Aventuras de Lolita – Contratando a Carmen

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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Lolita vivió 15 días de locura. Para poder establecerse en su nuevo depa, necesitaba equiparlo adecuadamente a sus necesidades y a ello se dedicó.
Seleccionó muebles antiguos que dejarían espacio a los nuevos y minimalistas, electrodomésticos imprescindibles para una joven de su edad: equipo de audio, televisor, horno de microondas, cafetera y pava eléctrica entre otras cosas.

El trabajo era demasiado para su gusto, necesitaba de manos amigas que le ayudaran. Contaba con Leonardo, obviamente, y sabía que él vendría cada vez que se lo pidiese, pero claro, su colaboración implicaba unas horas de trabajo y otras tantas en la cama, sudando ambos mientras se revolcaban a conciencia.
Antes de fin de año, fue Jimena quien se acercó al departamento. Observó los detalles que la joven había incorporado y sin dudarlo, le sugirió contratar una diseñadora de interiores que reubicase adecuadamente las cosas y le aportara información de colores y combinaciones para dar un toque personal al departamento. Eso implicaría dejar en mano de pintores y personal de obra su vivienda, mientras los trabajos se efectuaran debería volver a la casa materna para facilitar el proceso.

A regañadientes, tuvo que aceptar. Sabía que la situación marcaría un plazo de abstinencia sexual con Leonardo y las sesiones con Lucha. Pero aprovecharía ese tiempo para seleccionar ropas, calzados y pertenencias que aún estaban en el piso de Jimena, embalar todo y prepararlo para la mudanza final.

La primera noche en casa de Jimena, hubo cena de mujeres, charlas extensas, hasta la madrugada, aprovechando que su madre no trabajaba al día siguiente.
Jimena: Loli, el 2 de enero viajo a un congreso a Madrid, vas a quedarte con Carmen y ella te ayudará con todo aquí.

Lola: ma, Carmen siempre toma sus vacaciones en Enero, no seas agreta.
Jimena: ella necesita unos días en Febrero y negociamos eso, tranquila
Lola: siendo así… ¿puedo pedirle que se quede acá? así le evitamos que la pobre tenga que madrugar y bancarse esos viajes pesados desde su casa
Jimena: háblalo con ella. Si acepta, por mí no hay problemas
Lola: bien, tengo una consulta que hacerte, muy personal, ¿puedo?
Jimena: obvio hija
Lola: ¿por qué te divorciaste de Leonardo? Era muy chica cuando pasó
Jimena suspiró, estiró sus piernas e invitó a Lola a que la acompañara al living. Preparó un par de copas con tragos que ambas disfrutaban, y se sentaron en los cómodos sillones.
“Él fue mi primer hombre, desde la Uni. Me enamoré perdidamente de él, disfrutaba de cada momento que vivíamos juntos, de todos ellos: desde los más simples a los más calientes” hizo una pausa para beber y retomó el monólogo. “Hubo un incidente que marcó mi vida y me llevó a dedicarme a full a mi estudio y especialización, lo descuidé mucho durante ese tiempo y sé que los hombres tienen muchas necesidades, algunas de las cuales sencillamente le negué por varios meses, casi un año te diría.” La copa quedó vacía por primera vez y fue recargada para mantener húmeda la lengua mientras el relato continuaba.
“Supe que en ese tiempo, mientras se mantenía junto a mi ayudándome a superar el momento, tuvo un par de aventuras con conocidas de ambos, pero las acepté, porque yo le negaba mi cuerpo y él tenía urgencias. Cuando logré comprender la razón de mi aborto espontáneo, decidí aferrarme a él y recuperarlo. Me resultó sencillo, porque conocía cada una de sus debilidades y gustos, superamos aquel mal momento y nos unimos mucho más. Unos meses después, llegaste a nuestras vidas.” Nuevo sorbo, gran suspiro y un beso cálido a Lola, de parte de Jimena que continuó. “En esos momentos, yo ya trabajaba mucho como residente en una clínica y para no estar tan alejada de él, le conseguí empleo allí mismo. En ese tiempo, contratamos a Carmen, era una chica de apenas 17 años muy recomendada por gente conocida, muy trabajadora y responsable. Prácticamente te crió y acompañó a Leo mientras yo trabajaba día y noche”.
