Las vacaciones sexuales de Helena I – El moreno del mantenimiento

Duración estimada de lectura: 17 minutos

Visitas: 1,465

Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Estos relatos surgen de historias reales de una lectora que me comentó sus andanzas por el mundo. Obviamente se han cambiado nombres y ciudades para preservar la identidad de la protagonista, tal su pedido.
Gracias Helena por tu confianza.

Helena aprovecha cada escapada por distintos lugares del mundo para experimentar nuevas sensaciones, experiencias y eliminar fantasías, que puede cumplir a escondidas de Victor, su esposo.
Helena pasó por Washington y Nueva York, promocionando su marca de lencería con la pretensión de hallar socios para distribución y ventas. Dos semanas frenéticas de reuniones, juntas con empresas promocionales y finalmente estudios de modelos para que exhibieran sus líneas de indumentaria.
Terminó agotadísima, necesitando un descanso urgente, relax importante y por sobre todas las cosas: sol y arenas tibias. Contactó a su marido, le contó sus progresos y le informó que volaría a la Florida en busca de una semana de descanso.
Víctor: bien te lo mereces, mi cielo. ¿Te hago las reservas de hotel?
Helena: no amor, primero buscaré pasajes aéreos cómodos y luego donde alojarme. Quiero estar cerca de la playa, pero en un hotel con buenos balcones donde pueda tenderme al sol, como Dios me envió al mundo.
Víctor sabía de las preferencias de Helena y su afición al nudismo, pero en las playas estadounidenses esa práctica estaba prohibida, quizá algún resort muy exclusivo permitiese el toples, pero eran muy pocos.
Helena: te llamo una vez que me haya instalado, ¿si amor?
Víctor: si cielo, ahora descansa.
La llamada se terminó y Helena abrió su notebook e ingresó a las webs de pasajes y alojamientos, ambos en combo desde Nueva York a Miami.
Escogió una buena opción de horario, ubicación en el vuelo y alojamiento en un Spa-Resort de 4 estrellas. Cenó algo liviano y se dispuso a descansar, ya que el vuelo partía a las 10 horas.
Se levantó temprano, desayuno poco y partió rumbo al aeropuerto La Guardia, donde haría los trámites de abordaje y despacho de equipaje con tiempo suficiente. Escuchó la llamada para acceder al vuelo, se acercó a la puerta de la manga y entregó su billete a las auxiliares. Serían unas tres horas de viaje, que aprovecharía para revisar algunos detalles de los contratos obtenidos y firmados.
Se ubicó en su cómodo asiento de primera clase, extendió la mesa donde apoyaría su notebook luego del despegue.
Una vez en vuelo, pidió un café y se dispuso a leer los textos. El tiempo pasó rápidamente y cuando quiso reaccionar, la azafata le solicitó que apagara el dispositivo y se dispusiese para el aterrizaje: “Vuelo corto y placentero” pensó mientras ajustaba el cinturón de seguridad.
Bajó del vuelo, realizó el check out y se encaminó al hall de ingreso donde la esperaba un joven de aspecto latino con un cartel con su nombre escrito, para llevarla a su alojamiento. El viaje en el vehículo del hotel fue, comparativamente, tan extenso como el vuelo.
Se presentó en recepción, completó el registro y acompañada por personal de servicio fue a su habitación. La suite amplia con una buena terraza y con mi debilidad: un gran yacusi
Allí la esperaba una joven ataviada con el uniforme de hotel que la acompañó en el recorrido de la habitación, le comentó de las actividades disponibles dentro del servicio contratado, con sus horarios y posibilidades.
Helena: señorita, ¿qué tan despojada de ropas puedo estar en la piscina?
Auxiliar: trajes de baño, aunque breves, recatados. No está permitido el nudismo.
Helena: solo en mi balcón puedo hacer toples, por ejemplo
Auxiliar: por la ubicación y la forma, allí si podría. Le recomiendo observar si alguien de habitaciones linderas se asoma más de lo aconsejable.
Helena: entiendo, algún fisgón
La joven sonrió, le informó que quedaba a su disposición y tras recibir una generosa propina, se retiró del lugar. Ya a solas en el cuarto, Helena se descalzó, se quitó buena parte de su vestimenta, quedando solo en conjunto de brassier y tanga, ambos de color morado. A esa hora de la tarde el calor apretaba bastante, bajar a la piscina era cocinarse, por eso optó por encender el aire acondicionado y desempacar y acomodar todo en los placares. Finalizada la tarea, solicitó servicio al cuarto con frutas y un par de sándwiches, tomó una de las batas de cortesía, se la colocó y esperó su pedido. A los 10 minutos golpearon la puerta y la misma joven se presentó con un carro con varias frutas desde donde Helena eligió lo que deseaba y tomó unos envoltorios donde se leía el contenido de los bocadillos. Depositó todo en la mesa de la habitación y agradeció a la joven.
Una vez que la muchacha se retiró, volvió a quitarse la bata, se acercó con la bandeja al balcón y sentándose en una tumbona, se dispuso a almorzar.
Ese primer día decidió descansar totalmente, ni playa ni piscina, solo tomar sol y más tarde dormir tanto como le fuera posible. Le apetecía tranquilidad, así que me fue a pasar esos días a un precioso hotel tranquilo para desconectar. A partir de aquí su relato en primera persona…

