Un rico rapidin en la fiesta

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La verdad es que Cindy me traía bien pendejo. Tanto, que cuando me soltó la noticia de que ya tenía novio, sentí un golpe de celos enorme en el pecho. A pesar de eso, decidí tragarme el orgullo y mantener la amistad; fui tan masoquista que acepté su invitación a la fiesta que le organizaría a su nuevo galán.

Era el año 2013. Yo estaba en mi mero colágeno, joven y con la sangre hirviendo. A esa misma fiesta llegó Elizabeth, una amiga que había conocido en el trabajo.

Eli era una morena de 1.60, con unos ojos hermosos, una forma de ser completamente cautivadora y un cuerpo espectacular. Desde que nos conocimos tuvimos una química tremenda, hablábamos de todo, pero ella estaba juntada. Siempre que salíamos a un bar, cargaba con su novio.

Admito que siempre le había traído unas ganas cabronas, pero el tipo siempre estaba ahí, como un llavero. Como los tres nos llevábamos bien, Cindy también la invitó.

Eli llegó con su novio, por supuesto, pero eso no impidió que empezáramos a platicar, a bailar y a reír. Sin embargo, el ambiente estaba tenso para mí. La frustración de ver cómo el inepto de su novio tocaba a Cindy me tenía de pésimo humor. Estaba a punto de irme cuando Elizabeth se acercó. Llevaba un entallado mayón negro, una blusa café con escote y tacones abiertos.

—¿Hola, amigo, cómo estás? —me dijo, rompiendo mi rabieta.

—Hola, ¡qué bueno que viniste! —le respondí, tratando de disimular.

A medida que avanzaba la reunión, la complicidad entre ambos se hizo más evidente. Empezamos a retarnos con las miradas y el novio de Eli, celoso por la cercanía, decidió salirse de la casa a fumar. Molesta por el desplante de su pareja, Eli se dirigió hacia el baño.

Lleno de rabia acumulada por lo de Cindy y con la adrenalina a tope, la seguí y entré detrás de ella antes de que pudiera cerrar la puerta.

—¿Qué haces, Oswaldo? —preguntó ella, sorprendida.

—¡Ven! —le respondí.

Al principio estaba tensa, pero la atracción contenida explotó y terminó cediendo. Entre la prisa y el riesgo constante de ser descubiertos, los impulsos nos ganaron.

Le baje su mayon y bese su ricas nalgas, ella lanzaba pequeños gemidos cada que mi lengua rozaba su piel morena y tersa, le di vuelta y tambien sin dudarlo comence a darle un rico oral en su coño depilado y húmedo por la situación.

—¡Oswaldo, ah, que rico, ah!—decía Eli mientras mi lengua continuaba jugando con su clitoris, mis manos apretaba sus tetas, hasta llegar a su boca y ver como ella los chupaba demostrando lo buena que era en eso.

Afuera la música sonaba fuerte, y de pronto comenzaron a tocar la puerta insistentemente.

—¡Nos van a descubrir! ¿Y si es mi novio? —susurró ella con la respiración agitada.

—¡Qué importa! Ahorita solo quiero estar contigo —le dije, mirándola de frente.

—¡Sí! Hazme tuya de una vez.

—¡Te he traído ganas desde que te conozco! Pero siempre traes a tu llavero atrás de ti.

Me puse de pie y colocando mis 19 cm en al entrada de cu coño deje irme lentamente en ella—¡ah, dios mio! exclamo mientras sentía mi dureza entrar en ella, yo tambien lanzaba quejidos al sentir como mi verga era apretada por ese delicioso coño con dueño.

En medio de la intensidad y frente al espejo del lavamanos, la cabeza me traicionó por un segundo y el nombre de la dueña de la casa se me escapó:

—¡Uhm, Cindy!

—¡No soy Cindy! —me reclamó Eli, deteniéndose un instante.

—Perdón, me equivoqué…

—No importa, sé que te vuelve loco. Solo sigue conmigo.

El riesgo de que nos atraparan en cualquier momento hizo que todo fuera más rápido y salvaje. La empine apoyada en la caja del excusado y ahí disfrute de darle bien rico, apoyando de su cadera mis embestidas eran brutales, ella gemía pero gracias a la musica no nos escuchaban afuera.

—¡Eli, que rico!!

—¡Oswaldo, ah, si, sigue!

Entre la rica sensación de estar dentro de ella y las ganas de ver como su novio incluso Cindy nos encontraran me empujaron a darle lo mejor de mi, apretando sus tetas, arañando sus muslos.

—¡Oswaldo!—decía Eli babeando sin parar y moviendo rico su cadera.

—¡Nena, ahi viene, ahi viene!

Sin dudarlo, termine llenadola de mi, ella también tenia espasmos que dejaban sentir el rico orgasmo que habíamos tenido por aquel momento clandestino en aquel baño.

Al terminar, la adrenalina nos dejó completamente despejados. Yo salí primero del baño y, por suerte, su novio seguía afuera haciendo su berrinche en la calle sin sospechar absolutamente nada.

Eli salió unos minutos después, impecable, como si nada hubiera pasado. Se despidieron y se fueron, mientras yo me quedaba en la fiesta, cruzando miradas de reojo con Cindy y sabiendo perfectamente que la noche aún guardaba sorpresas.

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