Lola: si iba todo tan bien ¿qué pasó? ¿Hubo algo extraño?
Jimena: si Loli, hubo muchas cosas. Solo espero que escuches y comprendas.
El alcohol ya empezaba a pegar en Jimena, su lengua se iba aflojando y los recuerdos aflorando.
“Reconozco que pasar tanto tiempo en la clínica, lejos de casa me hizo “trastabillar”, tuve alguna que otra aventura con médicos y hasta algún enfermero. Me había vuelto muy caliente y no podía resistir mucho tiempo sin sexo y Leo se enteró, pero lejos de reprocharlo, optó por pagarme con la misma moneda”, un nuevo sorbo al vaso y continuó. “En una oportunidad estuvo a nada de encontrarme en plena sesión de sexo con un médico, seguramente se dio cuenta porque yo tenía mi sexo empapado y lo encerré en un consultorio y literalmente lo violé. Pero el peor momento pasó cuando ya tenías 5 años, yo sabía que él me engañaba con una empleada de la administración y volví a casa envuelta en llamas, vos dormías en tu cuna y Carmen estaba dormitando a tu lado en nuestra cama, tan solo cubierta por una bata corta que apenas le cubría la braga y uno de sus pechos había salido de la parte superior… la vi tendida así y literalmente me lancé sobre ella.” Hizo un alto, secó un par de lágrimas que caían de sus ojos y apuró el vaso hasta el final.
“le arranqué la bata, la dejé con sus pechos al aire y me dediqué a comerla completamente: sus pechos, su boca y metí mi mano de manera brusca entre sus piernas. Tiré de sus bragas a romperlas, hundí mis dedos en su vagina y ella respondió a mis actitudes, me desnudó en menos de lo que yo pude acomodarme y nos fundimos en besos, abrazos y caricias intensas. Me confesó que me deseaba desde los primeros días de trabajo y yo no pude detenerme, me entregué a ella. Me dejé hacer, gocé cada caricia, cada beso y hasta le facilité que me comiera la vagina hasta hacerme acabar como nunca antes. Estaba locamente descontrolada, y no tomé en cuenta que él podía llegar en cualquier momento: nos encontró en el exacto momento en que Carmen me montaba y me metía dos dedos en el ano mientras yo le mamaba la concha. Fue demasiado para él… que lo cambiase por otro hombre, lo hubiese soportado, pero por otra mujer fue demasiado” ya no podía aguantar las lágrimas, sollozaba profundamente.
Lola: ¿jodeme que sos lesbiana?
Jimena: soy bisexual, pero hoy debo decirte que Carmen es mi pareja
Lola. Esto es demasiado… no lo puedo creer…
Jimena: ya sabés todo, no hay nada que ocultarte…
Lola: pero ella no vive aquí…
Jimena: lo hará cuando completes tu mudanza, mientras tanto le alquilo un departamento muy cerca de la clínica, pasamos tiempo juntas allí.
Lola: no sé qué decirte… pensaba contratarla para que me ayude con mis cosas, ahora no creo que deba hacerlo
Jimena: hacelo, ella está esperando eso. Te ama tanto como yo, es prácticamente tu segunda madre.
Jimena se puso de pie a duras penas, Lola la acompañó a su habitación y la dejó allí tras desvestirla y meterla en la cama, el alcohol había hecho el resto. Volvió al living, bebió de su vaso y se quedó pensando en todo lo que acababa de escuchar: Carmen y su madre pareja, Leo cornudo con la mucama y ella amante de su padre… Una situación difícil de creer. Fue a su habitación y se recostó, apenas si pudo dormir.
Algunos ruidos la despertaron, seguramente Carmen ya estaba en el departamento. Se levantó y fue a su encuentro, necesitaba hablar con ella.