El siguiente día bajé a la piscina, donde solo había dos parejas, me coloqué en un rincón del césped y me quité el vestido, dejándome el biquini, ya que no que en USA está prohibido hacer topless. De vez en cuando me bañaba un rato y volvía a salir a tomar el sol, y me fijé en un trabajador moreno que hacía labores de mantenimiento, el cual llevaba un pantalón corto y una camiseta de tirantes, ya que hacía calor.
Tendría unos 35 años, un cuerpo moreno y fibroso. Él no paraba de mirarme, y yo estaba encantada, me quedé dormida un momento, y no sé qué soñé, pero me desperté un poco excitada. Miré alrededor y ya no le vi, entonces recogí las cosas para subirme a mi habitación, entonces le vi en el tejado haciendo arreglos.
Subí mi habitación, y me asomé a la terraza mirando con disimulo y él se veía en un lateral, aunque estaba mirando hacia el lado contrario a mi terraza. No sé si fue por la excitación pero decidí meterme en el yacusi totalmente desnuda, para que el biquini no me dejase marcas.
De reojo miré y él disimulaba, miraba de vez en cuando hacia donde yo estaba, lo cual me excitaba. Yo me comportaba como si no le viese.
Al rato me salí del yacusi y me tumbé en una hamaca a tomar el sol desnuda en un lugar donde él me podía ver bien, de forma disimulada.
Al rato se bajó, pues había terminado su trabajo del tejado, y yo había maquinado un plan.
Llamé a recepción para decir que la ducha goteaba y que había una persiana no cerraba bien. Me dijeron que en diez minutos subiría el personal de mantenimiento.
Para no ser muy descarada me puse la braguita del biquini y una camiseta corta semi-transparente que me marcaba bien los pechos, y así fui a abrirle cuando llamó.
Le dije que arreglase la persiana y después el grifo, que si no le importaba yo me metería en el yacusi. Se puso a mirar la ventana, y yo me quité la camiseta, me quedé en topless y me metí en el yacusi.
Un tiempo después salí a coger una copa y le dije que si quería tomar algo, y él me dijo, mirándome a los pechos, que cuando terminase.
Salí a terraza sabiendo que no paraba de mirarme, cogí la crema protectora y me unté todo el cuerpo girándome a hacia todos lados para que él me viese bien, después me metí otra vez en el yacusi.
Al rato me dijo que iba al baño a arreglar lo del grifo, que igual tardaba un poco. Pasados cinco minutos me salí del yacusi sin hacer ruido, y me acerque con sigilo al baño, le vi de espaldas de cara a la bañera con el pantalón bajo y sin camiseta, masturbándose. Me acerqué sin hacer ruido a él y pegué mis pechos en su espalda y al mismo tiempo con mis manos agarré la mano con la que se masturbaba y con la otra le cogí los huevos: se asustó.
Le pedí que se tranquilizara y seguí detrás de él, acariciando y meneando su polla, después le hice girarse y ya frente a mí le empecé a besar, bajando con boca poco a poco recorriendo su cuerpo con mis labios y mi lengua.
Me puse de rodillas y empecé a besar y lamer alrededor de su polla muy erecta y dura, y luego me la metí dentro de la boca agarrándole los huevos y apretando mis labios sobre ella empecé a succionar entrando y saliendo cada vez más profundo.
Noté que estaba muy excitado y a punto de correrse, y le dije: “¿Quieres que continúe?” – “Siiiii!” – contestó él.
Así que seguí chupando apretando los labios acelerando el ritmo, mientras con las manos le agarraba las nalgas.
De pronto me agarró la cabeza y me la metió a fondo, hasta la garganta, y en ese momento sentí la primera descarga caliente golpeándola, y así siguió descargándose totalmente, con mi cabeza apretada contra sus ingles, y me empezó a faltar aire, pero curiosamente estaba muy excitada, hasta tal punto que tuve un orgasmo, aunque en ese momento no me enteré bien de ello.
Por cierto, su abundante semen, el cual tragué sin dejar ni una gota, estaba delicioso, y ligeramente dulce.

