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Yo me había venido desde Perú a estudiar a España, dejando toda mi familia allí.
En la universidad conocí al que sería mi marido y cuando terminamos la carrera (Medicina yo y Biología él) nos casamos y al poco tuvimos a nuestro hijo.
Yo empecé a ejercer en un hospital público y mi marido de profesor en la universidad.
Hasta aquí todo normal. Los padres de mi marido vivían en una de las ciudades del cinturón de madrid a una hora en transporte público (metro y autobús).
Cuando mi hijo tenía diez años, murió el padre de mi marido, de un infarto y su madre se quedó viuda y viviendo sola.
Yo pensé que lo normal es que se viniera a vivir con nosotros, lo hablé con mi marido y me dijo que su madre, por el momento, prefería seguir viviendo en su piso, que no la importaba vivir sola, que él la visitaría a menudo para ayudarla en cualquier cosa que necesitase, porque estaba tan solo a una hora de distancia y así se quedaron las cosas.
Mi marido iba a ver a su madre, al menos una vez cada semana y ella tambien nos visitaba a nosotros a menudo.
Los años fueron pasando sin nada importante que destacar en nuestras vidas.
Mi hijo llego a la adolescencia y ahí fue que empezaron a pasar cosas.
Un día cuando fui a cambiar las sábanas de la cama de mi hijo, vi que la sabana de abajo tenía una mancha de humedad.
Pensé que a mi hijo se le habría ido un poco de pis y no le di ninguna importancia.
Pero unos días después volví a encontrar otra mancha similar y ahí ya pensé que podía ser la clasica polucion nocturna de un adolescente.
Oli la mancha y efectivamente, olía a semen, osea, que mi niño ya empezaba a ser un hombrecito, lo cual era algo totalmente normal.
Siguió pasando el tiempo, hasta que un día al sacar la ropa del cesto para meterla en la lavadora, al coger una de mis bragas noté que estaba húmeda.
Me extrañó, instintivamente la olí y el olor era inconfundible, se trataba de semen.
No había que ser muy lista para deducir de quien era ese semen, porque no podía ser más que de mi hijo.
Había pasado la adolescencia y había entrado en la fase de másturbarse y si lo hacía con mis bragas, estaba claro que lo hacía pensando en mi.
Yo era su madre, pero también era la mujer que más cerca tenía y a la que veía a todas horas con la ropa comoda de andar por casa, sin sujetador y con lo imprescindible.
A mi, por mi formación médica, todas estas cosas me parecían normal, lo que ya no era normal fue la reacción que yo empecé a tener cada vez que veía su semen en mis bragas.
Porque a partir del primer día que lo vi, luego ya lo comprobaba a diario y prácticamente todos los días mis bragas usadas aparecían llenas de semen.
Esto empezó a producirme como una especie de adicción, hasta el punto que el día que no había semen en mis bragas sentía como si me faltara algo.
Yo nunca he sido una remilgada, por mi profesión soy de mente abierta y para mi el sexo es simplemente un acto biológico pensado para la reproducción, pero también para proporcionar placer a quienes lo practican.
Así que cuando comprendí que mi hijo sentía atracción sexual por mi, no solo no me escandalicé, sino que me sentí halagada.
Y, porque no decirlo, yo también empecé a ver a mi hijo con otros ojos.
El era ya todo un hombre y seguro que muchas jovencita se sentirían atraida por el.
Y resulta que el se sentía atraído por mi.
Esto provocó en mi unas sensaciones enfrentadas, por una parte el era mi hijo y esto hacia que sintiera por él el amor que toda madre siente por sus hijos.
Pero por otra parte, el era tambien un hombre, un joven muy atractivo y yo era una mujer aun tambien joven y además sabía que el me deseaba.
Así que, no pude, ni quise evitar, desearle yo también a el.
Y estos pensamientos hicieron que mi relación con mi hijo cambiara, cuando el estaba delante, ya no me comportaba con normalidad, estaba tensa, pensaba que cuando el me miraba, me desnudaba con los ojos y que constantemente estaba deseando tener sexo conmigo.
Esto me provocaba una sensación de excitacion que yo nunca había sentido hasta ese momento.
Con mi marido siempre habíamos mantenido relaciones sexuales con normalidad, una o dos veces por semana.
Pero ahora era yo la que lo buscaba y cuando me estaba follando, había empezado a imaginar que era mi hijo el que me follaba y esto me provocaba unos orgasmos increíbles…
Y así iban transcurriendo nuestras vidas, mi hijo deseando follarme y yo deseando que me follara, pero pensando, al menos por mi parte y me imagino que mi hijo pensaría igual, que eso nunca iba a pasar, que serían solo fantasias.
