De cruising en un terreno
Soy un cabrón de Guadalajara, Jalisco, en México. Desde la secundaria sé que soy bisexual, aunque mucha gente pendeja no crea que eso existe. Ahorita estoy mamado por pegarle al gym y con tatuajes y todo el pedo, así que se sacan de pedo que no me veo tragavergas, jajaja.
Un día había salido con mis compas de la universidad toda la tarde. Eran las 8 de la noche cuando todos decidimos irnos a nuestras casas. Como buen morro de esa edad andaba bien caliente.
Decidí dirigirme a un lugar que conocía donde decían que se armaba desmadre. Era un terreno baldío muy grande. La vegetación estaba crecida y había unos cuantos árboles, pero tenía un par de senderos por donde se podía caminar bien.
Decían que era común que se armara desmadre porque por ahí pasaban trabajadores en la noche que utilizaban el baldío como atajo para llegar a la parada del camión. Cuando llegué me la pensé un momento antes de entrar.
Me tocó ver que un señor ya grande, como de más de 60 años, entró al sendero con su bici. Era chaparrito, delgado, moreno, de bigote y llevaba gorra blanca. La verdad estaba feo y no me interesó, así que esperé unos segundos para que avanzara más y después me decidí a entrar.
Iba medio nervioso y emocionado caminando cuando escuché que alguien estaba orinando en un árbol que estaba cerca del sendero. Me metí poquito entre las plantas y para mi decepción era el señor de la bici que había visto entrar.
Me iba a regresar, pero no pude evitar verle la verga mientras orinaba. No se le veía nada más. Aún estaba dormida, pero se le veía bien cabezona. No me di cuenta, pero el señor ya volteaba a verme. Crucé mirada con él y me sonrió.
No supe qué hacer, pero él, que ya había terminado de mear, comenzó a jalar su verga para ponérsela dura y me hizo seña con la cabeza de que me acercara. Me la pensé un momento, pero vi cómo se la meneaba toda flácida y se me antojó. Me acerqué y me dijo: “¡Dame unas chupaditas, ándale!”.
De nuevo me la pensé un momento, pero me animé. Me hinqué, la tomé con mi mano sintiéndola toda caliente y palpitando, y comencé a darle sus lamidas. Me supo un poco a pipí, pero se pasó rápido. Lo que más me impresionó fue que cuando se le puso dura medía como 16 cm de buen grosor, pero la sorpresa fue que su cabezota se puso muy grande e hinchada. Era mucho más gruesa que el tronco y de verdad se veía como champiñón.
Se la acariciaba sin dejar de verle la cabezota impresionado y le daba sus chupetones. La neta me pone bien perra en celo las vergas cabezonas y esta se veía casi deforme de tan grande que estaba. Él me sonreía orgulloso y me preguntó si me gustaba. La verdad no aguanté más, me levanté, me bajé los pantalones con todo y calzones y me volteé diciéndole: “¡No mames a la verga, métemela!” Me abrí las nalgas para exponerle bien mi ano.
Rápido se aventó un escupitajo en la cabezota de la verga, la acomodó en mi anito y empujó fuerte. Me sacó un quejido mezclado con gemido y traté de moverme, pero me tomó fuerte de la cintura sin dejar de empujar y me dijo: “¡Aguanta, putito, aguanta! ¡Te la voy a meter toda!”.
La verdad se sintió rico como me estiró el ano y forzó su cabezota a que me entrara hasta el fondo. Me dolió, pero bien rico, jajaja. En cuanto me tuvo ensartado comenzó a moverse culeándome a velocidad.
Me dolía un poco, pero me gustaba y le decía: “¡Ay, papá, qué rica verga! ¡Dámela toda, ay!” Mientras me abría con las manos lo más que podía las nalgas para que también mi ano se estirara y entrara más fácil esa cabezota gorda que me ponía como puta.
“¡Ay, putito, qué rico aprietas la cola, no mames!”, me dijo tomándome fuerte de la cintura y ensartándome sin piedad hasta el fondo. “¿Dónde los quieres, putita? ¿Dónde te los echo?”, me preguntó acelerando aún más y le contesté retorciéndome de placer: “¡Adentro, papi, adentro! ¡Préñame como a tu perra, papi!”.
“¡A huevo, como debe ser, putita! ¡Ahhhh!”, terminó dando unas embestidas fuertes hasta el fondo. Se quedó pegado a mí y podía sentir su cabezota hasta el fondo de mi culo palpitando con cada chorro de leche caliente que me depositaba. Yo tenía los ojos cerrados y disfrutaba de la sensación.
