sé que ella siempre había tenido curiosidad por ir a una fiesta swinger y yo sabía de una que darían ese fin de semana. Era en una discoteca normal que contaba con dos áreas: los que iban solo a beber y a bailar, y en el segundo nivel ya tenía el área swinger donde solo pueden entrar parejas o mujeres solas. De antemano, los requisitos para entrar es que solo se puede con ropa interior o sin ropa; hay un closet donde se pueden guardar las pertenencias, todo de primer nivel, muy lindo el lugar.
Entonces hablé con ella y le dije mi plan. Quería que fuéramos ahí. Le dije que convenciera a su marido de llevarla a la fiesta y que yo iba a llegar con una mi amiga. “Yo voy a ir con máscara para que nadie me reconozca y no me la voy a quitar en ningún momento”, le dije. Le sugerí que si ella se sentía más cómoda, hiciera lo mismo, que llevaran un antifaz ella y él. Él, obviamente, no podía saber nada de nuestro plan. Yo le dije que me iba a encargar de que en la fiesta mi amiga se tope con ellos mientras pide un trago o algo, y que se vuelva su amiga para luego ir con su marido y decirle que está muy guapo y coquetearle a los dos. Ella me dijo que le parecía interesante mi plan, pero que no sabía cómo convencer a su marido. “Cojaselo rico, póngalo caliente; un hombre caliente dice que sí a todo”, le dije yo. “Perviértalo, dígale cosas sucias y dígale que no van a ir a hacer nada, simplemente van a ir a conocer”.
Así fue, mi plan estaba funcionando; yo sé cómo piensan los hombres. Le dije que no se preocupara, que yo me encargaba de pagar todas las entradas. Así lo hice y hasta le compré un traje de lencería súper sexy, negro de Halloween, para que se lo llevara y se lo mandé. “Mi esposo no me va a dejar ir así”, me dijo. “No se preocupe”, le dije yo, “póngase un vestido encima, eso llévelo abajo y dígale que es para cuando regresen ustedes a casa; qué hombre va a decir que no a eso”. Le mandé también un antifaz negro para ella y hasta le mandé uno a él. “Usted dígale que usted compró todo y ya, que él no le va a despreciar nada menos sabiendo que le espera una noche de sexo rico cuando regrese a casa; lo va a tener más mandilón que nunca, bebiendo de su mano”.
Llegó el día. Ambos estuvimos con nuestras familias, cumplimos con nuestras obligaciones y llegó la noche. Yo dije que tenía una fiesta con unos amigos; ella me dijo que también tenía unos compromisos y que calculaba llegar como a las diez de la noche. “No hay problema, ahí hasta las cinco de la mañana cierran”, le mencioné. Llegué yo con mi amiga, a la cual ya me había cogido un par de veces; me gusta, pero no es como mi vicio favorito, ella me vuelve loco. Mi amiga es de mente muy abierta, le expliqué todo mi plan y ella se apuntó. Cabe resaltar que ella es bisexual.
Comenzamos con unos tragos, ni señales de ellos todavía. Como a las diez y media me mandó un mensaje diciendo que iba a ir con su marido en ese momento a la barra a pedir unos tragos, y le dije a ella que fuéramos para allá. La vi venir y uff, se miraba deliciosa. Tenía un vestido negro, un escote de infarto, unas medias negras largas, el antifaz puesto y los labios pintados de rojo. Solo la vi de reojo, no quería levantar sospechas. Cuando le dije a mi amiga quién era, me dijo: “Ya te entendí, uff, qué rica está; si a ti no te sale espero que a mí sí”, y se rió. “El esposo no está nada mal tampoco”, me dijo. Por un momento pensé que hasta ya ni era necesaria mi presencia y simplemente me reí con ella.
Cuando la vio tratando de pedir, ella se acercó y le dijo: “Aquí así son siempre, se tardan en despachar”. “Sí, verdad”, le dijo ella. “Sí”, le respondió, e inmediatamente le dijo: “Me encanta tu outfit, te miras divina”. “Muchas gracias”, le respondió ella, “tú también” (ella sí sabía bien con quién estaba hablando). Se pusieron a hablar tonteras en lo que el bartender les atendía y el marido, celoso, se acercó. Ella le dijo: “Él es mi esposo”, y mi amiga dijo: “Mucho gusto”, y le dio un beso en la mejilla. Mi amiga también es una mujer muy atractiva y se notó que a él se le fueron los ojos. “Qué guapos están los dos”, les dijo ella, “hacen una linda pareja, tu marido está guapísimo”, volviendo a sonrojarlo. “Él es mi novio”, dijo después refiriéndose a mí. Yo estaba con mi máscara, jamás me iba a reconocer, y me porté medio indiferente. Ella le dijo: “Mira, si quieres ¿por qué no vamos a las mesas? Yo conozco a alguien ahí, solo que no puedes ser tacaño a la hora de comprar licor, pero entre los cuatro nos dan la mesa. Ustedes pagan lo suyo y nosotros lo nuestro, y así ya no estamos apretados tratando de pedir”. Yo me hice el indiferente y ella rápidamente le dijo que sí. Su marido no estaba muy convencido, pero accedió.
Fuimos a la mesa. Nosotros pedimos una botella de whisky y ellos pidieron una botella de tequila. Yo compré cuatro Jägermeister y les dije salud, les di uno a cada uno y ellos me aceptaron el trago. Todo marchaba perfecto, pensé, aunque sentía que mi presencia no ayudaba mucho en la escena, así que me inventé una excusa y los dejé a los tres solos. Ella ya tenía instrucciones de coquetear con ambos y así lo hizo. Ya con los tragos encima, ella les preguntó si habían subido alguna vez al segundo nivel. Ella respondió que no, haciendo la que no sabía nada, y mi amiga le dijo: “Ahí hay salas, camas, cuartos oscuros… es una locura”. Él puso cara de asustado y ella preguntó: “¿Pero ahí se puede subir solo a ver sin hacer nada?”. “Sí, claro”, le dijo, “solo que con mente abierta; si te pueden preguntar si quieres coger, si no quieres simplemente dices que no y ya, no te van a molestar nada”.
Entonces ella empezó a dirigir su plática al marido, diciéndole qué guapa estaba su mujer, que se le hacía muy atractiva y que él también era muy guapo. Le dijo que si quería subir con ella a dar una vuelta. Él no sabía qué estaba pasando y le dijo: “Mira, me gustas tú y tu mujer me parecen atractivos los dos, más claro no te lo puedo decir”. Él le dijo: “Me vas a meter en problemas con mi esposa”, y ella le respondió: “¿Problemas por qué? Yo no he dicho nada”. Entonces mi amiga se animó y le colocó un beso a ella en los labios, y ella se lo correspondió. Se agarraron deliciosamente; él estaba viendo cómo su esposa se estaba agarrando con esa mujerona.
Entonces regresé yo a la mesa y mi amiga le dijo: “¿Quieres bailar?”. Y se pusieron a bailar ellas dos. Yo me quedé viéndolas con su marido cómo bailaban y él me dijo: “Ya se pusieron ebrias”. “Así parece”, le contesté. Estaban bailando reggaetón del sucio, eran el show del lugar y el marido no podía quitarle los ojos de encima a mi amiga. Regresamos, nos acabamos la botella y yo dije de pedir otra, a lo cual mi amiga dijo: “Sí, pero no aquí. Vamos allá arriba ¿quieren venir con nosotros?”. Ella le dijo a su marido: “Vamos a ver qué hay ahí, mi amor”. El tipo ya andaba calientísimo, ni lo dudó: “Vamos, pues”, les dijo.
Subimos los cuatro. Lo que él no sabía era que después de esa cortina le iban a pedir quitar la ropa, ya que solo se puede entrar en ropa interior. Ella y yo subimos las gradas nerviosos a esperar su reacción. Cuando el host nos dio las instrucciones, para sorpresa nuestra, él no puso mucha objeción. Bueno, si así son las reglas. Él y yo quedamos en bóxer y ellas en ropa interior. Ese traje que le regalé le quedaba riquísimo, pero trataba de no verla para no poner celoso a su marido.
Entramos y había de todo: gays, lesbianas, gente cogiendo en la piscina… y para suerte nuestra la mayoría era gente de nuestra edad, no habían viejos decrépitos matapasiones. Había muy buenos culos, tanto de hombres como de mujeres. Ni cuenta me di cuando mi amiga ya se estaba agarrando con otra chica de ahí. Los tres nos quedamos viendo cómo se la cogía y cómo la dejó completamente desnuda. Él ya se notaba excitadísimo por la situación. Ella me dijo a mí que me acercara y así lo hice, pero la chica le dijo que ella era completamente lesbiana y que no quería que yo me incorporara. “Ok”, le dije, entonces me alejé. Eso como que le mató un poco las ganas a mi amiga y también se paró y se levantó.