Pero, resultó que, los dos estábamos equivocados, porque pasó, vaya que si pasó y además de la manera más inesperada y sorprendente.
Esta situación de «normalidad» cambió cuando mi suegra, la madre viuda de mi marido vino a pasar las últimas Navidades con nosotros, cosa que hacía desde que se quedó viuda.
No había ningún problema, porque teníamos una habitación de más, en la que se quedaba ella.
Mi marido en esas fechas tenía vacaciones en la universidad y mi hijo también, pero yo tenia que trabajar con normalidad, cumpliendo con el turno que me tocaba.
Uno de esos días que tenia turno de noche ( De 12 a 8 de la mañana) nadamas empezar mi turno me sentí mal, me había venido la regla y tenía muchos dolores, así que como en esas condiciones no podía trabajar, me sustituyó una compañera y me fui para casa.
Cuando llegué seria la una más o menos, entré tratando de no hacer ruido para no despertar a nadie y cuando cerré la puerta, en el silencio de la noche empecé a oír un ruido raro.
Mi hijo esa noche no estaba en casa, porque se había quedado a dormir en casa de un amigo que celebraba su cumpleaños y como la fiesta iba a terminar tarde y vivía bastante lejos, pues le había dicho que se quedara a dormir en su casa.
Intrigada, presté atención sin moverme del sitio y reconocí como unos jadeos y gemidos qué inmediatamente localicé qué procedían del dormitorio que ocupaba mi suegra.
Llevada por la curiosidad me fui acercando a su dormitorio y ya fui consciente de que eran gemidos de placer, por lo que deduje qué mi suegra se estaba masturbando.
Esta idea aumentó aún más mi curiosidad, así que, con mucho sigilo me acerqué a la puerta de su dormitorio, que estaba ligeramente entreabierta.
Con mucho cuidado la abrí un poco más, lo suficiente para que con la luz de la calle, que entraba por la ventana, pudiera ver lo que estaba pasando dentro y lo que vi me dejó helada.
El primer flash fue ver que mi marido se estaba follando a su madre.
La impresión que me causó esa visión me dejó totalmente pasmada, sin saber que hacer.
Se supone que debería haber gritado, pero mi mente controló mi reacción, pensando que montaría un escándalo y en el silencio de la noche, se enterarían todos los vecinos.
Así que me contuve y me quedé allí parada mirando con más detalle la escena.
Los dos estaban desnudos y estaban follando en la posición del misionero.
Mi marido estaba encima de su madre, metido entre sus piernas, qué ella tenía completamente abiertas y dobladas por las rodillas, para facilitarle el acceso.
Mi suegra es una mujer grande, pero mi marido también lo es y tapaba con su cuerpo todo el cuerpo de su madre.
Desde mi posición solo veía como mi marido movía su culo, metiendo y sacando su polla en el coño de su madre.
Estaba apoyado en sus codos para no aplastarla y se movía a un buen ritmo, haciendo que su madre gimiera cada vez que se la metia hasta el fondo.
De pronto fui consciente de que aquello me estaba excitando.
¡Joder! Estaba viendo como mi marido me estaba poniendo los cuernos ¡Con su madre! y en vez de cabrearme resulta que aquello me estaba excitando… Ufff
Por si esto fuera poco, en aquel momento, vi como mi marido aceleraba sus penetraciones y de pronto se la metió hasta dentro, se quedó quieto y lanzó como una especie de rugido, que yo conocía muy bien…
Mi marido se estaba corriendo dentro del coño de su madre… Ufff
Mi suegra dio un fuerte suspiro y luego gemidos más fuertes, señal de que se estaba corriendo también… Ufff
Aquello disparó mi adrenalina y sentí como mis bragas se empapaban con el flujo de mi regla y como escurría por mis muslos.
Salí disparada hacia el baño.
Me quité las bragas y la compresa, totalmente llenas de sangre y flujos y me asee en el bidé.
El dolor menstrual me había desaparecido totalmente con aquel desahogo.
Luego ya más tranquila, me fui a mi dormitorio, y empecé a darle vueltas a la cabeza sobre lo que había pasado y que hacer cuando mi marido volviera a nuestro dormitorio y me encontrara allí.
Finalmente, como ya no tenía dolor, decidí volver al hospital y hacer como si no hubiera pasado nada, por el momento.
Y eso hice, salí de casa como había entrado, sigilosamente, sin hacer ningún ruido y volví al hospital, para sorpresa de mis compañeras.
Les dije que se me había pasado el dolor, que ya no tenía sueño y que por eso había vuelto.
Decidí no decirles nada, ni a mi marido, ni a mi suegra, porque en mi cabeza aquello me había causado una impresión muy extraña.
No estaba enfadada con ellos, cosa que hubiera sido lo normal… Estaba totalmente desconcertada.
