Mi amigo y cómplice cornudo
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Esta historia es real, es de un amigo cornudo que conocí en X (en ese entonces twitter). Me pidió la contará para oír sus opiniones. Intentaré ser breve. Vivo en un municipio del centro del Edomex, he sido corneador y cornudo (ya contaré esas historias), y en esta red conocí a Joquín, cuya pareja se llama Lore. Ambos de 30 años, casados, muy tradicionales. Él delgado, blanco, bien parecido; ella delgada, blanca, güerita, delgadita, pero con buenas tetas y nalgas paraditas.
Desde joven -me contó Joaquín- sintió deseos de ser cornudo. Hace años tuvo una novia que, en una fiesta a la que no fue él, todos vieron que se besó y fajó con otro cabrón. Joaquín se enteró de ese hecho, se hizo el ofendido y terminó con ella, pero, en el fondo -me dijo-, esa situación le excitó de sobre manera. Mil veces se masturbó imaginando cómo ese tipo manoseó las nalgas y tetas de su noviecita, pensando en que seguro más adelante le había dado verga a más no poder.
Volviendo a la época actual, en la intimidad, alguna vez mencionó a Lore el tema de los cuernos consentidos, pero no hubo eco, ella no aceptó y hasta se le hizo ofensivo. Así, se conformó solamente con subir fotos sexys de ella para que los hombres la morbosearan y él saber que su esposita era deseada por otros machos vergones. De esta forma lo contacté y hablamos de experiencias y fantasías morbosas, intercambiábamos fotos e ideas cuckold.
Pasó el tiempo y una vez me dijo que sospechaba de Lore, que había un compañero de trabajo de ella que creía se la andaba cogiendo, eso le comía la cabeza y hacía explotarle la verga, era la duda que no lo dejaba vivir. Total, que la espiaba y la vigilaba todos los días, cada detalle, cada palabra, cada llamada, cada mensaje, la ropa que vestía y los calzones y tangas usaba a diario. Un día que no fue al trabajo, estaba en casa y descubrió una tanga negra de encaje llena de lo que parecía semen, jurando no ser de él. Me llamó y temblando y excitado me dijo que tenía la prueba. Acudí a verlo, no lo conocía personalmente, pero era tal su desesperación que quiso verme en su casa para mostrar la evidencia. Fui por morbo, la verdad, eso de ir a conocer la intimidad de la casa de la pareja, de la decente y santa esposa acusada de infiel, y del cornudo abnegado, la verdad me excitaba. Joaquín me recibió ansioso, me invitó una cerveza y, en su sala, me contó que Lore hablaba mucho de Diego, un compañero de oficina joven y amable con quien comía y a veces iba al gimnasio. Me dijo que una vez revisando el teléfono de Lore vio un chat con él, en el que había borrado partes de conversaciones, pero que se lograba entender que se ponían de acuerdo para escapase en la hora del gimnasio, a las 7 de la tarde-noche. Coincidió, me dijo, que el martes pasado ella llevó puesta una tanga negra de encaje y dos días después la halló metida en el cajón de su lencería, escondida en una bolsa de plástico, pero llena de semen. Me dijo, ven, pasa al cuarto y te la enseño. Yo me dirigí al cuarto con la verga dura: en el pasillo camino a su cuarto estaban las fotos de ambos, las de su boda: ella vestida de blanco y de novia, sonriente con él, y en su cuarto había más fotos de la pareja, en las que ella se veía angelical. Yo pensaba: tan decente que se ve y tan puta que le salió a Joaquin… ja ja ja. Miraba fotos e imaginaba las metidas de reata que seguro le ponían en la oficina, en un motel o en una construcción abandonada. Ya en la habitación, Joaquín abrió el cajón de la lencería y pude ver muchos calzones, tangas y cacheteros de colores. Él estaba temblando de nervios por mostrar esa tanga, causa del pecado, y yo estaba caliente de ver la sexy ropa de su esposita. Tomó la tanga y me enseñó cómo estaba manchada de mecos ya secos, él la olió y disfrutaba ese aroma picante, entre semen y flujos vaginales. Le dije: Sí, es semen, y si no es tuyo, es porque tu señora ya le está dando las nalgas a ese tal Diego o a otro cabrón, o sea que ya eres un cornudote amigo.
Él se estremeció y me dijo: Ya soy cornudo, pero ahora quiero que se dé cuenta que ya lo sé. No le voy a reclamar, quiero ver cómo reacciona y hasta dónde llega, quiero que ella me cuente y me confiese cómo se la cogen, en dónde, desde cuándo, qué posiciones, si Diego la tiene grande y gorda, cuántos palos le echa, si lo hacen con condón, si Lore, mi Lore, mi esposa, se la mama como a mí, si ya le dio el culo, si él la nalguea, si ella se traga sus mecos, si él le pregunta por mí.
Y qué piensas hacer, le dije. El sonrió perversamente y explicó: quiero pedirte un favor, quiero que te masturbes, quiero que te la jales con esta tanga negra y la llenes de leche, quiero que la ensucies lo más que puedas, es como mi venganza. Quiero que ella piense que me masturbé y dejé sus calzones llenos de mi leche, así se dará cuenta que lo sé y que me excitó saberlo, sabrá que lo acepto y sabrá que deseo se confiese conmigo. Yo, ya caliente, le pregunté por qué no lo hacía él mismo. Me dijo: No he podido ver y tal vez nunca vea como Diego se la coge. Me excita que Lore ande de puta de su jefe o de un compañero, aflojando las nalgas, pero no quiero que ellos sepan que soy cornudo consentido, prefiero que piensen que me hacen pendejo y no sé nada. Por ello, me gustaría ver cómo otro macho vergón se masturba en los calzones sexys y mequeados de mi vieja, y quiero ver que lo haga aquí, en mi cama matrimonial, donde dormimos todas las noches, quiero ver que te quites los pantalones y calzones y que pongas esa tanga en tu verga y la llenes de tu aroma y leche, quiero sacar fotos y videos de eso, es más, si quieres puedes agarrar más tangas de ella, mira, te presto mi lap top, ahí están fotos desnuda de ella, para que te inspires y te la jales sabroso. Más todavía, aquí tengo el velo de novia de cuando nos casamos, jálatela con él también, mánchalo de esperma, úsalo a tu antojo.
Obedeciendo me quité los pantalones y calzones y me senté en su cama. A mi merced tenía el velo de novia y la lencería de Lore, cerré los ojos y me dejé sentir esas telas tan suaves y delicadas en mi pene, y mientras empezaba a frotar con mi mano la tanga negra y el velo blanco en mi verga, Joaquín grababa y decía: Piensa en mi vieja, en mi santa esposa, piensa que la amo y que nunca la voy a dejar, piensa en que me hace pendejo con un chavito, piensa que en este momento, quizá, la tengan empotrada en un escritorio, con los calzones en los tobillos y abierta de piernas o, tal vez, de rodillas mamando verga, y yo aquí, en casa, de cornudote grabando cómo un hombre invade nuestra intimidad, la de mi matrimonio.
La verdad terminé muy sabroso, dado el contexto y el entorno, embarrando de semen la tanga y el velo. Joaquín, muy satisfecho, dijo: Estuvo rico verte, ahora esta tanga es de tres leches, la olió y no la metió en la bolsa, la dejó encima de los otros calzones, dentro del cajón, con toda la intención que la descubriera Lore.
Lo que sigue se los cuento en una segunda parte, perdón por lo extenso del relato.
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