Entre jadeos por fin terminó y me la sacó. Sin decirme más se guardó la verga, agarró su bici rápido y se fue. Mientras él hacía eso volteé y vi otro wey delgado como de 30 años que estaba parado con los pantalones a medio muslo y se estaba jalando la verga viéndonos.
Se acercó a mí, verga en mano, y me dijo: “¡Írala como la traigo, wey! Hazme paro, ándale, ¡déjame te la meto poquito!”. El cabrón se veía medio cholo: delgado marcado, muy tatuado, moreno, de bigote y también andaba de gorra.
Nomás le vi la verga dura y no me la pensé tanto. Unos 17 cm, morena, buen grosor, cabeza también grande pero nada como la otra y bien peluda. Lo chido de esta verga es que estaba curveada hacia abajo. Estaba aún tan excitado de la cogida que me habían dado que le dije que estaba bien que me la metiera poquito. “Pero ponte así en cuatro en el piso. ¡Quiero montarte como perrita, ándale!”.
Me la pensé un poco, pero nomás de imaginar su trozo de carne duro en mi culo me convencí. Me puse en cuatro, parando bien mi culo para mi macho, y él rápido se acomodó atrás de mí y me penetró de golpe. Solté un pequeño grito mezclado con gemido y él comenzó a moverse rápido como perro desesperado diciéndome: “¡Ay, no mames, qué rico culito! ¡Está bien calientito!”.
Nomás tomó un par de metidas para que ya no me doliera y solo sentía placer. El otro cabrón ya me lo había dejado flojito y lubricado, así que no fue tanto problema. Apoyó sus manos en mi espalda y me culeaba a velocidad poniéndome los ojitos en blanco.
Me tenía gozando rico mientras me decía: “¡Ay, qué rica puta! ¡Ay, qué rica puta!”. Hasta que por sus jadeos y gemidos supe que ya se iba a venir. Apenas le iba a decir que me la sacara, pero ni tiempo me dio. Me clavó hasta el fondo, quedándose quieto, poniendo todo su peso sobre mí y comenzó a llenarme con su lechita caliente.
Yo ni me podía mover, pero sentía muy rico su verga dura clavada hasta el fondo. Se quedó así como por un minuto hasta que escuché que se le calmó la respiración y comenzó a quitarse de encima de mí. Me iba a mover, pero en eso me sostuvo de la cintura y me dijo: “Pérate, pérate. ¡Déjame verte así el culito! Quédate así un momento”.
Le hice caso, pero en eso escuché unos pasos rápidos atrás de mí y de la nada sentí que me agarraron fuerte de la cintura y sentí otra verga dura que me penetró el anito de golpe. Grité: “¡Hey, qué pedo!”. Y volteando a ver vi a un señor como de 50 años, también delgado y bien moreno, que ya me tenía bien ensartado y sonriendo comenzó a bombearme el culo rápido.
De inicio me molesté y, tratando de empujarlo con una mano, le dije que no. Pero el cabrón me agarraba bien fuerte de la cintura, culeándome a velocidad y diciéndome: “¡Cómo no, pinche puta! ¡Te voy a preñar aunque no quieras!”.
No podía zafarme, pero lo peor era que, en cuestión de segundos, ya me tenía gozando y sentía delicioso el culo. No le había alcanzado a ver la verga a este cabrón, pero bien se sentía y qué rico cogía, jajaja.
Me volví a acomodar en cuatro y lo dejé montarme a gusto mientras yo gozaba sintiéndome toda una perra en celo. “¡Eso, pinche puta! Tú relaja el culo y disfruta mi verga!”, y justo eso hice, jajaja. Cerré los ojos y me dediqué a gemir disfrutando de cada penetración que me daba.
“¡Hay, puta, te voy a dejar bien llena de mecos!”, me dijo mientras aceleraba la cogida y, después de un par de minutos de estarme dando como animal, me dio tres empujones fuertes hasta el fondo para también pegarse a mí y comenzar a llenarme de chorros de leche.
Me quedé quieto dejándolo darse gusto, pero me soltó un par de nalgadas diciéndome: “¡Aprieta bien el ano, perra! ¡Ahhhhh, apriétalo bien!”. Lo obedecí y apreté lo más que pude para que sintiera rico. Se quedó un momento quieto hasta que por fin quedó satisfecho y me sacó la verga. Se acomodó rápido la ropa y solo dijo: “¡Pinches putas, jajaja!”.
Y con eso se fue. Ahora sí volteé y vi que estaba ya yo solo. El otro wey ni supe cuándo se fue. Me acomodé la ropa y me fui de ahí antes de que alguien más llegara. Eso sí, bien cogido y escurriendo leche de macho, jajaja.
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