Contra toda lógica y siendo sincera conmigo misma, tenía que reconocer que había disfrutado viendo como mi marido follaba con su madre.
Ademas, suponía que llevarían tiempo teniendo sexo, que cada vez que mi marido iba a ver a su madre se la follaria…. Ufff
Fui consciente de que aquellos pensamientos en vez de cabrearme, pensando que mi marido llevaba todo ese tiempo poniéndome los cuernos, por el contrario, me excitaban.
Tenía claro que lo que más me excitaba era que, con quien me ponia los cuernos, fuera con su madre.
La visión de mi marido follando con su madre la tenía grabada en mi cerebro y el momento en que se corrieron los dos… Ufff
Eso solo de recordarlo me calentaba.
Y claro, inmediatamente asocié esa imagen con la que yo me había imaginado tantas veces con mi hijo.
Mi marido estaba follando con su madre y yo llevaba tiempo deseando que mi hijo me follara también a mi.
Y ahí fue cuando lo tuve claro, decidí que lo mejor era hablarlo con mi marido y decirle que igual que el follaba con su madre, yo también quería que mi hijo follara conmigo.
Y así lo hice en la primera oportunidad que tuve de estar a solas con él, una vez pasadas las fiestas y que su madre volviera a su casa.
Mi conversación con mi marido fue más o menos así:
– A ver Francisco, (Que es como se llama mi marido y también mi hijo, aunque a él lo llamamos Paquito) quiero comentar contigo un tema muy delicado, como personas adultas y educadamente, sin gritos ni malos rollos.
Mi marido me miró intrigado y ne dijo:
– De acuerdo, cariño, dime de que se trata, porque has conseguido intrigarme.
– Pues se trata de que sé que estás teniendo sexo con tu madre.
Mi marido dio un respingo y me dijo totalmente desconcertado:
– ¿Como? ¿Pero que dices? ¿Te has vuelto loca?
– No, no me he vuelto loca y no te molestes en negarlo, porque os pillé la noche que Paquito durmió en casa de su amigo y yo tenía guardia. Volví a casa porque me había venido la regla y me encontraba mal y ahí estabais tu madre y tu dándole.
– ¿Pero como? No entiendo nada.
– Tranquilizate que no estoy enfadada, ya sabes que yo soy una persona practica y por eso he decidido hablarlo contigo.
– Ok, pues, si es así, te lo agradezco, aunque no sé muy bien qué decirte.
– Pues para empezar, me gustaría que me contaras desde cuándo estás teniendo sexo con tu madre.
Mi marido ya más tranquilo me dijo:
– Vale, sin problemas, te lo contaré todo desde el principio.
Comenzamos a tener sexo desde que cumplí los 18 años, mi madre sabía que yo la deseaba y esperó a que fuera mayor de edad para dejarme tener sexo con ella.
Por una parte, mi padre gozaba de poca salud y no le daba el sexo que ella necesitaba y por otra mi madre llevaba tiempo viendo su ropa interior empapada con el semen que yo dejaba cuando me másturbaba pensando en ella y por eso sabía lo mucho que yo la deseaba, así que un día, al poco de cumplir los 18 años, decidió hablarlo conmigo directamente.
Me dijo que sabía que llevaba tiempo masturbándome con sus bragas, porque veía casi a diario el semen que dejaba en ellas.
Yo la reconocí lo que era obvio y que lo dejaba sabiendo que ella lo vería, para ver si captaba el mensaje y tomaba alguna decisión al respecto.
Ella me dijo que había captado el mensaje desde el principio, porque era algo muy evidente, pero que había esperado a que fuera mayor de edad para tomar la decisión que yo esperaba que tomara y que por eso estaba hablando conmigo de ello en ese momento.
Yo ansioso la pregunté que que decisión había tomado al respecto.
Ella me respondió que había decidido darme lo que yo tanto deseaba.
Y ahí empezó todo. Siéndote sincero, al principio nos pasábamos el día follando a todas horas, cada vez que podíamos.
Hubo días cuando mi padre estaba fuera por su trabajo que llegué a correrme dentro de mi madre hasta cinco o seis veces.
Los dos nos envicíamos y no hemos dejado de follar desde entonces.
Tu sabes que desde que me casé contigo hemos tenido muy buen sexo desde el principio y lo seguimos teniendo, pero, para mi ha sido imposible dejar de tener sexo con mi madre, al menos una o dos veces por semana.
Yo lo escuchaba entre sorprendida y excitada, porque lo que mi marido me estaba contando que le pasó al principio con su madre, era exactamente lo que nos estaba pasando en ese momento a mi hijo y a mi.
¡Exactamente lo mismo!!!
