Mis inicios con un viejo incestuoso
Soy Carolina, actualmente tengo 32 años, pero inicio relatando los inicios, algo incestuosos.
Cuando tenía 23 años, siendo mi casa visitada regularmente por un primo de mi señor padre, él era un tipo mayor, tenía aproximadamente 40 años, físicamente feo, robusto, algo gordo. Yo experimentaba cambios físicos, mis tetas estaban aún creciendo, era demasiado delgada. Como típica adolescente, un tanto grosera, arrogante e ingrida.
Como dije antes, él me inició, pero de una manera especial. Su trato comenzó a ser diferente, buscaba quedarse a solas conmigo para poder actuar. Y yo no noté sus intenciones, lo provocaba, lo coqueteaba tocándome, le mostraba mi entrepierna.
Una ocasión tramó su plan para poder estar a solas conmigo; le sugirió a mi mamá que él invitaba la comida pero que tendría que ser ella quien saliera a comprarla. Y fue así como nos quedamos solos en casa. Me quedé limpiando la cocina y él estaba atrás de mí; me preguntó directamente por qué lo provocaba, qué quería de él. A lo que yo le contestaba diciendo que no sabía. Me dijo que era hombre y le encantaría tocarme pero no sería lo correcto. Me cuestionó, más preguntó directamente que si lo podía hacer; él solo quería obtener mi aprobación para poder tocarme. A lo que yo solo contestaba con un “no sé”. Y así fue como se decidió. Se colocó detrás de mí, comenzó por tocar mis hombros, mi cuello, cabello. Fue así como comencé a sentir cosquillas en mi vagina, sentí mis pezones duritos. Me inició, pidió autorización para proseguir. Y así fue: sentí sus manos grandes y ásperas en mi piel por debajo de mi blusa, primero por mi cintura, en mi espalda, y la deslizó hacia mis ricas tetas. Más preguntaba que si me gustaba pero yo no contestaba; me subió a la barra de la cocina con las piernas abiertas y él frente a mí. Con una seña me pidió autorización para quitarme la blusa y el bra. Así fue como él se deleitó con mis tetas. Las frotaba lentamente y daba pequeños apretones; la verdad que me excitó demasiado, no pensaba en lo que estaba haciendo, solo quería que él no parara. Me comenzó a lamer mis pezones con la punta de la lengua. Sentí estremecerme y noté que mi vagina estaba húmeda. Traté de cerrar mis piernas y él no me lo permitió; al contrario, me pidió abrirlas más. Y solo accedí, solo deseaba que no dejara de tocarme, quería seguir sintiendo ese rico placer.
Tocó mi vagina y se sorprendió que estuviera tan húmeda. La frotaba rico pero me gustaban más sus chupadas en mis tetas. Sacó sus dedos de mi conchita que estaba al natural, aún no sabía que me tenía que depilar, y los lamió, se lamía los dedos; le dije que le encantaba tenerme en sus manos y probar mis jugos.
Me bajó de la barra y me puso de espaldas a él con su mano seguía frotando mi concha y obviamente se deleitaba con mis jugos. Terminó por sacar mi panty, la guardó en la bolsa de su pantalón. Apoyaba su verga en mis nalgas, la frotaba de arriba hacia abajo y de un lado a otro. Me colocó acostada en la mesa, quería comerse mis tetas, y me frotaba incansablemente mi concha; lo sentí bajar por mi cintura hasta llegar a mi pelvis. Fue cuando sentí estremecer su lengua: me lamía mi vagina, sentía su humedad y la mía a él bello pero solo me dejé llevar. Él no paró de chupar y lamer mi vagina hasta que le regalé un orgasmo, el cual lo saboreó hasta el final.
Así fue mi inicio. Esa ocasión se dedicó a satisfacerme. Creo que suficiente satisfacción le otorgué con mi delicioso cuerpo. Se quedó con mi panty como trofeo, estaba impregnada de mis jugos.
En la siguiente parte del relato les contaré cómo le entregué mi virginidad. Sentí su gran verga dentro de mí…
¿Te gustó este relato? descubre más cuentos para adultos en nuestra página principal.
