Depilador de vaginas calientes y humedas 11 en la casa de kathy
Después de aquella noche de lunes a martes, donde tuve a todas cogiendo sin parar, recuerdo que la última fue Kathy. Ella fue muy lista: participó voluntariamente toda la noche, pidiéndome más con gemidos entusiastas. “¡Sí, Riky, cógeme toda la noche!”, me dijo, y llegamos hasta las 6 a.m. follando sin descanso. Incluso cuando se iba a su casa, en la sala la dejé y me la cogí de nuevo para despedirnos. “Seguro quedo embarazada”, me confesó jadeando, “porque unos días antes terminé mi regla y follamos el jueves sin condón. Si no, en un mes ve a Etiopía; te follaré toda una semana para quedar preñada”.
Yo sabía que desde el primer día había quedado embarazada. Esa noche me pidió que la tratara como a una puta: “¡Dame duro, Riky!”, y yo complací sus deseos, con ella gimiendo de placer porque hacía tiempo nadie la dominaba así. Planeaba irse sola a Etiopía para ocultar el embarazo y darle el apellido de Don German al bebé, revelándole la verdad cuando fuera adulto. Le pregunté si no tenían hijos; dijo que él era estéril y hablaban de adopción.
Se me ocurrió algo loco: “Kathy, ¿y si en vez de ir tan lejos le dices a Don German que follas conmigo para preñarte? Dile que mientras él viaja, paso una semana entera contigo. Tengo buena sangre, soy social y el papá estaría cerca”. Ella sonrió: “¡Buena idea, amor! Esta noche se lo propongo. Lo follaré para complacerlo y le diré: ‘Riky es perfecto para esto'”. Aseguré que no me metería en la vida del niño salvo que él quisiera. “Lo había pensado, pero tu opción es mejor para no estar lejos de ti”, respondió, dándome un beso apasionado antes de irse.
No la vi hasta una semana después; la extrañé mucho. Regresé a la recámara donde estaban las chicas: Mary, Stefany, Jessika, Jane y mi nueva pareja formal Yaky, todas desnudas con senos al aire, como un jardín edénico. Me acerqué a Mary, la de la orilla, y le comencé a lamer la vagina con permiso previo. “¡Sí, Riky, chúpame!”, gimió dormilona pero despertando de placer, apretándome la cabeza. Ella y Yaky eran increíbles: aventaban fluidos dulces cuando se corrían.
Me sentí semental. Le metí la verga de un madrazo y gritó: “¡Haaaaay, sí!”. Abrí sus ojos con besos y empecé a sacarla y meterla con ganas. “¡Préñame, amor!”, pedía. Me vine fuerte dentro, pero seguí porque estaba templadísimo. En minutos, otro chorro de semen en su vagina. Miré a Stefany y la llené igual: se retorcía gimiendo “¡Más duro!”. Le lamí el culo sabroso, con sus cabellos largos y pechos bonitos, y la cogí vaginal y anal hasta corrernos juntos.
Hice lo mismo con Jessika, Jane: todas acabaron doblemente folladas, pidiendo más. Me recosté exhausto como a las 8 a.m., dormí hasta las 7:30 p.m. del martes. Si te gustó este relato, escribe; te contestaré. ¡BESOS! Si necesitas un depilador de vaginas, avísame, ¡voy con gusto! MUAKS
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