Así que le dije a mi marido:
– Gracias por tu sinceridad, evidentemente lo de vuestros comienzos no me lo había imaginado, pero lo de que seguías follando con tu madre cuando vas a verla, eso sí que lo había deducido desde que os pillé ese día, porque era lo lógico.
Y ahora voy ha ser yo también sincera contigo, porque, se dan las circunstancias de que, en estos momentos, tu hijo y yo estamos pasando por la misma etapa que pasasteis tu madre y tu al principio.
– ¿Ah si? ¿Nuestro hijo también llena tus bragas usadas con el semen de sus másturbaciones?
– Pues sí, casi a diario y yo he llegado a la misma conclusión que llegó tu madre, porque es algo obvio, que si se másturba con mis bragas usadas, es porque lo hace pensando en mi.
-¡Joder!!, osea que eso debe ser algo normal a esa edad.
– Pues se ve que sí, o por lo menos en nuestro caso ha sido así.
– Está claro que en nuestro caso la historia se repite con el mismo guión, porque me imagino que cuando estas hablando esto conmigo es porque tu, al igual que mi madre, has decidido hacer lo que hizo ella en esas mismas circunstancias.
– Pues sí, es lo que había decidido desde que os pillé a vosotros teniendo sexo, aunque no sabía que habíais empezado porque vivisteis unas circunstancias similares a lo que estamos viviendo mi hijo y yo en estos momentos y eso, por supuesto, me ha animado aún más a tomar la decisión.
– Me parece muy bien y yo no seré ningún estorbo, por razones obvias.
¿Como te lo piensas montar?
– Pues voy a hacer lo mismo que hizo tu madre contigo, hablarlo directamente y sin rodeos con él, además yo tengo la ventaja de que no tengo que esperar, porque nuestro hijo ya es mayor de edad, así que hablaré con él en un momento que estemos solos.
Aunque le diré que tu lo sabes y que estás de acuerdo y le resumiré los motivos, para que no haya secretos entre nosotros.
– Me parece muy bien y por mi parte dejaré que durmáis juntos si queréis, al menos al principio, porque, como ya te he dicho, al principio tu hijo va a querer follarte a todas horas y más sabiendo que yo no soy ningún obstáculo.
Como en ese momento la conversación nos había calentado a los dos, nos fuimos a la cama y echamos un polvazo maravilloso, con el que «sellamos» nuestros acuerdos.
Mi marido podía seguir follando con su madre y yo empezaría a follar con mi hijo.
Quedamos que al día siguiente el se iría a pasar la noche con su madre, para que yo pudiera hablar con mi hijo y pasar también mi primera noche con él.
Y al día siguiente por la tarde, cuando llegó mi hijo de un partido de padel qué había tenido con sus amigos, después de ducharse le dije que quería hablar con él.
Nos sentamos en el salón y comenzamos la siguiente conversación, en la que yo fui directa al grano, sin rodeos.
– A ver cariño, ya eres mayor de edad y vamos a hablar las cosas como dos personas adultas.
Mi hijo, un poco mosqueado, porque me veía seria me dijo:
– OK mamá ¿De que se trata? Porque te veo un poco seria ¿He hecho algo malo?
– A ver cariño, se trata de un tema delicado, pero no te preocupes, tu solo sé sincero.
Hace tiempo que llevo viendo, cuando voy a hacer la colada, mis bragas usadas, llenas de semen.
Ahí mi hijo se puso colorado como un tomate y bajó la vista sin atreverse a mirarme a la cara, yo prosegui diciendole:
– Tranquilo, ya te he dicho que no te preocupes, porque vamos a hablar del tema con calma.
Evidentemente, no hay ninguna duda de que ese semen no puede ser más que tuyo.
El con voz temblorosa me respondió:
– Si, claro, mamá es mio.
– Bien, tambien se supone que las usas para másturbarte con ellas.
– Si mamá, lo siento mamá.
– Tranquilo cariño, ya ves que no estoy enfadada, solo quiero que me digas si cuando te más turbas con ellas lo haces pensando en mi como mujer.
Mi hijo, viendo que no estaba enfadada, me contestó ya más tranquilo:
– Pues sí mamá, me másturbo pensando en ti como mujer, porque eres la mujer de mis sueños, lo siento, pero es la verdad.
– Bueno, eso es algo bastante normal a tu edad, se conoce como «Complejo de Edipo» y son muchos los chicos que en esa edad se enamoran de sus madres, porque es la mujer que más cerca y con la que mas intimidad tienen, sin ir más lejos, a tu padre le pasó lo mismo con su madre.
Mi hijo con cara de sorprendido me dijo:
– ¿Ah si? ¿Papá también estuvo enamorado de su madre? ¿Y también se másturba a con sus bragas?
