Abriéndole el culo para su marido

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Luego de llevar semanas sin poder ver a la mujer que me vuelve loco, llevábamos días hablando de juntarnos. Muchas veces no podíamos hablar bien por estar ocupados, pero cuando se podía, compensaba todo. En una de esas, ella me enseñó una foto de una conversación con su marido que decía que quería que su amigo le abriera el culo. Yo en ese momento no entendí lo que me estaba hablando. Luego ella me explicó que se refería a su amigo, al dildo que yo le regalé (el obviamente no sabe que yo se lo regalé), pero la idea me prendió a mí y a ella también. Empezamos a hablar de qué fantasía tan rica sería poder cogérmela por el culo. Ella me dijo que le costaba, ya que lo tiene muy estrecho y no solía tener mucho sexo por ahí.

Ella tiene un gran culo, es perfecto, es redondito, grande y cuando se pone en cuatro es simplemente espectacular. Es lógico que su marido quiera cogérsela por ahí y cualquier hombre sería una fantasía hecha realidad. Yo me considero muy bueno en el sexo anal, soy paciente, delicado y creo saber ya la forma de poder cogérmela. Le dije si me daba la oportunidad, con gusto le hacía el favor a su marido. Le dije “jajaja, qué amable”, me dijo en tono sarcástico. A lo cual me dijo que no sabía que cuando estaba muy caliente o muy ebria sí le daban ganas, pero a la hora de la verdad le dolía y ya no podía, pero que iba a pensarlo. Ya me dio la clave, pensé.

Pasaron los días y seguimos hablando, pero no se nos daba la oportunidad hasta que ambos nos inventamos una excusa. Ella dijo que saldría de fiesta con sus amigas y yo algo parecido con mi esposa para poder salir. Fuimos a un baresito que yo conozco, escondido. Cenamos y nos tomamos unos vinos, platicamos y la estábamos pasando muy bien. Ya algo entonados los dos, le dije: esto está muy alegre, pero si queremos aprovechar el tiempo, deberíamos hacer algo por qué podían sospechar nuestras parejas. Me dijo que dejara mi carro en el sótano de dónde estábamos y nos fuéramos a un motel que quedaba a unas cuadras. Ni dos veces le dije que sí. Llegamos a su carro y me lancé a besarla. Nos dimos un beso prolongado, muy rico, mientras mis manos recorrían su cuerpo. Ella comenzó a manejar mientras yo le besaba el cuello y le metía la mano por en medio de su vestido. Me la comencé a coger con los dedos y ella gemía de lo más rico. Le metí dos dedos en su húmeda vagina, los saqué y estaban llenos de su flujo que me encanta. “Qué rico”, le dije mientras me metí los dos dedos en la boca, saboreándola toda.

Llegamos muy rápido al lugar. Entró y yo me bajé a cerrar el portón. Llamé para decir que queríamos ingresar y me paré en su puerta a la par de ella en lo que nos abrían. Ella no se resistió y comenzó a desabotonarme el pantalón, me quería mamar la verga. Ambos ya estábamos muy excitados. Me la sacó y se la empezó a meter hasta adentro. Las mamadas de verga que pega esta mujer son tan ricas. Se la metía toda en la boca hasta adentro y luego la sacaba mirándome a los ojos. Llegaron a decirnos que ya podíamos ingresar y abrieron la puerta. Entramos a la habitación: estaba llena de espejos por todos lados, incluyendo el techo, una cama grande, muy cómoda y muy sexy. Nos llevábamos un hambre que nos fuimos directo a la cama. Continuamos besándonos mientras me quitaba toda la ropa. Me quité el saco y ahí tenía un lubricante. “Eso para qué es”, me dijo. “Ya lo verás más tarde”, le respondí. Lo puse en la mesa de noche. Me quité el bóxer y me subí a besarla.

Ella estaba acostada y comencé a besarle los labios, luego el cuello. Metí mi mano en medio de su vestido y ella aún estaba con tanga, a lo cual bajé y se la retiré inmediatamente. Me encanta su pussy, me fascina, me pone a mil el verla con las piernas abiertas y sin nada abajo de su vestido. Me metí entre sus muslos y comencé a lamerlos lentamente, acercándome a su vagina. Me quedé admirándola y pasé mi lengua lentamente alrededor. Ella gemía y movía su cadera. Luego comencé a lamer lenta y suavemente sus labios, saboreando todos sus fluidos. Yo de esa vagina me trago todo lo que salga y me tomé mi tiempo para dedicarle un rico oral. Ella se agarraba las tetas encima de su vestido, miraba hacia el espejo del techo y veía cómo me la devoraba por completo mientras me agarraba del pelo. Poco a poco fui subiendo mi ritmo. Después de varios minutos dándole una rica mamada, pude ver que estaba cerca de correrse. Aceleré mi ritmo, ella movía su cadera y gemía: “Ahhhhh, ahhhhh, ahhh, voy a acabaaaaarrr”. Y no paré hasta que me acabó en la boca. Quedó muy sensible y yo lentamente bajé a limpiar sus jugos con mi lengua. Me los había ganado, me los tragué, riquísimo.

