Enamorándome de Dianita Capítulo ( XII )

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RESUMEN: Thiago observa a Dianita, Cristian y Natalia disfrutando de su compañía, sintiéndose excluido, pero sin importarle. Sofia le pregunta sobre una conversación con la profesora, y Thiago tiene una conversación por mensajes de texto con Dianita.

El Salón de clases, ahora vacío, resonaba con el eco de las conversaciones pasadas y las risas que llenaban el espacio horas antes. Thiago, aún con la mente confundida por la conversación con la profesora Violeta, sentía una mezcla de emociones que se agolpaban en su pecho. En su mente había muchas preguntas, ¿Qué tipo de conexión habían tenido realmente? ¿Qué secretos guardaban? Mientras caminaba hacia la cafetería, su mente no podía dejar de divagar entre esos pensamientos.

Por otro lado, Dianita, Cristian y Natalia se encontraban en un rincón de la cafetería, sus rostros iluminados por la emoción tras la elección de los grupos. Los tres sabían que tenían que aprovechar esa oportunidad que el destino o más bien la profesora Violeta les dio, para fortalecer su vínculo y acercarse más a Thiago.

—Así que, ¿Qué plan tienes para acercarnos más a Thiago? —preguntó Natalia, con una sonrisa cómplice.

Dianita pensó por un momento, su mente girando en torno a la idea de crear una escena impactante que dejara a Thiago en shock, para ver si su mente hacia un click y recuperaba sus recuerdos.

—Se me viene la mente algo. Pero no quiero adelantarme, en su momento se los diré. Pero creo que tú te darás cuenta solita—sugirió Dianita, iluminándose con la idea.

Natalia asintió, y ambas siguieron celebrando su pequeña batalla ganada. La química entre ellas era palpable, reforzada por la emoción del momento y la certeza de que, la rivalidad que existía con Sofía, hacia que su unión fuera más fuerte. Mientras tanto, Sofía, aún molesta por su asignación con Natalia, las observaba desde la distancia, buscando una forma de arruinar su “momentito”.

—No puedo creer que Thiago esté con Diana. Eso no se va a quedar así —murmuró Sofía para sí misma, entre dientes.

Mientras tanto, Thiago, tras dejar a la profesora, se sentó en la mesa donde estaba Sofia con Amber, en la cafetería. Su mente seguía dando vueltas. El pequeño secreto que la profesora había mencionado parecía más intrigante que cualquier otra cosa. La forma en que lo miró, la forma en que sonrió, todo le daba la sensación de que había algo más profundo que simplemente ser un estudiante y su profesora.

Thiago desvió la mirada hacia la mesa de Dianita, Cristian y Natalia. Los tres parecían divertirse, sus risas resonando en el aire como una melodía que él no podía descifrar. Sus bromas internas creaban una burbuja de complicidad que lo excluía, aunque no le importara admitirlo. Sin embargo, su atención se vio interrumpida por la voz de Sofia, que sonó como un recordatorio de su presencia.

—¿Puedo preguntar qué era lo que tenías que hablar con la profesora? —indagó ella, su tono curioso, pero no invasivo. Thiago reaccionó con un leve tartamudeo, como si la pregunta lo hubiera pillado desprevenido.

—¡Eh! —exclamó, tratando de recuperar la compostura. — La verdad es que, le pedí que, si podía hacer una excepción, conmigo y cambiarme de grupo, para hacerme contigo. —Su voz sonó segura, aunque sus ojos delataban una distracción momentánea.

Sofia lo miró con una mezcla de esperanza y escepticismo. —¿Enserio? ¿Y qué te dijo? ¿Aceptó? —preguntó, sus palabras cargadas de ilusión. Pero Thiago, aunque intentaba mantener la mirada fija en ella, no podía evitar que sus ojos se desviaran hacia Dianita. Su sonrisa, brillante y cautivadora, lo mantenía anclado desde la distancia.

—Lo siento, no hizo ninguna excepción —respondió, su voz teñida de una falsa resignación. — Mi grupo sigue siendo Dianita. —Mintió, consciente de que Sofia intentaría hacer algo para cambiar los grupos si sabía la verdad. Quería dejarle claro que la profesora mantendría su decisión.

El silencio que siguió fue incómodo, como si las palabras de Thiago hubieran creado una barrera invisible entre ellos. Sofia bajó la mirada, sus labios apretados en una línea fina, mientras Thiago se debatía entre la culpa y la determinación. Sabía que había actuado para buscar respuestas con respecto a su amistad y distanciamiento con Cristian, pero no podía ignorar la sensación de haber defraudado a Sofia.

Finalmente, Thiago se decidió a levantarse, su silla arrastrándose contra el suelo con un sonido que pareció amplificarse en el silencio. Cuando alzó la mirada, se encontró con los ojos de Dianita. Ella lo saludó con un leve movimiento de la mano, un gesto casi imperceptible que pasó desapercibido para Sofia. En ese corto instante, algo cambió.

No fue un cambio drástico, sino más bien una sutil alteración en el aire que los rodeaba. Thiago sintió un cosquilleo en la nuca, como si el mundo hubiera girado ligeramente sobre su eje. Dianita mantuvo su sonrisa, pero ahora había algo más en ella, algo que Thiago no podía identificar pero que lo atraía como un imán, sin poder evitarlo, Thiago sonrió.

Amber miro a Thiago, y se dio cuenta de su sonrisa, inmediatamente miro a Diana, pero ya ella se había girado para evitar problemas. Sofia, ajena a todo, siguió hablando, su voz un murmullo que se perdía en el fondo de la conciencia de Thiago. Él asintió mecánicamente, sus pensamientos ya no estaban en la conversación. Su mente había viajado a ese instante efímero, a esa conexión silenciosa que había compartido con Dianita.

—¡Eh! ¡Sofia! —gritó Natalia, interrumpiendo la conversación, mientras se acercaba con Dianita a su mesa—. ¿Has pensado en cómo querrás presentar el trabajo y cuando nos reuniremos?

Sofia se forzó para no contestarle con antipatía, por haber gritado su nombre en la cafetería, —La verdad es que no he tenido tiempo de pensar en eso —respondió Sofia, sarcásticamente.

Natalia levantando una ceja, la mira fijamente, —ok, cuando tengas tiempo suficiente y uses tu cerebro para pensar cómo y cuándo vamos hacer el trabajo me llamas, tienes mi teléfono. ­— le dijo bruscamente Natalia, girándose y dándole la espalda, sin esperar a que Sofia pudiera decir algo.

— Pero que se cree esta imbécil, – murmuro Sofia.

—Bueno tu no fuiste muy amable que digamos, – le respondió Thiago, al comentario de Sofia.

Ella lo miro con ganas de reprocharle, pero se contuvo, las cosas no estaban para seguir discutiendo. El resto del día transcurrió en una especie de niebla. Thiago se movía por inercia, cumpliendo con sus obligaciones, pero sin estar realmente presente. Cada vez que levantaba la mirada, encontraba a Dianita observándolo desde la distancia, su sonrisa siempre en su lugar. No había nada explícito en sus gestos, nada que pudiera señalar como una invitación, pero Thiago sentía que algo se estaba gestando.

Por la noche, cuando finalmente se encontró a solas en su habitación, Thiago no pudo evitar pensar en ese momento. ¿Qué había cambiado realmente? ¿Era solo su imaginación, o había algo más? No tenía respuestas, solo preguntas que lo mantenían despierto, dando vueltas en su cama.

El sonido de su teléfono lo sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de Sofia, preguntando si estaba bien. Thiago dudó antes de responder, sus dedos titubeando sobre el teclado. Finalmente, escribió una respuesta breve, asegurándole que todo estaba bien, aunque no estaba seguro de si era cierto.

Cuando apagó la luz y se acurrucó bajo las sábanas, la imagen de Dianita volvió a su mente. Su sonrisa, su gesto de saludo, ese instante en el que el mundo pareció detenerse. Thiago no sabía qué significaba, pero una cosa era cierta: algo había cambiado, y no había marcha atrás. Estaba decidido a averiguar qué había pasado con Cristian, Natalia y Dianita, y por qué había ese distanciamiento.

Thiago tomó su teléfono con manos temblorosas, dudando entre la valentía y la prudencia. La pantalla iluminó su rostro mientras buscaba el número de Dianita, ella había ocupado sus pensamientos más de lo que estaba dispuesto a admitir. Sus dedos sudaban ligeramente, pero finalmente se decidió. Con una excusa que sonaba más a pretexto que a una verdadera necesidad, escribió el mensaje: “Hola Diana, soy Thiago, no sé si estás dormida, solo quería preguntar por el trabajo de la profe Violeta, disculpa la hora, mejor hablamos mañana”. Lo envió y se quedó mirando la pantalla, como si pudiera obligar a las palabras a aparecer más rápido. Tenía la esperanza de que Dianita contestara, aunque en el fondo se reprochaba por haberle escrito a esa hora.

El silencio de la noche se hizo más pesado con cada minuto que pasaba. Thiago se recriminaba en silencio: – “Qué imbécil soy, ¿por qué le escribí a esta hora?, Seguro está durmiendo y ni siquiera verá el mensaje hasta mañana”. Se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro de su habitación, intentando distraerse, pero su mirada siempre volvía al teléfono, como si este pudiera revelarle algo más. La espera se sentía eterna, y cada segundo que pasaba aumentaba su ansiedad.

Mientras tanto, en su habitación, Dianita acababa de salir de darse una ducha. Al ver el mensaje de Thiago, sus ojos se iluminaron al instante, y su corazón comenzó a latir con una rapidez que la sorprendió. Sonrió para sí misma, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo. Tomó aire y se dijo: – “Si le contesto inmediatamente, pensará que estaba esperando su mensaje. Mejor hago que espere un momento”. Dejó pasar cinco largos minutos, durante los cuales solo miraba y leía el mensaje una y otra vez, como si las palabras pudieran cambiar con cada lectura.

En esos minutos, Dianita se debatió entre la impaciencia y el deseo de mantener un aire de misterio. Sabía que Thiago era un chico ansioso y no le gustaba esperar, y su mensaje a esa hora era una señal clara de que algo lo había impulsado a escribirle. – “¿Por qué no esperó hasta mañana? ¿Qué lo hizo hacerlo ahora?”, se preguntaba, mientras sus dedos jugueteaban con el borde de la sábana. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, se decidió a responder.

-Hola Thiago, tranquilo, aún no estoy dormida, estaba en el baño dándome una ducha y me estaba cambiando”, escribió con una sonrisa pícara, dejando que la ambigüedad de la última palabra flotara en el aire como una promesa tentadora. Sabía que la palabra “cambiando” despertaría su curiosidad, y eso era exactamente lo que buscaba. Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la cama, como si quisiera distanciarse de la conversación por un momento. Sin embargo, su mirada no se apartaba de la pantalla, esperando su respuesta.

La habitación estaba envuelta en una penumbra cálida, iluminada solo por la luz tenue de la lámpara de noche. El aroma a jabón y flores aún persistía en el aire, un recuerdo de la ducha que acababa de tomar. Dianita llevaba puesto un pijama corta de seda color marfil, que se ajustaba suavemente a sus curvas, dejando al descubierto sus hombros. Su cabello húmedo caía en ondas desordenadas sobre sus hombros, y una gota de agua resbalaba lentamente por su cuello, deteniéndose justo donde la tela del camisón comenzaba. Ella la sintió, pero no la secó, disfrutando de la sensación fresca en su piel.

Thiago, que había estado caminando como un león enjaulado, se detuvo en seco al ver la notificación. Su corazón dio un salto cuando leyó las palabras de Dianita. – “¿Cambiando? ¿A qué se refiere?”, pensó, mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Thiago era consciente de que su imaginación estaba trabajando horas extras, pintando imágenes de Dianita en situaciones que no eran del todo apropiadas. Pero no podía evitarlo. Con las manos ligeramente temblorosas, Sin perder tiempo, escribió: – “Ah, perdón si te interrumpí, no quería molestarte. Solo quería aclarar algunas dudas sobre el trabajo, pero puede esperar hasta mañana”. Envió el mensaje y se mordió el labio, preguntándose si había sonado demasiado ansioso. Con la sonrisa dibujada aun en su rostro, – “Debería haber hecho una videollamada”, pensó.

Mientras tanto, Dianita observó la pantalla de su teléfono iluminarse con la notificación de su mensaje. Sonrió para sí misma, sabiendo que había logrado exactamente lo que quería: mantenerlo intrigado. No era su intención ser cruel, pero le encantaba la forma en que Thiago parecía perder el control cada vez que ella dejaba caer una pista sutil. Era un juego, uno que ambos estaban jugando sin decirlo en voz alta, y ella disfrutaba cada segundo de ello.