– Pues sí cariño y su madre tuvo con el una conversación como la que estoy teniendo yo contigo.
– Vaya, vaya y yo que pensaba que eso solo lo hacía yo.
– Pues ya ves que no y ahora me gustaría que fueras sincero y me dijeras que es lo que piensas que te gustaria hacer conmigo cuando te estas masturbandose con mis bragas usadas.
Mi hijo me miró con una sonrisa y su cara totalmente roja y me dijo:
– Pues te lo puedes imaginar, mamá, uso tus bragas y las huelo, porque tu las has tenido puestas y huelen a tu intimidad, rodeo con ellas mi pene, pensando que antes habían estado tapando tu vagina.
Aunque eso era lo que yo me imaginaba que era lo que hacía mi hijo con mis bragas, el oirselo decir a él, allí mirándome a la cara, me produjo un ramalazo de excitacion y con voz un poco temblorosa le dije:
– Si, claro, eso es lo que me imaginaba que hacías, porque es lo lógico, pero no me has dicho lo que te imaginas que haces conmigo o lo que te gustaria hacer conmigo.
Ahí el ya me contestó sin ningún reparo:
– ¿Pues tu que crees? Tener sexo contigo, pensar que te penetro, me corro dentro de tu vagina y hasta que te embarazo, porque pensar eso es lo que más morbo me produce.
¡Joder!! Mi hijo no se cortó ni un pelo y ahora si que había conseguido excitarme, porque yo cuando había pensado en la posibilidad de tener sexo con mi hijo, nunca había pensado que me pudiera embarazar, porque tomo precauciones, pero ahora solo de pensar en esa posibilidad, me había pasado lo que mi hijo me acababa de decir que le pasa a él, me producia mucho morbo.
Así que ya, totalmente decidida le dije:
– A ver cariño, ¿Te gustaria hacer realidad todas tus fantasias conmigo?
– ¿Me lo preguntas en serio? ¿O es una pregunta trampa?
– Te lo pregunto en serio, porque si me respondes que sí, yo estoy dispuesta a dejarte hacerlas realidad.
– Pues claro que me gustaría follar contigo mamá, es lo que más deseo del mundo.
– Estupendo, cariño, porque yo ya también estoy deseando que me folles… Jajaja
– ¡Joder, mamá!! ¿De verdad que me vas a dejar follar contigo? No me lo puedo creer.
¿La abuela también le dejó a papá follar con ella?
– Pues sí cariño, la abuela también dejó a tu padre follar con ella y desde entonces siguen follando, concretamente esta noche se va ha quedar a dormir con ella, para que tu y yo podamos hacer lo mismo que hicieron ellos a tu edad.
– ¡Madre mía!!, que pasada, ¿Entonces que quieres que haga?
– Pues nos vamos a ir a mi dormitorio, nos vamos a desnudar y vamos a empezar a tener todo el sexo que queramos tener, porque nadie nos va a molestar y tenemos toda la noche para nosotros.
Y eso fue lo que hicimos.
Nos fuimos a mi dormitorio, que mi cama de matrimonio es enorme, de 2×2 metros, nos desnudamos, nos abrazamos, juntando nuestros cuerpos desnudos y yo, por primera vez pude sentir la dureza del pene de mi hijo en mi vientre y el la dureza de los pezones de mis tetas clavandose en su pecho.
Yo mido sobre 160 cm y peso unos 50 kg, mientras que mi hijo y mi marido están en torno a 180 cm de altura y entre 75 kg mi hijo y 80 kg mi marido.
Mi hijo apretaba mi culo con sus dos manos contra su cuerpo mientras me besaba en el cuello y me susurraba en mi oido:
– Te quiero, mamá, estas buenísima, te voy a comer enterita, mmmm
Yo me dejaba achuchar mientras acariciaba su espalda y le decia:
– Yo también te quiero mucho mi niño y estoy deseando que me comas enterita…
En ese momento no pude evitar pensar que ese pene que tenia apretado contra mi vientre, era del hijo que durante nueve meses estuvo dentro de ese mismo vientre y que pronto iba a volver a tener dentro una parte de él, entrando por donde había salido… Ufff
Pero volviendo al momento en el que estábamos, pensé que si dejaba que mi hijo me la metiera directamente, que era lo que ambos estábamos deseando, se iba a correr en cuanto me la metiera y no me daría tiempo a mi ni a enterarme, así que opté por hacerle primero una mamada, para sacarle la primera descarga de semen y así conseguiría dos cosas, saborear el semen de mi hijo que tantas veces había olido en mis bragas y hacer que cuando me la metiera después, tardará más en correrse y pudiera yo también correrme con el.