Subí encima de ella. Tenía la verga muy parada y caliente. Me puse enfrente y se la metí. Entró muy fácil en su lubricada vagina. A ambos nos salió un gemido al entrar y comencé a cogérmela lentamente hasta adentro. Luego me dirigí a la mesita y agarré el lubricante. “Vamos a relajar esos músculos”, le dije, y la agarré de piernas entre mis hombros y comencé a bombearla mientras se la metía hasta adentro. Me la estaba cogiendo durísimo, se escuchaba cómo le entraba toda en su mojada vagina y sentía la cabeza caliente. Ella estaba rojísima. Me la cogí durísimo hasta que ambos acabamos al mismo tiempo, llenándola de mi semen. Qué orgasmo tan delicioso. Ella se levantó a limpiarse al baño y se manchó el interior de su vestido de mi corrida. Se asustó y se lo quitó. Nos quedamos agotados. Fuimos al minibár, nos tomamos una gaseosa. Ya estábamos ebrios los dos y después de ahí teníamos que manejar. Me acosté a su lado y me dijo: “¿Para qué era el lubricante?”. Le dije que era para cogérmela por el culo y se rió. Me dijo: “Muy confiado ud, ¿por qué cree que le voy a dar el culo si ni a mi marido se lo doy?”. Ya no dije nada más, solo la acosté boca abajo y le dije: “Relájese, tengo ganas de comerle el culo”. Le besé el oído, bajé por su espalda hasta su glorioso trasero. Lo agarré entre mis manos, lo masajeaba y abría, deleitándome la vista, hasta que le metí un lenguetazo en medio de su raja mientras se lo abría con las manos. Se asustó, me cerró el trasero. Le dije: “Tranquila” y comencé a pasar mi lengua lentamente entre sus nalgas, las mordía hasta que fue cediendo poco a poco y llegué nuevamente hasta su ano. Su ano que me pone a mil.

Comencé a pasarle lentamente la lengua por alrededor y me tomé mi tiempo comiéndole el culo. Definitivamente de los mejores culos que me he comido en mi vida. Nunca me había gozado tanto comer un culo como este. Me la empecé a coger con la lengua su estrecho orificio y en efecto estaba muy cerrado. Poco a poco me lo fui comiendo hasta que fue cediendo y mi lengua entraba un poco más. Le dije que inhalara profundo para relajarse mientras me lo comía, que se sentía rico. Ella probó y sin darse cuenta estaba relajando todos sus músculos y mi lengua entraba cada vez más fácil. Agarré un poco de lubricante y comencé a meterlo de a poco en su orificio, suavecito. De ahí le dije que me la quería coger un poco, que estaba muy caliente, que se pusiera en cuatro. Ella muy obediente me levantó el culo, dejándolo en cuatro para una espectacular vista. Qué delicia. Agarré mi verga y se la enterré. Ella gimió de lo más rico y comencé a bombearla duro. Ella gritaba y gemía y me decía: “Ahhh qué ricooo asíii ahhh ahhh”. Mientras yo miraba en los espejos cómo le daba, miraba su cara de satisfacción y una mirada sucia con cara de sexo pidiéndome más. Ella solita volvió a relajarse y yo le abría el culo con mis manos mientras la penetraba cada vez más profundo y podía ver su ano dilatado ya pidiendo más.

