El carpintero 2 parte (insinuaciones)

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Me llegó un mensaje a mi celular.

—Buenas tardes, señora. Solo para ver si podemos pasar mañana a poner la puerta.

—Sí, claro, sin problemas. ¿A qué hora vendrían?

—A las 9 de la mañana, ¿está bien?

—No, más tarde. Es mi día en que puedo dormir un poco más.

—¿A las 10?

—Sí, está bien.

—Ok, gracias, señora, y buen día.

—Gracias a ti, buen día.

Todo quedó así. Le comenté a mi marido que el carpintero me había confirmado la visita.

—Espero que te vistas sexy aunque yo no esté.

—Ya vas de nuevo.

—A poco no te atrae el chavo?

—La verdad sí, pero no sé si me atreva a más.

—Vamos a hacer algo: solo insinúate un poco a ver qué hace.

Fue al cuarto, sacó unas licras de ejercicio negras que casi no usaba porque se me transparentaban, y una blusa delgada igual de licra que dejaba ver mis pechos casi en su forma natural debido a lo delgada que era.

Tocaron a la puerta pasado de las once y media de la mañana. Fui a abrir tal y como mi marido me dijo que me vistiera, pero cuál fue mi sorpresa: venía con el otro chavo, alguien que yo no esperaba, y los nervios se apoderaban de mí.

La blusa que yo traía, con los rayos del sol, era solo una malla de tela que dejaba ver hasta mi piel. El otro joven no disimuló nada al ver mis pechos; yo solo pasé saliva y los hice pasar.

—Buenos días, no que a las 11.

—Perdón, señora, me atrasé un poco, pero ya estamos aquí.

Pasaron y el chalán me veía de manera directa, sin ninguna discreción. Yo traté de comportarme de la manera más indiferente a sus miradas, como si para mí fuera lo más normal andar así frente a otros que no fueran mi marido.

Los acompañé a la parte de arriba. Mi esposo había dejado de manera premeditada mis tangas y unos cacheteros de encaje en el barandal de la escalera.

Solo observé cómo los miraban y me bajé para dejarlos trabajar.

—Cualquier cosa, estaré abajo.

—Está bien.

Me senté en la sala a desayunar y ver la tele mientras ellos trabajaban.

Después me recosté en el sillón y cada que el chalan pasaba, me lanzaba miradas que me hacían sentir desnuda, pero poco a poco me fueron agradando, pues sabía que eso era lo que mi marido deseaba: que me vieran así.

A pesar de que el otro personaje no era totalmente de mi agrado, me veía con más morbo que al que yo deseaba que lo hiciera.

Decidí insinuarme más y me recosté de lado, poniendo mis nalgas hacia la puerta por donde entraría el ayudante. Pasó y pude ver de reojo cómo me miró, suponiendo que pudo ver la forma de mis glúteos y mis cacheteros de encaje.

Dejé pasar unos minutos y decidí subir. Me paré frente a ellos para ver cómo iba el trabajo.

—¿Cómo, señorita?

—Bien, parece que va bien.

—Solo un pequeño detalle: creo que tomé mal una medida y la puerta quedó más abajo, así que tendré que regresar a ponerle esa parte.

Me acerqué a la puerta y estiré mi mano para tocar la parte superior. Mi blusa se estiró, dejando ver mis pechos al máximo. Por un momento sentí que el ayudante me los tocaría, de ver cómo me los veía con aquel deseo. El otro era más discreto, pero también podía ver cómo me observaba.

—Sí, está bien. ¿Y cuándo vendría de nuevo?

—En 8 días, lo más seguro.

—Está bien.

Antes de bajarme, pude ver que mis calzones no estaban como los había dejado. Solo sonreí.

Empezaron a bajar sus cosas mientras yo, recostada en el sillón, los veía pasar. Salí a despedirlos. Su ayudante me clavó la mirada en los pechos sin ninguna discreción y yo solo le sonreí mientras le daba la mano a su jefe y me despedía de él.

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Lauraelena
Lauraelena

Soy una mujer madura que gusta de la lectura erótica, de descubrir fantasías y llevarlas a la realidad. El sexo es un placer el cual me gusta disfrutar y mi pareja me lo permite, espero compartir con ustedes nuestras aventuras y mis placeres.

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