Dianita leyó la respuesta y sonrió con complicidad. Sabía que Thiago estaba intentando mantener la calma, pero su mensaje revelaba una inquietud que la divertía. – “No te preocupes, no me molestas. De hecho, me alegra que me hayas escrito. – ¿Qué dudas tienes? Tal vez pueda ayudarte ahora”, respondió, añadiendo un emoji sonriente al final para suavizar el tono. Envió el mensaje y se recostó sobre los almohadones, cruzando las piernas de manera casual. Sabía que Thiago no le diría la verdad, que las dudas sobre el trabajo eran solo una excusa para seguir hablando con ella. Y eso la hacía sentir poderosa, deseada.

Thiago sintió un cosquilleo en el estómago al leer las palabras de Dianita y sonrió, aunque su corazón latía con más fuerza. – “¿Qué dudas?”, se preguntó a sí mismo. – “La única duda que tengo es cómo logras que mi mente se desvíe tanto con solo unas pocas palabras”. Pero, por supuesto, no escribió eso. En su lugar, respondió: – “Está bien, si no es molestia, te explico. Es sobre la parte de la metodología, no estoy seguro de cómo estructurarla”, escribió, sintiendo cómo la conversación se volvía más íntima con cada intercambio.

Dianita al leer las palabras de Thiago sonrió y rodó los ojos ante la obvia excusa, pero decidió seguirle el juego. Sabía que la metodología era un tema complejo, pero también era una excusa perfecta para prolongar la conversación, ya que él nunca había tenido problemas con eso; era muy inteligente, más bien era ella la que siempre le pedía ayuda. – “Ah, entiendo, la metodología puede ser complicada. Podría ayudarte a revisarlas, pero… estoy un poco ocupada en este momento”, añadió, y un emoji de cara sonrojada siguió su mensaje, sabiendo que eso lo haría imaginar cosas. – “¿Por qué no me envías una foto de la parte que te preocupa y lo revisamos mañana?”.

Thiago se rio, para sí mismo, sabiendo que ella estaba jugando con él. – “Una foto, ¿eh?”, pensó, mientras sus dedos volaban sobre el teclado. – “Bueno, supongo que podría hacer eso. Pero… ¿estás segura de que no te molesta? Pareces… ocupada”. Escribió la última palabra con una sonrisa, imaginando su situación actual.

Dianita se mordió el labio, disfrutando de la forma en que la conversación se estaba desarrollando. – “No, no me molesta”, respondió, añadiendo un tono de inocencia fingida. La emoción en el aire era palpable, y ambos sabían que estaban jugando un juego mucho más profundo que solo unas preguntas sobre un trabajo de la Universidad. Sin embargo, en ese momento, la incertidumbre de sus corazones se mezclaba con el deseo de descubrir qué había detrás del distanciamiento y las preguntas no resueltas.

– Cambiando de tema, tu noviecita, ¿Sabe que me estas escribiendo? – indago Dianita, teniendo claro cuál era la respuesta.

– ¡Uy! Que cambio tan radical, – contesto Thiago. – Pero contestando a tu pregunta no sabe, pero igual no tengo que pedir permiso para hablar con quien quiera.

—Realmente sigues siendo el mismo —comentó Dianita, jugueteando con el teléfono entre sus manos—. Perdiste la memoria, pero no la esencia.

Thiago se reclinó en su cama, su sonrisa se ensanchó, revelando una confianza que parecía innata en él. —Parece que me conoces más de lo que la gente dice —respondió, el mensaje estaba cargado de un tono burlón pero amable.

Dianita alzó una ceja, inclinándose ligeramente hacia adelante. Su expresión era una mezcla de picardía y curiosidad. —No sé si más de lo que la gente dice, pero lo suficiente para saber qué estás pensando en este momento —dijo, en su mensaje en tono juguetón.

Thiago soltó una carcajada, su mirada tenía un brillo de intriga. —¡Ah, en serio! Ahora eres adivina. Ok, hagamos una apuesta —propuso, su mensaje lleno de desafío.

Dianita sonrió, sus labios curvándose en una expresión que era tanto divertida como seductora. —Y cuál sería el premio del ganador, si acepto la apuesta —preguntó, llena de curiosidad.

Thiago se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre su abdomen. Su sonrisa era amplia y confiada.
—Si ganas, te llevo al lugar que tú escojas, claro, debe ser en esta ciudad, ja, ja, ja —respondió, su risa contagiosa llenando el aire.

Dianita miró su teléfono con una mezcla de diversión y escepticismo. —¿Y si pierdo? —preguntó, su mensaje en tono juguetón.

Thiago se reclinó de nuevo, cruzando una pierna sobre la otra. —Si pierdes, te llevo a un lugar que yo escoja —dijo, su mensaje con un tono de misterio.