Se acostó boca abajo y la seguí bombeando mientras ella con sus manos se abría el culo para que le entrara hasta adentro. Vaya vista tan hermosa la que tenía yo ahí. Ella me pedía más y quería acabar, pero yo le dije que aún no podía acabar ahí. La tenía ebria, caliente, con el ano semidilatado pidiéndome más. Era mi momento. Me puse a la par de ella de cucharita y le di un par de metidas en su húmeda vagina. Me dijo en el oído que me la quería coger por el culo. Ella me preguntó por qué se la quería meter por ahí, a lo cual yo le dije que quería disfrutar de su estrecho culo apretándome la verga, quería abrirle el culo y hacer lo que su marido no pudo, que me la iba a coger tan rico y se lo iba a llenar de lechita. Mis palabras causaron efecto y me dijo: “Métamela por atrás”. Agarré nuevamente el lubricante, untándolo en su ano suavemente y me pasé nuevamente sobre mi verga. Le puse la punta en la entrada. “Relájese”, le dije, y entró la punta. Se notaba que le dolía, entonces comencé a meterla y sacarla lentamente, solo la punta, y estuve así unos minutos hasta que se acostumbró a mí y cada vez le metía un poco más sin dejar de meterla y sacarla, hasta que ella sin darse cuenta ya la tenía hasta adentro. “Ya vio”, le dije, “ya la tiene toda, relájese”. Y comencé a bombearla. Pronto el dolor se convirtió en placer y lo que antes le dolía ahora le estaba gustando. Cada vez aceleraba mi ritmo y comencé a bombearla de cucharita de lo más rico. La agarré del cuello y le empecé a decir qué delicia cogerme su estrecho culo, que la iba a volver adicta al sexo anal y para que no se le volviera a cerrar me la iba a coger una vez por semana, que le iba a gustar tanto que ella solita me iba a pedir que se lo llene de leche una vez por semana y que si en alguna semana no podía verme le tenía que decir a su marido que le dé por el culo para evitar que se le vuelva a cerrar y que al contrario él me iba a ayudar a mí a mantenerlo abierto y cuando él se la meta por el culo quiero que sepa que no es para él, ese culo es mío y si se lo da es para mí. Mientras le decía esto le pasaba mis dedos sobre su clítoris, moviéndolo rápidamente. Le dije que entre los dos nos íbamos a encargar de llenarle el culo de leche una vez por semana para que no se cierre. La excitación fue tanta que me dijo: “No aguanto, me voy a correr”. Aceleré mis metidas, se lo metía durísimo y hasta adentro, ya no se encontraba ni la más mínima resistencia. Gemía y gritaba de lo más rico. Le dije que la iba a mandar a casa con el culo bien abierto y lleno de mi leche. No aguantamos más: “Aaahhhh qué ricooo”. Su culo se sentía tan apretado, tan rico. Sin lugar a dudas era el mejor culo que me había cogido en mi vida y ambos acabamos al mismo tiempo. Le llené todas sus entrañas de mi caliente lechita con abundantes chorros saliendo de mí y ella se quedó con una cara de que no sabía qué fue lo que sucedió. Luego me confesó que nunca había sentido algo así, que acabó riquísimo. Nunca pensé que su estrecho culo me pudiera hacer gozar tanto, al igual que ella nunca pensó poder llegar a experimentar algo así.

Le pregunté si le había gustado y me dijo que sí, que mucho. Le dije si me lo iba a volver a dar y me dijo definitivamente, solo que a la otra quiero que me cojas en cuatro por el culo. Qué delicia que me diga eso. Vimos la hora y a pesar que ambos aguantábamos una ronda más, nos teníamos que ir. Ella me fue a dejar a mi carro y se fue para su casa. Como pude llegué a mi casa aún muy excitado por la situación. Al llegar, mi esposa se despertó. A mí me dio miedo que me descubrieran. Me metí al baño, me pasé toallitas húmedas por todo mi cuerpo y me fui a meter a la cama. De lo caliente que estaba me volví a coger a mi esposa de cucharita. Me la cogí pensando en cómo le había dado por el culo de rico a mi mamasita. Le di duro por unos minutos hasta que ambos llegamos al orgasmo. Creo que casi ni leche saqué, ya me habían vaciado todo anteriormente. Espero no lo haya notado. Me quedé dormido profundamente después de eso. Ni idea qué hizo ella cuando llegó a casa. Aún no le he hablado, solo me quedo con la satisfacción de haberla mandado con el culo abiertito lleno de mi lechita.

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Dieguinixx
Dieguinixx
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Un comentario

  1. Me encantó tu relato . Soy adicta al sexo anal. Luego de una rica cogida normal, disfruto mucho teniendo un orgasmo anal. Para gozar bien debo estar relajada y pensando en que.mi hombre desea abrirme.Hacerlo una vez en la semana mantiene al esfínter flexible y ganoso de ser sometido al estiramiento necesario.
    Seguramente tu amante ya sea adicta a esa rica práctica.
    Besos.

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