A los Pies de Doña Rosita: Capítulo 1

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A los Pies de Doña Rosita

Descripción

Herman Herrera es un empresario adinerado con un fuerte fetiche por los pies femeninos. Su vida cambiará cuando contrata a doña Rosita, una humilde trabajadora doméstica, para que se convierta en su ama y dueña.

La gran fantasía de Herman era que esta mujer madura de clase trabajadora se convirtiera en su ama y señora, y que él la sirviera a ella como su mascota y su perro.
Este relato contiene temas de femdom (dominación femenina), fetichismo de pies, dominación financiera y pet play (juego de mascotas). Solo para mayores de edad.

Sinopsis

Herman Herrera es un empresario rico que vive en la ciudad de Monterrey, a sus 35 años ya es dueño de varias compañías y tiene su propia mansión en una bien acomodada colonia de la ciudad, sin embargo, siente un gran vacío en su corazón: no tiene esposa, ni hijos, ni padres, ni hermanos; cuando no está trabajando pasa la mayor parte del tiempo en su grande y lujosa, pero muy solitaria casa.

Además de ese vacío, tiene un pequeño gran secreto que lo recome por dentro: Herman tiene un fuerte fetiche por los pies y por la dominación femenina, su mayor fantasía es convertirse en la mascota, en un perro-humano, de una mujer: seguirla a cuatro patas, obedecer todas sus órdenes, ladrar y mover su cola imaginaria cada que se lo ordenen y sobre todo besar y lamer los pies de su ama cada que ella se lo permita. En resumen, humillarse y degradarse en todos los aspectos en favor de una mujer.

Fue un día cualquiera, al estar en la calle y ver pegado a un poste el anuncio de una señora que ofrecía sus servicios como trabajadora doméstica, cuando a Herman se le ocurrió una forma de cumplir sus fantasías más profundas: reunirse con la mujer y ofrecerle una muy buena cantidad de dinero para que ella se convirtiera en su ama.

La sola idea de que una mujer común y corriente, seguramente de piel morena y de clase baja, se convirtiera a su ama, en su diosa y dueña, le parecía tan emocionante y excitante.

Capítulo 1: La reunión

Cuando Herman Herrera vio el anuncio por primera vez supo que su vida estaba a punto de cambiar. Una vaga, pero muy intensa idea se apoderó de su cabeza en un momento y todas las fantasías que había acumulado en su cabeza por tantos años se volvieron realidad por un instante, al menos dentro de su imaginación.

El anuncio no era más que un simple papel pegado a un poste, en el que una señora ofrecía sus servicios como trabajadora del hogar: barrer, trapear, lavar trastes, etc. Algo muy común en la ciudad.

Pero lo que Herman quería no era tener una mucama, sino una ama. Su gran fantasía era que esa mujer de clase trabajadora se convirtiera en su ama y señora, y que él la sirviera a ella como su mascota y su perro.

Marcó al número que estaba impreso y la dulce voz de una mujer le contesto del otro lado de la línea. Herman notó en su acento que la mujer seguramente era proveniente del sur del país, seguramente migro a la ciudad en busca de mejores oportunidades.

La mujer le dijo que su nombre era Rosita, doña Rosita, y Herman le dijo que estaba interesado en contratarla para limpiar su casa (dejando de lado las verdaderas intenciones de Herman, esas ya las revelaría más tarde cuando fuera apropiado), él le dio su dirección y acordaron que ella llegaría a casa de Herman el martes a las 3:00 de la tarde para que ella viera la casa y él le daría indicaciones sobre sus labores domésticas.

— oOo —

La mansión de Herman estaba impecable, era un hombre que le gustaba la limpieza y se esmeraba en ello. Se bañó y se puso una camisa blanca de vestir, junto con sus pantalones formales y sus zapatos de cuero, quería dar una buena impresión a la señora Rosita.

Si realmente quería convencerla de participar en su fantasía lo mínimo que podía hacer era verse bien y mostrarse amable y educado, lo último que quería era que la mujer lo tachara de loco y degenerado (aunque un poco degenerado sí que era, aunque lo trataba de ocultar).

Mientras tanto doña Rosita iba sentada en el camión, el camino desde colonia humilde donde ella vivía hasta la lujosa colonia donde vivía Herman era algo largo, ella no tenía un auto, no le alcanzaba el dinero para eso, afortunadamente había justo un camión que la llevaría y la dejaría muy cerca.