Dianita frunció el ceño, su expresión convirtiéndose en una mezcla de diversión y sospecha. —¡Uy!, qué peligro esa propuesta indecente —escribió, su sonrisa ampliándose.

Thiago alzó las manos en un gesto de inocencia, su risa llenando el aire una vez más. —Realmente eres una mal pensada, no me refería a eso. Para ser más específico, si pierdes, pasamos un día los dos en la playa —explicó, en su mensaje aclarando cualquier malentendido.

Dianita miró su teléfono con una expresión que era tanto divertida como desafiante. Disfrutaba de la conversación, de la manera en que Thiago la provocaba y la hacía reír. Sin embargo, algo en su interior la hacía dudar. —Lo siento, pero no acepto —escribió finalmente, firme, pero con un dejo de lástima.

Sabía que tenía que ir con cuidado, un paso en falso y esta oportunidad de acercarse a Thiago, ella y sus amigos, podría esfumarse, si Sofia se enteraba.

Thiago miró el mensaje con sorpresa, su sonrisa desvaneciéndose ligeramente. —¿Por qué no? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y decepción.

Dianita se encogió de hombros, su mirada desviándose hacia la ventana de su habitación. —No sé, algo me dice que esta apuesta no es tan sencilla como parece —respondió, finalmente.

Thiago observó el mensaje en silencio por un momento, su expresión cambiando de la sorpresa a la comprensión. Finalmente, sonrió de nuevo, aunque esta vez su sonrisa era más suave, más genuina. —Está bien, pero déjame decirte algo: – a veces, los mejores momentos surgen de las apuestas más arriesgadas. —respondió, finalmente.

Dianita miró, su teléfono leyendo lentamente el mensaje de Thiago. En ese momento, el aire en su habitación parecía cargado de una tensión sutil, una conexión que iba más allá de las palabras. —Tal vez tengas razón —admitió. — Pero hoy no es el día para arriesgarme.

Thiago asintió, su mirada fija en el brillo de su teléfono, leyó el mensaje con una intensidad que lo hizo sentir un cosquilleo en la espalda. —Entonces, ¿Qué te parece si simplemente, nos reunimos mañana para hacer el trabajo de la profe Violeta? —propuso, su tono relajado, pero con un dejo de invitación.

Dianita sonrió, sintiendo que la tensión se disipaba ligeramente. —Me parece perfecto, mañana a las 7 de la noche en tu casa. —respondió, con una sonrisa en su rostro.

La noche pasó lenta para Thiago, las horas se alargaban como si quisieran burlarse de su impaciencia. Lo único en su mente era Dianita: sus risas, sus miradas, y la promesa de que pronto tendría la oportunidad de hablar con ella a solas. La mañana, como todos los días, llegó con la presencia de Sofía, quien, al recogerlo para ir juntos a la universidad, notó la distracción en sus ojos.

Sofía había estado sintiendo el cambio en su relación con Thiago. La reciente fiesta no había salido como ella esperaba; en lugar de acercarlos, parecía haberlos alejado. Además, el trabajo de la universidad lo unía a Dianita, y eso la llenaba de inseguridades. Con determinación, le propuso a Thiago hacer un trabajo en grupo en su casa, esperando que así pudiera evitar el inevitable encuentro entre Thiago y Dianita.

— Thiago, se me ocurre que hagamos un trabajo en conjunto. Podemos decirle a Amber y Cristian, y tú podrías invitar a Dianita. Así todos nos ayudamos, ¿Qué te parece? — dijo Sofía, mientras esperaba que sus palabras surtieran efecto.

Thiago, sorprendido por la propuesta, sintió un nudo en el estómago. En su mente solo había espacio para la idea de verse a solas con Dianita. Sin embargo, se contuvo y decidió no rechazar la propuesta de inmediato.

— Suena bien, pero sabes que eso no depende ni de Amber ni de mí. Además, ¿te has puesto a pensar que ellos no estén de acuerdo con tu idea? — contestó, mirando fijamente la carretera.

Sofía apretó el volante, sabiendo que su plan podría desmoronarse rápidamente. Sin embargo, no quería presionar a Thiago, así que finalmente desistió de su idea. La conversación continuó, pero su mente no podía evitar pensar que Thiago le ocultaba algo. A medida que llegaban a la universidad, la tensión crecía entre ellos.