Entonces dijo: “Vámonos a otro lado”. Llegamos al fondo a una habitación que estaba vacía. Agarró de la mano a ella y le dijo: “Ven aquí”. Yo sabía que ella no era bi, aunque no era cien por ciento hetero tampoco; ya había tenido un par de experiencias con chicas. Mi amiga la acostó en la cama y se acostó encima de ella y se la empezó a agarrar en un beso tan erótico, tan delicado y suave como el que solo dos mujeres pueden darse. Estuvieron agarrándose por varios minutos; nosotros solo mirábamos la situación. Luego mi amiga bajó a sus tetas, ella seguía con su traje de lencería, siguió a su ombligo y llegó a su tanga. Se la despojó dejándola en medias y su corsé, que le resaltaba sus hermosas tetas. Le abrió las piernas y se puso a darle el oral de su vida. Obviamente es mujer, ella sabe mejor que nadie dónde tocar.
Al verla así en cuatro me acerqué a mi amiga, la agarré del culo y comencé a penetrarla fuertemente mientras ella seguía en su delicioso oral. El marido se quedó parado como confundido y su esposa le dijo que se acercara. Se quitó el bóxer y le fue a poner la verga en la boca. Entonces paramos los cuatro en la cama al mismo tiempo. Ella se la mamaba a su marido mientras mi amiga se la chupaba a ella y yo me la cogía en cuatro. Mi plan iba perfectamente bien, pero el morbo de la situación y mi mente pervertida no se podía quedar así: yo me la quería coger enfrente de su marido.
Mi amiga, como si me leyó la mente, le dejó de mamar la vagina y le dijo: “Mami, qué vergota tiene tu marido, quiero probarla”. Él la vio a ella como pidiendo su autorización y ella rápidamente le respondió: “Sí, mami, pruébalo, te va a gustar”. Entonces yo me quité, ella seguía en cuatro y él se la empezó a coger. Ella se quitó de enfrente y se puso a la par de su marido y comenzó a besarlo mientras él se la estaba cogiendo. Nos estaba costando la parte de que yo me la cogiera a ella sin que él se molestara, entonces ella se puso en cuatro y dijo: “¿Nos quieren coger a las dos así?”.
Él se cambió y se empezó a coger a su mujer en cuatro y yo me empecé a coger a mi amiga. Ahí estaban ambas en cuatro mientras nos las cogíamos durísimo y mi amiga les dijo: “Ahora cambien”. Yo le dije: “Como quieras, si está bien por ti yo le doy”. Él le dijo: “¿No te molesta si te la mete?”. Ella, tratando de disimular, le dijo: “No, está bien”. Yo sabía que por dentro era lo que quería. Así que cambiamos. No sé ni cómo, pero por fin me iba a coger a ella enfrente de su marido. Se la metí y ufff, qué rico. Inmediatamente sentí la diferencia, cómo aprieta de rico su vagina. Si supiera él todas las cogidas que le he pegado. Empecé a bombearla durísimo; ella tratando de no gemir mucho para que él no se pusiera celoso, pero no aguantó tanto y sentí cómo llegó a su orgasmo. Él igual bombeaba a mi amiga durísimo y en un momento hasta se agarraban a besos entre ellas. Esto está demasiado rico.
Estuvimos un buen tiempo así y luego ya empezamos a cambiar de posiciones. Yo me la estaba cogiendo durísimo con las piernas abiertas y se me olvidó que estaban ellos a la par; solo porque escuchaba los gemidos de mi amiga me recordaba. Ella miraba cómo su marido estaba penetrando mientras yo me la cogía. El morbo de la situación era demasiado. Yo que la conozco sé que tuvo un orgasmo tras otro. Debo admitir que, sabiendo lo intenso que se iba a poner la situación, utilicé una crema para no eyacular muy pronto, más el preservativo que dificultaba la eyaculación. Espero que él no haya sospechado que los preservativos eran sin látex, sabiendo que ella es alérgica.
Mientras paramos otra vez en la orilla de la cama, ambas en cuatro, nosotros parados, ellas de frente y nos las estábamos cogiendo durísimo. Ella dijo: “Ya no puedo más, ya acabé muchas veces”. El marido se miraba súper agotado. Ella le preguntó: “¿Eyaculaste?”. Él dijo: “No, no puedo por el preservativo”. “A mí me pasa lo mismo”, dije yo. Entonces ambas se sentaron en la cama; ella me quitó a mí el preservativo y mi amiga a él, y nos comenzaron a mamar la verga al mismo tiempo. Por ratos mi amiga agarraba la mía y luego la de él, y ella después lo mismo; ambas se estaban turnando para mamarnos la verga.