Me fui a Florida con mi hija para acompañarla a elegir universidad, luego ella quedó con unas amigas para hacer un poco de turismo, pero a mí me apetecía tranquilidad, así que me fui a pasar esos días a un precioso hotel tranquilo para desconectar. Cogí una suite amplia con una terraza amplia y con yacusi. El primer día bajé a la piscina, donde solo había dos parejas, me coloqué en un rincón del césped y me quité el vestido, dejándome el biquini, ya que no que en USA está prohibido hacer topless. De vez en cuando me bañaba un rato y volvía a salir a tomar el sol, y me fijé en un trabajador moreno que hacía labores de mantenimiento, el cual llevaba un pantalón corto y una camiseta de tirantes, ya que hacía calor. Tendría unos 35 años, un cuerpo moreno y fibrado, él no paraba de mirarme, y yo estaba encantada, me quedé dormida un momento, y no sé qué soñé, pero me desperté un poco excitada. Miré alrededor y ya no le vi, entonces recogí las cosas para subirme a mi habitación, y entonces le vi en el tejado haciendo arreglos.
Subí mi habitación, y me asomé a la terraza mirando con disimulo y él se veía en un lateral, aunque estaba mirando hacia el lado contrario a mi terraza. No sé si fue por la excitación pero decidí meterme en el yacusi totalmente desnuda, para que el biquini no me dejase marcas.
De reojo miré y él disimulaba, miraba de vez en cuando hacia donde yo estaba, lo cual me excitaba, aunque yo me comportaba como si no le viese. Al rato me salí del yacusi y me tumbé en una hamaca a tomar el sol desnuda en un lugar donde él me podía ver bien de forma disimulada.
Al rato se bajó, pues había terminado su trabajo del tejado, y yo había maquinado un plan. Llamé a recepción para decir que la ducha goteaba y que había una persiana no cerraba bien. Me dijeron que en diez minutos subiría el de mantenimiento. Para no ser muy descarada me puse la braguita del biquini y una camiseta corta semi-transparente que me marcaba bien los pechos, y así fui a abrirle cuando llamó.
Le dije que arreglase la persiana y después el grifo, que si no le importaba yo me metería en el yacusi. Se puso a mirar la ventana, y yo me quité la camiseta, me quedé en topless y me metí en el yacusi, al rato salí a coger una copa y le dije que si quería tomar algo, y él me dijo, mirándome a los pechos, que cuando terminase. Salí a terraza sabiendo que no paraba de mirarme, cogí la crema protectora y me unté todo el cuerpo girándome a hacia todos lados para que él me viese bien, después me metí otra vez en el yacusi. Al rato me dijo que iba al baño a arreglar lo del grifo, que igual tardaba un poco. Pasados cinco minutos me salí del yacusi sin hacer ruido, y me acerque con sigilo al baño, le vi de espaldas de cara a la bañera con el pantalón bajado y sin camiseta masturbándose. Me acerqué sin hacer ruido a él y pegué mis pechos en su espalda y al mismo tiempo con mis manos agarré la mano con la que se masturbaba y con la otra le cogí los huevos, y se asustó.
Le pedí que se tranquilizara y seguí detrás de él acariciando y meneando su polla, después le hice girarse y ya frente a mí le empecé a besar, bajando con boca poco a poco recorriendo su cuerpo con mis labios y mi lengua, luego me puse de rodillas y empecé a besar y lamer alrededor de su polla muy erecta y dura, y luego me la metí dentro de la boca agarrándole los huevos y apretando mis labios sobre ella empecé a succionar entrando y saliendo cada vez más profundo. Noté que estaba muy excitado y a punto de correrse, y le dije: “¿Quieres que continúe?” – “Siiiii!” – contestó él.
Así que seguí chupando apretando los labios acelerando el ritmo, mientras con las manos le agarraba las nalgas, y de pronto me agarró la cabeza y me la metió hasta la garganta, y en ese momento sentí la primera descarga caliente golpeando mi garganta, y así siguió descargando en el fondo con mi cabeza apretada contra sus ingles, y me empezó a faltar aire, pero curiosamente estaba muy excitada, hasta tal punto que tuve un orgasmo, aunque en ese momento no me enteré bien de ello.