Así que me acerqué a la cama, lo empujé suavemente y en cuanto se tumbó, me situe a su lado, agarré su pene con una de mis manos, y con un par de movimientos, saqué su glande, enorme, perfecto, brillante y pude apreciar que tenia un pene muy parecido al de su padre, como de entre 18 y 20 cm y de buen grosor.
Acerqué mi boca y comencé a lamerselo con mi lengua, luego lo introduje en mi boca y comencé a chuparselo con suavidad y mucha saliva… Ufff ¡Qué ricoooo!!!
Mi hijo se dejaba hacer, solo acariciaba mi pelo con sus manos, pero sin apretar mi cabeza y gemia suavemente.
Tal y como había imaginado no tardó mucho en correrse, ahora sí apretó mi cabeza y me introdujo un buen trozo, menos mal que se lo estaba chupando de lado y su glande chocó con mi carrillo por dentro, porque si lo hubiera tenido recto, me lo hubiera metido hasta la garganta.
Gritó: – Mamá me corroooooo…
Yo empecé a sentir como mi boca se llenaba de algo caliente y ligeramente salado, era el semen de mi hijo, el que yo tantas veces había olido en mis bragas y ahora tenía mi boca llena de él… Ufff
Lo saboreaba y lo tragaba según el me lo iba hechando dentro.
Despues del primer disparo, aflojó sus manos, yo aproveché para colocar mejor su glande, sacándolo de mi carrillo, dejándolo libre, cosa que mi hijo, instintivamente aprovechó para hacer movimientos de copula, como si me estuviera follando por la boca, bueno, en realidad era lo que estaba haciendo, mi hijo me estaba follando por la boca, así que los siguientes disparos ya los recibí directamente en la garganta, pero sin problemas, porque ya sabía lo que había y tenía mucha experiencia, ya que a mi marido se la chupaba a menudo.
Cuando mi hijo dejó de correrse yo aun seguí chupado su glande un poco más, me encantaba tener su pene en mi boca, pero por otra parte estaba muy excitada y necesitaba que mi hijo me la metiera cuanto antes, así que me tumbe de espaldas y le dije:
– Cariño, chúpame las tetas y tócame el coño, para que se te ponga de nuevo dura y me la puedas meter, que estoy deseando tener tu pene dentro de mi vagina.
A lo que mi hijo me contestó:
– Ya me comeré tus tetas luego, te la voy a meter ya mismo, porque la sigo teniendo dura y yo también estoy deseando meter mi pene en tu vagina, me lo he imaginado tantas veces, que ahora que puedo hacerlo no voy a esperar más.
Yo abri mis piernas doblandolas por las rodillas para facilitarle el acceso, mi hijo se situó entre mis muslos y como si su pene supiera lo que tenia que hacer, encontró la entrada y mi coño estaba tan mojado, qué en cuanto lo tuvo enfilado y apretó un poco, su pene empezó a deslizarse muy ajustado por mi lublicada vagina y ya no se detuvo hasta que su pubis chocó con el mio, señal de que me la había metido entera… Ufff
Ahí mi cabeza empezó a girar sobre lo que más morbo me producía, porque no era la primera vez que un pene entraba así en mi vagina, de hecho el pene de mi marido había entrado en mi vagina infinidad de veces, así que lo que hacía distinto y especial ese momento era que el pene qué tenia dentro de mi vagina en ese momento, era el pene de mi hijo.
Y eso era lo que me estaba produciendo el morbo y el placer tan intenso que sentía, el pene qué hacía un rato tenía apretado contra mi vientre ahora ya lo tenia dentro de el.
Pero mi mente fue mucho más allá, pensé que el niño que había tenido dentro de mi vientre durante nueve meses y que había salido a través de mi vagina, había entrado de nuevo dentro de mi, por la misma vagina que salió y ahora en vez de dolor, me estaba produciendo placer… Ufff
Mi hijo totalmente ajeno a mis pensamientos, había empezado a follarme, con penetraciones rapidas y profundas y yo con lo excitada que estaba, sentía tanto placer que no tardé mucho en tener mi primer orgasmo… Ufff
Apreté a mi hijo contra mi y le dije como desesperada:
– Me corro cariño, me corroooo, besame en la boca.. Meterme también tu lengua… Quiero comérmela tambiénnnnn
Mi hijo hizo lo que le había pedido, me metió su lengua dentro de mi boca y yo comencé a chuparsela como si me la quisiera comer, eso le hacía producir mucha saliva y yo me la tragaba como si fuera el manjar más preciado… Ufff
No recordaba haber tenido nunca un orgasmo como aquel, era mi primer orgasmo con el pene de mi hijo dentro de mi vagina y fue realmente increíble…
Mi hijo me siguió follando y comiéndome la boca y las tetas, todo mi cuerpo estaba a su disposición.
