Tábata, un trans hecha mujer de verdad

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Inspirado en Tábata, un trans, bonito, delgado, elegante.

Conocí a Tábata en una fiesta, me lo presento mi secretaria que era mi querida.

Desde que lo vi, noté algo sensacional, nos saludamos y al tocar su mano, pude sentir sus nervios.

Más tarde, coincidimos en la barra, nos tomamos una copa, platicamos de todo y me confesó.

Me atraes, me pones nerviosa, desde que te vi, estoy inquieta, se exitan mis pezones.

Que rico, le contesté.

Pocos días después, me envió un mensaje por WhatsApp, me preguntó cómo estaba y nos quedamos de ver en una cafetería a las 8 de la noche.

Esa noche conversamos y me dijo:

* soy chica trans, me gusta ser directa

Le contesté, que ya me había dado cuenta desde el día que nos presentarón.

Le comenté que estaba hermosa y que me había gustado sus nalguitas paraditas.

Sus pechos redondos, me atraen.

Todos esos días, tuvimos comunicación por WhatsApp y llegó el día de nuestro encuentro en un hotel.

Llegó con un pantalón de piel, su tanga, una camisa de ceda, bien perfumado.

Nos besamos , le fui quitando la ropa, él a mi también y de repente me empezó a mamar el pene, que bonito lo tienes comentó entre mamada y mamada.

Me encanta tu pene, lo grueso y sobre todo la cabeza de hongo 🍄, que hermosa cosota.

Se acostó en el sillón, subió sus piernas a mis hombros y de un solo golpe entró toda, fue una entrada ruda, salvaje, pero deliciosa, grito, pero se movía con pasión, gemia, pedía más, dale amor, así mi vida, trátame rudo, soy tuya completamente.

Le di la vuelta, lo embroqué, paró las nalguitas, y ahí entró toda, suave, como salchicha en mantequilla.

Me agarré de sus tetas y si parar, me movía cada vez con más ganas, lo puse de lado, le alcé una pierna y traía el pene bien parado, se lo agarré y ella se derretida, le empecé a masturbarlo.
Mientras yo le metía mi verga con fuerza.

Terminé, me vine, dejando un chorro de leche en su culito, gotas más en sus tetas.

Me acosté a descansar, a tomar energía para una segunda vuelta.

Nos fuimos al baño y con jabón en mi pene, se lo puse en la entrada de su culito y entró suave, hasta el fondo.

Dale papi, así me gusta, dale, uuufff que rico pene tienes, me encanta mi amor, aahh, duele rico, dejame tu leche ahí.

Ese día terminé seco, sin leche, agotado, satisfecho.

Que sabroso coje, como nadie, la mejor, fue una experiencia sensacional.

Desde esa noche, tenemos una relación abierta, hablada, sincera, sin tapujos, sin secretos.

Cada uno vive su vida personal, pero respetando el acuerdo mutuo.

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Romeo
Romeo

Historias vividas

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