Por cierto su abundante semen, el cual tragué sin dejar ni una gota, estaba delicioso, y ligeramente dulce.
Se vistió rápidamente, como si aquello fuera a comprometer su labor.
Helena: puedes estar tranquilo, nadie sabrá de esto, si vuelves mañana.
Moreno: lo que diga doñita, una nota en recepción hará que vuelva en la tarde.
Helena: ahora vete, antes que alguien más requiera tus servicios.
Le dejé un billete de u$s 50 en su bolsillo mientras salía del cuarto.
Nada mal para el segundo día en Miami, pensé mientras me relamía y saboreaba los restos del semen.
Dormí como una bendita esa noche, el cansancio del viaje y el momento vivido con el chico de mantenimiento me dejaron exhausta.
Amanecí sobre las 11 de la mañana, cuando la mucama ingresó al cuarto para realizar el aseo. La joven se disculpó por despertarme, pero le hice notar que era propio del cansancio acumulado.
Mucama: el personal de mantenimiento vendrá en unas tres horas para terminar la labor del baño, debería aprovechar el spa.
Agradecí la sugerencia, me dí una ducha para terminar de despertar y calzándome una braga pequeña y la bata del hotel me encaminé al área de relax.
Tomé una sesión de masajes, una hora de sauna y finalmente una sesión de estética. Necesitaba retoques de depilación y algo de tratamiento en mis cabellos.
Concluida la sesión volví al cuarto y sin deseos de salir a l acalle, el calor era agobiante, pedí mi almuerzo al cuarto. Ventajas de una suite de primera categoría.
Almorcé liviano, pues sabía que el moreno volvería por reparaciones. Me perfumé de manera adecuada, elegí un tanga blanco de puntillas de mi mejor colección, y la bata más liviana que hallé en el cuarto. El mozo que retiró los restos del almuerzo me devoraba con la mirada, sabía que estaba lista para recibir al moreno. Salí la terraza, me despojé de la bata y lo esperé tan solo cubierta con mi tanga.
Minutos más tarde, él llegó. A diferencia del día anterior, tomó la iniciativa, me llevó al sillón de la antesala y tras informar que demoraría un tiempo en la reparación, me hizo recostar y sin mediar palabras se hincó entre mis piernas, retribuyendo la mamada del día anterior, haciéndome sentir la habilidad de su lengua rodeando el triángulo de tela.
Mi humedad era absoluta y mis deseos intensos, no dudó un instante en retirar la tela y dedicarse a comerme la vulva como si en ello le fuera la vida. Empecé a gemir intensamente, el reconoció el momento y acomodándose, me penetró con esa barra candente. Sentía cada centímetro de su herramienta entrar y salir de mi cuerpo. Le abracé y enroscando mis piernas alrededor de sus caderas, lo llevé a lo más profundo de mí ser.
Minutos intensos, febriles que concluyeron cuando los chorros de su semen me llenaron. Mi orgasmo fue feroz y el suyo tanto o más que el mío.
Cayó rendido sobre mí, hubiera querido darle un poco más de actividad pero era tan vehemente que no soporté. Me levanté con esfuerzo e ingresé al yacusi. Los chorros ayudaron a relajarme, mientras él concluía su trabajo en el baño. Se despidió avisando que volvería mañana por una nueva sesión.
Me pareció demasiado, en la tarde bajé a la playa, me di un baño de mar y al anochecer anuncié mi partida a la conserjería, no quería que él creyera que podía hacer conmigo lo que deseara.
Conseguí un departamento en la zona de playa, concerté el alquiler y a las 18 horas abandoné el hotel. Subí al UBER y unos minutos más tarde me encontraba en mi nueva locación. Había sido una locura disfrutar de aquel moreno, pero había valido la pena.
Permanecí unos 5 días más en Miami, pero solo dedicada al descanso y la playa. La aventura me estaba desbordando y no podía permitirlo.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago

👉 ¿Te gustó este relato? ¡Compártelo! ✨
Alejo Sallago
Alejo Sallago

Mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Para aquellos que hayan leído alguno de mis relatos, soy un adicto a las maduritas desde que tengo uso de razón, pero no por ello dejo de lado al resto de las mujeres.

Artículos: 27

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *