Cuando me hice adicta anal y me prostituí

Hola a todos. Los que ya hayan leído mi primera historia habrán visto mi presentación: soy una mujer madura que en algún momento decidió cumplir fantasías pendientes que de joven nunca había realizado.

Yo seguía conociendo hombres en una página de citas de dominantes y sumisas/os. Una vez tuve un match con un muchacho más joven que yo, unos 30 años de edad, muy apuesto en las fotos. Hasta que nos pasamos al WhatsApp y comenzamos una videollamada: era bien apuesto, me interesaba, hasta que me mostró su miembro, que era más que interesante. Terminamos encontrándonos una mañana de sábado en un bar de la zona de Don Torcuato. Yo, como siempre en los encuentros, vestida bien sexy. Después de un rato, decidimos ir a un hotel de la zona que yo conocía.

Entramos a la habitación, nos besamos, nos acariciamos y notaba que yo tenía que tomar alguna iniciativa. Me arrodillé ante él y le bajé el jean para chuparle la pija, que estaba dura. Así lo hice un buen rato; me gustó cómo se retorcía de placer. Me levantó y empezó a desnudarme. Ya en la cama, me hizo un oral hermoso. Yo, al ser multiorgásmica, le di unos squirts que le pedí que se tragara mis líquidos. Me encanta ver esa situación. Me confesó que nunca le había pasado. Me puso en cuatro sobre el borde de la cama y me cogió un buen rato, yo teniendo varios orgasmos, hasta que agarré su miembro duro y lo dirigí a mi cola. Le pedí que fuera delicado y suave; así lo hizo. Al tenerla tan dura, me dolía bastante y no podía meterla toda por mi dolor, hasta que pedí que me dejara la leche adentro. Me cogió con dolor intenso hasta que acabó, pero un montón. Sentí su leche caliente y con una cantidad enorme… lo más me calentaba.

Luego de esto, me voy al baño para higienizarme; él también lo hizo. Charlamos, nos tiramos a la cama y le agarré la pija para acariciarlo. Empecé a masturbarlo, cosa que me gusta mucho hacer. Se le puso bien dura rápido. No aguanté y empecé a chuparla con todo mi placer. Ya no pensaba en el dolor. Después de un rato así, le pedí que quería su leche en mi boca y que se masturbase para mí. Así lo hizo; me avisó que estaba por explotar y me metía su pija en la boca hasta sentir la leche caliente, tragándomela toda. A todo esto, ya habían pasado unas dos horas. Sonó el timbre del turno y nos fuimos. Nos despedimos con la promesa de volver a vernos y listo. La había pasado bien, pero ya estaba: me había cogido a un muchacho joven y no más.

Salimos; me dejó en la estación de servicio donde había dejado mi auto y nos despedimos. Yo tenía que ir al shopping que hay cerca para comprarme un pantalón y alguna blusa que necesitaba. Fui al shopping y me dieron ganas de picar algo; ya era el mediodía. Fui a un restó muy lindo tipo americano. Me pedí un steak con ensalada, agua y una copa de vino, sola, mirando mi celular tranquila, recuperándome de mis intensos orgasmos. Estaba con mis stilettos y una minifalda corta con una camisa ajustada que, la verdad, no era para estar en un shopping, pero ya estaba ahí y nada, era como estaba. Me traen la comida y la copa de vino. Veo que llega un señor mayor, calculé unos 63 o 65 años, que no dejaba de mirarme. Yo ya lo había visto llegar: era alto, esbelto y en muy buena forma, pero yo estaba en la mía.

Terminé de almorzar y tomarme mi vinito. Le pido al mozo un café y, cuando viene el mozo, trae el café y una botella chica de champagne. Me dice que mi cuenta ya está paga. Le pregunto por qué y me señala al señor mayor que me había estado mirando. Lo miré y lo saludé. Se acerca y me dice su nombre, me halaga con unas lindas palabras pidiéndome si podíamos charlar, lo cual acepté. Se sentó en mi mesa; pedimos otra copa para él y tomamos el champagne. Él tenía muy buena charla y era muy fino. La charla era agradable y pedimos otro champagne. Entre risas y todo, con mucha calma, en un momento me pregunta qué estaba haciendo ahí y le conté que venía de trabajar y tenía que comprarme algo de ropa que me gustaba. No sé cómo se lo habré dicho, pero pensó que yo era una prostituta tipo VIP o algo así.

El tema es que, en medio de la charla y el champagne, me pide ir a un telo que conoce cerca del shopping y me ofrece 300 dólares. Yo me quedé muda; la verdad, no los necesitaba. Me quedé muda y mirándolo. Nunca nadie me hizo esa propuesta; estuve a punto de levantarme e irme, pero se me cruzó por la cabeza que podía ser una experiencia rara y, no sé, mi atuendo estaba confundiendo al señor. Así vestida como una puta, se nota que eso parecía yo. Como no contestaba mientras me pasaban cosas, me pide disculpas y me ofrece 400 dólares. Peor estaba. Yo acepté lo que para mí era todo un desafío. Lo único que le dije fue que primero tenía que hacer mis compras, a lo cual dijo “desde ya” y me iba a acompañar.

