Depilador de vaginas calientes y humedas 12 en la casa de yaky
Después de aquel festín que me di con aquellas chicas, Kathy, Mary, Stefany, Jane, Yessika y Yaky, fue maravilloso. Todas preciosas, todas me gustaban y todas me satisfacían sexualmente. Me recosté un rato y me quedé bien dormido.
Recuerdo que sonaba como si alguien me mamara la verga y después se subiera encima de ella. Era como un sueño, me despertaba un poco y por instinto cogía con alguien. En el sueño sentía a alguien, pero no podía despertar del todo. Recuerdo que me vine y me volví a dormir. Estaba muy cansado.
Al despertar, como cerca de las 8 p.m., había dormido casi 12 horas. Abrí los ojos, la habitación estaba oscura. Extendí mi mano derecha y no había nadie. Busqué y no toqué nada. Extendí mi mano izquierda y tampoco encontré nada. Busqué por la parte de mis pies y no había nadie conmigo. Estaba desnudo, pero me habían tapado con una cobija.
Me senté y un pequeño reflejo de luz entraba por la parte de abajo de la puerta. Estaba recordando un poco lo que había pasado. En eso oí unas risadas: jajaja, jeje, jiji. Eran de unas chicas a lo lejos. Empecé a escuchar que decían: “No creo que aún no esté despierto”. Escuché cuando se acercaban por afuera y yo me hice el dormido.
Abrieron suavemente la perilla de la puerta y escuché cuando una de ellas dijo, parecía la voz de Yaky, y otra de Stefany: “Aún sigue dormido”, dijo una. “Parece que sí”, respondió la otra. Y la primera añadió: “¿Lo despertamos mamándole la verga entre las dos?” Escuché la voz de Yaky que respondió: “Sale”.
Vinieron como dos gatitas, se metieron por debajo de mis pies y empezaron a acariciarme suavemente la verga. Unas manos suaves comenzaron a subir y bajar mi verga, que se fue poniendo dura. Escuché cuando una dijo: “Déjame mamárselo”. Y la otra: “Dale, después yo me siento en su verga”.
Yo haciéndome el dormido, cuando se me metió la verga en la boca y me la estaba estimulando, puse mi mano en su cabeza y la empujaba para que se la tragara. La otra dijo: “Está dormido, es su instinto, debe estar soñando”. Cuando terminó de mamarme la verga, se montó dándome las nalgas. Escuché que ellas se acariciaban, pero no sabía cuál de las dos estaba montada.
Lo que sí sabía es que la chica que me montó, no sabía si era Yaky o Stefany, pero empezó a jinetearme más rápido. La habitación estaba oscura. Sentí cuando ella se aguó, se había corrido teniendo cinco orgasmos juntos. Me escurría por la cintura un líquido viscoso. Por el tirado de fluido viscoso en mi cintura pude entender que era Yaky la que se había montado.
Le dijo suavemente: “Ya terminé”. La otra respondió: “Ya, ok. Si quieres puedes irte”. Era la voz de Stefany que le decía a Yaky: “Prepara algo para cuando despierte nuestro negro pueda desayunar a las 9 u 10 p.m. Que más bien sería cena, pero como todo el día pasé dormido, sería el desayuno”. Yaky dijo: “Ok, me voy a bañar y te espero abajo”.
Stefany le dijo: “Me lo cojo y si despierta lo voy a bañar y después lo bajo”. Escuché que Yaky decía: “Está bien, me lo cuidas”. Stefany respondió suavemente: “Sí”.
Cuando se fue Yaky, Stefany dijo suavemente: “Vaya que ya hueles a chivo negrito, pero me gustas que huelas a cabrón”. Y me pasaba su lengua subiéndose y bajando por mi pecho hasta mis huevos. Seguía haciéndome el dormido. “Debes estar soñando que te violan, verdad cabrón”, me dijo.
En eso me dijo: “Riky, si estás despierto, cógeme por el culo, mi amor. Me encanta que me cojas por ahí y cuando te vayas a venir me lo echas en la vagina para preñarme de ti, cariño”. Yo no respondí, dejé que ella pensara que estaba dormido. Subió a besarme el cuello y mis labios y yo respondía, pero seguía haciéndome el dormido.
Me volvió a susurrar suavemente: “Negrito, si estás despierto, métame la verga por mi culo. Me fascina cómo me haces y después me llenas la vagina”. Me hice el dormido, ella bajó a chuparme la verga y escuché cuando dijo: “Ya la tiene durísima otra vez, este cabrón. Por eso me gusta”.
Se fue hacia mi verga, se la estaba metiendo ella misma por el culo. Cuando se dejó ir, se la metió completa por su culo entre medio de sus nalgas. La dejé caer y se quedó tranquilita. Yo sabía que estaba disfrutando de mi verga. Cuando ella se subió una, dos, tres veces, en la cuarta la ayudé a bajar con ganas y ella solo gimió: “Mmmmmmm”.
