Cuando me cogi a mi prima que me gusta mucho

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MI PRIMERA VEZ CON MI PRIMA

Hola, ¿qué tal? Mi nombre es Erick y les voy a contar una vivencia de mi vida, de cuando yo era joven y estaba en la secundaria. Tenía 17 años y recuerdo que íbamos a hacer nuestros cumpleaños. Nuestros cumpleaños eran el mismo mes; solo variaba el día, pero eran tres festejos. Y mis padres dijeron: «¿Y si hacemos solo una fiesta y festejamos a los tres al mismo tiempo?».

Digo «íbamos» porque éramos tres hermanos que nos llevábamos de diferencia un año: el menor, Pepe, tenía 16 años; la que seguía, Tania, tenía 15; y yo tenía 17. Así que mis padres dijeron que, para no hacer tres eventos, lo haríamos juntos. Los tres haríamos los cumpleaños juntos; sería una celebración grande y matarían tres pájaros de un tiro, jeje.

Bueno, así estuvo el plan y así se hizo. Como tenemos varios parientes por ambos lados, papá y mamá, llegaron familiares de varias partes de la república: tíos, primos y demás invitados a la fiesta. Muchos parientes hasta pidieron permisos en sus respectivos trabajos, pues sabían que cuando mis padres hacían fiesta era en grande: mucha comida, hasta para llevar, y alcohol de todo tipo, desde unas riquísimas cervezas hasta whisky, rones, brandys, vodkas y, para los fresas, Caribes Cooler.

Llegó el tan ansiado momento del fiestón. Ya teníamos la casa llena con la poca gente que cupo y reservaron un hotel para el resto de los invitados. Cuatro pisos se llenaron con todos los asistentes.

Bueno, les cuento: cuando vivía en mi estado natal, yo era muy chico y tenía una prima que, seguido, nos visitaba junto con mis tíos. Ella también tenía mi edad; se llama Lili. Recuerdo que cuando iban de vacaciones a la casa, mis padres y mis tíos se la pasaban enfiestados. Y recuerdo esos hermosos días, pues Lili y yo jugábamos con mis demás hermanos a las escondidas. Cuando corríamos a escondernos, yo la tomaba de la mano y buscaba un lugar en mi clóset, de esos clósets de piso a techo. Allí cabíamos los dos y casi nunca nos encontraban. En esos momentos, nos besábamos en la boca y nos agarrábamos nuestras partes todo el tiempo que estábamos escondidos. Así eran nuestros encuentros, y en todos los juegos que jugábamos era igual: buscar un buen escondite para besarnos y tocarnos.
el día que hicimos la fiesta de cumpleaños.

Yo recuerdo que con mi prima me la pasé muy bien. Recuerdo que después de la ceremonia en la iglesia, nos fuimos al lugar donde era el evento. En esos tiempos yo tenía una noviecita inocente, con la que solo nos masturbábamos. Ella me masturbaba con su mano y se comía mis espermas. Y yo le metía los dedos en su panochita y así la masturbaba hasta que se venía a chorros en mi mano. Yo le sacaba los dedos y me los lamía para probar sus flujos. Y ella no podía ver eso. Y como ella estaba sentada en el cofre de su carro, me tomaba de mi cabeza y me hacía que me agachara hasta donde estaba su puchita. Y me pagaba a ella, y yo entendía que tenía que chuparle su puchita. Y le hacía su calzoncito para un lado y me quedaba su panochita peluda en mi boca. Así le daba unas mamadas bien ricas. Y ella me repegaba mi cara a su puchita peluda y le seguía, hasta que soltaba un gran gemido de placer, que se estaba viniendo en mi boca. Yo sentía cómo me echaba los chorros de su riquísimo flujo en mi boca. Sabía riquísimo.

Ahora entiendo cómo, cuando probamos una puchita, no podemos dejar de probarlas; es un sabor muy rico y adictivo. En esos momentos no nos importaba nada; estábamos en su cochera y solo se oía: «Mmm, haaaa, qué rico». Terminaba y me soltaba. Yo me quedaba allí en su panochita, hasta lamerle todo su líquido que le salía. Me paraba y ella me besaba en la boca y me lamía toda la boca, para también probar de su puchita. Y me decía: «Oye, amor, ¿sabe rico?». Y yo le decía: «Claro, amor, ¿por qué crees que no puedo desaprovechar la oportunidad de mamarte tu panochita cada que se puede?».

Y yo le preguntaba: «¿Y si me dejas meterte la verga, solo poquito?». Ya saben, como decimos: «Solo la puntita», jejeje. Pero ella me decía: «Es que si me la metes, voy a querer que me la metas mucho rato. Yo también no me aguanto las ganas de que me cojas, pero aguanta». Yo le decía: «Pero si ya estás que quieres verga, tu puchita está bien caliente y resbalosa. Ándale, déjame meterte solo la puntita».

Y me dijo: «No, porque si me metes la puntita en mi puchita, voy a querer que me la metas toda. Y si salen mis papás, me voy a quedar caliente. Y a ti te van a correr y ya no nos vamos a ver. Y yo quiero que me cojas, pero en otro lugar, para estar más agusto».

—Sí, mi amor —me agarró la mano y se la puso en su puchita descubierta y peludita—. Mira, amor, esta puchita es solo tuya y solo tú le vas a meter tu verga.
—Sí, amor, espérame. Y cuando menos te lo esperes, seré tuya a placer y en todas las posiciones que quieras. Ten paciencia.

Y le dije: «Pero ¿y yo? La neta estoy con mucho dolor en los huevos».

Y me dijo: «Mira, para que se te quite el dolor, sube te al carro y déja te los saco con una buena mamada para que se te quite el dolor sale».

Y así me subí al carro. Me desabrochó el pantalón y me sacó mi pene. Y se agachó y empezó a darme una rica mamada. Se la metía hasta adentro; sentía su garganta, bien rico. Y así hizo que me viniera. La agarré de su cabeza, así como ella, y le empujé hasta adentro de su boca mi verga. Y le aventé mis mecos todos; se los eché en su garganta. Y se la saqué, y nada más escuché cómo se los tragaba. Y dijo: «Mmm, qué ricos están tus mecos, amor».

Se levantó y le di un beso. Ella todavía traía un poco de esperma en la boca. Y cuando me besó, me pasó mis espermas y me los tragué. Y me dijo: «¿Verdad que están ricos?». Y le dije: «Sí, amor, están ricos, igual que tu puchita».
Y así nos masturbábamos el uno al otro, pero esa es otra historia.
Bueno, pues después del evento en el salón, mi familia y algunos invitados y parientes nos fuimos a la casa. Los mayores se quedaron en la sala y los niños, que éran todos mis primos casi todos de la misma edad (aunque la mayoría eran más chicos, de 10 años), nos fuimos a ver una película en la televisión, pues teníamos cable. Así empezamos a ver «Los supervivientes de los Andes». Todos estaban comiendo pastel con gelatina y galletas de la fiesta.
Y nos sentamos hasta atrás, pegados a la pared. en un sillón para cuatro personas Nos sentamos: mi novia, yo, y al otro lado mi prima. Y mi novia dijo: «Dejo, voy al baño». Y me dio un beso y fue al baño de abajo. Y cuando pasó, le di una nalgada en su culito. Y cuando se fue, mi prima le hizo burla: «Ahorita vengo, mi amor». Y fingió un beso. Se paró y me empinó sus nalgas, para que le diera una nalgada. Y yo solo me reí, jejeje. Le dije: «Los zelotes son de a peso». Y me dijo: «Vas a ver, no más aguántese».
Yo les dije que me iba a cambiar y tomé ropa de mi clóset. Yo me metí al baño a cambiarme y, atrás de mí, me seguía mi prima. Entré al baño; ya sabes, cierras y pones el seguro. Y como no la vi, cerré la puerta. Y tocó la puerta. Y yo pregunté quién era. Ella contestó: «Ábreme, soy yo, Laura, tu prima». Me quedé pensativo y le abrí la puerta. Se metió y cerró la puerta, y me dijo: «Yo te ayudo a cambiarte».
Tenía tiempo que no nos veíamos, bastante tiempo, y me dio un rico beso. Ella empezó a quitarme el saco y la camisa, y me dijo: «Cuánto tiempo sin vernos, primo». Y me dio un beso en la boca.
Yo le dije que sí. Y luego me preguntó: «¿Te quitas el pantalón tú o te lo quito yo?». Dijo: «Mejor te lo quito yo, quiero ver qué tan grande la tienes». Me quitó el pantalón y me dio otro beso, luego me bajó el pantalón y el calzón. Yo ya estaba con el pene bien parado. Y dijo: «Mira cómo ha crecido, ¿te acuerdas cómo la tenías muy chiquita?». Yo le respondí: «Éramos unos escuincles». Ella lo agarró y me sentó en el baño, y empezó a darme una rica mamada.
Me preguntó: «¿Tu noviecita te hace esto?». Yo le dije que no, que solo me masturbaba con la mano. Y dijo: «Pobre mensa, de lo que se pierde. Sabe bien rica tu verga».
Y me preguntó: «Oye, primo, ¿ya se la has metido a alguien?». Yo le dije sinceramente que no, todavía no.
«¿Y tú, prima, ya te la han metido?».
Me dijo que en su fiesta de 17 años, su novio la desvirgó por primera vez.
«¿Cómo ves?», me dijo.
Luego me preguntó: «¿Quieres ver cómo está mi puchita? Ya no está pelona como antes, está bien peludita y caliente».
Se levantó la falda y se bajó el calzón; y abrió sus piernas. Tenía una puchita muy bonita, bien peludita. y me exite mucho Se la agarré y la besé y le metí los dedos. Sentí cómo estaba bien mojada. Y después me chupé los dedos
que le metí. Sabía muy rico. Me preguntó: «¿Quieres probar a qué sabe?». Y yo le dije que sí. Ella se subió a la barra del lavabo, con los calzones abajo, y levantó sus pies, enseñándome su puchita. Se veía muy rico; se veía su puchita peluda y su culito chiquito y rico. Olía a culito. No sé ustedes, pero ahorita huelo ese olor a culito. lavadito No, no a caca; a culito limpio, lavadito. Tiene un olor muy rico. Nada más de pensarlo, ya se me paró la verga.
Y saltando me pregunta: «¿A quién hay que metérsela? ¿A quién, a quién hay que metérsela?». No sé, pero si ponen atención en eso, prueben. Laven el culito que se van a coger y huélanlo, y van a ver lo que les digo. Para todo esto es con calma y con ganas de disfrutar de un rico sexo. No, nada más es llegar y meter la verga; eso es para la gente que no disfruta del sexo. Para eso hay que disfrutar cada detalle, y verán cómo huele bien rico y disfruta uno de ese sabor de puchita y culito.
Probé su vagina, que estaba muy húmeda y con mucho vello. Era la primera vez que probaba el sabor de mi prima. Sabía bien rico y me pareció una experiencia única. El aroma y el sabor quedaron grabados en mi memoria. Estaba muy húmeda y disfruté de sus jugos, dejándole su puchita bien caliente y mojadita. Me preguntó que si quería meterle la verga y yo le respondí que sí.
Levantó sus piernas, dejando su vagina y su culito al descubierto. Y le di primero una mamada a su puchita y una lengüeteada a su culito bien rico que sabia. Y ella se estremeció al sentir cómo le mamaba su culito. Se lo chupé; se lo dejé que se quedara abierto. Y yo le metía la lengua. Y ella solo gemía de placer. Le di una última lamida y froté un poco su vagina con mi verga. Coloqué la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina y le metí la verga poco a poco. Era una sensación muy placentera, sentir cómo el pene se deslizaba en una vagina húmeda y estrecha. Cada vez que lo introducía, sus fluidos se escurrían por los lados de mi pene y se escuchaba un sonido similar al de masticar chicle con la boca abierta. Era una experiencia única.
Como mi prima había tenido relaciones recientemente, su vagina estaba cerrada, jugosa y con vello. Así estuvimos, yo metiendo y sacando mi verga de su vagina, hasta que eyaculé dentro de ella. Sentí cómo el calor interno aumentaba. Sentí un rico calambrito en mis pies. Y se la saque, al terminar, le limpié su puchita con papel de baño.
Cuando terminó, se bajó del lavabo y se agachó para darme otra mamada. Me dijo: «La próxima vez los quiero en mi boca, y también los quiero en mi culo, porque quiero ser tuya, nada más. Quiero sentir tu verga dentro de mí, escupiendo mecos por todos mis orificios. Qué rico, de solo pensarlo».
Luego se subió los calzones y yo terminé de vestirme. Ella salió primero y yo salí después. Me senté con mi novia, que estaba viendo la película, y me preguntó: «¿Dónde estaban?». Y le dije: «Yo en el baño». Ella fue a su cuarto. Le dije: «No empieces de pinche celosa». Y me dijo: «Mira, cabrón, la estoy viendo y nada más está de pinche ofrecida insinuandose. Así que tú sabrás si quieres mi panochita o no, eeele dije no inventes amor ya sabes que deseo tu panochita nada mas».
Y me puse el plato de pastel y gelatina en las piernas, mientras comía y veía la película. Y mi prima, por debajo del plato, me agarraba el pene. Y como estaba oscuro, no se veía nada. Yo estaba recargado con mi novia. Y como estábamos en un sillón para cuatro personas, mi novia y yo estábamos sentados en una orilla y mi prima en la otra orilla. Yo estaba en medio. Y mi prima me bajó el cierre del pantalón y metió su mano hasta debajo del calzón. Y me agarró la verga. Después, como que se recostó en mis pies y me sacó la verga. Y me la empezó a mamar asi casi enfrente de mi novia . Y yo quise quitarla. Y ella me quitó la mano. Pero al sentir su boca y su garganta, solo me quedé quieto. El cuarto estaba todo oscuro; solo se veía lejos la luz de la tele. E hizo que terminara en su boca. Y se tragó todos mis mecos de un solo trago.
Y así estuvo todo el rato. Entonces subieron a avisar que ya se iban mis suegros. Y mi prima se sacó mi verga de su boca rápido y se sentó. Y mi novia se levantó. La acompañé a la puerta. Y me dijo: «Eee, mucho cuidado con tu pinche prima, la resbalosa». Y le dije: «Por favor, es mi prima». Y me dijo: «A la prima se le arrima, jeje». Y le dije: «No jodas». A parte, tú no quieres que te meta la verga. Y me dijo: «Ah, entonces se la vas a meter a ella».
Le dije: «No, mi amor, espero tu panochita con mucho gusto. El día que te meta la verga, me vas a hacer muy feliz». Y me dijo: «Espera, te daré una sorpresa en estos días. Ya verás, te voy a dar hasta para llevar». Me dio un beso. Me agarró mi pene y me dijo: «Cuídamelo, eeee». Se despidió y se fue. Y yo subí al cuarto y me senté. Y mi prima me dijo: «Qué bueno que se fueron las moscas».
Y se recostó en mis pies y me sacó la verga. Y empezó a mamarme otra vez. Y yo le dije: «Nos van a ver». Y me dijo: «Primo, es que tienes una verga muy rica». Y así estuvimos un rato. Y cuando alguien entró al cuarto, ella se paró rápido. Y solo recogieron los niños que quedaban. Solo quedó mi hermano en su cama. Así se empezaron a ir todos los invitados de la fiesta.
Y como mis tíos y mi prima se estaban quedando allí en la casa, en uno de los cuartos de huéspedes. Y como ya era un poco tarde, mis tíos subieron y le dijeron a mi prima: «Ya se vaya a dormir». Y mi prima les dijo: «Sí, ahorita voy. Déjenme que se termine la peli; ya casi termina. Está bien padre, sssí». Y mis tíos dijeron: «Bueno, pero cuando termine, te vas al cuarto, ¿sale?». Y ella dijo: «Sale, pa».
Y mis tíos se fueron a dormir, pues ya andaban un poco tomados. Entonces nos quedamos mi prima y yo solos en mi cuarto. Mi hermano menor ya se había quedado dormido en su cama apagamos la tele y el cuarto se quedo oscuro. Y mi prima y yo nos paramos y cerramos la puerta. Y nos acostamos en la cama. Y empezamos a besarnos y acariciarnos con mucho frenesí. Y ella se paró y se quitó la falda y los calzones. Y me dijo: «Ven, párate». Y me quitó los zapatos, el pantalón y los calzones. Y nos metimos debajo de las colchas. Me acosté boca arriba. Y ella se metió en medio de mis pies. Y empezó a mamarme la verga. Me estaba mamando bien rico.
Y en eso entró mi mamá al cuarto. Y ella se quedó quieta. Y mi mamá me dijo: «¿Ya estás dormido?». Y le dije: «No, apenas me acosté». Y me dijo: «Que descanses». Y me dio un beso en la frente. Y salió del cuarto. Y cerró la puerta. Y yo tomé a mi prima por su cabeza. Y le metí la verga hasta adentro de su boca. Y sentí su garganta. Y así la sostuve. Y le aventé mis espermas en su garganta, todos los chorros. Y la solté y saqué mi pene. Y oí cómo se tragaba mis espermas. Y me dijo: «Mmm, qué ricos mecos tienes».
Y se guardó un chorrito de mecos en su boca. Se levantó y me dio un beso. Y me echó los mecos que traía en la boca. Y le dije: «Mm, qué ricos saben». Y me dijo: «Qué bueno que te gustan; son tus mecos». Y le dije: «Mm, qué ricos saben de tu boca». Y me dijo: «¿Cuántas veces aguantas con el pene parado?». Y le dije: «No es muy fácil que se baje». Yo tenía la verga bien parada. Y me dijo: «Mmm, qué rico, todavía está parada. A mi novio se le baja muy rápido, en cuanto termina».
Y se subió arriba de mí. Y me agarró la verga. Se la acomodó en su puchita. Y se empezó a sentar poco a poco. Y sentí cómo se resbalaba toda mi verga en su puchita. Y con los mecos de hace rato, se le resbaló muy fácil. Y hasta que quedó sentada arriba de mi verga, bien rico. E hizo unos círculos, para que se le acomodara bien. Y sentí cómo se le acomodaba adentro de su pucha. Empezó a subir y bajar en mi verga, hasta que tuvo un orgasmo. Y yo también tuve mi orgasmo. Y le aventé los chorros de mecos en su puchita, rica y calientita.