Nos levantamos y empezamos a caminar por el shopping, mientras me despejaba la cabeza por lo que iba a pasar después. Él era un señor muy cortés y dulce; ya me estaba seduciendo la idea. Entramos a un local; elegí mi jean y un par de camisas ajustadas que me gustaban. No me dejó pagarlas y las pagó él. Fuimos al estacionamiento, dejó las bolsas en mi auto y vamos al auto de él. De ahí volvemos al mismo hotel donde había estado hacia unas horas. Me sentía una puta literal. Entramos a la habitación, nos sentamos en un sillón y me dije: “Bueno, si soy una prostituta, tendré que tomar la iniciativa y hacerlo feliz, jaja”. Me pide que me deje llevar y que adopte una actitud pasiva, que quería disfrutarme.

Me fui al baño y salgo con mis stilettos, bombachita y corpiño. Se levantó, comenzó a acariciarme toda mientras me besaba. Me pidió que él me iba a desnudar y que no me saque los stilettos. Me acosté; se desnudó y vi el miembro lindo que tenía. Sabía cómo acariciarme toda. Me hizo un oral que me producía muchos squirts; me metía los dedos en la cola con mi propio líquido. Le pedí si se podía acostar porque quería chuparle su hermosa pija para hacer lo que me gusta: parársela con mi boca, sentirme culpable de esa erección, sintiendo cómo crece dentro de mi boca, algo que me pone puta. Una vez dura, me hace poner en cucharita y me pone su miembro en la cola, que estaba mojada por mis orgasmos y él tenía su pija con mi saliva. Me va penetrando de a poco, tomándose su tiempo y esperando mi dilatación. Me acariciaba los pechos, me hacía sentir su miembro disfrutándolo con mucho placer.

A diferencia de otros hombres más jóvenes, su erección no es un pedazo de hierro que lastima; es más blanda pero dura lindo, como que da placer hermoso. Le pedí que me acabe porque me gusta y me dijo que no quería seguir cogiéndome; había tomado una pastilla que se la mantenía así y solo me la iba a sacar si yo estaba incómoda, a lo que le dije que siguiera, me encantaba. Llegué a tener dos orgasmos. Luego de ese hermoso anal, se fue a higienizar y yo también. Nos sentamos en el sillón los dos desnudos y mis stilettos, que me pidió que los tenga puestos. Charlamos de cosas y le pregunté cómo la estaba pasando. Me decía que me estaba disfrutando.

Mientras hablábamos, yo le acariciaba su pija gorda y flácida después de su buena actuación. Le dije: “¿Por qué no acabás?”. Me dice que le cuesta mucho; desde que enviudó, le cuesta mucho acabar. Le dije que no se iba a ir sin que yo me tragara su leche, que la necesitaba después de darme tanto placer. Me arrodillé frente a él, sentado; se la empecé a chupar, escupir mientras me miraba y gemía de placer. Me la metía hasta el fondo, llegando a tener mis arcadas, y le empecé a introducir dos dedos en su cola. Sus gemidos me calentaban más. Así un buen rato lo masturbaba hasta que lo hice acabar toda su leche dentro de mi boca.

Quedamos exhaustos; nos sentamos, pedimos unas gaseosas. Fue a buscarlas, me la trae y va al baño a higienizarse. Le dije que no, que se siente que yo le iba a limpiar la pija con mi boca. Se sentó y se reía; se la chupé toda, estaba flácida, le pasé la lengua por todos lados, se la chupé muy delicadamente mientras lo miraba. Me di cuenta que lo estaba volviendo loco de placer y yo también disfrutaba. Logré que se ponga dura nuevamente y lo monté. Sí, me cogí a él mientras lo cogía; se me dio por darle una bofetada en la cara y decirle cosas bien sucias como me habían hecho a mí muchos. Me sentí dominante por un ratito.

Nos bañamos juntos y nos cambiamos; a esto ya habían pasado dos turnos de hotel. Mientras nos cambiábamos, me paga los 400 dólares y no entendía nada; yo me había olvidado de mi papel de prostituta, jaja. Ya era tarde de noche y me invita a cenar si no tenía otro compromiso. Le dije que me gustaría, pero tenía que llamar a mis hijos para saber en qué estaban. Ellos ya son grandes, pero igual llamo. Les dije que iba a cenar con unas amigas y dijeron: “Andá, mamá, estamos en casa con amigos, con la Play y pizza”. Me quedé en paz.

Volvimos al estacionamiento del shopping por mi auto. Me dijo que lo siga, que conocía un lindo restaurante, y fuimos a una cena con velas. Hablamos mucho y le pregunté si se sintió incómodo cuando le di una bofetada mientras lo cogía. A lo que me confesó que nunca se lo habían hecho y le había gustado. Le propuse otros encuentros donde él podría jugar el papel de sumiso (eso lo había practicado como sumisa humillada; él no lo sabía). Nos pasamos los teléfonos y, a partir de ahí, casi todas las semanas nos encontrábamos para ir a telos distintos y él me pagaba siempre. Nunca le dije que era contadora y que trabajaba en una multinacional. El señor era un empresario importante que estaba solo.

Fue un día muy atrevido para mí; no me lo voy a olvidar, como muchos otros. Me hice prostituta sin darme cuenta: dos hombres en un solo día, jaja. Tengo algunas historias más con este señor que más adelante les contaré.

Caro de Buenos Aires.

Compartir en tus redes!!
caro45
caro45

Soy una mujer de 49 años en forma ,de Buenos Aires ,Argentina ,

Artículos: 2

2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *