Mí novio por segunda vez coge a mamá
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Gregory fue por segunda vez a la casa de mi mamá. Debía reparar la cinta de la persiana que dejo pendiente la vez anterior por la torcedura de pie que ella sufrió.
Al día siguiente cuando cenamos juntos en mi departamento, le dije― Gregory, mi amor, quieres contarme sobre tu ida a casa de mamá.
― Si, claro cambié la cinta rápidamente. María estaba contenta y la vi más hermosa que la vez anterior ―Respondió inmediatamente― Imagino que deseas saber si pasó algo entre nosotros.
― Si ―Respondí, y continúe― Tengo apreció infinito por ambos. Tú eres mi amor. Ella es la persona que más quiero.
Gregory sonrió y comenzó su relato:
“Cuando terminé de colocar la chapa del cubre cinta, pedí a María me alcanzase una barredora y una pala. Ella estaba en el dormitorio poniéndolo en orden. Dejó su tarea y se encargó de limpiar el piso. Le dí las gracias por ayudarme y entonces María, sonriendo me dijo― Sería bueno que ahora me ayudes tú.
Me reí y respondí― Haré con gusto todo lo que me pidas ―Y la seguí al dormitorio.
― Ayúdame pues a alistar la cama ―Dijo.
― Que hermosa cama tienes María ―Le dije realmente sorprendido por la belleza de los muebles y lencería.
María sonreía y dos halos de rubor aparecieron en sus mejillas― Ya está lista ―Exclamó.
― ¿Lista para qué? ―Pregunté mirándola a los ojos. Ella estaba frente a mí, sólo separados únicamente por el ancho de la cama.
Meneando la cabeza dijo― Cuántas explicaciones debo darte ―Y se dejó caer boca abajo cruzando la cama con el cuerpo.
Sorprendido vi sus muslos blancos al subirse la falda que apenas cubría sus nalgas redondas. Le acaricie el cabello. Luego la giré para tener acceso a su boca y besarla. Ella me rodeó el cuello con los brazos y suspiró. Mí pene pujaba por levantarse
Atiné a posar mis manos sobre sus pechos y desabrocharle la camisa. Ella se puso un poco de lado para permitirme abrir su sujetador. Ante mi quedaron dos hermosos pechos blancos, medianos, duros. con dos círculos marrones y deliciosos pezones. Tomé un pezón entre los labios y lo acaricié con la lengua. María se retorció. Mi verga presionaba con fuerza, haciendo un montículo en el pantalón.
Con suaves movimientos ella logro acostarme y ponerse sobre mí. Hizo caer mi camisa al piso. Sentada a horcajadas sobre mis piernas y sentía el calor y humedad de su vulva sobre mis muslos mientras me quitaba el cinturón y bajaba la cremallera del pantalón. Luego lo quitó por mis pies.
Me acarició la verga sin bajarme el slip y le dije en voz baja― Es para ti María, puedes hacer lo que quieras con él.
María se mordió el labio inferior. Tomándome las manos las llevó hasta sus pechos y movió su cuerpo, haciendo coincidir su vulva sobre el bulto de mi slip. El calor y la humedad de su sexo, traspasaba la tela. Despertó en mí el deseo incontrolable de poseerla. Con un movimiento rápido de la mano derecha deslicé el slip por las piernas. La verga henchida palpitaba entre sus piernas. Hice a un lado la tanguita y apoyé el glande en sus labios vaginales calientes y entreabiertos.
María tembló y apoyó su cabeza en mi pecho. Luego fue deslizando su cuerpo. Besando mí pecho abdomen hasta coincidir su boca con el pene e intentó tragarlo. Los movimientos de su lengua al succionar eran una caricia celestial, que me endurecía hasta doler. No pudo meterlo más de la mitad. Cuando le provocó arcadas, la separé de mi vientre y le quité la tanga, ya muy mojada. Acostada boca arriba llegué con la lengua a su vagina y hostigué su clítoris hasta hacer que convulsionara en un orgasmo.
Le di un respiro y dije― ¿María voy por condones?
― No, hagámoslo así, estoy tomando anticonceptivos, mi amor ―Respondió hablando casi susurrando con dulzura.
― Eres divina María, me sentiré en el cielo estando en ti piel con piel―Le respondí.
