Mi novia, su papá y su mamá difunta

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Han pasado ya cuatro largos años desde la trágica muerte de la madre de mi novia. El tiempo ha transcurrido de manera extraña, como si todo se hubiera congelado en ese doloroso momento. Sin embargo, siempre me he preguntado en silencio: ¿por qué nunca la vi tan mal como esperaba? Parecía que la pérdida no la había devastado de la forma en que uno imaginaría. Desde aquel fatídico día en que perdieron a su mamá y esposa, ella y su papá viven solos en esa casa grande y silenciosa que antes estaba llena de vida. He notado muchas cosas raras que me inquietan cada vez más.

Producto de la muerte de su madre, su papá llega borracho a casa muchas veces a la semana. Es un patrón que se repite una y otra vez. Cuando eso sucede, ella me deja de responder de forma abrupta e inexplicable. Le mando mensajes llenos de preocupación y simplemente no le llegan. La llamo insistentemente y su teléfono aparece apagado. Reviso su ubicación compartida y siempre marca en su casa. Después de dos horas, o incluso más, tiempo en el que no sé absolutamente nada de ella, vuelve a conectarse como si nada hubiera pasado y me dice con naturalidad: “estaba ayudando a mi papá”. Pero mi pregunta constante es: ¿dos horas? ¿Ayudando? ¿Ayudando a qué exactamente? ¿Qué tipo de ayuda requiere tanto tiempo en la madrugada o en plena noche?

Pasan cosas extrañas que no puedo ignorar. Por ejemplo, varias veces la he encontrado vestida con ropa de su mamá, como si estuviera tratando de revivir su presencia. Camisas, faldas y hasta zapatos que pertenecían a la mujer fallecida. Pero lo más loco e impactante fue aquella vez en que la vi vestida con un babydoll rojo de encaje, delicado y provocativo, que claramente era de su mamá muerta. Llegué a su casa sin avisar y, por una pequeña rendija en la puerta entreabierta del cuarto de su papá, pude observar la escena que aún me perturba. El babydoll estaba todo arrugado sobre la cama, tirado de cualquier manera junto a unos pantalones de su papá. Parecía como si ambos acabaran de ser usados intensamente, con esa desorganización típica después de un encuentro apasionado.

Creo firmemente que están teniendo algo más que una simple relación padre-hija. Tal vez ella ahora está supliendo el papel de su mamá en todos los aspectos posibles, incluyendo el más íntimo y sexual. La idea me genera una mezcla de celos, confusión y, para ser completamente honesto, una excitación prohibida que no puedo controlar. Lo que más me excita al pensar en ello es el contraste tan marcado entre ellos dos. No solo en la edad, que ya es evidente, sino especialmente en su contextura física. Ella es flaquita, delicada, de piel morena suave y cuerpo menudo, casi frágil. Mientras que su papá es un hombre grande, gordo, ex militar, alto, de complexión fuerte y ancha, con piel blanca y esa presencia imponente de alguien acostumbrado a mandar.

Me pregunto constantemente qué es lo que estará pasando realmente detrás de esas paredes. ¿Desde cuándo dura esto? ¿Es solo consuelo mutuo que se salió de control o algo mucho más profundo y oscuro? Las noches en las que desaparece, las prendas de su madre, las miradas cómplices que a veces noto entre ellos… todo apunta a una relación prohibida que me tiene obsesionado. No sé si confrontarla o seguir observando en silencio, pero la curiosidad y esa excitación extraña no me dejan dormir tranquilo.

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