El Guardia de seguridad armado de un rifle de grueso calibre

Esta vez quiero compartirles una de mis experiencias más memorables, he tenido una vida sexual activa y muy satisfactoria, así que, como esta, tengo muchas.

Esto sucedió cuando estaba en la facultad y ya vivía en mi propio apartamento, pero sucedió que había que hacer unas reparaciones de fontanería y tuve que pasar un par de semanas en casa de mi madre. Un día, sin querer, escuché una conversación entre la empleada doméstica de mi madre y otra chica, hablaban del guardia de seguridad, una prevenía a la otra de no acostarse con él, porque la tenía muy grande, me intrigué mucho y decidí poner atención a los detalles, pero fue en vano, porque, aparte de que la tenía grande, no me enteré de más, pero quedé con mucha curiosidad. Los de seguridad eran varios y trabajaban por turnos de día y de noche, era difícil saber de quién hablaban las chicas, solo habían dicho «el seguridad».

Así que una noche, mientras abría el portón de la cochera, vi cómo uno de los guardias hacía su ronda y, al aproximarse para saludar, aproveché para hacerle plática y, así, en tono de broma, le dije que había escuchado a las chicas del servicio doméstico decir que tenía una gran verga. Ah, me dijo, entonces no hablaban de mí, hablaban de Matías, él estará de turno mañana en la noche, si quiere que le dé un recado de su parte, se lo puedo dar, me lo dijo con una sonrisita pícara.

Al verle la malicia, le dije: —Dile que se la quiero mamar. —Yo le digo —, me dijo, y siguió su ronda.

El mensaje fue recibido con prontitud, porque la siguiente noche, al bajarme del auto para abrir el portón, el guardia de turno estaba justo ahí esperándome, lo saludé y le pregunté si él era Matías, me dijo que sí, era él, y que le habían dado el mensaje. Nos miramos a los ojos y, antes que yo hablara, me dijo: -A mí me gustan las hembras, pero hoy ando super caliente. Me sirve una buena mamada. -Le dije: Ok, déjame meter el carro. Era bastante tarde y en casa todos dormían, así que, sin encender ninguna luz, lo invité a entrar y ahí mismo, en la cochera, le bajé el pantalón y empecé a mamarlo. La verdad que la tenía bien grande y gruesa. Cuando estaba en lo mejor de mamarlo, me la sacó de la boca y me pidió que me pusiera de pie. Pensé que quería que nos besáramos, así que lo hice, pero, para mi sorpresa, no era beso lo que quería.

Empezó a desabrocharme y a bajarme el pantalón y, en menos de dos segundos, me tenía en posición. Me tenía bien encañonado, pero no lograba penetrar.Me por falta de lubricación, dejé que siguiera intentando metérmela, sabiendo que no lo conseguiría, ya que era algo demasiado grande para entrar sin suficiente lubricación, pero él seguía poniéndome y poniéndose saliva, yo lo dejaba, pero de repente sentí ese dolorcito punzante que se siente cuando empieza a entrar algo grande, solo me entró la cabeza, yo traté de zafarme, pero no me lo permitió, le dije que no andaba preparado, que para que los dos gozáramos tenía que estar limpio, además, a vos te gustan las hembras, me dijo. —Cierto, pero ando super caliente y con necesidad de meterla, valla a prepararse, mientras tanto aprovecho para hacer una ronda, regreso en 30 o 45 minutos y cogemos. —Dame una hora, por fa, le dije. —Está bien, me contestó, y se fue.

Cuando salí a buscarlo, ya me esperaba, nos abrazamos y yo le dije: Ahora sí, démosle. Me contestó que ahí parados no, por lo incomodo, me dijo: Quiero cogerlo en su camita, bien rico y en varias posiciones. Lo pensé dos veces antes de invitarlo a pasar, me parecía riesgoso, no quería que mi madre se despertase, aun cuando nuestras habitaciones no estaban contiguas. La calentura fue más y terminé llevándolo a mi habitación, en un flash nos desvestimos, le pedí que se pusiera bastante lubricante en la verga y yo me puse una buena cantidad en el ano, la penetración no fue tan dolorosa, aunque por el tamaño era inevitable que hubiera dolor al principio, yo estaba super excitado, pero, aun así, me tomó tiempo relajarme, así que le pedía que fuera más despacio, pero su respuesta fue: – Quería una gran verga, hoy aguántela – y seguía dándome como él quería, parecía que le calentaba que le llorara, hasta que de un puyón profundo que me dio, sentí que me hizo perder el control total de mi esfínter. Sentí que me cagaba, nunca había sentido algo así, y esto que ya me habían entrado varias vergas grandes, pero a lo mejor no tan gruesas.

Le pedí que me la sacara para revisarme, me sorprendió y al mismo tiempo me alegró estar super limpio, me la volvió a meter hasta el fondo y otra vez volví a sentir la misma sensación, entonces sí le pedí que me diera con todo y así lo hizo, y empezamos a gozar, entregándonos por completo el uno al otro, mientras me daba la cogida de mi vida, me decía: -Qué rico te la comes, nunca nadie antes me la había aguantado toda-, y mi respuesta era: -Dámela toda, no me niegues ni un milímetro de tu gran verga, llégame hasta lo más profundo, donde ningún otro hombre ha llegado-. Eso lo calentaba más, porque aumentaba la intensidad, hasta que llegó el momento en que me hizo eyacular sin tocarme, y al hacerlo, con las contracciones de mi ano, hice que también él eyaculara. Esa noche hicimos el amor varias veces, se fue hasta en la madrugada y yo al siguiente día no tuve la energía para ir a clases, me había dejado molido.

Días después, finalizaron los trabajos de fontanería en mi apartamento y empecé a recibir a Matías como visitante frecuente, a veces pasábamos toda la noche juntos, a veces todo el fin de semana. De vez en cuando, le recordaba lo de que a él le gustaban las hembras… y nos reíamos, me decía que por qué no había probado culo de hombre y nos reíamos de nuevo.

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