Finalmente mi hijo me dijo algo que ya acabó de volverme totalmente loca:
– Mamá me voy a correrrrr… Me voy a correr dentro de ti… Voy a llenarte con mi semen y te voy a embarazarrrrr.
Me la metió hasta dentro, se quedó quieto, apretando para metermela hasta el fondo y yo empecé a sentir el calor de su semen inundando mi útero…
Escuchando lo que me había dicho mi hijo y sentiendo el calor de su semen, yo estallé en otro orgasmo aun más fuerte que el anterior y todo el morbo del momento explotó en mi cabeza.
Mi hijo se estaba corriendo dentro de mi, su semen estaba inundado mi útero y si no estuviera tomando precauciones podría estarme embarazando en ese mismo momento, así que esa idea fue la que se fijó en mi mente y comencé a gritar como loca:
– Siiii… Mi vida… Siiii… Correte dentro de tu madre… Lléname con tu semen… Preñame… Embarazarmeeeeee…ahahah…ahahah…
Oh dios miooooo… Que placer sientoooo
Mi hijo me decia:
– Siiii… mamáaaaa, el que te está follando y corriendose dentro de ti soy yo, tu hijo, ya no volveré a correrme nunca más en tus bragas, a partir de ahora todo mi semen será para tiiii..
Tuve el mejor orgasmo de mi vida, mejor aun que el anterior, eso de pensar que mi hijo me podía embarazar me producía un morbo increíble, pensar que podría tener en mi vientre un hijo de mi hijo… Ufff eso me volvía totalmente loca…
Cuando finalmente los dos nos relajamos, mi hijo me la sacó, se tumbó a mi lado, comenzó a acariciar todo mi cuerpo y me decia:
– Joder mamá, ha sido mucho mejor de lo que yo me había imaginado tantas veces, cuando me masturbaba con tus bragas… Uffff.. Es que estas buenísima.
Yo, tratando aun de recuperarme, le decia:
– Gracias cariño, para mi también ha sido el mejor polvo de mi vida y quiero que sepas que todo mi cuerpo es tuyo y puedes hacer con el lo que quieras.
– ¿Todo tu cuerpo? ¿De verdad puedo hacer con tu cuerpo lo que quiera?
– De verdad cariño, ¿Que te gustaria hacer ahora? Tenemos toda la noche por delante y yo estoy disfrutando como nunca me imaginé que disfrutaría con mi hijo, así que dime que quieres hacer y lo haremos, sea lo que sea.
– Pues otra de mis fantasías, cuando me masturbaba pensando en ti era metértela por el culo y correrme dentro de tus tripas.
– Jajaja, me estaba imaginando que era eso lo que querías hacer, porque eres un hombre y eso es algo que os atrae mucho.
– ¿Entonces me vas a dejar que te folle por el culo?
– Pues claro, cariño, pero antes voy a ir un momento al baño a vaciarme del semen qué me acabas de meter en mi vagina, porque me estoy escurriendo y ya de paso ma daré un poco de lubricante en el ano, para que te resulte más fácil métemela por ahí.
Así lo hice, me lavé bien en el bidé, me puse lubricante en mi ano y volví al dormitorio preparada y deseando tener mi primera vez de sexo anal con mi hijo (Con mi marido lo había hecho muchas veces y me gusta hacerlo por ahí)
– Bueno cariño, vamos a hacer realidad esa fantasía tuya, me voy a situar de rodillas en el borde de la cama, para que tu me penetres de pie, porque así lo harás mejor.
Me coloqué como había dicho, poniendo mi culo a disposición de mi hijo y este al verme en esa posición desde atrás exclamó:
– ¡Joder, mamá!! Que culo tan espectacular tienes…
– Jajaja, pues está a tu entera disposición. Como me imagino que es la primera vez que vas a hacer esto, hazlo de la siguiente manera: Coje con una mano tu pene, enfilalo a la entrada de mi ano y aprieta fuerte, hasta que tu glande consiga atravesar mi esfinter, una vez dentro lo puedes soltar y seguir apretando ya con tu cuerpo, hasta que me lo metas entero y luego pues ya soy toda tuya. Disfrutalo, mi vida, que estoy segura que te va a gustar.
Mi hijo siguió al pie de la letra mis instrucciones y me metió su pene entero dentro de mi recto, sin ningún problemas.
Cuando sus testiculos chocaron con mi coño, me dijo:
– Ya entró todo mamá, así que ahora voy a empezar a follarte.
– Si mi vida, me siento llena, ahora follarme fuerte y disfrutalo.
Me agarró con sus dos manos por las caderas y comenzó a follarme sin contemplaciones.
