Los veranos en casa de mi abuela con mamá

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Desde que tengo conocimiento vamos a casa de los abuelos en un pueblo de campo y nos quedamos dos semanas con ellos. Primero iba mi padre, pero desde su divorcio voy solo con mi madre.

Me llamo Antonio y tengo 19 años, soy algo bajo y nada guapo como el físico de mi padre.

Mi madre en cambio, aunque tiene algo de barriga, destaca por su belleza aunque no tenga grandes tetas ni culo. Siempre ha sido callada y reservada, aunque con unas copas es muy pícara. Se llama Esther y tiene 39 años.

Mi abuelo, antes de fallecer el año anterior, era el típico machista alcohólico que hablaba más de lo debido. Todos los años me contaba sus historias vitales, pero la más asombrosa era que él y mi madre tenían sexo cuando ella tenía 18 años, porque quería aprender antes de partir a la ciudad. Con mi abuela Ana siempre igual: muchos malos tratos e incluso una vez los pude ver follando donde las gallinas, estando la vieja a cuatro patas y él penetrándola brutalmente. Los gemidos de placer de mi abuela fueron lo único positivo de esa experiencia.

**Esto es pura fantasía ficticia solo para mayores de 18 años.**

Este verano partimos mi madre y yo. Muchas horas de carretera y en el camino una noche en pensión ya reservada. Al llegar a la habitación del hostal, nada nuevo pues llevamos años haciendo esta ruta. Mucho cansancio, cena y a la cama de matrimonio única en habitaciones dobles, las más baratas. Hay que madrugar, dice mi madre, y hace mucho calor. Se acuesta con una camiseta donde veo sus pezones resaltados y en bragas como siempre, en este caso negras.

Ella enseguida con sus típicos ronquidos y yo pensando en mi novia y de la última vez que la vi, donde tuvimos buen sexo. Me masturbo un rato y miro para mamá que duerme de lado dándome la espalda. Al hacer tanto calor, la ventana abierta pero entra mucha luz.

Sigo con mi polla en la mano haciéndolo despacio por el ruido y vuelvo a mirar a mi madre. Ahora el culo donde una parte de la braga está metida entre sus nalgas y pienso que mi madre tiene un buen culito, incluso mejor que el de mi novia. Sigo masturbándome mientras estiro la otra mano y la acerco a esa parte de las nalguitas. Las toco un poco y me parecen duras. Viendo que mi madre no se inmuta, le coloco bien esa braga y dejo mi mano encima.

Observo el culo y me voy excitando, me pongo de lado y me acerco un poco rozando mi polla en su culo. Otro rato y nada, pues me muevo como si la estuviese penetrándola. Lo dejo y mis dedos se dirigen al centro donde toco su vagina desde el lado. Tengo excusa pensada si me dice algo malo. Un dedo entra por su braga y toco la vagina mientras muevo dentro palpando todo. Estoy como un animal en celo, noto que no tiene pelos, cosa que yo ignoraba pues es muy reservada. Logro penetrarla un poco con el dedo, ahí me asusta porque se mueve un poco y se pone boca arriba mientras da un gran suspiro.

Pasado otro rato desde mi susto, le meto la mano entre sus bragas en este caso desde la parte de arriba. Noto efectivamente que va rasurada completa y con un dedo le busco su clítoris y muy muy lentamente la masturbo. Pendiente de sacar la mano si hay reacción, la sigo rozando poniendo algo más de intensidad. Su respiración cambia y se acelera mientras mis dedos se humedecen y en poco como un ahhhh ahhhh y me vuelvo a mi parte de la cama ahora sí terminando mi masturbación con enorme placer.

En el camino final hasta casa de la abuela, entre mucha conversación y extraño en ella, me dice que estoy muy mayor y que coja la habitación más alejada por si quiero masturbarme. Valeeee, le dije, y al rato me dice que ella desde que no está con papá no ha tenido sexo. Al preguntarle al ver que estaba habladora si ella no se masturba, con algo de vergüenza me dice primero que no y después que cuando tiene sueños húmedos al despertar se toca un poco. Valee, le dije mostrando indiferencia pero en realidad me daba morbo.

Ya en casa de la abuela, nada más llegar nos recibe y besa. Yo pienso que esto de las hormonas es una locura pues hasta la abuela me excita. Le miro el traje fresco de verano, en lo que habla con mamá y siendo blanco con flores, sus pechos sin sujetador caídos le marcan por esa parte blanca del traje dos pezones negros y muy grandes.