Así se quedó un rato sin moverse, arriba de mí. Me abrazó y me besó. Y me dijo: «Primo, qué rica verga tienes. Me gusta mucho. La de mi novio es más chiquita y casi siempre me quedo con ganas. Te amo, primo». Me siguió besando. Se levantó de mi verga y se recostó a mi lado. La abracé y la seguí besando. Algo muy rico. Y así nos quedamos un rato. Y luego se volvió a bajar por los chescos. Y me dio otra mamada, más rica. Y se me paró la verga otra vez, más. Y me la dejó bien parada y mojada.
Se levantó de la cama. Quitó las cobijas. Y me dijo: «Ven, párate». Me paré. Y ella se hincó en la cama. Y se estiró para adelante, con sus brazos extendidos. Quedó empinada, enfrente de mí, de perrito. Yo me agaché. La agarré de sus nalguitas. Y le di una mamada en su culito, bien rico. Se lo chupé bien rico. Y solo la oía que gemía: «Aaaa, qué rico me chupas mi culito». Y así seguí.
Y me dijo: «Yaa, méteme la verga. Ya la quiero sentir». Y yo se la puse en su puchita. Y se la dejé ir hasta adentro, toda. Y me dijo: «No, primo, por ahí no. Métemela por mi culito. Quiero sentir esa rica verga en mi culito, eee».
Y le dije: «Espera, déjame un ratito aquí. Es que tienes una puchita bien rica, caliente y jugosa, y sabe muy rica, mm, sí».
Y me dijo: «Sí, pero quiero que me la metas por mi culito, eee. Y quiero me eches tus mecos en mi culo, sssí».
Yo le dije: «Sí, prima, ahorita te la meto en tu culito».
Y así la bombé un rato. Ya estaba esa puchita bien mojada. Le saqué la verga. Y me escurría líquido de su puchita por mi verga. Y le tallé su culito con mi verga. E hizo un gran espasmo. Y le apunté la puntita en su culito. Y le empecé a empujar. Y me agarró mi cintura. Y me dijo: «Despacio, es que le tienes muy gruesa. La de mi novio ni se siente».
Y se la empujé un poco. Y brincó la cabecita de mi verga su culito. Y nada más la sentí que se puso tensa. Y me dijo: «No te muevas, me dolió mucho mi culo y la vi que se tapo la boca con la almohada y dijo hay mi culito».
Y le dije: «Estás bien, ¿qué quieres que haga? ¿Te la saco?».
Y me dijo: «No seas güey, ya entró la punta de tu verga. ¿Cómo la vas a sacar? No seas wey, espérame a que se me pase el dolor, ¿sale?».
Yo le dije: «Sale, yo solo decía, jeje, me espero».
Así nos quedamos un rato sin movernos. Solo veía qué rico se veían sus nalguitas, con mi verga medio metida en su culito. Se veía muy rico. Hizo sus manos para atrás. Y me agarró otra vez de mi cintura. Y me jaló hacia ella. Y poco a poco fue recorriéndose mi verga dentro de su culo, hasta que se metió toda. Hasta no quedar nada afuera. Me jaló con fuerza, como si quisiera meterme todo, jeje, más que mis huevitos. Mm, algo muy rico meterle la verga en el culo a mi prima.
Y le dije: «Prima, tienes tu culito igual que tu puchita». Y me dijo: «¿Cómo?». Le dije: «Mojadito, caliente y apretadito. Mmm, muy rico se siente».
Y después de que se la metí hasta adentro, hice unos pequeños círculos con mi verga adentro de su culo. Y sentí cómo se acomodaba adentro. Y empecé a bombearla poco a poco, despacio, para afuera y para adentro. Se sentía muy rico. Y mi prima solo pujaba. Cada que la metía hasta adentro, solo se oía: «Uum, uum». Eran unos pujiditos muy bajitos.
Y así la bombé un rato. Luego hizo sus manos para atrás. Y me dijo: «Agárrame las manos». Se las agarré. Y así se hace más fuerza cuando empujas la verga. La sostienes firme y te apalancas. Y empujas hasta el tope, bien rico. Y así me sostuve, con la verga hasta adentro. Y le aventé los chorros de mecos en su culito, rico y apretadito. Algo bien. Le aventé todos los mecos. Y la saqué un poco. Y se la volví a meter un par de veces. Y luego poco a poco se la fui sacando de su culito, hasta que brincó mi cabecita su culito. Y quedó fuera. Ella dio un gran suspiro. Y dijo: «Hhaaa, qué rica cogida me diste, primo».
Yo le dije: «No, prima, es que estás bien rica. Esa puchita peludita que tienes y ese culito apretadito, me encantas mucho».
Nos recostamos en la cama. La abracé. Y le di un gran beso en su boca. Y le dije: «Prima, te amo un chingo, desde que nos vemos. Y ahorita que ya te metí la verga, te amo más. Eres mi amor. Te aaaammmmoooo, prima».
Y así nos quedamos abrazados, besándonos. Y me dijo: «No, primo, yo te amo más que a nadie en el mundo».
Le dije: «¿Más que a tu novio?».
Y me dijo: «Sssííí, más que a ese pito chico. Quisiera vivir aquí contigo, siempre, para estar cogiendo todo el tiempo. Sssííí, quiero esa verga solo para mí».
Mm, y así quedamos. Se levantó. Y me dijo: «Deja, voy a mi cuarto, antes que se den cuenta mis papás». Se vistió. Y me dio un beso. Y me dijo: «Nos vemos mañana, mm». Dijo: «Bueno, al rato, ¿sale? Para volver a hacerlo, ¿sale?».
Y le dije: «Sale, prima, te aaaaammmmoooo». Se lo dije al oído. Me dio otro beso. Y me dijo: «Yo también, primo». Me agarró la verga. Y le dijo: «Nos vemos, rica verga». Y se fue.
Y amaneció. Y todos estaban bien crudos: mis papás y mis tíos. Se levantaron. Y mi papá les dijo a mis tíos: «¿Qué tal si nos la curamos en la cabaña de la sierra?».
Y dijeron: «Sale, hay que recalentar la comida para llevar».
Y mi tío dijo: «Preparen todo, yo voy al súper por algo de tomar, nosotros». Y mi papá le dijo: «Claro que sí, hermano. Y dejen, despierto a los flojos».
Y mi papá subió a nuestro cuarto. Y dijo: «Alístense, que nos vamos a la cabaña». Teníamos una cabaña en la sierra. Estaba muy padre, porque solo había alrededor puros pinos. Había más cabañas, pero un requisito de construcción era que estuvieran construidas alejadas unas de otras. Cabañas.
Y me paré. Y puse ropa de frío: mallas térmicas y ropa de invierno, pues allá hacía mucho frío. Y me dijo mi papá: «Avísale a los demás, para que se alisten».
Y le dije: «Sí, papá».
Y fui al cuarto de huéspedes. Y entré. Solo estaban mis primitos y mi prima. Y todavía estaban dormidos. Me acerqué a la cama de mi prima. Estaba acostada de lado. Me acerqué. Y le metí la mano abajo de las cobijas. Y le agarré su culito de lado. Y le dije: «Arriba, culito mío».
Se asustó. Y dijo: «¿Quién chingados me está agarrando mi culito?».
Y le dije: «Soy yo, corazón».
Y me dijo: «Cállate, no te vayan a oír mis papás».
Y le dije: «No están; fueron al súper a comprar bebidas, porque quieren curársela en la cabaña».
Y me agaché. Y le di un beso en su boca. Y dijo: «Primo, cálmate».
Y le dije: «Es que no me aguanto las ganas de meterte otra vez la verga amor».
Y me dijo: «Yo también, pero espérate, ¿sale?».
Y le dije: «Sale».
Y le di una nalgadita en sus nalguitas ricas. Y le dije: «Me mandó mi papá a que se alisten, porque vamos a ir a la cabaña de la sierra. Así que alista a tus hermanos. Y que se pongan ropa para frío, porque allá está haciendo mucho frío, ¿sale?».
Y mi prima me dijo: «Oye, amor, ¿y qué me pongo?».
Y le dije: «Por mí, vete desnuda, para meterte la verga, jejeje».
Y me dijo: «No mames, ¿ya qué me pongo?».
Y le dije: «Ponte unos mallones térmicos y pantalón grueso y camisa de manga larga y suéter y chamarra. Y a tus hermanos, tápalos con ropa de invierno, porque allá hace mucho frío en esta temporada».
—»Bien, ahorita que lleguen tus papás, nos vamos, sí, amor».
—»Sí, mi amor».
Y se paró. Y me dijo: «No me veas».
Y le dije: «Mm, sí, ya te vi. Y probé y cogí tu panochita y tu culito».
—»¿Por qué te escamas?».
—»Es que están mis hermanos».
Y le dije: «Están dormidos».
Y se levantó. Se quitó la pijama enfrente de mí. La agarré. Y la empiné. Y le hice su calzón para un lado. Y le di un beso en su culito, rico. Se lo lamí bien rico. Y me dijo: «No seas cabrón, primo, me vas a dejar bien caliente».
Y le dije: «Así está mejor. Así, cuando lleguemos a la cabaña, ya estarás bien calientita para meterte la verga».
Y la solté. Se paró. Y me dijo: «Vas a ver, te la voy a hacer, wey».
Me dio un beso en la boca. Le dije: «Te espero abajo, ¿va?».
Y me dijo: «Está bien».
Y le di una nalgada en sus hermosas nalguitas. Tenía unas nalguitas muy ricas, paraditas y redonditas. Mmm, bien ricas. Y unas tetitas chicas, pero muy bonitas. Las tenía bien redonditas y hermosas. Como dicen, «sise boca», jejeje.
Me bajé a ayudar con los arreglos del día de campo. Y bajaron mis primos. Y esperaron a que llegaran mis tíos. Y al fin llegaron. Y subimos lo que faltaba en su carro, porque el de mi papá ya estaba lleno.
Y le pregunté a mi papá que si podía llevar mi carro. Yo tenía un Bocho blanco que había arreglado, con su antifaz y espejos turbo. Y antifaz de color negro. Y sonido que yo mismo le instalé. Se oía bien. A déjenme decirles que yo tenía ya carro a mis 15 años, porque mi mamá me había enseñado a manejar. ¿Y saben por qué? Pues para que tuviera su chofer. Después de que yo salía de la escuela, mi papá y mi mamá, de común acuerdo, decidieron darme un carro para mi uso. Algo padre que recuerdo. Bueno, a parte de cogerme a mi prima, pero era solo para ir a la escuela y regresar.
Bueno, mi papá me dijo: «Pues no estaría mal, para no ir tan apretados». Y me dijo: «Está bien». Y le dije: «Si quieren, yo me llevo a mis primos. Y así estaríamos menos apretados».
Y mi papá me dijo: «Está bien, llévate a todos los que quepan en el Bocho».
Y le dije: «Está bien, pa».
Y salieron mis primos. Y se subieron al carro de mis tíos. Y mi tío les dijo: «No, cabrones, les toca irse con su primo, porque aquí ya no caben».
Y mi prima me hizo una seña, señalándome el Bocho. Y le dije: «¿Sí, o quiere la princesa que saque la limo?», jejeje. Y me dijo: «No, wey». Me dijo: «¿A poco tienes carro?».
Y le dije: «Ya ves, a mí sí me quieren».
Y me dijo: «Ay, sí, me creo mucho porque tengo carro, mm».
Y le dije: «No mames, prima, y sube ese rico culito».
Y me dijo: «Shhh, cállate».
Y le dije: «No me escucharon; ya todos están en el carro».
Y se subieron mis primitos y mi hermano al Bocho. Y adelante se subió mi prima. Y mi hermano me dijo: «Oye, carnal, ¿por qué mi prima va adelante y no yo?».
Y le dije: «Mira, cabroncito, ella es mayor que tú, y por eso».
Y me dijo mi hermano: «Eee, a mí se me hace que va al frente por el beso».
Y yo, sorprendido, se me bajó la presión. Volteé a ver a mi prima. Y mi prima también volteamos para atrás. Y pensamos: «Ya nos vio este cabrón».
Y le pregunté: «¿Cual beso, cabroncito?».
Y me dijo besa. ¡Esta! Y se agarró el pene. Y se echó a reír, jajajajajaja.
Y la verdad, yo también. Y mi prima soltamos la risa, jejejejejeje.
Le dije: «No te lleves así conmigo, cabroncito».
Y me dijo: «Relájate y expláyate. Ríe de la vida, jejeje. Y si la vida te da la espalda, pues le agarras las nalgas, ya de perdiz, jejejejeje. Ya vámonos, Jaime», jejeje.
Y me volteé. Y vi a mi prima. Y sentí que me regresaba mi culito al cuerpo. Y mi prima también solo suspiró. Y me dijo: «Qué mamucho el sol, ¿no crees?».
Y mi hermano le dijo: «Quema más la luna», jejejeje.
Mi hermano era un año menor que yo. Y mi prima me dijo: «Mira qué me está diciendo».
Y le dije a mi hermano: «Ya no seas payaso con tus primos».
Y dijo: «Perdón, prima, pero es que en la escuela solo se la pasan albureando», jejeje.
Mi prima le dijo: «Está bien, primo, que seas alegre».
Y así arrancamos en convoy: mis padres al frente, atrás mis tíos, y al final yo. Y así nos encaminamos a la cabaña de la sierra, que estaba a una hora desde la casa. Pasamos a la gasolinera a cargar los carros y revisar las llantas. Y me bajé. Y ponerle la gas a mi Bocho. Y le abrí el depósito. Y puse la manguera. Y me recargué en la puerta del copiloto. Y mi prima bajó el vidrio. Y me picó el culito. Y yo di un brinco. Y solo escuché puras risas de todos, jejeje. Dijeron todos: «Lo asustaron», jejeje.
Mi prima solo se echó a reír, jajajaja. ¿Qué dijiste? «¿Quién quiere violarme?», jejeje. «Ni que estuvieras tan bueno. Tienes nalgas de pollo».
Y mi hermano dijo: «Prima, pero si los pollos no tienen nalgas».
Y mi prima dijo: «Por eso jajajaja».
Y todos soltaron la carcajada. Hasta mis tíos, que estaban al lado de mí, oyeron el chascarrillo. Y se carcajearon, jajaja. Y dijeron: «Qué llevaditos estos guercos», jajaja.
Y solo volteé con mi prima. Y le dije: «Ahora nada más, aguanta la riata». Se lo dije en voz baja. Y me dijo: «Mm, ya la aguanté anoche. Y toda», jejejeje.
Y así nos enfilamos a la cabaña de la sierra. Y al entrar, pasas por un puente de revisión. Y mi papá le dijo: «Somos nosotros, y los dos carros detrás de mí».
Y el guardia dijo: «Adelante».
Y cuando pasé, me dijo: «Bienvenido, joven». Y lo saludé. Y pasamos a la cabaña, que estaba a 10 minutos de la entrada. Llegamos como a la 1:30 de la tarde. Y bajamos todos las cosas que traíamos. Y como a mi papá le gusta el golf, traíamos su equipo de golf. Y el mío.
Y nos metimos a la casa. Y las señoras, mi mamá y mis tías, se pusieron a calentar la comida. Y mientras, yo le enseñaba la cabaña a mi prima, adentro. Y salimos afuera. Y me dijo: «Ay, wey, está haciendo frío. Ya se me congeló mi panocha y mi culito».
Y le dije: «No te preocupes, ahorita le doy unas mamadas y lo caliento con mi verga».
Y dijo: «Pues pa’ luego es tarde».
Le dije: «Espera, no comas ansias. Mejor come verga», jejeje.
Y me dijo: «Anda, pues, dame».
Y le dije: «Mira, ahorita vamos adentro a comer, para recuperar fuerzas pa’ seguir cogiendo, ¿sí?».
Y mi prima me dijo: «Simón, vamos adentro».
Me agarró. Me jaló hacia ella. Y me dio un beso. Y me dijo: «Ya no aguanto, quiero tu verga, ya».
Y le dije: «Espera».
Y nos metimos a la casa. Y nos sentamos en una mesa aparte, porque no cabíamos. Y nos sentamos todos: los primos, mi hermano y yo. Y allí comimos. Terminamos. Y los grandes comieron. Y empezaron a tomar alcohol. Y a jugar billar, pues teníamos una mesa de billar.
Y mi papá me dijo: «Hijo, quiero que te duermas temprano, porque quiero jugar golf contigo mañana, ¿sale?».
Y le dije: «Sí, pa, a ver si esta vez te gano».
Y me dijo: «Ni en sueños», jejeje.
Y le dije a mis primos: «Alístense, porque vamos a dar un paseo por el bosque».
Y dijeron: «¡Sííí!».
Les dije: «Usen gorra o pasamontañas, que vamos a ir en la cuatrimoto». Teníamos una con la que recorríamos el bosque. Y así se pusieron todos. Y como en la moto solo cabían tres personas y el conductor, me puse los guantes y el casco. Y les di sus cascos a los demás.
Se subieron mis tres primitos primero. Y les di una vuelta por entre los árboles, lejos de la cabaña. Y regresé. Y se bajaron. Mi hermano se quedó adentro, jugando con su Nintendo, jeje. Era muy player; siempre jugaba en línea y era bueno.
Y cuando se bajaron mis primitos y se metieron a la casa, se subió mi prima. Se puso el casco y los guantes. Se subió. Y me abrazó. Y me dijo: «No le des fuerte, que me da miedo».
Y le dije: «Está bien, mi amor».
Me abrazó. Y se recargó en mi espalda. Y le di para dentro del bosque, buen rato, hasta que no nos vieran. Y le dije: «¿Quieres manejar?».
Y me dijo: «¿Sí puedo?».
Y le dije: «Sí, sí puedes».
Me recorrí para atrás. Y me desabroché el pantalón. Y me saqué la verga. Y le dije: «Prima, vas a manejar, pero con la verga adentro».
Y me dijo: «¿Y no nos ven?».
Y le dije: «Por aquí no hay nadie. Cuando vengo solo, me vengo aquí a jalarmela, al aire libre. Y se siente muy rico. Y nadie me ve».
Y me dijo: «Bueno, deja te la paro».
Y me dio una mamada, muy rico. Se sentía bien caliente, pues estaba haciendo mucho frío. Y ya que se me paró, se bajó el pantalón, con las mallas térmicas y el calzón, hasta un poco abajo de su cintura. Y me dijo: «Está haciendo mucho frío».
Y le dije: «Pues súbete a tu verga, para que estés calientita».
Y se subió a la moto, adelante de mí. Y se acomodó mi verga en su panochita. Y se sentó arriba de mí. Yo solo me hice hacia atrás. Y me agarré de la estructura de las llantas traseras. Así que mi prima estaba montada en mi verga; la tenía hasta adentro de su puchita.