Rosita iba vestida con la ropa que normalmente utilizaba para trabajar: su vestido floreado sencillo, su delantal color rosa a cuadros, sus tradicionales huaraches de cuero marrón que ha utilizado día a día durante años; en resumen, iba como cualquier señora mexicana de clase humilde.

Eran las 3:05 de la tarde cuando sonó el timbre de la mansión de Herman, su corazón se aceleró de inmediato cuando fue a abrir la puerta.

—Buenas tardes, señor Herman, soy doña Rosa, ¿puedo pasar? —dijo la señora con una sonrisa amable en la cara.

Al ver por primera vez a la señora Rosita Herman se emocionó de inmediato, y trato en lo posible de enmascarar su sentimiento. Rosita era físicamente lo que uno esperaría de una señora mexicana de clase trabajadora, parecía estar en sus cincuenta años, su piel era morena y un poco arrugada, era un poco gordita y bastante bajita, seguramente no pasaba los 160 cm de altura, su cara mostraba claramente sus rasgos indígenas muy marcados, sus ojos y su pelo eran de un negro oscuro y hermoso, y su cabello estaba bien peinado en una sola trenza.

Y luego los ojos de Herman bajaron a los pies de Rosita: la joya de la corona. Vio sus morenos pies calzados en esos viejos huaraches y su corazón se emocionó. Noto brevemente como sus pies eran algo anchos y gorditos, con uñas al natural, dedos cortos y piel morena y arrugada.

Puede que para cualquier otro hombre aquella mujer no representara ningún atractivo, sin embargo, había algo en ella que seducía a Herman, tenía muy claro su fantasía de ser dominado por una mujer como aquella: sencilla, común, de clase trabajadora. Rosita era la mujer de sus fantasías.

—Claro que sí, pase usted. Qué gusto conocerla. Déjeme mostrarle la casa. —dijo Herman mientras le daba la bienvenida.

Pasaron el recibidor de la gran y elegante mansión, y él comenzó a mostrarle los diferentes espacios: la sala con sofá y televisión, la cocina, el comedor principal, el lindo jardín con el pasto verde bien cuidado, los baños y las recámaras. Rosita estaba realmente impresionada por lo grande y elegante de la casa: pisos de mármol blanco, muebles de madera y estilo europeo, espacios bien amplios y limpios; aunque ella ya había se había dedicado a limpiar las casas de la gente rica durante años, la casa de Herman era claramente la más cara de todas.

Finalmente, Herman y Rosita se sentaron en el sofá de la sala a hablar.

—Es una casa realmente bonita, señor Herman, y se nota que la tiene muy bien limpia y cuidada.

—Oh, muchas gracias. Me alegra que le haya gustado el pequeño “tour” por la casa, jajaja.—dice Herman riéndose un poco.

Ahora con un poco más de confianza Herman cree sentirse listo para hablarle de “la cuestión”.

—Bien, señora Rosita, ahora me gustaría hablarle de cierto detalle sobre el trabajo que es importante.

Rosita entonó un poco los ojos en señal de curiosidad.

—Claro que sí, dígame, ¿de qué se trata?

—Bueno, la cuestión es que el trabajo para el que yo estoy interesado en contratarla no es exactamente de limpieza.

—¿Entonces qué clase de trabajo quiere que haga?

—¿Ha escuchado alguna vez sobre el “femdom”?, doña Rosita.

—“Fendoom”, no me suena de nada, la verdad, señor Herman— contesta algo confundida.

­—Verá, el femdom es un juego de roles en donde una mujer asume el rol de dominación, mientras que el hombre asume el rol de dominado o sumiso.

Rosita es incapaz de ocultar la confusión y extrañeza de su cara, aun así, trata de hablar con amabilidad e intenta entender lo que le quiere decir el señor.

—Ooh, okey. ¿Y entonces usted quiere que yo sea esa mujer? … ¿La que domina a un hombre? —dijo Rosita tratando de encajar las palabras correctamente.

—Así es.

—Mire, señor Herman, lo siento, pero creo que usted me confundió por alguien más. Yo soy una señora de buenas costumbres, me dedico a limpiar casas y a cocinar. No soy una prostituta, ni lo que sea que usted piense de mí— dijo con un poco de molestia e incomodidad.

