Diferencia de edades

Yo trabajaba en una tienda de un centro comercial, no me gustaba mucho el empleo pero por lo menos hacia algo. En ese momento tenía 22 años, y aunque parezca mentira, no había tenido un novio, ni siquiera cuando estuve en el bachillerato. Siempre fui muy madura para mi edad y segura de mi misma, por lo que salir con un jovencito tímido y nervioso, no significaba ningún atractivo para mí. Siempre me gustaron los hombres mayores, así que mientras crecía, aguardaba la edad precisa para poder acercarme a un hombre de mi gusto. Cuarentón, blanco, de cabellos claros y con una aire viril y masculino de esos que «levantan faldas».

Y al tener justo como dos semanas trabajando en la tienda, lo conocí. Era un hombre sumamente atractivo, casi un retrato de mi imaginación. Cuarentón, blanco, cabellos claros, todo un espectáculo. Al verlo sentí enseguida calor por todo el cuerpo, pero mantuve la compostura y le pregunte en que podía ayudarlo.

– Buenas tardes señor, ¿En qué puedo servirle?. (Le pregunte súper amablemente).

– Buenas tardes, vengo a reparar una avería – me contestó él.

Ahhhh… viene a reparar algo, eso quiere decir que por lo menos lo voy a ver unos tres días seguidos.

– Pase adelante, la administradora esta atrás – le indiqué.

– Muy amable – y entro a la tienda.

Arreglo la avería y mientras estuvo haciendo su trabajo no dejaba de mirarlo. Cuando se fue pensé que no lo volvería ver y me entristecí y al mismo tiempo me puse furiosa conmigo misma por no haberme acercado a conversar de cualquier cosa, para por lo menor saber si era casado, aunque era lo más probable a esa edad.
Después me enteré que trabaja constantemente en ese centro comercial, arreglando las averías en todas las tiendas, y en efecto, cada vez que pasaba frente a mi tienda me veía con una cara pícara y una sonrisa tan amplia como encantadora. Y yo no perdía tiempo en devolverle una igual.

Así pasaron los días hasta que me invitó a salir. Y acepte gustosamente.

Fuimos a comer comida árabe y luego de regreso se estacionó en una sitio un poco oscuro y comenzamos a hablar. Poco a poco fuimos conociéndonos y relajándonos un poco por que los dos estábamos nerviosos.
Me dijo que yo le gustaba mucho, pero que tenía miedo de empezar una relación con una «joven», (aunque yo tenia 22 años el creía que era muy viejo para mí), yo le dije que no era ninguna niña, que el me gustaba mucho y que quería estar con el.

Empezó a besarme, muy despacio alrededor de la boca, sin tocarme los labios, y yo abría la boca esperando sentir su aliento tibio y me tentaba besándome en la comisura del labio. Eso me ponía muy caliente, sabía que lo hacía para provocarme y me excitaba aún más. Luego, dejó de jugar conmigo y me beso de una manera súper ardiente, su lengua me recorría toda la boca y mientras lo hacía, me apretaba contra su cuerpo. Empecé a sentir su paquete, súper duro y caliente pegado a mi vientre.

A pesar de que era virgen, tenia tal calentura que lo único que quería era que me lo metiera y me hiciera el amor, no me importaba perder la virginidad en un auto, lo quería dentro de mí y lo que quería en ese momento.
Poco a poco empezó a recorrerme el cuerpo con sus manos, que a pesar de trabajar con ellas, las tenía súper suaves. Me tocó los senos, los besó, los apretó y mientras lo hacía, yo inconscientemente iba abriendo las piernas, estaba súper mojada y sin saber en que momento me desvistió, sentí como todo su miembro se abría camino dentro de mí.

Sentí un dolor fuerte y al mismo tiempo un placer indescriptible, se movía lentamente para no hacerme daño y yo me iba acostumbrando a tener su pene dentro de mí. Luego comenzó a moverse con mas fuerza hacia adentro y afuera y mientras lo hacia sentí como mi clítoris se hinchaba y se ponía caliente con el roce de su piel. Estaba encima de mí y lo estaba disfrutando de una manera inesperada. El orgasmo fue súper fuerte. Antes había tenido orgasmos mientras me masturbaba viendo películas románticas. Pero esto era de otro mundo.
El solo hecho de tener un verdadero hombre entre las piernas me volvía loca. Él, al sentir que yo alcanzaba el orgasmo, saco su pene y empezó a masturbarse sobre mí, acabó sobre mi vientre y se tumbo sobre mí. Quedamos abrazados y sudorosos.

Luego nos vestimos y empezamos a vernos con frecuencia, ya no era una niña ante sus ojos, ahora era su mujer.