Cómo me cogí a la sobrina de mi tía política – I, II

Hola. Esta vez, es un relato hetero.

Sucedió cuando yo tenía 19 años. En ese entonces, vivía en casa de mi tío y trabajaba en su negocio. Su esposa tenía una sobrina de 22 años, unos años mayor que yo, que también vivía allí. Su trabajo era cocinar para todos los que laborábamos en el negocio.

Entrábamos muy temprano a trabajar y salíamos entrada la noche, en compañía de otras personas.

Para contextualizar, por esas fechas tenía una novia de 19 años que también trabajaba en el negocio. Yo había despertado a la sexualidad a temprana edad. Mi novia era una chica muy sexy que usaba faldas cortísimas, casi dejando nada a la imaginación. Me excitaba tanto que cualquier oportunidad era buena para masturbarme pensando en ella.

Yo era el encargado de ir todos los días por la comida. Aprovechaba para bañarme, porque llegaba muy cansado por las noches, con ganas solo de dormir.

La cocinera, sobrina de mi tía, a quien llamaremos Mary, medía unos 1.50 m, pero tenía un cuerpo armonioso y facciones hermosas.

Ella sabía de mi noviazgo. Un buen día, me hizo preguntas sobre mi relación.

—¿Cómo te llevas con tu novia? —preguntó Mary.

—Muy bien, hasta ahora —respondí.

—¿Ya has tenido sexo con ella?

Me quedé avergonzado y sorprendido por la pregunta.

—No, solo somos novios.

—No pierdas el tiempo. Si tú no lo haces, otro lo hará —me dijo con una sonrisa pícara.

Cada vez que iba por los alimentos, se repetía una conversación similar. No entendía su interés, pero empecé a verla diferente: ya no como pariente, sino como mujer.

Sucedió un día. Ella tomó la iniciativa.

El baño de la casa no tenía puerta, solo una cortina de plástico que evitaba miradas indiscretas. Tampoco había regadera; nos bañábamos a jicarazos.

Ese día, me metí al baño, me desnudé completamente y empecé a bañarme. Repentinamente, se abrió la cortina. Entró Mary, totalmente desnuda.

—Voy a bañarme contigo —me dijo con voz firme.

Al ver su cuerpo exquisito —senos pequeños pero erguidos, vientre plano y pubis con vellos ensortijados—, mi verga se paró al instante. Se pegó a mí y sentí su calor.

—Quiero tener sexo contigo, sin compromisos ni broncas. Solo sexo, cuando los dos querramos o podamos —susurró.

Nos besamos apasionadamente. Nos tocamos por todo el cuerpo. Yo estaba listo para penetrarla, pero ella se hincó y me dio una mamada deliciosa. Por poco eyaculo en su boca.

Se sacó mi verga y me pidió:

—Chúpame la conchita, está bien mojada.

La levanté y la senté en el borde del tanque de agua. Le abrí las piernas y me deleité chupando esa vagina deliciosa y vírgen.

Ya quería meterle la verga, pero me detuvo.

—No me la metas en la concha, no quiero embarazarme. Pero te ofrezco mi culito para que descargues toda tu leche.

Yo quería cogérsela y no me importaba dónde. Aunque mi verga no es muy grande, me costó trabajo penetrarla. Su culito estaba muy estrecho, jamás había sido cogido.

Ella me ayudaba, guiando mi pene y empujando hacia atrás. Después de un rato, logré meter la cabeza. Mary pegó un grito por el dolor de perder su virginidad anal.

Sin embargo, no intentó sacarme. Despacito, fui metiendo el resto hasta tenerla toda adentro. Empezamos a movernos lentamente, sacando y metiendo.

Supongo que ya no dolía tanto, porque arrecié los movimientos. Tuve uno de los orgasmos más deliciosos de mi vida.

No todo fue bonito. Terminé con la verga adolorida por las rozaduras. Ella quedó con el culo roto y sangrante. A mí me tardó varios días el ardor; a ella, creo que igual.

Nos dimos un beso, terminamos de bañarnos y salí corriendo con la comida, porque ya estaba atrasado.

Mary y yo no hablamos del asunto por varios días.

Tiempo después, me confesó:

—Disfruté el encuentro, pero mi anhelo es cogerme por delante. Consigue condones para hacerlo sin riesgo.