Carmen: buenos días Lola, que bueno verte aquí
Lola: Anoche mi madre se emborrachó y soltó la lengua…
Carmen se puso colorada y se afirmó a la mesada, las piernas le temblaban al igual que las manos.
Carmen: Lola, yo…
Lola: ¿por qué no me lo dijiste?
Carmen: era una promesa a Jimena, perdón…
Lola: voy a preparar mis cosas y cuando mi vieja se vaya de viaje, te espero en casa, allí hablaremos. Mientras tanto, hacete cargo de ella, ¿ok?
Carmen meneó la cabeza de forma afirmativa, se sentó en una de las sillas del comedor y la vio partir hacia la habitación. No volvió a aparecer hasta cerca del mediodía, le informó que dejaba algunas cosas embaladas y que mandaría un flete por ellas. Se acercó y la saludó como de costumbre, pero aquel típico cachetazo en las nalgas que solía darle, se transformó en una caricia que recorrió completamente la raja de culo de Carmen, deteniéndose de manera profunda al borde del ano.
Al llegar al departamento observó que ya estaba todo el trabajo terminado. Abrió las ventanas para que el olor a pintura se desvaneciese y preparó la habitación para una noche más que intensa. Llamó a Leonardo y le pidió que al atardecer fuese a verla, ella le prepararía una cena liviana y pretendía que se quedara a pasar la noche.
Pasadas las 19 horas llegó Leonardo, ella le abrió la puerta y apenas él cruzó la puerta, lo atrapó llevándolo al sillón más cercano. Lo arrojó allí y se quitó el camisón que la cubría, se mostró absolutamente desnuda y él comprendió de inmediato.
La tomó de una mano y la abrazó, llenándole la cara de besos y el cuerpo de caricias. Ella actuaba totalmente descontrolada, se frotaba intensamente contra el cuerpo de él, le quitó la remera, tironeó del jogging hasta dejarlo solo cubierto por un bóxer y se dedicó a excitarlo al máximo nivel. Él aceptó que ella llevara el control: aceptó cuando le depositó su concha babeante en la boca, esperando que su lengua la invadiera, al sentirla se dejó caer esperando la penetración oral. Aguantó escasos minutos, y se giró para atrapar la verga primero con sus manos y tras bajar el bóxer, con la boca, tan profundo como podía: hicieron el primer 69 de su vida, allí en ese sillón inmaculado.
Cuando la boca de Lola se llenó de semen, recién se detuvo. Tragó lo que pudo y se rindió físicamente.
Leonardo: Loli, ¿qué pasó? ¿Por qué estas así?
Lola: ya se todo de Jimena y más que nunca voy a hacerte mío.
Leonardo: sabés de Carmen…
Lola: todo, ella misma me lo confirmó hoy a la mañana.
Leonardo llevó a Lola a la habitación y juntos estrenaron la nueva cama King size. La primera penetración fue brusca, propuesta por ella, que lo cabalgó hasta que los labios vaginales la doliesen. Tras un descanso reparador, volvieron a revolcarse, ahora el ubicado detrás de ella en posición perrito la penetró intensamente, haciendo rebotar su cuerpo contra el de ella hasta regarle las entrañas por segunda vez.
Podría decirse que la noche fue corta para tanto sexo, él quedó seco y ella adolorida de tanto dar y recibir. Al amanecer, se encontró sola en la cama, con una nota en la mesa de luz: Leonardo debía terminar unas tareas en su trabajo y volvería un par de días después.
A primera hora de la tarde, llegó el flete con las cajas y bolsos con las pertenencias de ella. El joven repartidor no podía creer que la mujer lo recibiera tan solo cubierta por una bata casi transparente que dejaba ver la ropa interior azul oscura que cubría levemente sus curvas. Ella se dio cuenta de la situación cuando el muchacho le entregó las planillas de recepción al revés, mientras perdía su mirada en sus tetas.
Lola: epa amigo… mis ojos están acá arriba, no tan abajo…
Fletero: perdón señorita… no quise ofenderla…
Lola: eso espero, déjame una tarjeta así te llamo si necesito algo ¿ok?