Y arrancó despacio. Y dijo: «Órale, qué rico se siente andar en moto, ensartada en la verga. Se siente cómo me vibra la verga dentro de mi puchita».
Y le dije: «¿Te gusta?».
Y me dijo: «Sí, se siente rico, mi amor».
Y se fue por el camino que tenía más baches. Y cada brinco era una metida de verga, rica. Y así le dio, hasta que se vino. Y yo también terminé dentro de su puchita.
Y me dijo: «Ay, amor, qué rico se sintió eso».
Y me dijo: «Quiero sentirla en mi culo, ahora andale ssiiii quiero verga en mi culo ssiii».
Y nos paramos. Se levantó de mi verga. Y le dije: «Vamos aquí». Y la llevé a un árbol. Y le dije: «Aquí, ponte de perrito en el suelo».
Y se puso de perrito. Me agaché. Y le di una lamida en su culito. Lo tenía muy frío. Y con las lamidas, se lo puse bien caliente. Y se lo dejé bien ensalivado. Y se la apunté en su mero culito. Y se la empujé. Y se le resbaló la punta de mi verga. Y dio un grito en voz baja. Y me dijo: «Está haciendo mucho frío».
Y le dije: «Ya entró la punta».
Y me dijo: «Espera».
Y yo sentía cómo me entraba el frío por mis huevitos y por mi culito. Y ella me agarró de mi cintura. Y me dijo: «Cógeme, que tengo frío».
Y le resbalé mi verga poco a poco, hasta que se la metí toda. Y empecé a bombearle, lento y hasta el fondo.
Y me dijo: «Amor, ¿cómo estás?».
Y le dije: «Se me está enfriando mi culo y mis huevitos».
Y me dijo: «A mí se me están enfriando las nalgas».
Y le di una nalgada fuerte en una nalga. Y otra en la otra. Y me dijo: «¿Por qué me pegas?».
Y le dije: «Para que no sientas tanto el frío».
Y me dijo: «Entonces, yo te voy a pegar en los huevos, para que se te quite el frío», jejeje.
Y seguí bombeando. Y agarramos calor. Y así estuvimos, hasta terminar juntos. Siempre terminábamos juntos.
Y me dijo: «Qué rico se siente que te metan la verga en el bosque. Y con este pinche frío».
Me dijo: «Amor, sácame la verga, que quiero mear».
Y le dije: «Méate aquí, así con la verga adentro».
Y nada más sentí su pipí caliente, pegándome en los huevos. Y me echó todo el chorro. Terminó. Y le saqué la verga. Y me dijo: «Ay, wey, no había sentido eso».
Y le dije: «Pero anoche te la metí en tu culito».
Y me dijo: «No, amor, eso de tener la verga adentro de mi culito y hacer pipí, sentí riquísimo».
Y le dije: «Sí, cuando terminaste y apretaste tu puchita, para que te saliera el último chorro, sentí bien rico en mi verga».
Le terminé de sacar mi verga. Y me paré. Y me volví a agachar. Y le di otra lamida a su culito, bien rica. Le dije, para que esté calientito. Me saqué las toallitas que traía en una bolsa de plástico. Y le limpié su culito y su puchita.
Y me dijo: «Amor, ¿vienes preparado?».
Y le dije: «¿Cómo te vas a ir toda escurriendo mecos? Te van a ver tus papás. ¿Y qué les vas a decir?».
Y me dijo: «Pues les digo que me metiste la verga, y ya», jejejeje.
Le dije: «No mames, amor».
Y me dijo: «¿Cómo crees que les diría eso? Me rompen la madre. Y me meten a un convento. Y yo me muero sin tu verga».
Le ayudé a levantarse. Le subí sus medias y su pantalón. Y le dije: «¿Estás bien, amor?».
Y me dijo: «Sí, amor, pero ya vámonos, que está haciendo un chingo de frío. Y se me va a congelar tu puchita, amor».
Nos subimos a la moto. Y le di a la cabaña. Llegamos. Y nos metimos a la sala, donde estaba la chimenea. Y agarramos calor. Nos sentamos en la mesa. Y los señores estaban jugando billar y tomando. Ya andaban medio servidos; se la curaron y se la siguieron. Y las señoras estaban jugando lotería con los niños. Y nos juntamos, pues estaban jugando de apuesta. Y así pasamos la tarde, calientitos.
Y me dijo: «No manches, primo, allá afuera hace un chingo de frío».
Y le dije: «Estamos en diciembre, ¿qué querías? Calor. A parte, estamos en la cima de la montaña. Por eso hace más frío en este invierno. Y aun en verano hace frío, pero no tanto como aquí».
Y así pasó el tiempo. Y se hizo tarde. Y todos se empezaron a retirar a dormir. Todos. Y nos quedamos solos: mi prima y yo. Mis tíos nos dijeron: «No se acuesten tarde, porque vamos a levantarnos temprano para ir a jugar golf».
Y contestamos: «Está bien, ahorita vamos. Nada más terminamos otro partido de billar».
Y como ya andaban bien servidos, se subieron al segundo piso, a sus cuartos. Y mis papás también. Y la casa estaba hecha de modo que la misma chimenea repartía el calor en los cuartos de arriba. Y por lo mismo, las puertas cerraban herméticamente. No entraba frío ni salía. Y tampoco se oía. Cuando uno jugaba billar, arriba no oían nada.
Y así nos quedamos mi prima y yo. Y mi prima me dijo: «Enséñame cómo se juega».
Y le dije: «Sí, amor».
Estábamos hablando despacito; solo nos oíamos nosotros. Y le dije: «Mira, es muy sencillo. Agarras el taco».
Y me agarró el pene. Y le dije: «Ese no».
Y me dijo: «Ay, perdón».
Y agarró el taco. Y yo estaba detrás de ella. Y le estaba repegando el pito. Y me dijo: «No, amor, nos pueden ver».
Y le dije: «No te preocupes, se oye cuando abren una puerta».
Y la agarré de su cintura. Y le tallé mi verga varias veces. Y como estábamos calientitos, se me paró muy rápido, al sentir el culito rico de mi prima. Ella estaba agachada en la mesa. Yo le bajé los pantalones y las mallas y los calzones.
Y me dijo: «No, amor».
Y yo le dije: «¿Qué, ya no quieres verga?».
Y le empecé a subir sus calzones. Y me dijo: «¿En serio, no nos oyen?».