“Voy a acabar”, dije yo, “ya no aguanto”. Ella abrió la boca para recibir mi leche. Él, al ver a su mujer así, no aguantó y empezó a eyacular sobre la boca de mi amiga. Las llenamos de leche. Luego mi amiga, morbosa, agarró la leche de su marido y la tomó de los labios para que abriera la boca y le escupió toda la leche en su boca mientras ella ya estaba chorreada de mi leche. Era una escena porno que estoy seguro ninguno va a olvidar. Lejos de enojarse, ella le correspondió el beso y la acostó en la cama, y luego ella hizo lo mismo: le escupió en la boca y era una mezcla de ambas leches más su saliva, terminando en un beso de lo más sucio y ligoso. Se lamieron hasta dejarse limpias y la situación las puso a mil otra vez.
Nosotros viendo la escena en primera plana. Mi amiga le abrió las piernas y puso su pussy enfrente de ella; empezó a rozar sus labios vaginales junto a los de ella y a frotarse sus húmedas vaginas. Al ver la cara de las dos se ve que lo estaban disfrutando al mil. Ambas empezaron a acelerar sus movimientos y nosotros otra vez con la verga paradísima. Subieron el ritmo hasta que se notó que ambas llegaron al orgasmo. Nos acercamos a querer coger y ella dijo: “Espérenme que estoy muerta, necesito agua”. Y se fue a tomar agua. Mi amiga dijo: “Yo estoy bien”, y nos agarró la verga a los dos y empezó a mamarnos. Luego se puso en cuatro y él se la empezó a coger, y yo me puse adelante para que siguiera mamando mi verga.
Regresó ella y se acostó a la par de nosotros y comenzó a masturbarse viendo cómo se cogían a mi amiga. Yo le dije: “¿Te la quieres coger por el culo?”. Él, asombrado, dijo: “¿Se puede?”. “Sí”, respondió ella. Le dije a ella: “¿Puede ir a traer un bote de lubricante en esa mesa?”. Y fue a traerlo. Ella se paró adelante de él, ella seguía en cuatro, le agarró la verga y le dijo: “La voy a guiar hasta su entrada”. El marido le dijo: “Ok, pero para que no le duela, mamaselo primero”. Mi amiga tiene un gran culo redondito y es muy higiénica. Ella lo dudó un momento y dijo: “Ok”. Él se hizo para atrás y ella comenzó a lamerle todo el ano. Yo estaba adelante recibiendo sexo oral viendo el espectáculo. Se ve que le gustó porque estuvo varios minutos mamándole el culo. Ya me imagino qué buena vista tuvo que haber tenido el marido en ese momento.
Luego ella se apartó, agarró el lubricante, lo untó en la verga de su marido, luego con dos dedos le untó en el ano a mi amiga y la guio hasta la entrada, viendo en primera plana cómo le metía la verga por el culo. No le costó mucho; al poco tiempo ya se la estaba cogiendo con facilidad. Ella se empezó a besar con el marido, luego vino mi amiga y dijo: “Ya que ya hicimos lo más difícil, ahora métamela por adelante”. Yo me hice para abajo, ella quedó acostada enfrente mío y ella se metió mi verga por adelante. Nos tomó unos minutos acomodarnos y empezamos a cogerla rítmicamente, él por el culo y yo por su vagina. Ella, viendo toda la escena excitadísima, comenzó a masturbarse mientras miraba cómo su marido y su amante se cogían a otra mujer al mismo tiempo. Vaya morbo de la situación. Ella tuvo una cadena de orgasmos y sus gritos se escuchaban por todos lados. Su marido no aguantó más y eyaculó llenándole el culo de leche; fue cuando dejó de moverse. “Esperen”, dije rápidamente y me quité yo primero. Si la sacaba así me iba a caer todo a mí encima, pensé.
