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Empezó con una mirada que duró más de la cuenta. Estábamos en una reunión familiar, todos hablando pendejadas, y en el momento en que la casa se fue vaciando nos quedamos solos en la cocina. Mi primo se me acercó con la excusa de alcanzar un vaso, me rozó la cintura y no se apartó. Yo levanté la cara y él me besó sin preguntar. Un beso largo, con lengua, de esos que ya te dicen para dónde va la cosa. Sentí cómo se le paraba contra mi pierna y no me aguanté. Le bajé el cierre, le saqué la verga y me arrodillé ahí mismo, sobre las baldosas frías. Me la metí en la boca entera, despacio, mirándolo a los ojos mientras él soltaba un gemido ronco y me agarraba el pelo. La chupé con ganas, subiendo y bajando, apretando con los labios, pasándole la lengua por el glande hasta que le brillaba de mi saliva. Le lamí los huevos, se la volví a tragar hasta la garganta y él empezó a moverse, cogiéndome la boca como si fuera una panocha. Cuando le temblaron las piernas lo solté, riéndome, para que no se corriera tan rápido.
«Ahora te toca a ti», me dijo, y me levantó de un tirón. Me llevó a la habitación, me tiró en la cama y me arrancó el short y la tanga de un solo jalón. Me abrió las piernas con las manos y me clavó la boca directo en la panocha. Me la comió como si tuviera hambre, sin preámbulos, la lengua plana subiendo por toda la raja hasta el clítoris. Yo me agarré de las sábanas y gemí sin importarme nada. Me metió dos dedos mientras me chupaba el clítoris y me los movía adentro, abriéndome, buscándome el punto. «Ahí, ahí no pares», le dije, y él aceleró. Me metió un tercer dedo, me mordió el muslo, y yo me corrí en su cara temblando, con las piernas apretándole la cabeza, mojada hasta la cama.
Después se subió encima de mí. Me besó con su boca todavía con mi sabor y me la metió de una sola embestida. Grité. Se sentía enorme, llenándome completa. Empezó despacio, misionero, hondo, mirándome a los ojos, y después fue subiendo el ritmo hasta cogerme duro. Me agarraba las tetas, me chupaba los pezones, me apretaba la cintura mientras me embestía con todo. El sudor le caía en la frente y a mí me escurría entre los senos. «No pares, primo, no pares», le repetía, y él me metía más fuerte, chocando contra mí con un sonido húmedo que me ponía más loca.
Cuando ya no aguantaba más en esa posición, me volteó. Me puso en cuatro, con la cara hundida en la almohada y el culo bien arriba, y me la metió desde atrás. En perrito me cogió como un animal, agarrándome las caderas con las dos manos y jalándome contra su verga cada vez más rápido. Yo empujaba hacia atrás para sentirlo más adentro. Luego me levantó una pierna, me la puso sobre su hombro, y desde ahí me penetró en un ángulo nuevo, más profundo, pegándole justo a ese punto que me hacía ver estrellas. Me corrí otra vez, apretándolo por dentro, y él gruñó porque sentía cómo lo ordeñaba.
Y para el final, me lo pidió. «Te la quiero meter por el culo», me dijo. Le dije que sí sin pensarlo. Me escupió donde me iba a entrar, me lo pasó por la verga y empezó a empujar despacio. Me dolió rico, esa mezcla de ardor y placer que te deja sin aire. Le dije que esperara, respiré, y cuando me relajé me la fue metiendo completa. Ahí sí me cogió lento, profundo, agarrándome la cintura y hablándome bajito, hasta que le agarré el ritmo y le pedí que me diera. Y me la metió duro, sin piedad, con el culo abierto y las dos manos aferradas a mis caderas. Sentí cómo se le endurecía dentro, cómo le venía, y me advirtió «ya voy». Le dije que se corriera, que me diera todo. Y mi primo acabó dentro de mi culo, temblando, soltándome la leche caliente a chorros mientras yo me corría por tercera vez.
Nos quedamos así, pegados, sudados, riéndonos como dos tontos. Estoy feliz. Mi primo me dio toda su leche, y yo repetiría mil veces.
Ahora dime tú: ¿te atreverías con un primo, o lo ves raro? Y si ya lo hiciste, cuéntame cómo fue, que aquí nadie juzga a nadie. ¿Y de todas las posiciones, con cuál te quedas: mamada, misionero, perrito, pierna al hombro o anal? Comenta abajo, que quiero saber si soy la única que se dejó llevar por el culo hasta el final.