Y yo le dije: «Sí, amor, no nos oyen. Aunque yo le pegue a la bola lo más fuerte, arriba no se oye nada».
Y se quitó el pantalón y las mallas y el calzón. Y se puso en posición de juego, inclinada en la mesa de billar. Yo me agaché detrás de ella. Y le abrí sus piernas. Y me puse completamente abajo de ella. Le lamí su puchita y su culito. Ella se mantuvo en esa posición todo el rato que le lamí su panochita y su culito.
Me paré. Y le acomodé la verga en su panochita. Y se la metí poco a poco, hasta adentro. Y se la metía y sacaba, bien rico, varias veces. Y me llegaba el olor de su culito, bien rico. Y más parada se me ponía la verga. Y terminamos juntos. La agarré. Y se la metí hasta adentro. Y ahí la sostuve, hasta que me salieron todos los mecos dentro de su puchita.
Y me dijo: «Quiero verga en mi culito».
Y se subió a la mesa. Se acostó. Yo le levanté sus pies. Y le dije: «Agárratelos». Y así quedó, con el culo hacia arriba. Me agaché. Y le lamí su culito y su panochita. Y no se ocupaba de que le pusiera gel, pues le escurrían los mecos de hace rato. Y le puse mi verga en su culito. Y me dijo: «Amor, despacito, ¿sí?».
Y le dije: «Sí, amor».
Y se la empujé un poco. Y rápido le entró la punta de mi verga, pues estaba bien resbaloso por los mecos que traía en su culito. Así se la metí toda, hasta adentro. Le agarré sus manos. Y la jalaba hacia mí, mientras le metía la verga. Y le entraba hasta el fondo. Y solo pujaba bajito. Solo decía: «Mmm, umm, qué rica verga, amor. Se siente mi culito lleno con tu verga».
Y así terminamos los dos juntos, otra vez. Le saqué la verga. Y le limpié su culito con las toallitas. Y me limpié la verga. Le puse sus calzones y sus mallas y su pantalón. Se bajó de la mesa. Y me dijo: «Amor, estuvo de lujo. Nunca me había imaginado hacerlo en una mesa de billar».
Y le dije: «Yo tampoco, mi amor».
Y me dijo: «¿No has traído a tu pinche flaca?».
Y le dije: «Sí, ha venido. Pero cuando viene, sus papás no le quitan un ojo de encima. Y solo cuando podemos, solo le mamo su puchita. Y ella me chupa la verga y nada mas».
Y me dijo: «¿Y no se la metes?».
Y le dije: «Ya lo intenté, pero dice que le duele mucho cada que se la empujo. Y de tanto insistirle, se me salen los mecos afuera de su puchita y queda toda embarrada y asi se la empujo y no entra y la verdad no la quiero lastimar. Y es todo lo que hacemos».
Y me dijo: «No, amor, desde ahora esta verga solo es mía y de nadie más. ¿Me oíste? Si me entero que ya te la cogiste, te corto la verga».
Y le dije: «Amor».
Y me dijo: «No tanto así, pero no quiero que sientas otra puchita ni otro culito. Esta verga la quiero solo yo, ¿sí, mi amor?».
Y le dije: «Sí, amor, es toda tuya».
Y nos subimos a dormir. Y así pasó el fin de semana.
El domingo, terminamos el día. Y mis tíos se tenían que ir. Y le dije a mi prima: «¿Qué vamos a hacer? Ya te vas a ir. ¿Y quién me va a dar puchita y culito?».
Y me dijo: «Amor, voy a convencer a mis papás de que quiero venirme a estudiar acá. Y así estaremos juntos y cogeremos todo el tiempo».
Y yo le dije: «Amor, ¿y mientras qué hago? ¿Me la jalo? Me la voy a arrancar. Ya sabes que soy muy caliente. Y nada más quiero estar chupando panocha y cogiéndola y metiéndola en tu culito. Dime qué voy a hacer».
Y me dijo: «Mira, amor, ni modo. Te coges a tu flaca y te la coges bien. Y por todos lados, ¿sí?».
Y le dije: «No, que nada más esta verga era tuya».
Y me dijo: «¿A poco no te la vas a coger?».
Y le dije: «No, pues sí».
Y me dijo: «Pues te la coges, y ya. Y cuando llegue, te parto tu madre. Y ya me desquito», jejeje. «No te creas. Ya veremos si nos juntamos: tú, la flaca y yo. Y hacemos un trío, para tener las dos esta verga».
—»Sí, amor, porque yo sé que le vas a meter la verga. Y pues ni modo. Así que te comparto con la pinche flaca, ¿sale?».
Y le dije: «Gracias, amor, por eso te quiero un chingo. Pero te quiero meter la verga», jejeje. «No te creas, te quiero mucho, amor. Eres mi primer amor, desde chicos. Siempre pensé en ti. Y hasta anteayer se me cumplió mi deseo de meterte la verga. Y bien rico: por tu panochita y por tu culito. Mmm, algo que jamás olvidaré. Y menos el sabor de tu panochita. Te esperaré. Ojalá que sí te puedas venir a estudiar. Y así coger los tres. Te amo muuuuucho, prima».
Y ella me dijo: «Yo igual».
Y le dije: «¿Y qué vas a hacer con el pito chico?».
Me dijo: «Que me siga cogiendo. Al fin y al cabo, no siento tan rico como tu verga. Y cuando me venga, lo termino».
—»Sí, amor, ya sabes que esta panochita y este culito y mi boca son solo para ti».
—»Sí, amor».
Y le dije: «Está bien, me llamas de vez en cuando».
—»Sí, amor».
Y me dijo: «Sí, amor, aunque sea, quiero escuchar tu voz, ¿sale?».
Y así se fue mi prima.
Y así fue que me cogí a mi prima, que tantas veces solo jugábamos a besarnos y calentarnos.

Y luego les cuento cómo me fue con la flaca. Y qué pasó cuando mi prima llegó a estudiar y quedarse en mi casa.

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francisco gerte
francisco gerte

hola que tal soy un hombre maduro de 57 años y para mi edad siento que e vivido muchas cosas de la vida yo me sali de mi casa a los 18 años me case y me divorcie y desde mi divorcio e estado viviendo con muchas mujeres y viviendo muchas anecdotas que les ire platicando poco a poco pues no tengo a quien conterle mis anecdotas

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