La acosté boca abajo y me dijo: “Buenos días, amor. Disculpa que te despierte de esta manera”. Le dije: “Stefany, tú puedes despertarme como tú gustes, cariño”. Y empecé a bombearla con ganas. Ella gritaba suave: “¡Hay, mm, hah, hahaha, hay, mmm! ¡Qué rico, Riky! ¡Papacito, eres delicioso!”. Le dije: “Putita mía, te voy a dar todo hasta que me canse”.
Ella respondió: “Todo lo que tú quieras, mi amor”. Me cansé de tenerla acostada y le levanté el trasero, quedando ella encorvada. Se la metía con fuerza y ella decía: “¡Ha, Riky, qué cabrón coges rico! ¡Cabro apestoso, pero me encanta que huelas a sudor y a chivo!”. Le daba más, hasta que por último la voltee y la subí en el colchón, quedando yo abajo y ella de ranita con su vagina hacia arriba.
Le di tan duro que yo mismo temblaba por las contracciones que sentía al venirme. Le eché todo lo que tenía en mis testículos de semen en su vagina. Le dije: “¿Qué va a pasar si quedas embarazada? ¿Qué le dirás a tu esposo?”.
Ella me dijo: “La vez pasada mi esposo me trajo un negro a su casa, se lo cogió a él y a mí también, porque él me presta con cada pareja que trae. Pero no te preocupes, me ha dicho que si me pasa eso no hay problema, como él no puede tener hijos, sería la única forma de obtenerlo”.
Cuando me dijo eso, Stefany le dije: “Espérame, me tomo tres pastillas, te voy a coger de nuevo”. Me la cogí otra vez y ella me dijo: “Riky, quiero hacer algo que te va a encantar”. Le pregunté: “¿Qué cosa?”.
Stefany se paró y se acostó en el yacuzzi del cuarto de Yaky. Se paró ahí y me dijo: “Ven y mamiémela”. Empecé a mamarle la vagina. “Mira”, me dijo, “sigue, pero métete al yacuzzi”.
Estaba ahí cuando le salió el chorro de orina y me la echó. Me gustó, me saboreé su orina. Sentía diferente el sabor, pero me dio una excitada de pocas madres. La alcé y me pegué a ella y le dejé ir mis cuatro dedos en su vagina. Mis dedos, como los cerraba dentro de ella, al pegar con las paredes de su vagina que estaba en mi mano, y con la otra mano le apretaba sus pechos. Gritaba: “¡Riky, negro de mi vida, me tienes loca!”.
En eso estaba cuando se pegó a mis labios, besándome, y me dijo: “Mi amor, eso quiero sentir siempre”. Le dije: “Quiero que me orines todos los días”. Me respondió: “Ok, voy a estar aquí por las tardes”. Me dijo: “Eres nuestro, perteneces a la manada ya”. Le dije: “Sí, mi amor, ya pertenezco a la manada”.
Acto seguido hice: “Auuuuu, auuuu”, jugando. En eso apareció Yaky diciendo: “Jummjummjumm”, y moviéndose en forma de baile de perrita. Le dije: “Ven, chiquita”. La cogí a ella y le pregunté: “¿Quién quiere mi leche por su boca?”.
Las dos, al mismo tiempo, respondieron: “¡Yo!”. Nos reímos. Las puse en el yacuzzi adentro y les dije: “Maménmela”. Y me la mamaron igual que cuando me querían despertar. Stefany le dijo a Yaky: “Ya ves, carnalita, estaba despierto”. Y yo le respondí: “Pues claro que sí, desde antes de las 8 p.m. estoy de fiesta”.
Nos carcajeamos. “¿A poco sí nos sentiste cuando entramos?”, dijo Yaky. Le respondí: “Claro, mi amor”. Y Yaky dijo: “¡Haa, goloso!”. Yo le respondí: “Ustedes son las golosas”.
Terminamos, nos bañamos y me dieron ropa. Me habían comprado ropa para dormir, casual, trajes y shorts de varias. Me bajaron y me dijo Yaky: “Es tu regalo, cariño”. Y miré en la mesita de centro, ya habíamos bajado a la sala. Vi varios sobres. Todos tenían nombre: Yaky, Kathy, Jane, Stefany, Jessika, Mary. Seis sobres. Adentro de cada uno, 10 billetes de 100 dólares. Con esos 60 billetes eran 6 mil dólares. No estaba mal para esa semana.
Con casa, ropa y mujeres dispuestas a darme hijos y a ser una sola familia y una sola empresa, me sentía como en el cielo. Si te gustó este relato, escríbeme.
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