Tomé posición entre sus delicadas piernas. Su pubis y vulva estaban totalmente depilados, Su vagina rosada y brillante por los fluidos me esperaba entreabierta como un capullo de una flor roja mojada por el rocio al amanecer.
Apoyé el glande entre sus labios vaginales y me hundí en el vergel de sus entrañas. Cuando estuve a tope, comencé a moverme y ella a dar pequeños gritos de placer y sollozar por momentos.
Sin pensarlo comencé a meter y sacar rápidamente el pene. Ella me rodeó la cintura con las piernas y gritaba teniendo orgasmos muy lubricados. Resistí cuánto pude, no mucho más y llené con semen su caliz
Quedamos tumbados en la cama en posición de cucharita mientras, María acariciaba mis manos que jugaban en sus pechos; y nuestros sexos muy mojados permanecían muy juntos.
Al cabo de varios minutos cuando recobré la energía, llevé una mano a su cola, muy mojada, y la ubiqué entre sus piernas para llegar con mis dedos más largos hasta su vagina. Con el pulgar hice caricias circulares sobre su cerrado ano. María acomodó un poco su posición para brindarme mejor llegada a su sexo con mis dedos.
Ambos nos fuimos excitando nuevamente. Permanecimos casi en silencio gozando el momento. Poco después mis dedos se introdujeron un poco entre sus labios vaginales. Y el dedo pulgar presionaba sobre su esfínter, dócil a mí caricia y ya algo dilatado.
María llevo su mano derecha hacia mí pene para tocarlo. Ya estaba un poco tieso y continuaba recuperando firmeza.
Minutos después, sentí la necesidad de hacerla nuevamente mía. Ella de rodillas sobre la cama y apoyando sus codos, me brindo la vista de su hermoso culo blanco, mediano cual una fruta con una hendidura central. Posicionado a su espalda de rodillas. Embesti su sexo desde abajo, a fondo. María gimió.
La visión de su capullo marrón dócil a mí dedo pulgar me enloquecía y esta vez María no me marcó límites.
― Gre, en el baño hay un pomo de Arginina lubricante ―Dijo.
Fui por el pomo. Unté su esfínter y con una leve presión, inserté el dedo pulgar sin esfuerzo. María no se quejó y continuamos con nuestro juego sexual.
Con la verga ya muy dura y mojada por sus fluidos y luego de llenarla de lubricante. Apoyé la punta en el centro de su anillo anal,un poquito dilatado y empujé suavemente. María, se movió hacia adelante y gritó― ¡Ay! ¡Me estás matando!
Permanecí sin moverme, acariciando sus glúteos. Aun la cabeza del pene no había traspasado su anillo anal. Luego, una leve presión con la cadera cadera y la cabeza de la verga ,entró en ella.
Sollozaba, pero creo que deseaba ardientemente sentirla toda dentro de ella. Con palabras tiernas al oído y leves movimientos. Su ano quedó pegado a la base del.pene.
― ¿Que sientes María? ―Pregunté.
― No puedo moverme, siento mucho ardor en la cola ―dijo.
Volví a acariciar su clítoris y a mover un poco el miembro. María se dejó caer sobre la cama y convulsionó llorando, explotando en un orgasmo. Yo terminé descargando todo el semen en sus entrañas y saqué la verga para evitarle más sufrimiento.”
Gregory terminó su relato y bajo la cabeza como si hubiese hecho algo malo.
― Gregory, un eres hombre y tienes instinto de macho. Ella asimiló está experiencia como hembra. Y quizás hasta le agradó. Estoy contenta de que mamá haya gozado, Que viviese una experiencia tan similar a las mías y contigo, amor. El sexo anal es delicioso cuando es deseado.
― Ahora vamos a cenar, te esperé ansiosa !!.
Belu 😘

Leí el relato de como fue la primera vez
. Ahora tu mamá ya le tomo el gustito a la verga de tu novio. El deseo de coger es imparable, va a desear abrir sus piernas para él en cada oportunidad que tenga.
Muy buena tu forma de contar.!!!
Tu relato o lo contado por tu novio, confirma lo que pienso sobre el acto de apareamiento. La mujer es la que decide cuando hacerlo y hasta donde legar. El fue conducido hábilmente por ella en todo momento. El mérito es de tu mamá. Debes felicitarla. Te atreves ?