Fletero: sí, claro. A su servicio para lo que necesite…
Lola: de eso estoy segura. Nos vemos.
Cerró la puerta y se rio de la situación. Abrió un par de cajas y sacó algunas de las cosas que había en el interior, lo necesario para la cocina.
Días más tarde, Jimena partió a España. La llamó antes de abordar y le confirmó que Carmen iría al día siguiente a colaborar con ella.
Lo llamó a Leonardo, porque no quería que se encontraran. Él le confirmó que iría por negocios a Mar del Plata por 3 días y aprovecharía para reservar una cabaña para febrero, así podrían ir de vacaciones juntos.
Todo cuadraba justo: Jimena en Madrid, Leonardo en Mardel y ella a solas con Carmen, para poder hablar tranquilas y escuchar su versión de todo.
Lola tomó su celular y la llamó a Carmen. Le sugirió que trajese algo de ropa informal para quedarse esos dos días en que la ayudaría, quería terminar todo antes de que Leonardo volviese.
Carmen llegó impecablemente vestida, con su uniforme, puntualmente a las 8 de la mañana, le abrió la puerta, la abrazó y le estampó un beso, como siempre.
Lola: Carmen, ¿qué hacés así vestida? Acá no hay uniformes, ponete algo más cómodo, mientras te hago un café.
Carmen: no sé si deba…
Lola: déjate de formalidades, un short y una remera son suficientes…
Carmen: bien Lola…
La mujer tardó un poco, pero apareció tal y como ella lo había pedido.
Lola: ahora sí, querida, ya nos vamos entendiendo
Bebieron el café y pusieron manos a la obra hasta pasado el mediodía, en que el calor empezaba a apretar y bastante. Enero en Buenos Aires suele ser muy intenso.
Lola: ¿una cervecita bien fría mientras comemos algo?
Carmen: no suelo beber tan temprano, además tenemos que seguir…
Lola: descansamos hasta la tardecita, tomamos algo fresco y charlamos un poco ¿ok?
Carmen: en ese caso…
Lola: dejá la formalidad mujer… o no te voy a contratar…
Carmen: me cuesta un poco tratarte más informal…
Lola trajo un par de cervezas, unos sándwiches y se sentaron a almorzar.
Lola: entenderás que espero tu versión de la situación, ¿no?
Carmen: terminemos el almuerzo y luego hablamos, ¿sí?
Lola: está bien… ¿te gusta mi depa?
Carmen: ya lo conocía, lo elegimos con Jimena, iba a ser nuestra casa
Lola: a bueno… ¿y qué pasó?
Carmen: cuando todo se precipitó, ella lo ofreció como garantía de silencio
Lola: había buena moneda entonces…
Carmen: Jimena derivó una parte de su sueldo para asegurar su futuro
Lola: previsora mi vieja…
Carmen: ambos ganaban buena plata, pero conservaban bienes propios
Terminaron de almorzar y fueron al living, que con aire acondicionado era mucho más agradable que el calor de la cocina. Se sentaron enfrentadas y Lola se dispuso a escucharla. «Bien Carmen, soy todo oídos” le dijo
“Cuando llegué a la casa, tus padres atravesaban un momento duro y vos apenas tenías meses de vida. Yo era una recomendada de un médico amigo de ambos, estaba sin trabajo y necesitaba dinero, acepté las condiciones y comencé a trabajar para ellos. Al principio en la antigua casa, de lunes a sábado, quedándome cama adentro, para hacerme cargo de tu cuidado. Vos dormías en un cuarto cercano al mío, y ellos en otro, casi todas las noches los escuchaba tener sexo porque eran muy activos y en más de una oportunidad me “calmé” manualmente mientras los oía. Con el paso del tiempo, ya se fueron aplacando y tu madre pasaba varios días fuera, cubriendo guardias. Tu padre se ponía de mal humor cuando eso sucedía muy seguido y comenzó a salir, cuando Jimena se iba, volvía en la madrugada y eso me daba mucha bronca” dijo mientras acariciaba la lata de cerveza. “unos meses después, sus horarios se cruzaban: cuando Jimena estaba en la casa Leonardo trabajaba o al revés. Entonces empecé a tener más confianza con tu madre, yo sabía que no debía decirle lo que tu padre hacia y solía ser quien escuchaba lo que tu madre contaba: las propuestas que recibía y alguna aventura. Hasta que una mañana, ella llegó agotada de trabajar, había tenido que afrontar sola un par de accidentes en la madrugada y antes de eso, había estado con un “amigo”. Estaba muy contracturada, se dio un baño y me pidió que le pusiese algo de crema relajante. Se tendió en la cama, solo con una tanga mínima, ya que estábamos entre mujeres… le pasé la crema por los hombros, la espalda, la cintura y noté que estaba muy relajada, disfrutando del masaje. Para ese momento, yo me sentía atraída por ella y aproveché la situación para que los masajes fueran algo más intensos, sentí como se relajaba y los disfrutaba, la toqué por primera vez en su entrepierna, apenas. Jimena giró hacia mí, me miró y se sonrió de manera pícara: no dudé ni un segundo y le di nuestro primer beso, corto casi robado. Se sentó en la cama, tomó mi rostro y nos besamos más intensamente, la acaricié y aceptó mis caricias. Para cuando quisimos reaccionar, estábamos acostadas ambas, desnudas, tocándonos muy íntimamente. De eso a nuestra primera relación integra, no pasó ni un minuto, montamos nuestro primer 69 hasta el orgasmo. Cuando nos repusimos, sabíamos que ambas sentíamos atracción por la otra, y así empezó todo. Apenas tu padre se iba, nos juntábamos en su cuarto o en el mío por un par de horas, éramos bastante cuidadosas” empinó la lata de cerveza hasta terminarla. “Cada tanto, ella se encamaba con Leonardo para que no sospechase, pero lo hacía con muy poca frecuencia. Se hizo una cirugía en uno de sus viajes a Córdoba con uno de sus colegas para no volver a quedar embarazada y en un descuido, la encargó a Leonardo que le retirara un par de estudios y allí se enteró de la cirugía. Las sospechas eran muchas, nos descuidamos y una mañana él nos descubrió en su cama, en pleno acto sexual, ambas con dildos metidos y dándonos placer oral. Quisimos que él se nos uniera, ya que somos bisexuales y necesitábamos de un hombre, pero se negó y amenazó con denunciarnos. Tu madre y él llegaron a un acuerdo y el resto ya lo sabés: seguimos siendo pareja y lo haremos formal en Febrero, después que te establezcas y ella vuelva de sus congresos y residencia. Es todo.” Concluyó sin que se le cayera una sola lágrima, convencida de que había descargado un pesado lastre que la acompañaba.
Lola: manso quilombo… ¿cómo hacen con la parte masculina?
Carmen: eso no pienso decírtelo, tan solo debes saber lo que te conté
La miró sorprendida, pero necesitada de conocer más de la relación que las unía a las dos mujeres. Entendió que no era el momento, le agradeció la confesión y volvieron al trabajo.
Habían pasado un par de horas y el calor era sencillamente insoportable, ambas sudaban de manera intensa mientras corrían cajas y vaciaban bolsos.
Lola se sentía pegajosa, la humedad del ambiente era mucha, casi tanto como el calor reinante. La remera estaba mojada y el short de lycra le raspaba al caminar: se acercó al baño, se refrescó un poco y sin la menor duda, se quitó la remera y el short, quedando en brassier y una tanga minúscula. Apareció en la habitación y Carmen la vio casi desnuda. “¿te puedo imitar? Le pregunto la mujer. “Obvio, ¿qué voy a ver que no haya visto?” le respondió Lola.
Cuando Carmen se despojó frente a ella de sus ropas, la observó por primera vez en detalle: pechos redondos, bien puestos, firmes, figura bastante entallada y caderas potentes, de redondez apreciable y dura. Las bragas tipo tanga que usaba, eran casi transparentes y se notaba una ligera fila de vellos sobre la raja de la vagina carnosa. Sin dudas, Jimena sabía elegir muy bien: Leonardo tenía una buena verga y Carmen era muy apetitosa.
Lola: estás muy fuerte Carmencita, la entiendo a Jimena, pero de ahí a no tener una buena herramienta adentro…
Carmen: hay muchas opciones, solo debes elegir la mejor, según el momento y la compañía
Lola: pero Jimena es mujer… ¿tienen juguetitos?
Carmen: como toda pareja de mujeres…
Lola: ¿y no extrañas una buena tranca?
Carmen: Lola, te estás pasando…
Lola: para nada, a mí me gustan las dos cosas…
Carmen: ¿te gustan las mujeres?
Lola: en algunos momentos son necesarias…
Dicho esto, se aproximó a Carmen y pasó descaradamente su mano por la cola de la madura que le daba la espalda. Ella se sobresaltó con el toque, pero no se retiró: la charla la estaba encendiendo y el calor del ambiente ayudaba. “te gusta que te toquen Carmencita… vos debés ser la mujer de la pareja… no te veo cargando con un dildo para metérselo…” le dijo mientras volvía a la carga contra las piernas entreabiertas de la madura.
“No sigas con esto Lola, ya te estás excediendo demasiado” le dijo girando sobre sus talones para enfrentarla. La cercanía era extrema, podía sentir la respiración de la joven a escasos centímetros de su piel.
Cuando Lola volvió a extender su mano, encontró la raja súper mojada de Carmen y una extraña sensación la llevó a recorrerla. La madura cerró los ojos y solo se dedicó a disfrutar el momento…
Carmen: Loli, por favor, ya no sigas…
Lola: ¿segura? Te estás derritiendo…
Carmen ya no soportó más, se acercó a Lola y le comió brutalmente la boca, la aferró por las nalgas y la acercó para restregarla contra ella, la llevó contra una pared y calzó una de sus piernas entre las de la joven: la levantó suavemente y la comenzó a frotar descontrolada, segundos después los flujos de Lola ya se pegoteaban en su muslo. Se separó a duras penas de la boca de la joven: “¿querés saber lo que hago con tu madre? Vamos a la cama y vas a saber lo que es bueno…” la tomó de la mano y la llevó a la habitación, la arrojó a la cama, se agachó y de un tirón le arrancó el hilo dental para luego hundir su rostro en la entrepierna y comerle la raja violentamente.
Lola estaba totalmente entregada, se dejaba hacer y gemía intensamente mientras recibía la penetración de la lengua de Carmen en su vagina. En un momento dado, la llevó a la parte más profunda de su cuerpo, le descargó chorros de flujos en el rostro y acabó en medio de un grito intenso.
En ese momento, Carmen se retiró y la dejó reposar. “Esta noche vas a llamar a uno de tus amantes Lola, y mientras yo te como entera, vas a recibir una verga que te calme. Pero avisale a tu macho que me va a tener que cogerme a mí también, ¿te queda claro?” dijo mientras se limpiaba los restos de la acabada de Lola.
Lola: seguro turrita, pero vos vas a entregar el culo, mientras me comas
Carmen: ¿por qué no? Eso me vuelve loca…
Lola: si vas a tratarme así, estás contratada como personal de esta casa
Carmen: no me lo perdería por nada del mundo
Lola: ¿y mi vieja?
Carmen: ese es mi problema, no el tuyo. Quedate tranquila.
Se ducharon juntas, se manosearon a más no poder y luego volvieron al trabajo. Mientras Carmen se hacía cargo de algunas cosas en la cocina, Lola tomo su celular y llamó a un amigo de la universidad, le ofreció la posibilidad de cogerse a su madura mucama y el muchacho accedió inmediatamente. Les esperaba una noche épica a los tres.

Pero eso vendrá luego…

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago

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Alejo Sallago
Alejo Sallago

Mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

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