—No, no, no, doña Rosita. Creo que no me exprese con suficiente claridad. Disculpé si le pareció que la ofendí, no era mi intensión— dijo Herman tratando de tranquilizar a la señora— Lo que yo busco no es sexo. En absoluto. Tampoco quiero que usted se desvista ni haga nada con lo que no esté de acuerdo en hacer. Lo que yo busco es un juego de rol, un servicio, pero manteniendo las cosas profesionales. Y puedo ofrecerle una buena paga por cada sesión que haga.

Rosita sigue un poco confundida y alterada por lo curiosa de la propuesta del señor.

—¿Pero este juego de rol del que usted habla es una cosa erótica?, ¿no es así?

—Ehhh, sí, en parte lo es. Verá, aunque le parezca muy extraño los juegos de dominación femenina son un fetiche muy común entre los hombres, incluyéndome, aunque a la mayoría le dé vergüenza admitirlo en voz alta.

—Y si es algo tan común ¿por qué mejor no contratar a otra mujer, no lo sé, tal vez alguna un poco más joven, que por lo menos sepa lo que usted me está pidiendo?

—Sé que es un poco difícil de entender, pero creo que hay algo especial en usted, señora Rosita, que me parece prometedor —dice Herman con una sonrisa carismática.

—Mire, una disculpa, pero realmente no creo ser la persona adecuada para el trabajo que está pidiendo. Creo que será mejor que me vaya ahora para no perder más tiempo.
Herman se siente algo herido por sus palabras, pero respeta completamente la decisión de la mujer.

—Lo entiendo. No hay problema. Es una pena, creí que usted podía haber hecho un buen trabajo, pero no la forzaré más —seguido se levanta del sofá y señala a Rosita el camino a la entrada de la casa para finalmente despedirla.

—Solo una última cosa —dice el hombre sacando un sobre amarillo de dentro de su bolsillo y ofreciéndoselo a la mujer —Tómelo, es únicamente por las molestias de hacerla venir hasta mi casa.

Rosita mira el sobre de reojo, siente algo de pena de aceptar una paga sin haber hecho ningún trabajo, pero en el fondo sabe que el dinero realmente le vendría bien. Finalmente, se atreve a agarrarlo.

—Gracias. No fue ninguna molestia. Espero que encuentre a la trabajadora adecuada para sus necesidades.

— oOo —

Rosita tomó el camión de vuelta a casa, cuando llegó el sol ya se estaba poniendo. Abrió la puerta y lo primero que se topó fue a Marisol, su hija adolescente, cocinando algo en la pequeña estufa de la humilde cocina.

—Hola, ma’, ya llegaste. ¿Cómo te fue buscando chamba? ¿Si te contrataron en esa casa de ricachones? —dijo mientras batía un huevo frito en un sartén.

—No, mija, no me contrataron, pero no te agüites, que voy a seguir buscando mañana, ya vas a ver —dijo Rosita, claramente ocultando toda la situación con el señor Herman —¿te estás haciendo huevito para cenar?

—Ah, sí. Llegué de la secu’ y no estabas, y pues no había nada pa’ comer en el refri’, así que me quise cocinar algo, y el huevito es lo único que me sé hacer —dijo la chica con una risita mientras apagaba el fuego y se servía la cena en un plato de plástico.

Marisol era una chica de secundaria común y corriente. Tenía la piel morena igual que su madre, y los ojos y el pelo negro azabache igual que su madre. Sin embargo, ella era más delgada, apenas unos centímetros más alta, y su actitud seguía siendo bastante infantil y risueña, propio de su edad.

—Ta’ bien, nomás recoges los trastes cuando acabes, eh. —le dijo la madre —oye, y por qué sigues con el uniforme puesto, niña, siempre te digo que te lo quites al llegar, no ves que luego lo ensucias más y yo tengo que andar tallándolo —dijo regañándola enojada, como a menudo tenía que decirle las cosas a su hija.

El uniforme de Marisol, así como el de la gran mayoría de uniformes de escuelas públicas, consistía de una camisa blanca, falta encuadrada color gris hasta las rodillas, calcetas blancas altas (casi llegando a las rodillas) y esas zapatillas negras que Marisol tanto odiaba usar, pero que la obligaban por reglamento, y que siempre le molestaban cuando quería jugar con sus compañeros en los recreos.

