Sexo Anal con mi Prima en la Piscina Sin Condón y Sin Vergüenza

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La piscina de la casa de mi tía siempre fue el lugar más peligroso de la familia, y ese verano lo confirmé. Daniela salió del baño con un bikini dos tallas más chico de lo normal, un hilo azul que apenas le tapaba las nalgas y unos triángulos que le peleaban con las tetas. Todo el mundo se metió al agua menos nosotros dos, que nos quedamos en la orilla con una cerveza. «Métete, cobarde», me retó. «Después», le dije, mirándole el culo cuando se daba la vuelta para tirarse de clavado. Los tíos se fueron a dormir la siesta, la abuela se metió a ver su novela, y en veinte minutos la piscina quedó sola. Ella nadó hasta el borde y se quedó ahí, con los codos apoyados, mirándome. «¿Y ese miedo?», dijo. «¿Qué miedo?», contesté, y me tiré al agua con todo.

Me acerqué nadando y me le pegué por detrás. No dije nada. Le puse las dos manos en la cintura y la jalé contra mí. Sentí su culo apretarse contra mi verga a través del short de baño, y ella soltó un suspiro bien cabrón. «Ya te tardabas», dijo bajito. «¿Por?», le pregunté en la oreja. «Porque llevo toda la tarde mojada y no es por la piscina». Le metí la mano por dentro del bikini de una vez, sin rodeos, y le encontré el coño hinchado, resbaloso. Le metí dos dedos y ella se agarró del borde. «Ay, cabrón, así, no pares». «¿Te gusta que te abra así?» «Me gusta que me la metas donde sea». Con la otra mano le bajé el hilo del bikini y le sobé el culo entero: la raya, el hoyito, todo.

«Salte», le dije. Se sentó en la orilla con las piernas abiertas y se quitó el bikini de un tirón. Me puse de pie en el agua, a la altura justa de su coño, y ella me bajó el short y me sacó la verga. Se la metió a la boca sin más, chupando con ganas, mirándome a los ojos con esa cara de puta que solo saca una prima cuando nadie está viendo. «Qué rico la chupas, cabrona». «Mmh», dijo con la boca llena, y me la metió hasta el fondo. Me la sacó, me lamió las bolas, me la volvió a tragar. Le agarré la cabeza y se la embestí suave. Después la levanté, la puse de espaldas a mí, apoyada en la orilla con el culo hacia afuera, y me quedé viendo ese culo al aire, brillante de agua. Le pasé la verga por la raya. «¿Aquí?», pregunté. «Ahí, en el culo, mátame».

Le escupí el hoyito, me escupí la verga y le puse la punta en la entrada. Empujé despacio. «Ay, dios, ay, cabrón, despacio». Se le apretaba todo, se le veía el culo abrirse centímetro a centímetro. La dejé quieta un segundo, metida a medias, y ella respiraba fuerte, con los codos en el borde. «¿Duele?» «Rico, rico, sigue». Empujé hasta el fondo y se quedó entera adentro. Estaba apretadísima, caliente, era otra cosa. Empecé a moverme lento, agarrándole las caderas con las dos manos, viendo cómo le entraba y le salía, cómo el agua le corría por la espalda. «Dime puterías», me pidió. «Eres mi puta, prima. Mi puta de la familia». «Sí, sí, soy tu puta, métele más». Y le metí.

Ya no aguantaba el ritmo lento. La agarré del pelo y le embestí duro, con las bolas chocándole en el coño, con el agua salpicando la banqueta. La piscina y ella sonaban a lo mismo: a choque, a mojado. «Ay, papi, así, rómpeme el culo». «¿Quién te la mete?» «Tú, mi primo, tú». Le di hasta que la orilla crujió, hasta que ella se corrió sola, temblando, apretándome la verga con el culo y gimiendo con la boca pegada al brazo para no gritar. Cuando sentí que ya no podía más, se la metí hasta el fondo y me vine adentro, bien adentro, llenándole el culo. Me quedé pegado a ella, sudando, con el corazón a mil, y los dos nos empezamos a reír como pendejos. «La próxima, en tu cama», dijo. Y yo supe que esa prima me iba a arruinar la vida.

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