A mi el sexo anal siempre me había producido una sensación extraña, cuando me lo hacía mi marido y ahora que sabía que el que me lo estaba haciendo era mi hijo, pues esa sensación era aún más fuerte… Ufff
Finalmente cuando comencé a tener un orgasmo, sentí el calor del semen de mi hijo inundando mis tripas a la vez que el lanzando un fuerte gemido decia:
– Me corroooo… Mamá… Me corroooo.
Yo apenas podía decir nada, porque con el fuerte orgasmo que estaba teniendo necesitaba meter todo el aire en mis pulmones, así que solo conseguí decir:
– Siiiiii…. Ahahah ah ahah
Finalmente, cuando terminó de correrse, mi hijo me soltó y me desplome sobre la cama, jadeando, tratando de recuperar el aliento.
Mi hijo se tumbo a mi lado, también agotado y me dijo:
– ¡Joder, mamá! Esto ha sido increíble, uffff
Aquí salió la médico que llevó dentro y le dije:
– Si mi vida, el sexo anal es muy intenso, pero ahora vete al baño y lávate bien tu pene, porque después del sexo anal hay que limpiarlo bien antes de volver a usarlo.
Porque yo sabía que íbamos a seguir usandolo, como así fue, porque seguimos teniendo sexo hasta que nos dormimos totalmente agotados.
Por supuesto yo fui al baño a asearme varias veces, porque mi hijo no paraba de llenarme de semen por todo mi cuerpo, no sé las veces que se correría, lo que si sé es que en toda mi vida no había tenido tantos orgasmos seguidos como esa tardenoche… Uffff.
Al día siguiente cuando regresó mi marido y estuvimos los tres juntos, hablamos sin tapujos sobre todo lo que estaba pasando y sobre lo que iba a pasar en adelante.
Para no hacer excesivamente largo mi relato solo voy a contar de forma resumida lo que pasó y sigue pasando en nuestras vidas, porque, como podéis imaginar, ya nada volvió a ser igual en nuestro entorno familiar.
Dos madres teniendo sexo con sus hijos daba para mucho.
Para empezar, mi marido le dijo a nuestro hijo que a su madre también le gustaría tener sexo con él, si él quería.
Ni que decir tiene que mi hijo aceptó encantado tener sexo con su abuela, que era una mujer de 62 años, con un cuerpo muy apetecible.
Se fue a pasar una noche con ella y luego ambos nos contaron como se lo habían pasado, mi hijo se folló a su abuela y la llenó de semen por todos los agujeros de su cuerpo y ella, al contrario que yo, no fue al baño hasta el final, porque la encantaba tener dentro de su cuerpo el semen de su nieto.
Mi marido y mi hijo no tardaron mucho en ponerse de acuerdo para tener un trio conmigo y follarme los dos a la vez y aquí ya se acabaron mis precauciones, porque se intercambiaban entre ellos y me follaba indistintamente, por el coño, por el culo o por la boca y me llenaban de semen indiscriminadamente.
Lo que más morbo me produjo fue tener el semen de mi marido y de mi hijo mezclado dentro de mi útero, pensaba que de no estarme cuidando, no sabría de quien de ellos sería el espermatozoide que fecundara mi ovulo y me dejara embarazada y este pensamiento me producía una sensación de placer increíble… Uffff
Los trios se convirtió en algo normal entre nosotros, porque como nuestra cama de matrimonio es muy grande (2×2) mi hijo dormía muchas noches con nosotros, yo en el medio entre ellos dos y cada uno me follaba cada vez que queria y el otro se unía si le apetecia.
Y, como tambien era de esperar, los dos machos no tardaron mucho en ponerse de acuerdo en follarse también los dos juntos a la otra hembra de la familia.
Hacían trios también con la abuela y a ella le encantaba.
Estando las cosas así, decidimos que lo lógico era que mi suegra se viniera a vivir con nosotros.
Se vino y ahí descubrí otra faceta de mí que ya había experimentado la noche que pillé a mi marido follando con su madre, mi afición al voyerismo.
Me encantaba y me excitaba muchísimo ver a mi marido o a mi hijo follar con mi suegra.
Veía a un hijo follar con su madre, como mi hijo follaba conmigo y lo que se decían y eso me calentaba muchísimo.
Y lo de ver a un nieto follandose a su abuela era algo increíble, pero lo más de lo más era cuando mi marido y mi hijo hacían un trio con ella, su hijo y su nieto follandosela a la vez, eso uffffff… ver el cuerpo de mi suegra entre los cuerpos de su hijo y su nieto, con sus dos enormes penes taladrandola a la vez por su culo y por su coño, era algo que me hacía correrme como loca… Ufffff
Y bueno, así es como siguen transcurriendo nuestras vidas, las vidas de dos madres y dos hijos unidos por lazos de amor y sexo sin límites.