Ellos se fueron a asear al baño y me quedé solo con ella. “Ahora súbase usted”, le dije. Ni dos veces la pensó y se subió. Aprovechó que no estaba el marido y comenzó a besarme como nunca. Yo le dije: “¿Quiere que le demos a usted también una doble penetración con su marido?”. “No sé”, me dijo, “se miraba rico pero no sé”. “Es ahora o nunca”, le dije yo. Salieron y él se encontró con la escena de su mujer subida en otro hombre. Ella le dijo: “Ven”, como para no hacerlo sentir mal, pero él estaba muerto, así que solo se acercó mi amiga y me puso el culo en la cara mientras ella me seguía cogiendo y entre ellas se besaban encima mío sobando sus tetas. Apenas y lograba respirar entre el antifaz y el culo en mi cara, pero la situación era demasiado hot.
Con mi dolor tuve que levantarme ya que me estaba costando respirar, y ellas empezaron a hacer un 69, ella encima de mi amiga. Luego me fui atrás de mi amiga y me la comencé a coger mientras ella seguía lamiendo su clítoris, viendo a centímetros de su rostro cómo le metía toda la verga hasta adentro. La sacaba y se la daba en su boca para que la saboreara con sabor a flujos vaginales y se la volvía a meter hasta adentro. Estuve así unos minutos alternando entre la boca de ella y la pussy de mi amiga, y mejor me quité, ya estaba a punto de eyacular.
El marido ya estaba duro nuevamente y mi amiga le dijo: “Ahora te toca a ti por el culo”. La puso en cuatro y comenzó a mamarle el culo. Yo me puse delante de ella para que me mamara la verga; estaba excitadísima. Luego ella agarró el lubricante, lo untó en la verga de su marido y la guio poco a poco en su estrecho culo que, gracias a la mamada que le había pegado anteriormente, ya lo había dilatado. Entró poco a poco hasta que fue agarrando ritmo. Las embestidas que le daban hacían que se tragara más mi verga. Nos la estábamos cogiendo él por el culo y yo por la boca. Ella en cuatro, mi amiga masturbándose viendo la escena.
Luego mi amiga dijo: “Háganle una doble penetración”. El marido le dijo: “Ok, hazte para abajo”. Mi amiga dijo: “No, tú ya me diste por el culo a mí y a tu mujer, deja que él se la coja por el culo”. Él se rió y dijo: “Ok, está bien”. Él se acostó en la cama y ella se subió encima de él y se quedaron así sin moverse. Luego yo me puse detrás y dirigí mi verga a la entrada de su culo. Poco a poco la fui metiendo; gracias al trabajo de mi amiga y su marido no me costó mucho hasta que ella por fin tuvo las dos hasta adentro. Le preguntamos si estaba bien a lo que respondió que sí y comenzamos a movernos, primero lentamente. Sus gemidos fueron subiendo y nuestro ritmo también. Ambos habíamos acabado ya dos veces, entonces nos iba a ser difícil acabar una tercera, así que nos la empezamos a coger durísimo.
Ella comenzó a experimentar orgasmos que nunca creyó posible, uno tras otro. Encadenó como cinco seguidos. Sus gritos eran intensos, nunca la había visto así. Cada orgasmo era más fuerte que el otro. “¡Ahhh, sí, así, así, cójanme duro, así, así!”. Sus palabras nos motivaban para darle más duro; la estábamos partiendo literal, la cogida de su vida. No aguantamos más y acabamos los dos al mismo tiempo, yo llenándole el culo de leche y él la vagina. Ella cayó rendida encima de él. Yo saqué mi verga; ahí sí no me importó si le chorreaba su ano, aún muy dilatado, lleno de mi leche.
Fui al baño a lavarme. Cuando salí ellos seguían igual. Me dio pena con él, probablemente le chorreó toda mi leche hasta sus bolas. Ella seguía acostada encima y le pasé una toalla. Él la hizo a un lado, ella estaba dormida. Le pregunté si necesitaba ayuda y me dijo que no, que nos fuéramos, que ellos estaban bien. Agarramos nuestras cosas, nos despedimos. Él se quedó guardando sus cosas, la despertó y también se fueron.
Sin duda alguna una experiencia única e irrepetible. Me fui con mi amiga, ya no aguantaba la máscara y ya eran las cuatro de la mañana. A él le costó un poco más de trabajo ya que ella se encontraba ebria, con las piernas temblando y sus agujeros hinchados de tanto coger. Yo quería quedarme a ayudarla pero me dijo él que mejor nos fuéramos, y no quería que sospechara nada. Solo al día siguiente confirmé que llegó bien, que la pasó súper rico y que todo había valido la pena. Le pregunté si se había molestado su marido y me dijo que no para nada, que estaba súper tranquilo.