Cuando llegaron a la universidad, el día se desarrolló como cualquier otro. Los estudiantes corrían de un lado a otro, organizando grupos de trabajo. Al entrar al salón de clases, Thiago se sintió aliviado al ver a Dianita conversar con sus amigos. Ella era su única preocupación en ese momento y lo único que quería era acercarse a ella. Mientras tanto, Dianita, con un plan en mente, se acercó a sus amigos, Cristian y Natalia, y les confió su necesidad de hablar a solas con Thiago.

— Chicos, necesito que se reúnan con Sofia y Amber. Thiago me escribió anoche y quedamos en reunirnos hoy. Debemos tener controladas a Sofia y Amber para que no interfieran — dijo, segura de su estrategia.

Natalia y Cristian, comprensivos, se pusieron en marcha para garantizar que el plan funcionara. Mientras tanto, Sofía, viendo la dinámica, lanzó su última carta, proponiendo que todos se reunieran en su casa.

Natalia vio la oportunidad, de esa manera podían vigilar a Sofia y Cristian no estaría a solas con Amber, asi que una sonrisa se dibujó en su rostro, – por mí no hay problemas me parece buena idea. – dijo lanzándole una mirada a Cristian de aceptación.

Por otro lado, Cristian entendió el mensaje de Natalia, – Bueno yo tampoco tengo problemas, me parece bien. – dijo Cristian sonriendo.

A pesar del esfuerzo de Sofía, las circunstancias no estaban a su favor. Dianita, en un giro inesperado, declinó la invitación, diciendo que ya tenía compromisos con su padre. Sofía sintió cómo su plan de evitar que los dos se quedaran a solas se desvanecía. La tensión en el aire era palpable, especialmente cuando Thiago le propuso a Dianita que se reunieran al día siguiente en la universidad.

La ira se apoderó de Sofía al ver cómo Dianita parecía estar siempre un paso adelante. Sin embargo, la conversación se tornó inevitablemente hacia la reunión del grupo, y Thiago, aunque desconcertado, intentó mantener la calma.

El resto del grupo, sin embargo, decidió que era mejor reunirse ese mismo día. La frustración de Sofía aumentó mientras se daba cuenta de que su plan había fallado. La situación se tornaba más complicada y la mirada de rabia hacia Dianita no pasó desapercibida.

Las clases terminaron y cada uno salió de la universidad, todos menos Thiago y Dianita, quedaron en encontrarse en la casa de Sofia, a las 6 de la tarde, en el auto de Cristian, todos reían, por la cara que puso Sofia, cuando Dianita le dijo que ella no podía, – Realmente tienes que aprovechar esta ocasión Dianita, para poder acercarnos a Thiago, me hace falta mi amigo, – dijo Cristian, con los ojos llorosos. – si lo sé, tengo un plan, pero despues se los diré. – contesto Dianita con una sonrisa en su rostro.

Mientras tanto, Thiago se quedó en la universidad, sintiendo la necesidad de hablar con la profesora Violeta sobre sus recuerdos perdidos. Cuando llegó a su oficina, se sintió atraído por su belleza, pero al ver que había otros profesores alrededor, decidió enviarle un mensaje.

— Hola Profe, soy Thiago, espero no molestarla — escribió, sintiendo una mezcla de nervios y emoción.

La profesora escucho el sonido de su teléfono que indicaba la llegada del mensaje, sorprendida pero intrigada, respondió con alegría. — tranquilo, no me molesta, a lo contrario me alegra que te hayas decidido a escribirme, ¿tienes algún problema?, — le contestó la profesora. Poco a poco, la conversación se tornó en un juego de seducción y complicidad. Thiago, decidido a recuperar sus recuerdos y mantener la conversación privada, le sugirió encontrarse en un lugar alejado de la universidad.

— Espero no ser atrevido, pero me gustaría invitarla a tomar un café o lo que usted quiera, realmente me gustaría continuar con nuestra conversación, y ver cómo puede ayúdame a recuperar mis recuerdos. — escribió

Violeta, al leer el mensaje de Thiago se mordió el labio inferior y entre nervios y excitación, aceptó la invitación, sugiriendo que fuera en su casa en dos horas. A medida que concluían la conversación, ambos sentían que el encuentro no solo sería para hablar de recuerdos, sino que podría convertirse en algo más profundo.

La profe Violeta, miro nuevamente toda la oficina, sintió un escalofrió y sus pezones se pusieron duros de pensar en su encuentro con Thiago, su tanga estaba empezando a humedecerse.

CONTINUARÁ….

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