Para mí días aburridos, con ganas de sexo a cualquier hora y hasta ver perro montado a perra en celo me pone el pene contento. Y en la pequeña piscina que tiene mi abuela, ver a mi madre en bikini y pendiente como paso varias veces que al apartarse el bikini para bronceador le pude ver perfectamente su pezón y aureola, ambos risaditos y pequeños.

De mi abuela, a pesar de su edad, me gustan mucho sus grandes tetas caídas. Sería la cuarta noche cuando se hace cena especial. Ambas beben mucho vino y después ron, llegando la noche prácticamente no llegaban a sus camas donde tenían sus habitaciones pegadas pared con pared.

Me pasé un rato en mi habitación y salí donde pasé por las suyas, ambas con puertas enteras abiertas. Mi madre roncando en bragas ahora de color blanco y una camiseta de verano larga y recortada. Esta vez levanté de lado su camiseta y pude ver la teta entera, uffff me puso malo pero toqué y apreté sus pezones rosados un buen rato.

Después pasé a la de mi abuela y la vi despierta con un camisón largo mirando al techo. Le dije vieja estás bien y me mandó a cerrar la puerta y ponerme a su lado a contarme su vida de penurias y vejaciones donde mi abuelo la trató siempre muy mal, incluido en la cama. Me dijo que era un bruto pero la verdad le sabía dar placer pues a ella le gustaba así. Yo algo lanzado le dije que el verano pasado los vi en donde las gallinas y después del silencio me dijo que había hecho yo si lo había contado a alguien. Le dije que jamás pues sabía guardar secreto y le confesé que enseguida fui a mi habitación a masturbarme.

Pasado otro largo rato en silencio, mi abuela se incorporó y me quitó mi pantalón corto de pijama y mirándome me dijo que ella mandaba y no hiciese ruido. Tomó mi polla y chupó de una manera local, jamás con mi novia sentí nada así. Subía y bajaba mientras comía mis huevos hasta que viendo que estaba a punto se acostó boca arriba y levantando sus dos piernas me dijo métela, estoy locamente excitada, fóllame fuerte. Las embestidas eran fuertes y rápidas, ella se ahogaba los gritos y me decía al oído sin parar que la tenía muy dura, que la tenía muy dura y que era enorme.

No entendía sus gemidos y orgasmos pero juraría que ya se había corrido. Cuando se movió y se puso de cuatro y me recordó si era así como la vi, le dije que síii y me ordenó a darle igual que vi a mi abuelo. Me daba tan fuerte y los ruidos de sus nalgas eran tan grandes que pensaba que mamá iba a estropear tanto placer. Ella decía en voz baja eso de cuánto tiempo de un hombre joven clavando mi cuerpo y entre golpes duros y velocidad más gemidos de ella ahora corriéndose otra vez y viendo la cara de disfrute que tenía me corrí abundante.

Estuvimos otro rato charlando hasta que salí y con cuidado miré a habitación de mi madre que dormía plácidamente.

Pasaron los días y no se volvió a repetir aun sabiendo que mi abuela no dormía nada. Me masturbaba casi a diario en mi habitación más alejada.

Y llegó el día de partir y otra vez ese largo camino hasta casa pero antes parada en hostal, cansancio y rutina. Antes de llegar mi madre me dijo si pude masturbarme tranquilamente en la habitación alejada y le dije que sí y a mi pregunta de si ella hizo algo para mi sorpresa me contesta que no y que estaba muy excitada últimamente.

Mientras ella dormía con sus bragas y camiseta yo pensaba ahora en las palabras de mi madre y en su cuerpo deseoso sin hombre alguno, y mi mente se puso juguetona. Esta vez la masturbe un rato mientras ella en la cama se movía bastante hasta que en ronquidos se da vuelta y se queda boca abajo con piernas semiabiertas. Yo esta vez deseaba todo el postre, me coloqué encima sin tocarla y apartando su braga le puse mi polla en su vagina ya húmeda y entré despacio hasta el fondo. Mi mamá esta vez cambió el suspiro por un claro gemido que seguía a cada entrada lenta mía, sentía yo mucho placer en aquella zona tan húmeda y caliente.

La notaba estrecha y eso me ponía a mil por hora cuando de repente su culo se eleva y me dice con su cara en la almohada: más duro, hijo, fóllame como quieras. La estuve follando durante horas en todas las posturas e incluso le metí en su culo que fue donde me corrí, gimiendo ella de placer y pidiéndome más.

Y llegamos a casa a nuestra rutina.

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Muchacho69
Muchacho69
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