En la primera oportunidad, compré un paquete de preservativos y le dije que estaba listo para cumplir su fantasía.

—Pronto será, yo te aviso —me respondió.

¿Les parece bien que se los cuente en otro relato?

Saludos a todos.

PARTE II

Continuamos con la segunda parte:

Pasaron varios días desde que Mary me dijo que ella me avisaba cuando le metería la verga en su conchita y así cumplir su fantasía de perder su virginidad. Por prudencia no preguntaba pero ansiaba ya que me dijera cuando sería el día.

Una noche, mientras los tíos estaban distraídos, se acercó a mi y me susurro al oido-mañana es el gran día. Esa noche no podía dormir pensando que ella estaba muy cerca de mi y yo no podía ni me atrevía ir a verla a su cuarto. Por fin llegó la mañana y me fui a trabajar, cómo todos los días, pero pensando ya en lo que iba a suceder.

No me concentraba en el trabajo, incluso mi novia lo notó y en repetidas veces me preguntó que me sucedía y en todas las veces le dije-nada.

Llegó la hora de ir por la comida. Me puse aún más nervioso. Llegué a la casa y Mary ya me estaba esperando. Apenas cerramos la puerta, la tomé de la cintura, la atraje hacia mi y le planté un beso apasionado que ella correspondió.

Me pidió que la acompañará a su cuarto pero yo le dije que quería bañarme primero. Ella accedió y me dijo que me iba a esperar en su habitación. Salgo del baño, abro la puerta de su cuarto y ella estaba acostada en su cama totalmente desnuda. Me sorprendió que su pubis estaba completamente rasurado, dándole un aire aún más joven. Yo ya tenía la verga bien parada. Me acerqué a su cama y me pidió que me acostara junto a ella. Estaba ardiente, quería coger. Recorrí con mis labios todo su cuerpo, sus senos, su vientre y por supuesto su rica conchita.

Traté de acomodarme entre sus piernas para penetrarla y ella me detuvo. Me acostó de espaldas, se subió de manera que su conchita quedó frente a mi boca y mi pene a la altura de sus labios. Nos deleitamos con un magnífico 69. Ella tenía el control del momento.

Se paró, buscó los condones que le había dado a guardar, me puso uno y se acomodó lista para penetrar en su virginal conchita mi miembro ardiente. Se montó en mi y con mi pene se frotaba la vagina que casa vez estaba más húmeda. No sé cuánto tiempo pasó. Sentí cuando por fin apuntó mi verga en su hoyito y poco a poco se fue ensartando. Veía su rostro deformado por la lujuria que eso le provocaba. De repente, zas que se deja caer en mi verga, pegó un grito gutural y se quedó inmóvil bien ensartada. Sentí algo caliente que me bajaba hacia el vientre pero no podía ver nada. Después de un momento, empezó a subir y bajar sobre mi tronco, yo no hacía nada, disfrutaba que ella disfrutara. Empezó a aumentar el ritmo de sus movimientos hasta que llegó el momento que parecía yegua desbocada. Tenía que agarrarla de las nalgas para que no se le saliera la verga. Gemía de placer y decia palabras que nunca entendí. En una de esas, sentí un torrente liquido que me mojo el vientre e incluso me salpicó la cara, había llegado a un súper orgasmo con squirt incluído. Cómo ella se quedó quieta, y yo sentía que pronto me iba a venir, le metía y sacaba mi verga con fuerza hasta que llegué a mi propio orgasmo.

Cuando ella se acostó de nuevo a mi lado, ví lo que me que tenía en el pubis: un hilito de sangre y un líquido pegajoso que me mojó la pierna, los testículos y el vientre.

De no ser que tenía yo que ir a dejar la comida, seguramente habríamos tenido un segundo raund.

Después de este evento, yo veía a mi novia de otra manera. En muchas ocasiones le insinuaba pero ella se hacía la desentendida. Pero llegó el día que sin pensarlo, sucedió lo que tenía que pasar. Pero eso será motivo de otra historia.

Con respecto a mi relación con Mary, fue como ella siempre dijo: sin compromisos, sin complicaciones y cada vez más atrevidas. Duramos mucho tiempo cogiendo hasta que ella se fue un día de la casa. Se casó y tuvo un hijo con su esposo. Le perdí la pista pero siempre guardo un grato recuerdo de ella.

Saludos.

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Madurogay
Madurogay
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