De vacaciones con mi amiga Tere
Mi amiga Tere, ambos mayores de 25 años, se había comprado un apartamento en la playa. Me llamó toda contenta y me invitó a que fuese el fin de semana para pasarlo juntos. Llegué por la noche el viernes. Llamé a la puerta de arriba porque debajo estaba abierto.
¿Quién es? – dijo.
Soy yo – le contesté.
Me abrió la puerta y me quedé azorado. Iba con sólo un tanga y las tetas al aire. Notó mi turbación y me dijo:
Anda, pasa. Parece que nunca hubieses visto unas tetas. Tengo la cena preparada.
Cenamos y nos bebimos dos botellas de vino.
Acompáñame a la habitación, que quiero que me ayudes a elegir el tanga para mañana —me dijo.
Se dio la vuelta mostrándome su bonito culo. Entre las tetas y el culo tuve una erección. Entramos a su cuarto y sin cortarse un pelo sacó varios tangas. A continuación se bajó el tanga y pude ver su coño depilado. Se probó tres tangas y elegí uno blanco.
Era la hora de dormir y me dijo:
Tendrás que dormir conmigo porque sólo tengo una cama y no tengo ni siquiera un sofá.
Fuimos a su cuarto y se metió en la cama totalmente desnuda. Yo me acosté en calzoncillos. Mi sorpresa fue cuando se acerca a mí y me abraza por detrás pegando sus tetas a mi espalda. Tenía las tetas duras.
No paró ahí: bajó su mano y me quitó el calzoncillo. Sentí su aliento caliente en mi cuello mientras su mano envolvía mi polla ya dura como una piedra.
Te noto muy excitado – susurró con voz ronca, acariciándome lentamente de arriba abajo—. ¿Quieres que pare?
No, sigue – gemí, girándome para besarla con hambre.
Nuestras lenguas se enredaron en un beso profundo y salvaje. Sus tetas se aplastaban contra mi pecho, los pezones erectos rozándome como fuego. Bajé la mano por su espalda hasta su culo firme, apretándolo mientras ella gemía en mi boca.
Tere se subió encima de mí, frotando su coño depilado contra mi polla. Estaba empapada, resbaladiza de jugos que manchaban mi piel.
Fóllame ya – me rogó, guiando mi verga hacia su entrada caliente.
La penetré de un solo empujón, sintiendo cómo sus paredes vaginales me apretaban con fuerza. Empezamos a follar con ritmo frenético, ella cabalgándome mientras sus tetas rebotaban hipnóticamente.
Cambié de posición y la puse a cuatro patas, admirando su culo perfecto. Le di una nalgada suave y ella arqueó la espalda, pidiendo más.
Métemela por el culo si quieres – dijo jadeando, consensual y ansiosa.
Le escupí en el ano y empujé despacio. Su culito virgen se abrió para mí, apretándome deliciosamente mientras gritaba de placer. La follé analmente con embestidas profundas, alternando con dedos en su coño hasta que explotó en un orgasmo tembloroso.
Yo no aguanté más: me corrí dentro de su culo, llenándola de leche caliente. Nos derrumbamos exhaustos, sudorosos y satisfechos, abrazados en la cama. El resto de la noche la pasamos explorando nuestros cuerpos una y otra vez, en una orgía de placer que duró hasta el amanecer.
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