Dani, mi mejor amigo

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Aquí contaré como fue mi primera relación con mi mejor amigo de 19 años, Daniel. Antes de nada, me llamo Iván y tengo 19 años. La historia que voy a contarles me sucedió hace medio año, cuando yo tenía solamente dieciocho años.

Dani era mi mejor amigo. Yo me sentía muy atraído por él aunque a él sólo le gustaban las mujeres. Es un chico muy guapo, fuerte, moreno y podría pasarme todo el día elogiándolo. Siempre que estábamos juntos sólo hablábamos de chicas (yo soy bisexual) y él me contaba sus relaciones sexuales con algunas de ellas. Cuando esto sucedía, yo no podía evitar un ligero levantamiento de miembro y más interés en la conversación aún.

Yo soy una persona que no tengo en absoluto pluma, por lo que paso por heterosexual completamente. Él era una persona que siempre había sentido rechazo hacia los homosexuales y cuando hablábamos de algún gay siempre tenía malas palabras. Esto a mí no me importaba puesto que a mí también me gustaban las mujeres y tenía que hacerme el macho delante de él.

La verdadera historia entre nosotros ocurrió el día 23 de Junio cuando íbamos a una fiesta con los demás colegas. Él llevaba una ropa demasiado ajustada, marcándose demasiado el paquete, lo cual a mí me volvía completamente loco. Por fin llegamos a la fiesta. Allí nos esperaban nuestros amigos, los cuales ya iban demasiado borrachos y no se enteraban de nada. Uno de ellos, Sergio, también muy guapo, se me acercó y me preguntó si le acompañaría al servicio porque ya estaba lo suficientemente mal como para no saber ni dónde estaba. Yo accedí, y cuando llegamos el chaval cerró la puerta conmigo dentro.

– ¿Qué haces? – Le pregunté.

– Nada, cierro la puerta para que nadie oiga lo que voy a decirte – Me contestó

(Yo en ese momento no sabía qué hacer y me puse muy nervioso. Quizá me sentía bastante excitado).

Dime lo que me vayas a decir y nos vamos enseguida. – Le respondí.

Él me dijo lo siguiente:

– A ver Iván, llevo mucho tiempo intentando decirte esto…

(Yo aquí no sabía ni qué pensar)…

– Me gusta tu amiga Sara.

Durante un instante me quedé completamente perplejo y quizás algo defraudado (aunque quien realmente me gustaba era mi mejor amigo, Daniel). No supe qué responderle y lo primero que le dije fue:

– Lánzate, a lo mejor tienes posibilidades, y déjame en paz.

Cuando salía del baño me agarró fuertemente una mano y me dijo:

– Iván, no soy bobo. Me gusta tu amiga Sara, pero a ti te gusta Dani.

Me puse colorado y mi reacción más inmediata fue un puñetazo en la cara.

– ¿Me estás llamando Gay?. Olvídame tío, te odio.

Di un gran portazo y salí casi corriendo en busca de los demás.

Pasadas dos horas, mis amigos ya estaban casi por el suelo, excepto Dani que apenas bebió. Se me acercó y me dijo que si le acompañaba al servicio. (Yo no sabía que hacer… pensé que no saldría del servicio en toda mi vida…). Me lo pidió por favor, y yo accedí.

Cuando íbamos hacia allí, noté como mi otro amigo (con el que estuve antes en el baño) se reía maliciosamente. Se me acercó nuevamente y me dijo:

– Suerte.

En ese mismo instante, no pude aguantarme las ganas de volver a darle otra bofetada. El sonido del golpe fue tan ruidoso que sólo pude decirle después:

– Perdón tío, creo que me he pasado.

Él se lo tomó bastante bien y me dio un abrazo. Me pidió perdón también y me dijo que sentía mucho lo que me había contado hace un par de horas (tampoco mentía, pero no quería que se supiese la verdad). Me preguntó también si quería que me buscase alguna chica para pasar el rato. Mi respuesta fue rotunda:

– No.

Mientras tanto, el pobre Dani estaba a punto de hacérselo encima y me gritó para que lo acompañase. Cuando llegamos al servicio no había nadie. Era tarde y sólo quedaban mis amigos y otra pandilla de chicos y chicas al fondo de la sala de fiesta. Los urinarios eran demasiado bajos y yo podía verle la verga a mi amigo perfectamente (yo estaba a su lado “regando” también). La gran sorpresa vino cuando me di cuenta de que su pene estaba totalmente erecto. Yo me estaba excitando demasiado viendo ese miembro, de unos quince centímetros quizá, y comencé a mirar a mil sitios disimulando la maravilla que acababa de ver. Él noto mí disimulo y me dijo:

– Qué pasa… ¿Nunca has visto algo así?.

Y respondí:

– ¿Algo como qué?

Él me dijo:

– No me trates como bobo. Me ha contado Sergio que te mueres por una verga. Anda, agárrame la mía que no pasa nada.

Yo me negué y me marché. Cuando iba a salir por la puerta me agarró y me dijo:

– Por favor Iván, hazme feliz tío.

Yo no pude resistir la tentación y se la agarré fuertemente. Estaba calentísima, durísima y bien erecta. Le empecé a masturbar lentamente y me dijo:

– Tú también tienes que disfrutar, ¿no?.

Antes de responderle, ya tenía su mano en mi pene, el cual estaba aún más duro que el suyo. Sin darme cuenta, se agachó y me la empezó a mamar. Fue el momento más impresionante y más maravilloso de toda mi vida. Mi mejor amigo chupándomela. Cuando faltaba poco para que eyaculase en su boca, le dije que yo también quería usar mi boca para lo mismo. Se la empecé a comer lentamente y enseguida se corrió en mi lengua. Al principio me enfadé con él por lo que había hecho, pero luego me di cuenta de que el semen no estaba nada malo. Se la continué chupando un poco más hasta que se la dejé totalmente seca.

De repente, oímos pasos. Los dos intentamos subirnos los pantalones rápidamente pero no nos dio el tiempo suficiente. Cuando vimos quien era el que entró en el servicio, ambos nos pusimos coloradísimos.
Era Sergio, el cual vio esa escena y nos dijo:

– ¿Os ha gustado la experiencia? – y se echó a reír.

Sonrojado aún, salí del servicio y me dispuse a irme a casa. Cogí el jersey y salí del local. Cuando estaba llegando a mi casa, noté como alguien me seguía corriendo. Era Sergio nuevamente, el cual me cogió del brazo y me dijo:

– ¿Por qué niegas lo evidente?.

Yo no supe que contestarle y continué el camino. Él me volvió a agarrar y me contó que Dani le había dicho que fue una pena no haber terminado lo que empezamos en el servicio. La excitación me volvió y mi amigo se percató de ello. Para finalizar me dijo:

– Por favor, vuelve y termina lo que has empezado.

Sin pensarlo dos veces, le di un abrazo, le di las gracias y me volví hacía la fiesta (la cual iba a terminar ya).
Pero, en el momento de irme, Sergio me dijo tartamudeando:

– Ojala algún día puedas hacerme a mí tan feliz como a Dani.

Yo no podía dar crédito a lo que estaba pasando. ¡Mis dos mejores amigos, guapísimos los dos, gays!.

La historia no terminó aquí, de hecho, sólo acabo de empezar. Otro día les contaré cómo reaccioné ante todo aquello que me estaba sucediendo.

Autor: Ivan_sepsep

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