—Perdón, mamá, se me olvidó, pero ahorita me lo quito y lo guardo para mañana, te lo prometo.

—Sí, sí, okey. Bueno, ando cansada, y ya me quiero ir a dormir. Me voy a mi cuarto. Te dejo, pero eso sí, no te vayas a desvelar porque mañana tienes escuela temprano.

—Claro, ma’. Buenas noches —dijo la chica mientras masticaba un bocado de su cena.

Rosita salió de la pequeña cocina, pasó por el estrecho y poco iluminado pasillo que conectaba con el cuarto de su hija y el suyo propio. Así como la mayoría de las casas de la zona, su casa era de un solo piso; y los espacios: los dos cuartos, los pasillos, la cocina y la sala eran algo reducidos. Sin embargo, para Rosita y para su única hija Marisol ese pequeño espacio parecía más que suficiente.

Entró a su cuarto, y se encontró con el pequeño televisor de tubo donde a veces veía sus novelas, los viejos muebles de madera que había heredado de sus padres y que parecían sacados de otra época, el espejo que había comprado en un tianguis hace unas décadas y que necesitaba una limpieza, las imágenes de unos santos, un par de fotos familiares en las paredes, y finalmente su pequeña, pero cómoda cama, decorada con su cubre colchón rosado.

­Fue entonces cuando Rosita recordó que había metido el sobre con dinero dentro de su bolsa, lo tomó y sacó el sobre. Cuando lo abrió no pudo evitar escapar un gesto de asombro.

Vio que eran bastantes billetes, muchos más de los que se esperaba, comenzó a contarlos con ánimo y cuando acabó se dio cuenta de que eran $10,000 pesos ($500 dólares estadounidenses).

Para Rosita que se dedicaba a limpiar casas ese era un montón de dinero, mucho más del que imaginaba que Herman le iba a dar, ¡y tanto solo por ir a su casa y hablar un poco con él!

Cuidadosamente, regreso los billetes al sobre y los escondió debajo del colchón de su cama. Apago la luz y se acostó tratando de conciliar el sueño, pero por más que trataba simplemente no era capaz, no podría dejar de pensar en todas las cosas en las que podría utilizar el dinero que acababa de conseguir y, sobre todo, pensaba en que tenía justo en frente de ella la oportunidad de ganar incluso más dinero si tan solo aceptara el “trabajo” que el señor Herman quería que hiciera.

Eran ya pasadas las 11:00 de la noche cuando Herman recibió una llamada a su celular, quien se levantó de su cama para responder al número que reconoció de inmediato.

—Buenas noches, señor Herman, soy doña Rosita. Sé que es bastante tarde, pero he estado pensando en la propuesta que me hizo el día de hoy y quería preguntarle si aún estaba interesado en contratarme —su tono avergonzado se escuchaba a través por la línea.

—No se preocupe por la hora, señora Rosita, me da gusto saber de usted de nuevo, y sí, aún estoy interesado en contratarla, siempre que usted este de acuerdo el trabajo —una leve sonrisa se dibujó en su rostro.

—Lo estoy. Entonces, ¿cuándo podría empezar?

—¿Está disponible mañana a las 3:00 de la tarde?

—Sí lo estoy.

—Entonces la esperaré a esa hora.

Esta historia continuará…

— oOo —

Gracias por leerme. Esta historia fue escrita por un aficionado más a los relatos eróticos (sobre todo con temáticas de femdom y fetichismo de pies). No utilicé ningún tipo de modelo de IA para escribir este relato, cada palabra fue tecleada por mí mismo en LibreOffice Writer. Todos los sucesos del relato son ficción.

Si te gustó lo que acabas de leer puedes hacerme comentarios, preguntas, consejos, críticas o recomendaciones de lo que te gustaría ver en siguientes capítulos.

Estaré encantado de leerte. Además, si como yo eres un aficionado a los pies femeninos y tienes algún relato, página web, video, foto o demás que quieras compartirme estaré más que agradecido.

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Perro Esclavo de Pies
Perro Esclavo de Pies

Soy un escritor novato y estos son mis primeros relatos. Aficionado al femdom (dominación femenina), el fetiche de pies y el pet play.

Cada palabra de mis relatos es tecleada por mí mismo, no utilizó herramientas de IA.

Gracias por leerme y si te gusta lo que escribo puedes mandarme comentarios, preguntas y sugerencias a mi correo [email protected]

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